jueves 9 de julio de 2009

Hamburguesas y fuegos artificiales




Otra mañana que amanece nublada. Los días así en verano son un regalo, al menos para mí, que soy de las de tensión baja y acostumbro a ir deshinchándome de esquina en esquina. Si además trabajo no son solo un regalo: son el coche o el apartamento en Torrevieja del escaparate de premios en el "Un, dos Tres". Si encima cobro el día adquiere tintes de milagro o de cámara oculta. Con esta crisis no hay manera de imaginar un futuro.Tenemos que estar todo el día mirando el monedero, contando los movimientos en la cuenta y atándonos las manos para no tirar de tarjeta. Nunca se sabe lo que te vas a encontrar mañana: las facturas siguen llegando y el flujo de dinero se ralentiza. Yo hay días que me veo como Charles Chaplin en "El chico", incapaz de generar otros recursos me pongo a buscar el sabor a ternera o a buey de los cordones de los zapatos.
Pese a todo yo tengo suerte. Debería celebrar mi situación todos los días dando mil quinientas vueltas al bastón con la mano derecha y una cantidad similar con la izquierda. Las cosas no van bien, pero van. Podría ser mucho peor. No me quejo, solo observo y existo.
Me pierdo en el calendario. Los días se dividen en: vacaciones /no vacaciones. No he introducido la tercera variante- un día menos para las vacaciones- porque me voy a desinflar aún más. También porque me pierdo en el calendario.
Solo sigo con orden los textos que va colgando Agustín FM en su blog. Los textos de NY, cada tarde. La creatividad de este hombre-nocilla me supera.Escucho en algunos foros que entre escritores ya no tiene la misma consideración y veo el tinte verde- ¿por qué verde?¿por qué no amarillo bílico?-de la envidia. Al postpoético de FM le saltan las ideas entre los dedos de los pies. Yo estoy por arrodillarme ante su foto a ver si se trasladan, como piojos, a mi cabeza unas cuantas. El proceso de escritura y destrucción en el East Village me produce hambre. Cuando termino el post me comería dos bigmacs de golpe. Se pega tales festines entre párrafo y párrafo que empiezo a creer que no es él el de las fotos, sino un figurante. Un muppet que el hombre D. E.P (dream-experience- project: yo quiero conocer a un hombre así, con esos tres ingredientes básicos) ha fabricado en su laboratorio de Palma de Mallorca. Por eso no se va a vivir a Madrid ni a Barcelona y persiste en residir en la isla. En su laboratorio cercano a Deià acuesta cada noche a su muppet delgaducho: le quita el polvo de las gafas, le cambia la camiseta de Sr.Chinarro y le busca una chapa distinta de la Costa Brava. El muppet es tan delgado que de perfil parece una creación de Apple. Quizás llegara a oídos de Bill Gates y Steve Jobs alguna noticia sobre el talento de este chico y ellos, sabuesos con doble pituitaria frente al éxito, contactaran con él para perfeccionar su androide. ¿Alguien ha visto al escritor en la playa? Tal vez oculte una manzana grabada en mitad del muslo.
(la teoría del muppet es fruto de mi envidia: cómo escribe este hombre: a veces pienso que es tan lúcido y tan brillante que solo puede ser una creación de Apple)
Seguro que mientras el androide- muppet atiende a los bolos, el auténtico AFM está en una esquina del Village zampándose unos huevos benedictine, una doble burger con queso y unos noodles. (Me chiflan los noodles). La madre de Gilbert Grape a su lado es Kate Moss.
Hablando de androides: un alto. Ayer me leí "Las cosas que no nos dijimos" de Marc Levy. Inducida por una entrevista suya que apareció en un suplemento de algún periódico caí en la trampa. No hice caso de mi intuición: el título me recordaba taaaaaaanto a la película de Coixet ("Cosas que nunca te dije") que me echaba para atrás. La portada y la edición anunciaba bestseller del chungo. Pero la persona que le hizo la entrevista en el suplemento sintió afecto por él o empatía y consiguió reinventar lo que ya estaba inventado desde el principio de la serie Harlequinn y darle un poco de interés. Confieso que yo soy carne de secta y lectora de grandes superficies, pero en la página tres ya estaba ahogándome entre nubes de tópicos: una treintañera estupenda con miedo a crecer, un amigo gay que tiene una tienda de arte, una ciudad de NY calcada de la guía Peugeot, un amor imposible-berlinés, fotógrafo de guerra y con el físico de aquel exnovio checo de Penélope Cruz- un padre clónico de Steve Martin en "El padre de la novia" y frases enteras de Isabel Coixet, por la que el autor, el tal Marc Levy, siente mucha admiración (y agradecimiento digo yo, después del expolio de propiedad intelectual)según confesaba al mismo suplemento. No he sufrido tanto desde que caí en un libro de Jorge Bucay. Normalmente solo hablo de los libros q me interesan o q me gustan. Ayer estuve a punto de escribir una carta al director del dominical ese para que me devolviera los veinte euricos que me había robado Marc Levy. Desde su apartamento en el Village, Marc Levy les ha estafado. devolvemos la conexión.
Así es el verano, una linea azul llena de altibajos donde muchos colgamos demasiadas expectativas. Yo intento, a medida que me hago mayor, alejarme de todos esos tópicos, pero me cuesta. Las canciones hacen mucho.Las películas también. Incluso las conversaciones con los amigos: qué pocos confiesan aburrirse en verano. Qué mal suena admitir que para tí no es una época especialmente feliz. Ni desgraciada. Nadie sufre en verano y si te quejas de la falta de emoción parece que seas un desagradecido.
En fin...sigue sin llegar esa lluvia y esa bajada de temperaturas con la que nos animaban a enfrentar el bochorno la semana pasada. Mientras yo hago zapping en casa la vida está llena de acontecimientos en otros lugares: en Nueva York- colonia de escritores- o en Berlín- refugio de artistas- las ideas se reparten como periódicos gratuitos por las esquinas.
Qué ganas de un auténtico gin-tonic.
Siempre nos quedará el Bacharach.

Un destino

Recibí un mail que decía: "la vida es más fácil si escuchas a Burt Bacharach". Le hice caso.Quien escribía sabe de música y de la vida. Ahora siempre llevo en el coche alguna canción de Burt Bacharach, por si acaso el futuro está esperándome en la próxima rotonda.

martes 7 de julio de 2009

Blogspot D.F



Ultimamente paseo mucho por los blogs q tengo cerca del mío. A ratos me aburre el feísbuc- al que me reconozco enganchada- y vuelvo al principio, al lugar en que nos conocimos. Y me encuentro la mayoría de los rincones abandonados, como mascotas en mitad de la carretera o ciudades en vacaciones. Debe de ser eso, el cansancio. O el calor.O el hastío. Parece que ha pasado la fiebre del blog y que ya nos lo hemos dicho todo. Tenía que llegar, supongo. Al principio era tremendamente novedoso y emocionante leer a un desconocido que se desnudaba- hasta cierto punto- delante de tí y con el que te identificabas. Era un lujo poder contestarle y hacerte un habitual de sus tertulias, o de sus dolores de cabeza. Se hacían grupos, pandillas de placeta y bolsa de pipas. Ahora la ciudad está muerta y mucho de esos desconocidos- y ya amigos- han dejado el blog. Pasas por delante de sus páginas todos los días y encuentras una entrada de noviembre de 2007. Se te saltan las lágrimas. Es como ver la fachada de una casa en derribo: señalas los lugares y las habitaciones donde has compartido momentos de felicidad y solo te queda la pintura de las paredes, como recuerdo: Nínive was here. Hablas con tus amigos de aquellos tiempos de Manga ranglan, Nadadora, el primer Je ne sais pop...y de los últimos de otros. Estamos cambiando el paisaje, te dices, nos cambia todos los días.
Todos los días pienso en colgar el cartel, dejar el blog. Mi amigo Giorgio me lo aconseja en todas las visitas a Madrid. Yo aún no le hago caso. Este tipo de escritura me gusta, aunque no sirva para nada, aunque esté llena de errores, aunque a muchos les parezca exhibicionista. Pero reconozco que llegará un día en que yo también me veré en la encrucijada de dejar el pueblo para irme a la ciudad, donde se vive más rápido. Sobre la Jaula de Dú caerá una lluvia amarilla y entonces tendré dos opciones: o morir aquí, escuchando cómo se acercan las expediciones de turistas y hablando con los gatos que se esconden entre los escombros, o trasladarme a otro espacio en el que las frases sean más cortas, los posts más breves, las confesiones intrascendentes.
No sé lo qué haré. De momento echo de menos las charlas de silla de enea en el quicio de la puerta, las de banco y bolsa de pipas en la plaza. Blogspot es una ciudad amarilla.

lunes 6 de julio de 2009

Playa Berlín



"Sólo yo sé cuándo sobrevivimos."

Elena Medel, "Mi primer bikini"
Hay una playa subterránea en Berlín.
Una costa accidentada de raíles y puentes, de parques donde los ángeles se tumban en hamacas y lanzan piedras al agua. No puedes recorrerla entera, pues tiene más de mil calas escondidas y su ubicación varía según el destino de los vagones de metro. El color del agua es vainilla los días de calma, cobalto los miércoles, jueves y viernes. Muchos opinan que tiene la textura del mediterráneo, porque vas caminando entre las olas hasta meterte en sus cuevas submarinas, donde juegan los osos entre arrecifes de sacos de munición; otros creen que en su origen fue océano, y que oceano morirá si no dictan otras cosas las banderas de los socorristas. Algo de razón tienen, te lo digo por su fuerza, ya que a menudo sucede que en los días de tristeza la corriente te lleva hacia la línea del horizonte- donde se tumba el rayo verde- porque estabas en un mal sitio. Allí el mar te mece, te naufraga, te hunde y al cabo de un tiempo, sin algas en el bañador, ni erizos pegados en las orejas, con mucha suavidad te devuelve a la playa. Predomina en sus decisiones- tanto en la elección del náufrago como en la de su destino- la prudencia, así que suele dejarte en buen puerto. Tal vez no sea el mismo del que partiste, pero es el que te espera.
No hay un lugar mejor para llegar que aquel en el que el farero ha visto tu foto.
Así nadie te hace preguntas.
Sobre eso precisamente debo adverirte una cosa: Nunca preguntes dónde está playa Berlín, porquela respuesta es obvia, como te estoy contando. Debajo de Berlín. No necesitas más señas, además los habitantes de la ciudad- no solo los allí empadronados, incluso también muchos autobuses de turistas- están aburridos de escuchar esa cantinela ( "¿por dónde se va a la playa?") cuando llega el buen tiempo. Se lo han preguntado cientos de veces: en documentales, en comidas de negocios, en bicicleta, en los juzgados, en las paradas de autobús, en la cama, en los balcones, en tres tipos diferentes de extranjero (situados como los anillos de saturno, en una brevísima y concéntrica circunferencia: extranjero uno-donde aún se puede beber cerveza-, extranjero2- donde se doblan las películas y no se subtitulan- extranjeroalotroladodelafrontera-donde resucitan los vikingos) y ya hartos, decidieron por referéndum ( ratificado por la canciller Merkel en el Checkpoint Charlie) decir que nadie es profeta en su tierra, que los berlineses no saben de mapas. Así que no esperes que te dejen en la puerta.
Yo también voy por allí, pero tampoco me preguntes dónde está la playa. Ni trates de confundirme interrogándome por el verano, que tengo que convocar elecciones generales para darte una respuesta : marcar el comienzo exige la disolución de mis cortes - cámara alta, lóbulos de las orejas; cámara baja, dedos de los pies- que andan resolviendo placeres con lentitud y retraso. Ahora precisamente me están sobreviviendo.
Cuando acabemos con la activación y la supervivencia estrenaremos el verano.
Por ley orgánica.
Pero ahora que bebo agua con gas- rodaja de limón, pelín de hielo- y sin querer floto suelo despertarme en Mitte con mi maleta de rayas. Llego a mi apartamento con chanclas. Mi equipaje no pesa, pues solo llevo el bikini, dos libros (uno de poesía, otro de pegatinas) y papeles de colores para practicar el origami y resucitar el arca de Noé: subiremos tres pajaritas, dos ranas, un cocodrilo y el tucán del recibidor. Porque cualquier día en la playa de Berlín nos sobreviene el diluvio y yo a los ángeles no voy a pedirles nada, que están de vacaciones y juegan con Colombo al guiñote. Lo que pasa es que siempre pierden, aquí pese a las guerras y al frío, ellos no consiguieron aprenderse las trampas. Así que desplegaré mi barco de papel ( tres mil periódicos hoja por hoja extendidas de eslora) y montaremos un concierto en la cubierta principal. Habrán "Copas de yate" y músicos del Juan Sebastián Elcano. Préparate las zapatillas.
Este va a ser un verano perfecto: está empezando a llover sobre los jardines de Tiergarten.
Corre, que ya casi han llegado las vacaciones.

Producciones Towearin

No he podido viajar este año a mi isla, pero hoy Antonio me la ha traído con el primer video que ha editado y subido a youtube.
Bajad las persianas de la oficina, encended el ventilador para que sople flojito, cerrad los ojos y dadle al play.Cuando escuchéis la musica es que habéis llegado a la Savina.Disfrutad del viaje. Es una delicia.

sábado 4 de julio de 2009

Huele a nuevo

Hemos estrenado el verano y huele a mandarinas.

jueves 2 de julio de 2009

Los ingredientes del gazpacho



Mis plantas no me hablan. No sé porqué. Han caído las siete plagas de Israel sobre mi terraza- la sed, la cochinilla, el pulgón, las quejas de mi vecina porque Frida y Justine saltan la barandilla que nos separa y se cuelan en su dormitorio, el viento del Sahara, mi poda sin manostijeras yla mala hierba que nunca muere porque salta de maceta en maceta- y ninguna se ha quejado. Han preferido sufrir calladas, no sé si es que aspiran a un futuro ciprés martir o es que con su silencio me dejan post -its en los cristales de las ventanas.
Yo ahora rindo un pequeño homenaje todas las noches a Carmen Maura y para curar lo que queda del desamor y sacudirme las borlas de autocompasión me pongo a remakearla en "Mujeres al borde de un ataque de nervios". Hace años que perdí- me libré- del traje de chaqueta rojo, pero conservo el resto del atrezzo: una bata china, un teléfono rojo, un litro de gazpacho y la voz de Mina que se resquebraja en el ipod. Así que al atardecer desconecto los teléfonos y me pongo a lo que Almodóvar quiera, eso sí, con una salvedad: no pienso prenderle fuego a mi cama. No ha llegado mi tragedia a esos límites. La cama se queda como está, para eso es mi balsa en todos mis naufragios.
Me pongo en el papel de mi admirada Carmen Maura y se me tuerce la sonrisa porque no me aguanta la pena ni cinco minutos.Echo mano de recuerdos rotos. De silencios, ausencias, subastas de abrazos y sigue el gesto de no acabar de creérmelo. "No estoy tan mal- me digo- si estuviera deshecha lloraría como un cacuy." Hay mañanas en que me despierto así: inundada de tristeza, con el colchón hundido como el Titanic. Delante del espejo trato de ser el Joker y me pinto los labios de fresa dulzón. Sobrevivo a latas de cocacolazero.
Hasta que llegan las cartas.Ultimamente nado entre correspondencias inesperadas, que me tienen con el boli azul en busca de la falsilla de mi vida, en la que los espacios del interlineado no sean ni demasiado grandes ni demasiado estrechos. A mediodía corro al buzón y primero doy vueltas en círculo frente a él, lo olfateo como los perros y apoyo las manos en la rendija. Casi siempre hay suerte y además de las comunicaciones bancarias aparece un sobre manuscrito con mi nombre en color. Lleno el portal de bombillas para celebrarlo y no abro la carta hasta llegar al sofá, a la cocina, al sillón.
Caen gotas de agua sobre la rutina.Postales de cine. Paisajes que no he descubierto. Ríos que suben y bajan. Canciones que anoto para escuchar. Escenas de otros tiempos. El diapasón del verano se acelera. Subo a la terraza: ha empezado a llover.Mis plantas están de musical con Apenino. Lunares rojos y naranjas.