Una tarde de mediados de julio descubrí una plaza preciosa. La ciudad había abierto sus ventanas y corría por las avenidas una brisa fresca q levantaba las faldas de mi vestido. Mientras esperaba en el semáforo miré hacia arriba, un avión rayaba el cielo. Avanzaba dejando una estela que parecía llena de espuma, de olas. Yo cruzaba la plaza Paraíso y creía que era mi propio presente- el tiempo que estaba viviendo de un modo intenso, en presente contínuo- el que sobrevolaba Zaragoza. De repente mi vida era ligera, tan ligera que pensé q podría levantar los pies del suelo y planear agarrándome a los picos de mi vestido. El avión seguía subiendo mientras abajo en la calle yo flotaba.
Otra tarde, esta de invierno, una pareja guardaba silencio por la autopista. No iba nadie más en el coche que ellos- tres años juntos, desde el final de la carrera y con su oposición- y la angustia del que se ve obligado a pasar por un experiencia temida y que nunca ha querido sumar a sus recuerdos. Cuando llegaron a la ciudad ella había consumido dos paquetes de pañuelos de papel con un llanto silencioso y él se quedó mirando, en el semáforo de la rotonda q abría las puertas de la ciudad un avión que se había detenido en el cielo. La luz verde les dió paso y avanzaron entre los coches mientras el avión estaba en el mismo sitio: parecía haberse parado. Él, que al principio lo había descubierto a través del parabrisas, acabó mirándolo por la ventanilla y después lo buscó sin éxito por el retrovisor. Se imaginó al piloto de aquel avión, cansado de su vida, con un ataque de tristeza q le impide continuar trabajando. Un piloto q se queda callado y sueña que deja los mandos y olvida la información metereológica, los datos q le envían desde Manises sobre la ruta, porque sueña con dar un salto y regresar a la placidez de su vida sin pasaporte ni horarios, a las noches en que sale a pescar con un amigo y se toman un pack de seis cervezas con un bocadillo de tortilla. El chico cree haber visto a ese piloto mientras su avión se detenía, cree haber sentido el mismo bloqueo q él al pagar el peaje de la autopista y descubrir a través del retrovisor que ella no ha dejado de llorar desde que se ha subido al coche. Cuatro horas más tarde, cuando les han robado todas las palabras y la operación que han elegido les ha roto los recuerdos, él llega a la rotonda de la salida y busca ese avión. Del piloto no queda ni la cicatriz que marca el bisturí del puente aéreo.
Hoy la navidad se ha despertado llena de sol. Cuando la mañana tiene un cielo tan azul se escapan los aviones de los aeropuertos. Yo me despisto mucho mirando hacia arriba, intentando descifrar ese jeroglífico de lineas que se cruzan porque imagino que tras las pinceladas blancas hay miles de historias ocultas: despedidas, huidas, regresos d gente inesperada, encuentros casuales...los aviones son conjuntos de Venn a los q dan ganas de asomarse sin tener que pagar una tarifa de turista. Solo para escuchar el rumor de lo q piensan los que están dentro. Aviones plateados, burbujas de metal.
Por eso esta mañana he cogido mi bici y me he acercado hacia el aeroclub. Sabía q antes de llegar a la playa iba a encontrarme con esta avioneta abandonada en la que ha crecido un jardín decadente. Qué hace aquí. Quién la abandonó. En qué pensaba el piloto cuando despegaba con ella y subía hacia las montañas del desierto, junto al mar. Quería fotografiarla y observarla de cerca. Inventarme un relato en el que ella fuera la protagonista.
Me gustan los aviones y sus paisajes. A veces los hago míos.
4 comentarios:
Hace ya unos cuantos años, cuando yo me disponía a subirme (y casi no bajarme) de los aviones, ya me hablaste de ese piloto que, de pronto, se da cuenta de que no puede seguir adelante, y que debe haber estado dando vueltas a tu alrededor todo este tiempo...
Ahora, que me he bajado tan desencantada y tan harta de los dichosos aviones, y sin que deje de extrañarme, me sigue gustando verlos despegar desde el parque de mi casa, tan llenos de comienzos y de finales.
Es fantástica esa imagen imaginada del avión detenido, así como la real del avión abandonado...
Besos,
Trini
Es verdad Magenta, lo recuerdo perfectamente y sí, tienes razón, aún no me ha soltado la historia de ese piloto q llora en el aire.
Me da pena q te hayas bajado (o te hayan empujado a saltar) del avión. Desde q te convertiste en la nancy azafata- tú más linda- cada vez q veía un avión en el cielo te imaginaba con tus libretas y tu sonrisa de serie de televisión (magenta tiene una sonrisa de agua, deslumbrante) recibiendo a los pasajeros. Ahora si tú ya no estás volar me va a dar más pereza.
Por cierto, tengo una foto q te encantaría: una avioneta rodeada de ovejas. Me la ha prestado un amigo y me recordó mucho a tí.
Trini, gracias. Las dos imágenes me siguen perturbando. Gracias otra vez, pero ahora al cubo: me acabas de dar una idea q necesitaba para un proyecto.
!!!!!
Gracias.Qué emoción
besos
eva
Nunca sabemos si una etapa está cerrada del todo Evita... ¿quién nos dirá si la Nancy azafata no ha colgado para siempre el uniforme?
Después de todo, los aviones se llevan las penas tan deprisa como las traen...
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