sábado, 31 de mayo de 2008

Tarde en Illetes


Se han ido todos.Nos han dejado solos.Nos queda la música- suena Benjamin Biolay y Chiara Mastroianni, "La plage"-los libros (yo me he quedado en un cuento de Susan Sontang) y las gaviotas.Toni pasea por la orilla.Después de la siesta la tarde se ha derretido en azules. De ahí al plata del mar.Y el tiempo pasa casi con la transparencia del agua en Formentera.

jueves, 29 de mayo de 2008

miércoles, 28 de mayo de 2008

El hombre que desmontaba finales

Y, pese a ello, nos hacía felices, Sidney Pollack.

Rumbo a la isla

"Todo ha cambiado,
nada es lo mismo,
hemos perdido la razón.
Mira el cielo,
cuantas estrellas
pierden en su inmensidad...
Quiero ver pasar la estrella
que ha de marcar mi rumbo
fornularé un deseo más...
El telescopio,
nos aproxima
casi la puedo alcanzar
Camino solo
voy en su busca
solo la quiero contemplar
Quiero ver pasar la estrella
que ha de marcar mi rumbo
formularé un deseo más...
Pasa conmigo
esta noche tan especial...
tengo mis confidencias
por estrenar.
Quiero ver pasar la estrella
que ha de marcar mi rumbo
formularé un deseo más.
Utiliza el catalejo,
fíjate que esté la leja,
durará un momento más..."

"La Estrella", Los Auténticos, noviembre 1981.

Suena esa canción en mi móvil, como si quisiera ponerle la música a los títulos de crédito de esta escapada a Formentera. Me voy solo un par de días, sin embargo tengo la sensación de que una vez allí se alargarán las horas. Eso es lo que espero, que los minutos caigan muy lentos en el reloj de esa arena. Toni ya está allí: ha alquilado un coche, me envía los partes meteorológicos y se ha dejado la cámara de fotos en casa. Yo aún no he empezado con la maleta, pero tampoco me costará mucho: bikinis, vaqueros, camisetas, pareo, las converse, uns chanclas y para de contar. Eso sí, crema protectora para el sol y repelente de medusas, que el primer baño de la temporada me gustaría que fuera en Illetes y allí, la última vez que estuve había una auténtica plaga de medusas diminutas, pero tan bonitas que daban ganas de cogerlas con la mano. Busco un libro para llevármelo en el bolso, en edición de bolsillo, para ir alternando con la moleskine.El ipod ya lo ha cogido Toni: el suyo tiene mil millones de gigas y toda la música que pueda soñar, así q no se si me llevaré mi nano, comprado en tiempos de crisis financiera hace un par de años y que tiene que durarme hasta Navidad por lo menos, que ya podré invertir en algo más serio. Me apetece muchísimo estar descalza por la playa, hasta que se me pelen las plantas de los pies si es necesario, pero descalza.Tengo ganas de pasarme el día sin obligaciones ni llamadas pendientes, de quedarme callada mirando las olas- si hace falta las cuento- de que me tire la piel cuando llegue la hora de cenar. Quiero coleccionar los atardeceres de estos cuatro días: buscar cuatro lugares distintos de la isla para ver cómo cae el sol y guardar esa imagen en mi tarjeta de memoria, para que las ganas de verano se multipliquen por mil. Sé que encontraremos barecitos de pescadores y alguna tasquita que tengan higos con queso de cabra, un sitio apartado de los montones de italiani que toman la isla en cuanto empieza la temporada. Me voy en busca de todos esos lujos y placeres pequeños, pero sé que en realidad, lo que busco es un rumbo nuevo.( Me hago mayor y me pongo mística, si esto es mi madurez me está quedando un poco hortera, así que mejor no darme alas). A lo mejor lo que busco es una rumba nueva, un cambio de ritmo que me despierte a golpes de cajón. No lo sé. A Formentera siempre me he escapado con las manos vacías y cuando he vuelto, estaba tan curada por el mar, que me he subido a todos los trapecios sin mirar hacia abajo.

Así que la maleta no me importa. Eso sí, si os apetece recomendarme algún libro para llevarme yo encantada, que ultimamente no me leo nada.¡Ah! Para romper este halo espiritual que me coloco como si fuera santaeva de laplayavacía cada vez que hablo de Formentera: Toni y yo hemos decidido premiarnos con una caldereta de langosta para celebrar nuestros veinticinco años de amistad. La paciencia y la lealtad bien lo valen.

PS: Actualizo tras la lectura de otros blogs, en el post de hoy de Richi - Rizino- encuentro crucigramas para estos días y el manual de instrucciones que me hacía falta para el viaje. Apunto "El corazón de las tinieblas" y sigo sin cerrar las presillas del baúl.

martes, 27 de mayo de 2008

Tramppin'

He suprimido el post de ayer. No me gustaba, no era del todo real. Ni del todo ficción. Tenía trampa. Durante los últimos tres meses me he aferrado a este blog como salvavidas ante la marea de cambios que me sacudían,; algunos los he contado- cambio de casa, comienzo del proyecto- otros, los que esconden mis vértices más puntiagudos, siguen encerrados bajo siete llaves en el cajón de mi mesita de noche y ahí seguirán, porque debo cuidarlos. Al escribir me desnudo todos los días un poco, pero protejo lo más delicado que tengo, lo más amado. Soy honesta en ese sentido, tampoco digo mentiras ni genero falsas expectativas.
Pero a menudo es cierto que preferiría ser quien no soy.Quisiera tener el brillo, la alegría, la risa o el humor ácido que antes surgía de forma natural (cuando surgía, que tampoco era yo Anabel Alonso ni Paz Padilla) y me esfuerzo por recuperarlo apoyándome en clichés, en anécdotas repetidas que tuvieron tres carcjadas de premio. Me disfrazo de otra eva- que ya no es If- y cuando intento ponerme esa máscara lo que escribo se me tuerce. Se vuelve cartón piedra. Mis posts acaban siendo los escenarios más decrépitos del "Un, dos, tres". Las cartas marcadas resultan tan visibles que al levantarlas habréis visto una eva diminuta corriendo por las teclas del ordenador, pulgarcita-vulgarcita, buscando un paréntesis en el que alojarse.
En la duermevela- mi momento más lúcido del día- surgen las dudas y me arrepiento, así que suelo borrarlos de mañana, o al cabo de unas horas si me he puesto a soñar fuera de tiempo. Si no hay comentarios a las frases los elimino. No quiero traicionarme en esto. No; primero por mí y después , también por mí- lo siento- porque si me pongo a pensar en vosotros, en los que me leéis con mayor o menor frecuencia, probablemente todos los días mi inseguridad más feroz se sentaría frente al teclado y cada tarde me dictaría un post con lo que ella cree que queréis leer. Cocinaría para cada uno un plato especial sin saber freir un huevo frito. Acabaría mintiendo hasta a los espejos. Y os negaría tres veces. Más tres millones de veces.Mintiéndome a mí os faltaría al respeto.
Tampoco me gusta regodearme en la tristeza, ni en la apatía, pero no ha sido esta última una buena temporada.Ya digo que escribir me ha salvado. Y es cierto: sin este collage los días hubieran sido una serie de números seguidos a los que no le hubiera encontrado gracia. El blog me ha dado mucha vida. Muchas sorpresas inesperadas y abrazos que no he pedido (los mejores: los que realmente son abrazos). Ahora noto que de aquí he cogido mucha fuerza y que, poco a poco, me despego del miedo. Ahora me miro y descubro mis perfiles, sin que tenga que bajar los ojos. He pasado cinco meses creyendo que era invisible. He pasado este invierno- que no se acaba, maldita lluvia- rehuyéndome.
Mi vida a menudo es una ficción, me refiero a la que vivo de verdad, no a la que escribo.Me visto de colores pese al gris que me rodea, muevo papeles de un sitio a otro en el despacho, toreo algún juicio, como con mi familia, discuto sobre política, parafraseo a otros con la literatura, quedo con mis amigos para tomar alguna caña, para ir a cenar, viajo mucho menos de lo que necesito...pero me falta la intensidad con la que yo hago las cosas, para bien o para mal. Me paso los días tramppin, yendo de puntillas en casi todo, remedando los agujeros de mi indecisión, salvando los trámites urgentes, corriendo sin destino...
Una vez leí que somos o que únicamente poseemos aquello que conservaríamos si naufragáramos- de verdad, sin metáforas- y nos quedáramos en un bote a la deriva. Es decir, que somos lo que nos salvaría en una situación límite. Yo a veces pienso, cuando subo a la cárcel a visitar a algún cliente, que de entrar allí si me condenaran por algún delito, lo que me salvaría serían las palabras: escribir, leer, contar...Lo único que tengo es esto. Soy lo que son.
Por eso concedo tanta importancia a lo que la gente escribe, a las formas, a la expresión. Detrás de un cuadro, de una novela, de una canción siempre suele haber un hombre o una mujer que gritan. Yo cierro los ojos e intento escucharlos y cuando siento que he descubierto su mensaje encriptado me desborda la emoción. Si lo que dice además rompe el muro de Berlín que levanta cada noche mi soledad le doy las gracias, porque no suelo encontrarme en la playa hojas de cuaderno dormidas en una botella.
De ahí que un martes como hoy me levante con la necesidad de explicar mis trucos de titiritera, de vendedora ambulante. No quiero hacer trampas. No me gustan los juegos de cartas, pero si os tengo que escribir alguna que sean las que llevo en la mano y que caigan sobre la mesa boca arriba.
Gracias Guaje por estas palabras: filo, trampa y tierra firme.

domingo, 25 de mayo de 2008

I've loving you too long

La elegancia hecha voz, Tindersticks. Y las cartas que escribía para otros Florentino Ariza. Aunque no haya podido ir a ver la película por miedo a que se rompa el hechizo de un libro que tengo en el corazón.

El próximo año



Yo ya sé que el hombre más guapo del mundo siempre será Paul Newman en "La gata sobre el tejado de zinc caliente". Que a nadie le quedará tan bien una camiseta como a Marlon Brando en "Un tranvía llamado deseo". Que ningún fin de semana en Roma podrá verse igual que apoyada en el hombro de Gregory Peck. Que nada sería más peligrosamente tentador que darse a la fuga con Steve Mc Queen en "La huída".Que cualquiera desviaríamos la mirada ante el cambio de Michael Corleone si él siempre fuera tan dulce y tan contradictorio como Al Pacino en el primer Padrino. Que no hay mascara más seductora que la de Darth Vather en "La guerra de las galaxias". Que en nuestras fantasías adolescentes soñábamos con el látigo de Indiana Jones sobre nuestras espaldas. Que no quedan besos como los de Clark Gable en "Lo que el viento se llevó". Que cederíamos parte de nuestra anatomía a John Malkovich si la convirtiera en escritorio del vizconde de Valmont. Que esperaremos la vuelta de Robert Redford en su avioneta para que nos lave el pelo en cualquier colina de África. Que haríamos la revolución si fuera Jimmy Smits el que nos mordisqueara el lóbulo de la oreja, animado por un "Gringo viejo". Que patearíamos siete veces "Manhattan" si a nuestro lado caminara Woody Allen. Que seríamos una más de la lista de Alfie tanto si la protagoniza Michael Caine como si le toca el remake a Jude Law. Que me adheriría con velcro al bastón de House. Que con el único que sería capaz de dormir- entre otras cosas- sería con Bill Murray en Tokio.
Pero yo hay días que me despierto soñando con una cita con Alan Alda, ese protagonista o secundario con el que crees que vas a tropezar en la cafetería donde almuerzas o en el ascensor.La fascinación comenzó cuando protagonizaba MASH y culminó con esta historia de amor en una burbuja - la cabaña donde año tras año se mantienen fieles a su cita los dos amantes- que ví cuando aún existían rombos en las esquinas de la pantalla. "El próximo año, a la misma hora". Además del nerviosismo que produce saber si acudirán cada uno de ellos a la cita- efecto que da un buen final a "Antes del amanecer" aunque la segunda parte ya no se sostenga- lo mejor de la película, al menos para mí, es el respeto y la fidelidad- qué paradojico, hablar de fidelidad en la historia de los amantes adúlteros (palabra obsoleta y demoniaca donde las haya)- al amor que sienten el uno por el otro y que se mantiene, si eso es posible por lo mucho que la vida nos cambia, ajeno a lo que suceda alrededor. Alan Alda está magnífico en su papel: enamora, seduce, saca de quicio, enternece...y te hace dudar sobre casi todo.De eso se trata el romanticismo, de llevar nuestras propias dudas hasta el borde de un precipicio.
Sobre este tipo de relaciones he encontrado un texto fantástico en un foro de yahoo:http://foros.ya.com/SForums/$M=readthread$TH=1365892$F=32165$ME=4504790 dejo el enlace porque merece la pena leerlo. Sobretodo hoy que es domingo y la lluvia cae con tal fuerza que no hay nada más tibio que arroparse en el sofá y ver una película antigua como esta.

Y la tortuga que rompe a volar

...la banda sonora de lo que viví.
Olé.

La danza que sueña la tortuga


"En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío,dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals."
Federico García Lorca, "Pequeño vals vienés"
El domingo 20 de julio bailaremos en círculos por el recinto del Festival, al otro lado de la carretera. Cohen, Morente y Lagartija Nick. Viena y Granada. También Morrisey y Lory Meyers.Pero escuchar en una misma noche las dos versiones musicales de este poema va a ser una explosión de poesía. No sé si los ingleses que han convertido el FIB en Sanfermines entenderán esto, pero dá lo mismo, los que podamos disfrutemos con "Omega", "Famous blue raincoat" y esta danza circular de la tortuga. Después que llueva y que se desborde el río.
ps: de Morrisey hay que hablar en otro momento, tras su ausencia y reaparición en Benicàssim ya es leyenda urbana. Todo el mundo tiene un conocido que lo vió en un coma etílico- morrisey in a coma! cna't believe it!- el año en que decía no haber podido salir de Londres. Menos mal que un par de veranos más tarde nos compensó y que "First of the gang to die" fue casi como el rayo verde: rasgó el cielo al atardecer.

sábado, 24 de mayo de 2008

A river disguise

Vendrás disfrazado de río. Después de cualquier lluvia. Y me desbordarás.
Mi ciudad no tiene un cauce que le parta el corazón de corcho y granito.Dicen los ancianos que hubo un río cerca, donde comenzaba el arrozal pero que, tras la guerra, se secó.Tal vez no soportara vivir bajo la dictadura y sus aguas se mudaron a otros lugares. Al mar, por ejemplo, para conocer paisajes distintos, donde se pudiera perder uno. De esa leyenda sólo quedan dos pozas q se conocen como ullals y por las q antes se perdían las caballerías y ahora se justifican las rotondas. Son lagunas aparentemente tranquilas, apacibles, con sus juncos y el agua verde, pero que engullen a todo aquel q las perturba y lo expulsan unos kilómetros más adelante, en la orilla de la playa. Si les das más de tres vueltas seguidas y cierras los ojos te despiertas en Panamá.
Pero nos falta un rio. Piénsalo: Paris, Londres, Viena, Budapest, Roma, Praga... Nueva York son grandes ciudades porque tienen un río. Cerca de los ríos suceden cosas: se tiran piedras, crecen aldeas, se dispara con cerbatanas, nace el jazz...Los ríos son vagabundos que reparten creatividad.Compruébalo con tu base de datos cinematográfica. Junto a los rios siempre se han rodado escenas mágicas.No sé porqué.Puede q el agua tenga poderes áún desconocidos y q influyan en nuestro comportamiento: tal vez en el tintineo de sus saltos, en el zumbido de las cañas de pescar...no lo sé, pero tiene que haber alguna causa.
Porque entonces habia razones y, por eso, no es casualidad que Ofelia esté enterrada en un río, con miles de turistas que le colocan flores alrededor de la cabeza .O la dama de Shalott, que sube sin prisas tras vislumbrar en un espejo el rostro de Lancelot- blanca, nívea,agónica, fantasmal ...-y llega al olvido.Frente a su cadaver el caballero no recuerda. Olvidó la belleza de quien le quiso.
En las antípodas hay mujeres que se disfrazan de río: se tiñen el pelo con liquen y mantienen los pies helados para que solo el amor verdadero- el del bueno: véase amor de novela, historia de amor y película- les abrigue el dedo meñique. Así podrán reconocerlo, cualquier día, tras la lluvia.
Después, se desbordarán.

More than this

Vuelvo a mis clásicos: a veces necesito de ellos para tomar impulso. Ayer volvió a caer tormenta.Volvíamos de Peñíscola en el coche y encontré esta canción- bueno, la original de Roxy music- en el ipod. La carretera estaba vacía y comenzamos a cantarla."Hopefully learning"...Al llegar a casa tuve que buscar la mirada de Bob Harris sobre Charlotte, llena de ternura y palabras. Todo lo que no te digo en ese estribillo, en ese momento en el que giro la cabeza y estás ahí sonriendo, pero "more tan this you knou there's nothing"...Instantes de película con los que acuno los sueños.

viernes, 23 de mayo de 2008

La culpa de todo



"A veces escribo cartas
para no sentirme atado,
para no aferrarme a remilgos
que yo quisiera abolidos
de mi vida. De mi vida.
Y pinto de colores los sobres.
En el remite soy un enigma.
Espero siempre una respuesta
para sentrime querido
como los niños chicos.
Como los niños chicos... "


En los árboles, "El último de la fila"

A veces escribo cartas y no soy capaz de ver más allá de lo que yo siento. Pienso que es bueno lo que digo, porque es sincero y parte del respeto y sin querer a menudo olvido que el otro, el destinatario no me conoce tanto como yo imagino, no tiene además porqué saber cómo pienso. A veces escribo y después me asaltan los remordimientos- he sido excesiva, agobiante...- y solo pienso en pedir disculpas. O en esconderme debajo del sofá.
Soy una falsa extrovertida.La mujer más llena de miedos de la comunidad valenciana. Ayer Rosa me contaba que sus amigas, después de la boda del sábado, comentaban que no habían conocido un "animal social" como yo, que casi iba de extra y acabé en el facebook de todo el mundo. A mí me entró el pánico escénico: "diles que no, que se me fue la pinza...que yo no soy esa que ellas imaginan, que esa era otra, Mrs.Jekylll...que yo soy muy tímida". Después la vergüenza: seguro que parece que buscara protagonismo. Descolgué otra vez el teléfono: "Rosa, perdona, pero qué palo, no, ahora tengo la sensación de haber sido la típica estrella invitada de la fiesta, la que no pinta nada y busca su foco con ansiedad..." Afortunadamente mi amiga comunicaba. Si no hubiéramos estado así toda la noche: yo con mi montaña de miedos y ella desdramatizando mis nudos.
A veces me miro en el espejo y veo la cara de Dorian Gray. Y me húyo. Hubo una temporada en la que me disgustaba tanto a mi misma que andaba pegada a la pared. Me aprendí todos los relieves de las calles. Entraba en los pubs de lado, como las meninas, para que nadie se fijara en mí. No me vestía, me escondía. En esa época me agarré a mis libretas como si fueran un bote salvavidas y respiré.
Después me reconcilié conmigo, un poco, lo suficiente para ser feliz.Me ha costado mucho no pedir perdón por todo, no dudar siete millones de veces de lo que hago, no buscar agradar siempre a todo el mundo. El miedo y la culpa son dos gigantes que se cuelan más de una vez en mis pesadillas.Pero sigo discutiéndoles cada cargo de los que me acusan.
Aún así a veces me equivoco. La culpa no es un pasaporte para la inexcusabilidad, sino una justificación que creamos para eludir la responsabilidad de nuestros actos. Y yo no quiero eludirlos. Por eso si alguna vez te molestan mis palabras, si hay algún gesto que no te gusta no dudes en decírmelo. Y vayan por delante mis disculpas. No es mi intención herir lo que aprecio.

La vida y una, de musical

¿ No os ha pasado alguna vez, mientras caminais por la calle o vais al trabajo en metro, que deseais que la gente se ponga a bailar como en un musical? (Algo parecido a lo que le sucede a Björk en "Bailar en la oscuridad", pero sin rosario de tragedias, ceguera y otros malos rollos)
De tener la posibilidad de cumplir ese deseo yo querría ser Patsy Kensit en "Absolute Beginners" pero no podría apartarme de Bowie un segundo, así que dificilmente podría bailar...Pese a todo, querría volver a Londres, regresar a ese pasado y enamorarme a la luz de esta canción.
Feliz fin de semana.

jueves, 22 de mayo de 2008

Vértigo de altura

Vértigo de Altura: Sensación básicamente psicológica, especie de atracción por el vacío que surge al asomarse a un balcón o a un acantilado.


Jamás habíamos tenido una conversación. A menudo cuando nos encontrábamos en cenas, alguna fiesta o un cumpleaños de los niños me mirabas desde lejos y yo, como mucho, me detenía en tu mirada, por si me querías comentar algo o hacer un gesto cuya intención se me escapaba y sin embargo todas estas explicaciones eran mentira, porque yo sabía que tú me mirabas. Que te quedabas ahí un tiempo para que yo lo advirtiera y fuera tu cómplice. O tal vez no, o tal vez no necesitabas que fuera tu cómplice, solo buscabas ese instante de juego. Pero nuestros saludos se limitaban a la estricta cortesia. A una cordial relación de conocidos con amigos en común. Tú con tus novias de catálogo, yo, con mi marido. Nunca nos tocó sentarnos cerca en una mesa, puede ser que los dos lo evitáramos conscientemente, ahora ya no lo sé. Ahora que estás aquí , dormido, en esta habitación de hotel sin ventanas,ahora ya no quiero saber nada, no darle nuevas lecturas a lo que ha sido, a cómo ha sido; ahora los recuerdos parecen una instalación gigante de piezas de dominó. Como si los dos hubiéramos construído un engranaje enorme a base de tuercas microscópicas. Como si en lugar de habernos traído hasta aquí el deseo, la casualidad o la pasión- vistámonos de vodevil, para desdramatizar el entuerto- esta cama fuera la mayor prueba del darwinismo: amamos- como decía mi poeta- como consecuencia de la teoría de la evolución.

Jamás nadie notó nada. El aire solo nos resultaba denso a nosotros. Hablo en plural y no sé porqué quiero justificarme incluyéndote a tí en mi primera persona. Quizás solo me pesaba a mí la distancia porque era yo quien necesitaba acortarla. Porque quería hacerlo. Me siento mejor si tú estás conmigo en esto, aunque tú solo estás conmigo aquí y ahora. Ni tan siquiera eso: tú duermes mientras yo paseo mi mirada por la moldura y busco mi sombra por el techo. Respiras profundamente, no roncas, pero te escucho tanto que no soy capaz de olvidar tu presencia, aunque me separen unos centímetros de tí. De tu cuerpo.El mismo cuerpo que se perdía en la distancia.
Qué ajeno me pareces aunque siga envuelta en tu olor.
He abierto la ducha y ni siquiera el ruido del agua te perturba. Sigues tumbado boca arriba, el brazo izquierdo extendido que antes me tenía cogida. He ido soltándolo poco a poco a medida que tu sueño se ha hecho más profundo: me asfixiaba. Me parece que vivo una escena tantas veces repetida en las películas que no es real, sino pura ficción: no son mis rodillas las que enjabono, no es mi pelo el que se va jalonando en rios de agua, no es mi mano la que tiembla. Sin embargo la única que está aquí soy yo, aunque ahora quiera negarme cómo he llegado. No deseo pensar en ello.No voy a pronunciar la palabra más temida:culpa. No ha pasado nada malo, porque lo que ha sucedido no tiene trascendencia, no existe, no es nada: flota. Pero aparto tu olor con el gel, intento borrarlo en todos mis pliegues y me escuecen los labios. Qué hora será.Qué hora será en mi casa en este mismo momento. Cierro el grifo.Quiero volver a la realidad cuanto antes.
Me siento mientras me seco: el sujetador, las medias y el vestido por el suelo; las llaves de tu coche, las monedas que llevabas en el bolsillo y tu camisa desperdigadas por el sofá. Busco los envoltorios de los preservativos para deshacerme de los restos y asegurarme de que no ha fallado nada. Sin cerrar los ojos te veo sobre mí, la nuez de tu cuello a unos centímetros de mi boca...me miro en el espejo. Tengo cara de cansada. Me vuelvo a maquillar para esconder el remordimiento, esa red viscosa que se balancea en el techo de la habitación y amenaza con caer sobre nosotros. Me muerdo el labio: cuándo apartamos el muro de cristal que nos separaba. Por qué. Tengo ganas de desbordarme en un gesto dramático, de llorar, decir que soy una puta, maldecirme por traicionar lo mejor de mi vida...y consolarme en mi desesperación novelada. Pero no puedo. Un sabor extraño me inunda la boca: parece que me haya tomado prinperán para no vomitar tus besos. Respiro.
Busco el bolso, la chaqueta, los zapatos y me acerco hacia la cama.No quiero tocarte pero estás ahí. Tan cerca. Te mueves y abres los párpados. Yo sigo de pie, inmóvil, frente a tí. Me miras y sonríes :"¿Dónde vas? Es pronto..." Te incorporas y con el brazo me acercas hacia tí. Cae el bolso al suelo, los zapatos, me quedo detenida en tus ojos y pienso que debo irme. Que me voy. Pero no me aparto un centímetro. Me resbalo sobre tu pecho, me arrastras hasta tu boca.
Es entonces cuando siento el vértigo de la caída y al fondo, el abismo de tu abrazo.


Un abrazo de Midori

Que vive en tu mano derecha, hasta que dejes de sentir.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Justine


"Después de todo, Justine solo comprometía el lado más insignificante de mi vida: mi reputación"
Palabras de Nessim, "Justine" de Lawrence Durrell

"...Pese al nudo de cansancio en las pestañas hoy he llegado al final de la novela. Lágrimas, suspiros y la mirada perdida en el horizonte, desde donde seguro que parten las cartas de Clea, o se esconden las manos de campesina de Justine ya perdida el aura de demonio, ya vencida de tanta búsqueda. Odias ese libro. Te entiendo, yo lo amo.Y lo odio. Igual que siento como Melissa y sueño como Justine. Cuanta vida derramada por los callejones. Cuanto amor de verdad, sin calidades ni hipotecas..."
de un correo enviado desde San Petersburgo en agosto de 2006, "carta de navegación".
Aquella semana, antes de irme a dormir, siempre subía a ver a las Iwasakitas, cuatro gatas que me cabían en la palma de la mano y que aullaban a coro desde el otro lado de la habitación de invitados. Tres de ellas eran rubias- como las trillizas de Julio Iglesias, MªElena, MªLaura y...no recuerdo el tercer nombre- y una, la más cariñosa, la que siempre se me enredaba en el tobillo, era carey. El escritor la había bautizado Semele, pero yo desde el primer momento en que la ví la llamé Justine por cómo jugaba conmigo con la mirada.Las Iwasakitas eran tres minas de oro y una de carbón, correteaban por el cuarto, bailoteaban y se escapaban en cuanto abrías la puerta una rendija. Aquel verano la casa de Laura estaba llena de gatos- creo que éramos doce, contándonos las dos- y mientras ella se abanicaba entre estadísticas y conceptos de generación, yo me dormía leyendo el Cuarteto de Alejandría; por las mañanas me iba a escribir en el piso superior de la floristería de Marc y por la tarde, ya con Laura vestida de profesora, discutíamos en la calle San Bernardo sobre creación literaria.
Se fueron llevando a las rubias primero- Clea, MªElena...- regresé a Castellón y Justine al despedirse no bajó la mirada. Viajé hasta San Petersburgo y ya de vuelta a casa, ya metida en el estómago de otra novela- la que comenzaba a escribir entonces mi amigo Miguel- terminé el Cuarteto. De no haber sido porque los andamios de la novela de Miguel me tenían fascinada hubiera dicho que mi ánimo era, al terminar el libro, el paisaje de Nagasaki. Cada vez que llamaba a Laura preguntaba por Justine: se publicaba el ensayo, se agostaban las flores de Marc, se iban llevando a las otras gatas, se enamoraban los hombres que por allí pasaban- desde el portero hasta el último de sus amigos- de Semele, pero después de robarle el cariño, después de que la gata se durmiera en la palma de sus manos, se iban dejándola.Su belleza era- todos lo decían- demasiado extraña.
En octubre ya no me bastó con escucharla al teléfono y me la traje de contrabando. Frida y ella se pasaron una semana midiéndose las distancias, bufándose, batiéndose entre miedos y recelos. Hasta que Justine la besó y se cayeron las murallas. Frida la cogió y ahora duermen juntas, enroscadas en el símbolo del yin y el yan.
Justine enamora a todos. Desde mi padre hasta Jaffar- por el que la gata ha llegado a sentir celos- todos sucumben a su mirada copta. Justine se nos derrite a todos entre los brazos, maúlla, da la réplica, salta y a menudo se queda así, como está en la fotografía, sin llegar a tener la rigidez o el hieratismo de una gata egipcia, pero con el porte de una diosa de otro tiempo de otra época.
En esos momentos, yo imagino que ha vuelto a Alejandría, que sigue paseando por sus callejones y que a veces se pierde en algún cuarto, sin dejarse querer demasiado, para dormir con los ojos abiertos en algún abrazo.

martes, 20 de mayo de 2008

El cine del tesoro



Hay películas pequeñas que son grandes tesoros. A menudo vuelven sus imágenes y se me queda en la boca un sorbito de vino. O un trocito de queso parmesano. Ayer me pasó algo así con "La vida de los otros".
Me desborda la mezcla de ternura y crueldad que hay en esa película. Me vuelve loca cómo se tejen las diferentes historias de los protagonistas.Cómo se percibe el cambio en el agente de la Stasi sin que el actor cambie apenas un gesto.Todas sus escenas son tan contenidas, tan redondas que no puede ser más creíble.Ni más terrible tampoco. Me conmueve el personaje de ella, llena de miedo y también por supuesto el del escritor, construído de tantas verdades que no se le deja ser el héroe, aunque alcance el éxito. Pero sobretodo amo este momento, el de la fotografía. En él se produce el truco de magia : lo que hasta ese instante es tan banal como puede ser la ficción toma un peso real. El narrador se mete en la historia, le toma el pulso, la mira a los ojos - qué maravilla de mirada la de ella, pese a las gafas -y la literatura con la que a veces tratamos " La vida de los otros" se vuelve dignidad, respeto.
Hay películas que son islas. De vez en cuando deberíamos fugarnos a una de ellas.

La lista de bodas



Hubo un tiempo en el que, cuando no podía dormir, en lugar de contar ovejas o meterme un chute de orfidal hacía mesas de boda. Sí, mesas de boda. Organizaba a mis invitados a una ceremonia ficticia en grupos de diez y los colocaba, más lejanos o más próximos- según los afectos- con un velón o centro de flores en el medio.
Hubo un tiempo en el que yo era una auténtica profesional de las bodas: como Zsa Zsa Gabor pero sin marido ni acompañante, es decir, que por regla general acababa en la mesa de los desparejados o los sobreros y tenía que escuchar con una sonrisa que pretendía ser cómplice aquello de "quién sabe...de una boda sale otra boda" cada vez que renegaba de los vestidos largos, el maquillaje y los ingresos en cuenta. Mentira: de una boda lo que suele salir es una lesión cervical, por los tacones y una pequeña gran resaca, como mucho.
Pero era la época y tocaba. Mis amigas contrayentes eran legión- tengo ese superpoder: las caso a todas- y a mi alrededor el tema de conversación más común era el vestido (dónde y quién se lo hacía) los tarjetones (¿letra inglesa?¿tinta azul, granate o sepia?) y el eterno dilema: ¿a quién le dará el ramo? Cuando llegué a casa de mis padres con el tercer bouquet mi madre me pidió que parara ya de acumular expectativas. De nada me sirvieron las excusas:"pero si no lo he cogido, si no lo han lanzado al aire como las americanas...es que me lo han dado" mi madre me prohibió asistir a una sola ceremonia más en la que tuviera el riesgo de acercarme a una flor. Mientras, mi padre, que sueña con el momento del chaqué, canon de Pachelbel y primer vals con su hija- "papá...pero si para entonces tú ya llevarás andador...y yo iré de corto y con faja, como alguna alcaldesa..."- me miraba como si yo fuera la gran esperanza blanca y me hacía señas para que olvidara lo que decía mi madre con la cabeza.
Qué tensión acumulaba entonces. Hacía y deshacía menús, pero siempre acababa sirviendo paella a mis invitados. Abría el baile con "Moonriver" o con "María bonita". Eliminaba la epístola de San Pablo a los corintios, aunque el amor esperase sin límites, aguantase sin límites, no acabara nunca. Hasta que afortunadamente se me pasó el arroz y ya ninguna abuela de permanente, rouge y talco me preguntaba: "y tú, ¿cuándo te casas?" Pues cuando palmen mis gatas señora, que para eso he invertido en el kit de la tieta o de bachelorette, que suena más indie.
Desde entonces soy otra, aunque mi profesionalidad como invitada no ha descendido ni un ápice. He ido a más bodas que la reina Sofía. Cuatro de ellas gitanas y solo me faltó cambiarme el traje en la furgoneta para dejar de ser paya. He llorado a moco tendido cuando los novios eran mis amigos y la situación realmente especial. He leído en ...ni recuerdo cuántas ceremonias, tanto que al final me llamarán "La abuela Menchu". Fuí vestida de blanco- y tan radiante- cuando los dos novios eran casi como mis hermanos pequeños y el concejal quería arrebatarme el micrófono después de mi parlamento al estilo anglosajón. Tengo por norma no acudir a las despedidas de soltero o soltera, por cuestiones de estética y solo me presento si el número máximo de aforo es de dos personas y al estilo Chavela Vargas, venga el brindis de tequila, hoy por tí, mañana por mí...
Y lo peor es que cuando llega el día B no hay invitada que disfrute tanto ni que se lo baile todo con más ilusión que yo. Cualquier día me contratarán como figurante o animadora nupcial, de lo mucho y bien que participo.
Aún así hace un par de años se me ocurrió decir a mis amigos íntimos que no se ofendieran si no les invitaba a mi boda en el supuesto improbable de que fuera yo la que contrajera, que a mí lo que me parecía verdaderamente romántico era escaparme lejos a un pueblo del Norte de España- como hicieron una pareja de amigos míos- y casarme sola, con uno o dos invitados(además del novio, claro) como mucho, los testigos. Aún se están riendo.
Por eso cualquier día me abro una cuenta para escaparme a Las Vegas.

sábado, 17 de mayo de 2008

La colección de casettes



Echo un vistazo al cartel del Mediàtic para ver si puedo acercarme (imposible, todo me coincide este fin de semana que tengo boda en Altea; siempre pasa igual, debe ser cuestión de numerología, si no, no se explica que los habitantes del planeta tengan más inclinación por una fecha que por otra) y de golpe caigo en un agujero espacio-tiempo. Me despierto en mil novecientos ochenta y seis, primero de BUP, después de comer. Cojo la carpeta forrada-¿con qué papel?¿con qué fotos?- y me voy andando hacia el instituto. Llevo unas zapatillas de deporte sin calcetines (las Nike wimblendon, para qué mentir) unos vaqueros que me llegan al hueso del tobillo y un jersey de una marca que ya no existe, Amarras. El pelo recogido en coleta y la cara de ingenua, de niña buena, que no se me quita en toda la adolescencia. Llego hasta una plaza que hay detrás de mi instituto y me siento en una grada, mientras juegan a fútbol. Me pongo a escribir en los separadores de mi carpeta- debo estar transcribiendo letras de canciones de Hombres G, porque en esa época hago polvo su primer disco y me paso el día cantando "Hace un año" o "Vuelve a mí"- cuando llega mi compañero de pupitre en clase de música y se sienta a mi lado. Me ofrece pipas- las pipas son la vida social de la pubertad- y mira lo que rayo. Me llama "pava" y se ríe. Me quita el libro de música de las manos y saca un bic del bolsillo de su cazadora vaquera. Yo no sé qué hacer, pero trato de recuperar el libro y como no puedo me quedo mirando sus botas, unas Marteens que me parecen de ortopedia. Él se sigue riendo y al rato me lo devuelve: la contraportada parece la pared de un túnel, llena de graffitis. "Tarzán y su puta madre okupan piso en Alkobendas; Ayatollah no me toques la pirola; Ramones; Punk is not dead; la A de anarquía; era una chica muy mona,uuuu...que vivía en Barcelona; cuando estábamos en cama, uuuu...me bailaba la sardana". Yo no sé qué hacer: a mi lado de colegio de monjas - que ha aprendido a vivir entre hojas de cuadros y tinta azul- le dan ganas de ponerse a llorar; a mi lado de instituto- quiero ser rebelde, quiero andar por el lado salvaje de la vida- le parece precioso el collage. Mi compañero se ríe y saca un casette del otro bolsillo de la cazadora, me lo dá. "Toma, para tí; para que dejes de escuchar a esos bobos de los Hombres G, te he grabado dos elepés de Siniestro Total". Suena el timbre y nos vamos hacia clase, sin dejar las pipas. A segunda hora tenemos música. En el intercambio, mientras esperamos que llegue el profesor me dice: "¿salamos?" (que es la variante dialectal de "Hacer pellas", "hacer campana" o no ir a clase). Yo no lo he hecho nunca, así que vuelven a enfrentarse las dos Evas. Gana la curiosa y regresamos a la placeta, a la bolsa de pipas. Hoy mi compañero de clase, mi amigo Gúmer- el nombre se lo ganó durante los años de oposición- es juez en un pueblo de Andalucia y aplica el cumplimiento de las normas. A mí me queda la colección de casettes de aquella época y uno de los mayores vicios, la curiosidad. Algo que con él siempre he compartido.
No iré al Mediàtic, pero me he despertado escuchando a los Suaves- "Llegaste hasta mí", "Dolores se llama Lola" o "Siempre igual"- a Loquillo- "Carne para Linda", "Rock'n roll star" o "Mis problemas con las mujeres"- a Siniestro - "Minha terra galega", "Assumpta" y "Bailaré sobre tu tumba"- y al final del díaacabaré con nostalgia de los Hombres G.
Hay posturas que nunca se corrigen, aunque nos avergüence reconocerlo.

jueves, 15 de mayo de 2008

Dos en uno



Dos de mis debilidades juntas: la música de Alejandro y la sala Clamores- ahora Clamores Clubbing- en Madrid. De Alejandro, "el Goma", se pueden decir muchas cosas y siempre buenas. Si hay alguien que ha trabajado por la cultura en Castellón, ese ha sido él, que ha traído durante más de diez años a esta ciudad a los mejores grupos y artistas de rock. El Ricoamor fue uno de los locales de copas y conciertos más bonitos de España y aunque tuvieran que cerrar hace un par de años, en el imaginario de toda una generación de esta zona - la mía- sigue abierto, con sus taburetes de leopardo. Alejandro mantiene su esencia en otros lugares como Spoonful, Shangri-La o Four Seasons y continúa acercándonos los mejores conciertos en su ciclo Ricoamor en el Auditorio de Castellón ( este año Sunday Drivers se salió y Bart Davenport nos dejó a todos con la garganta llena de emoción y lágrimas, dos momentos excepcionales).Además ahora los gin-tonics de Spoonful compiten en la liga de los mejores del mundo. Qué más puedo decir yo de él, si siempre le pido que pinche en mi funeral (que será al estilo irlandés, por supuesto) y me sigue sonriendo.
Este fin de semana estará en Clamores, en Madrid. Yo no puedo acercarme - y lo haría con gusto- porque tengo boda y festival en Altea, Alicante, pero me encantaría estar allí. Lo he dicho al principio, tengo debilidad por la música del Goma y por la sala. A esta llegué gracias a uno de mis mejores amigos, que me llevó el año pasado para escuchar a Chano Lobato y me quedé deslumbrada. El ambiente me pareció tan irreal, tan fuera de tiempo, tan de "leyenda urbana" que terminé convencida de que había salido de copas con Luis Miguel Dominguín. En ese mismo escenario ví a Antonio Vega unas Navidades y cuando salimos de allí, con el estómago y el corazón torcidos, comenzó a nevar unos copos como estrellas.
Este fin de semana se vuelven a alinear los astros: dos en uno Clamores y Alejandro Ricoamor.
Si estáis cerca no dudéis en acercaros, seguramente será irrepetible. Leyenda y rock'n roll.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Erre que erre


de maRías. Redonda. oxfoRd. Región (por J.Benet).madRid. Real.
y liteRatuRa, cómo no.
Por fín hoy me he descargado el discurso de ingreso de J.Marías en la RAE, leído en la recepción pública celebrada el pasado 26 de abril. El título me Reconforta - "Sobre la dificultad de contar"- y su lectura me resulta iRRegulaR: a ratos me sobran las citas (demasiado extensas: ni los académicos, ni el auditorio ni los lectores somos tan lentos como el presume) y más que nunca encuentro los defectos de los que siempre le acusaba con desproporcionada-?- mala leche los de la revista "La fiera literaria". En realidad la impresión que me produce el texto es de algo a lo que se le concede tantísima importancia que al final sale forzado, cumple los requisitos pero no tiene brillo. Como una lección aprendida de memoria: no falta una coma pero tampoco eran necesarias esas comas.
Sin embargo me alegro del ingreso en la academia de Don Javier Marías- mucho más que del de José Mª Merino, quien me dió un taller de cuento como si explicara el funcionamiento de la tricotosa, sin emoción alguna, y ya no hablo del léxico; sus razones tendría para estar en Babia, de donde procede, pero qué desilusión, qué lástima...- y al pensar en ello recuerdo una historia que leí en una de sus novelas o tal vez en una recopilación de artículos (no sé si en "Mano de sombra" o en la anterior "El hombre que parecía no querer nada") en la que hablaba sobre las críticas surgidas al ingresar en la Academia Antonio Muñoz Molina ( al que durante un tiempo apodaron, pobre santo, "El jinete polanco") uno de esos escritores al que yo aún admiro.
Muñoz Molina ingresó en la RAE en 1996 y en aquel momento era el académico más joven. Contaba con el rechazo expreso de clásicos vivos como Cela, quien públicamente le había calificado de pseudoescritor, y con la insolencia que da el talento y la juventud al mismo tiempo, es decir con una considerable ventaja frente al resto. El día de su ingreso en el templo- tacháaan- leyó un maravilloso discurso ficticio basado en un discurso apócrifo de Max Aub en una Academia Imaginaria, es decir, logró el más difícil todavía, hizo un triple mortal sin red al transformar en ficción a la Real institución de nuestro lenguaje. No tenía bastante el chaval de Úbeda con aguantar las ausencias evidentes de sus detractores- dinosaurios de los cafés y de las letras- y de ser cuestionado por su cuasi adolescencia cuando llegó el siemprensusitio columnista Antonio Burgos y, además de calificar su indumentaria como "hortera y más propia de un camarero de bar" la emprendió con su padre, un hombre de la oliva de Jaén, que escuchaba conmocionado por el empaque de este tipo de actos en una sillita como su hijo desafiaba a la Academia con una voltereta literaria. Antonio Burgos, lleno de clase como tantas otras veces y rezumando ese gracejo que le caracteriza, criticó la forma de vestir del padre de Muñoz Molina, tachándole de ignorante por no conocer las normas que la "etiqueta" dicta para este tipo de saraos. Y lo hizo en un periódico de tirada nacional sin rubor alguno.
Fue Javier Marías quien, sin tocarle para nada el asunto, le contestó de igual manera, en otro periódico de tirada nacional y se ve que al señorito Burgos su respuesta no le hizo ninguna gracia. No mola recibir lecciones cuando ya creemos que lo sabemos todo. No mola que nos pongan en evidencia.No.No mola nada.
Ahora Javier Marías ingresa, doce años más tarde, en su soñada academia, donde ocupó sillón durante mucho tiempo su padre, Julián Marías, el filósofo traicionado por su amigo y al que tan poco se le reconoce en nuestro país. Rarezas aparte del novato, lo cierto es que el gesto que tuvo con Antonio Muñoz Molina le honra. No basta solo eso para ocupar un sillón en la academia, pero tal vez si pidieran algo así como mérito la verdad es que muchas de sus letras estarían vacías.
Y el diccionario...¿RespiRaRía?

martes, 13 de mayo de 2008

La intimidad y Telma

Indignados estamos, claro.
Primero nos quitan el Tomate y después lo de Telma. Solo falta que no se nos deje hablar mal de las vecinas y opinar sobre sus matrimonios (que todos van mal, seguro, aunque nunca nadie levante un teléfono para llamar a la policía cuando se escuchen los gritos).O dar alas a un rumor libremente, con lo de literatura que hay en los motes, las etiquetas y por supuesto, las leyendas urbanas. Además, la libertad de expresión es gratis-¿no?- ¿o es que acaso Franco no se murió para algo?
Porque que no nos dejen hablar es censura, así que lo mejor es que se vayan callando aquellos que reclaman un derecho tan abstracto como el de eso que llaman "la intimidad".
Los trapos sucios se lavan en casa.
El fiscal pidió ayer la desestimación de la demanda de Telma Ortiz en un juzgado de Toledo. Defendió la libertad de expresión y- olé- el derecho a la información. Me pregunto dónde ha visto el Ministerio Fiscal (a ratos me suena tan tétrico esa expresión como la del Ministerio de la Iglesia) la información en todas las noticias que habitualmente se publican sobre la hermana de Letizia Ortiz. Que sea cooperante, que tenga una hija o pareja desde no sé cuándo al parecer son hechos susceptibles de ser considerados "información" a los que el público en general tiene un derecho fundamental e intocable, por lo que parece. Además si Telma Ortiz va por la calle y se le hacen fotografías nadie puede impedirlo, porque para qué utiliza las vías públicas para moverse por las ciudades. Si estuviera todo el día en casa y con las persianas cerradas a cal y canto esto no le pasaría.Y encima ella consintió- ahhh de eso no se acordaba la hermanita, noooo-en ser personaje público, porque en el bautizo de su sobrina o en otros actos oficiales no montó un zipizape, no descargó su ira contra los fotógrafos en plan fiesta de fin de curso de Carrie.No.Pues para qué se deja fotografiar. Si uno habla un día, si uno deja que la fotografien una tarde pues hasta que se muera en un túnel tiene que aguantar el peso de la información.Para qué habla.
Flipo.
Parece que solo haya un derecho fundamenal y algunas concesiones subsidiarias.Podemos linchar a Paquirrín, a Pajares y a cualquier freaky de forma gratuita sin tener en cuenta el daño que se hace. Porque hablar del otro es siempre gratis. En España el cotilleo, la maledicencia tiene valor de derecho fundamental. El insulto es el único bien accesible a todos los habitantes y que nunca entra en crisis.
Y que no nos lo quiten, por favor, que sería "censura previa".

lunes, 12 de mayo de 2008

Un burdo rumor

Uno de los hombres que me alegra la vida.

Pesan los años


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

"No volveré a ser joven" , Jaime Gil de Biedma "Poemas póstumos" 1968

Hoy me siento mayor.Como si ya hubiera llegado a un punto donde todo se ha desgastado.Viejuna ;) Lo que también reconforta, tal y como anda el mundo.

domingo, 11 de mayo de 2008

Esquina de la exposición

Recordó la época en la corte, cuando las horas estaban huecas, de un lado a otro de aquella estancia. Recordó la estrechez de su voluntad, atrapada por el miriñaque: el codo sobre las rodillas mientras solicitaba que la Infanta le respondiera y debía aguantar, por imposición de su majestad, la mirada del pintor sobre su nuca.

jueves, 8 de mayo de 2008

Bodas de plata

Felicidades.Veinticinco años de amistad lo merecen, Toni, aunque nuestro "noviazgo" solo haya durado un par de horas. Pero qué intensas.

Tiempo de rosas


Desayuno frente al odenador, mientras busco en el correo y mojo en el café con leche los comentarios a algunos post. No me hace falta que canten gallos ni que suene ninguna alarma, ultimamente tengo el sueño frágil, como los viejos y me descubro entre las sábanas pensando en lo que he dejado atrás. No es tiempo para despedidas, porque ya estamos lejos y carece de sentido acercarse para una herida más. Nos hemos dicho adiós entre vacíos y silencios: tú no me llamas, yo no te escribo.Si hubiéramos sabido que el amor era esto.Se han acabado los ritos, los gestos involuntarios que nos acercaron, las risas por las mismas cosas, la mirada en la nuca que hace saltar chispas en mi médula espinal, tu sonrisa de lado cuando te aplaudo con las pestañas...se han acabado los diminutivos.Vivimos cada uno en la fortaleza de nuestros nombres propios.Con mayúsculas.Cualquier día hasta te pondré apellido. Cualquier día.
Pero aún me cuesta no hablarte en presente, aunque hayamos cerrado bajo siete llaves dormidas en el mar nuestro futuro. Ahora no estás. Me sumerjo en otras canciones para no tropezarte.Escondo tus libros para sellar nuestros pasadizos.Congelo los chistes en tuppers por si acaso alguna noche, desvelada o inquieta, me da por llorar.
Olvidarás.
Seremos polvo.
Maldeciré tu olor.
Bendecirás mis ausencias.
Pero ahora es tiempo de rosas, de las primeras rosas de otras mañanas.

Amazing

La versión de "Words" es horrorosa, pero ver a Nadia lo disculpa todo. Tú también puedes saltar. En otro tiempo lo hacías casi tan bien como ella.O mejor. Sigues siendo la misma, aunque te cueste decirlo y más aún creértelo.Pero saldrás con una pirueta de la barra y yo estaré en el banquillo, junto a tu entrenador; o entre el público, con la camiseta de película alemana; o al otro lado de la televisión, fuera de Checoslovaquia, pero con las manos despellejadas, aplaudiéndote.
Venga. Tú también.


miércoles, 7 de mayo de 2008

Let's get lost

"Se llamaba Charlaine y era la bomba"
Sus ojos eran ojos de murciélago,
como espíritu santo del demonio.
Fue rubia y estudiante hace ya tiempo,
y ahora se tiñe con perfumes caros
y gasolina diesel de camión.
Sus besos eran besos de trompeta,
redondos besos de trompeta sorda.
Se llamaba Charlaine y yo la amaba
como solo se ama a las mujeres de otros.
Os contaré dos cosas solo de ella:
Después de los conciertos llenaba el camerino con
botellas de bourbon donde plantaba orquídeas
y en su brazo brillaba un tatuaje
con el nombre del hombre que le dió el
primer beso.
Su padre.
Murió Charlaine hace algún tiempo.
O me dejó, no puedo recordarlo.
Toco todas las noches en los peores bares.
En eso no he cambiado.Y os lo juro:
Justo antes de romperme los dos labios
en la cima del mundo de mi silla
un silencio
de negra
que no es ella
pero se le parece
"Charlaine" dice el metal
mi corazón idiota se despierta
y solo se que cuando me acompaña
no vivo en un hotel, no soy Chet Baker
y no tropiezan las escaleras."
"Chet's love" de Gonzalo Escarpa
Me llegan sus postales desde Paraguay, donde andará susurrándole sus versos a los tucanes. Hubo un septiembre en el que Madrid era una ciudad nueva. Hubo un tiempo en el que nos medimos las distancias, como los gatos. Pero entre las sombras del Libertad me regaló el original de este poema, que me acompaña tras la mudanza. De vez en cuando le pongo bourbon con orquídeas y lo celebro. Es mi lado de farandulera. Sigo leyéndole aunque el rio Paraná, cualquier día, nos lleve a un mar que no es el nuestro.

martes, 6 de mayo de 2008

La ley de los ángeles



Querido Victor,
Qué de años.Yo estaba en la universidad mientras tú desayunabas la agenda con los señalamientos y croissant. Nuestra cita era los viernes. Te ponías los trajes más claros e imposibles del mundo, pero también defendías con la misma elegancia y orgullo los casos más perdidos del universo. Harry Hamlin a tu lado era un pelele.Tú no perdías de vista tu condición de chicano, del tipo que se ha hecho a sí mismo. Eso te confería una coraza, un saber estar y cierto orgullo kamikaze que te obligaba a arriesgarlo todo. Sabías que habías partido de la nada. Y que a la nada podías volver. Pese a ello no tenías miedo al vacio.Ni desayunabas fruta o croissant mientras se discutían los asuntos de trabajo.
Yo aún estaba peleándome con los códigos cuando te conocí. Comentaba con mi padre tus hazañas todos los sábados por teléfono.Los dos pensábamos que un buen abogado se crece y se demuestra ante un jurado.Los años nos permitieron ver cómo llegaba el jurado a España y cómo todos se empeñaban en destrozarlo.Aquí nadie quiere asumir responsabilidades, ni cargas. Que se ocupen los jueces que para eso les pagan. Yo no tengo capacidad para enviar a un tipo a la cárcel.Ni para evitarlo tampoco. Aquí, querido Victor, los presuntos aún son culpables.La presunción de inocencia es una falacia.Ni los telediarios la respetan; "el presunto asesino", dicen. Algo habremos hecho.
¡Ay Victor! Debí suponerlo cuando te sustituyó Ally Mc Beal y la anorexia suplantó aquellos desayunos con los que mi padre y yo soñábamos. Ally Mc Beal no debió estudiar un asunto en su vida, estaba demasiado ocupada en protegerse de la soledad. Y en encerrarse en los baños del bufete-¿por qué eran tan importante los baños en aquella serie?- en los que sucedían más cosas que en la Gran Vía en tiempos de Chicote.
Debí suponerlo entonces Victor.Debí darme cuenta de que mentías. Mi padre fue tu cómplice desde el primer momento, pero él no tiene la culpa porque aún cree en la justicia.Yo, sin embargo, he tenido que ir comprobándolo día a día durante más de diez años.Cuando empecé mi padre y yo cogíamos la agenda cada mañana y después de discutir y comentar nuestros temas nos invitábamos a un zumo de naranja para rendirte homenaje.Hasta que un día se me acabaron las ganas. No creo, le dije.Y se calló.
Ahora veo series de policías, ¿sabes? Hugo Silva por lo menos no miente.Que se detiene a un sospechoso, pues venga el interrogatorio sin llamar a un abogado y a meterle presión. A tomar por culo el artículo 521 de la LECRim y las garantías del art.24 de la Constitución, no vaya a ser que la gente se los crea.
Está muy feo lo que hiciste, Victor. Yo confiaba en tí. Admiraba tu valentía. Ahora te he condenado al olvido.De hecho no soy la única: no te quiero contar lo que me ha costado encontrar esta fotografía.
Supongo que seguirás en Los Ángeles y que el tiempo, la realidad no te habrá permitido renovar el vestuario.Lo siento. Pero esto es lo que hay mi querido Victor Cifuentes, corren malos tiempos para la lírica.
Cuídate. Un beso,

La herencia de Atticus Finch



Llegaba tarde a casa, un poco antes de que nosotros cenáramos y me traía lápices de colores, unos folios muy finos- casi de papel de seda- y tebeos del guerrero del antifaz, que luego leíamos a medias. Mientras se desanudaba la corbata yo le seguía por el pasillo, pegada a sus pasos como un gato y cuando mi madre le besaba y se iba a la cocina, aprovechaba para sentarme en una butaca de la que me colgaban las piernas y pedirle una historia.
Él me explicaba sus asuntos, y yo me quedaba quieta con las pestañas electrificadas y los ojos muy abiertos; me hablaba de sus clientes y usaba palabras que en mi cabeza eran dragones: inocente, asesinato, fiscal, careo- mi favorita- o pruebas; después, la cena interrumpía el misterio, la realidad sabía a bocadillo de tortilla y si la película tenía un rombo discutíamos la hora de irme a dormir. Si tenía dos no había negociación, el pasillo era una rampa de despegue hacia los cuentos y las sábanas que escondían chispas de electricidad al mover los pies.
Crecí enmedio de una especie de esquizofrenia jurídica por la que cualquier acto era calificado de justo o injusto, desde que te castigaran en clase, hasta que yo le quitara en un descuido las patatas fritas a mi hermano (la verdad es que a él siempre le ponían más, por ser más pequeño y a mí los celos me mataban; pero tal vez la injusticia vino antes, al hacerme mayor de golpe con un hermano, sin pedirme permiso para expulsarme de la burbuja del hijo único.)Una tarde no nos dejaron salir a la calle porque habían convocado una manifestación- debía ser pequeña, pero yo imaginaba una masa incontrolada de gente- frente a su oficina y entonces supe que mi padre estaba del bando de los indios, porque luchaba solo y defendía la verdad, aunque ésta fuera una causa perdida. Recuerdo que mi madre aguantaba con los labios apretados las críticas de su familia mientras estaba pendiente del teléfono y cuando él regresó, agotado y con los ojos brillantes , ella le riñó por haberse puesto en contra de aquel grupo de trabajadores, aunque en el fondo sé que estaba tan orgullosa como yo de vivir cerca de un (?) héroe.
En aquella ocasión mi padre se convirtió a mis ojos en un rebelde. Desde mis cucharadas del petisuisse me parecía el más valiente de todos los padres del mundo, pero eso le pasa a todos los niños y yo- que además padecía un complejo de Electra de libro- no iba a ser una excepción. Así que todo era más o menos normal: mi padre jugaba a ser Perry Mason y yo le encontraba más guapo que al rubio de Starsky y Hutch.
Hasta que una noche, y pese a que saliera el maldito rombo en la esquina derecha de la pantalla, no tuve que pedir un cuarto de hora más para quedarme viendo la tele. Mi padre y yo nos quedamos solos y descubrí que la admiración que sentía por mi él tenía sus raíces en algo más profundo, en algo que iba a determinar mi manera de enfrentarme a la vida. La culpa la tuvo Atticus Finch y la película que parecía estar hecha para nosotros: "Matar a un ruiseñor".
Por muchos años que pasen no podré olvidar nunca el momento en el que Gregory Peck- que también lleva gafas y raya al lado en la película, como mi padre- le lanza a su cliente negro un objeto para demostrar que es zurdo y demuestra con ese golpe de efecto que no puede ser el asesino. Yo dí un salto en la silla. Después le miré a él, que sonreía con la anticipación del que sabe, y entendí que el parecido iba más allá del pelo negro o de la mandíbula cuadrada: mi padre era Atticus.Los dos permanecimos callados hasta el final de la película y al día siguiente cuando todas mis compañeras hablaban de ella en clase yo no pude decir nada: nadie iba a entender mi parecido con Scout.
Tenía catorce años la primera vez que le ví en un juicio, sentada en un banco de madera. Me escapé del instituto y entré a mitad de la vista. No había un acusado negro, pero sí dos pobres gitanitos que apenas sabían hablar. Les acusaban de haber entrado a robar en una casa y cuando la señora que les denunciaba declaró, mi padre me miró e hizo una pregunta que fue como el lanzamiento de Gregory Peck al zurdo, un golpe mortal.
Después le he visto hacer ese gesto en otras ocasiones, con más o menos fortuna, con mayor o menor destreza, pero cada vez que se gira desde el estrado y me busca entre los bancos sé que piensa en Atticus Finch y en el peso de su herencia jurídica. Yo le sonrío y le prometo que cuenta conmigo, aunque nunca Scout llegara a ser tan valiente ni tan honesta como lo fue su padre.
......del primer blog "La jaula de Dú", pero me copio- o me repito- porque hoy al abrir la puerta de su despacho le he visto, por primera vez, cansado. Y por él repongo hasta los capítulos emitidos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Agenda

Lo del post anterior va a caballo entre un estriptís y la mejor declaración de intenciones. Hoy me he levantado sinvergüenza, porque sí. El viernes dilapidé el presupuesto para el fin de semana en la Feria del libro: "Hojas de Madrid" de Francisco Umbral, "El ardor de la sangre" de Irène Nemrovsky (recomendación de Magda), "Persépolis" de Marjane Satrapi (llevaba negándomelo un año, por el precio) y "Japón visto por diecisiete autores"otro cómic para fomentar mi obsesión por esas islas.Además mi hermano me ha pasado "Los 68. París, Praga, México" de Carlos Fuentes para que podamos discutir documentados, aunque me durmiera el otro día con la noche temática.
Ayer tuve comida familiar y mi madre me regaló una anécdota. Iban- así deben comenzar las anécdotas, como los chistes de un inglés, un francés y un español- mis padres con Mar paseando, cuando mi made se puso lírica y dijo: "Fíjate Mar- taaaachán- como huele a azahar" a lo que la niña repuso, "No, Cola- de loca, con amor y las consonantes invertidas- huele a viento". Después de eso cualquier regalo carecía de sentido.
Sobre este lunes: llego tarde, se me pegan las pestañas y voy vestida que parezco Cañizares con este baile de tiempo y calores. Sumo y sigo artículos de Ikea porque preparo una excursión a esa vida nueva.Mi república sigue sin inauguración. Estudio el calendario y busco fecha.

Autorretrato y credo

"Soy levantino, guapo o feo, ¡qué más da!, descreído hasta ver qué pasa, tímido como un conejo, ingenuo, cordial cuando me arranco (suele suceder a la tercera copa), serio y tarambana a la vez, eso depende.Adórnese este flan con una guinda de mala uva, siempre necesaria por si a uno le pinchan, y ya está.Nací en Villavieja (Castellón) en 1936, año de mala gracia en el que dio comienzo aquella traca siniestra.Actualmente resido en Madrid.Todo será hasta que me harte.Tengo de mediterráneo lo que ese mar da siempre gratis: pereza, buen color, tino para la amistad, fé ciega en la mitad inferior del cuerpo, vientre sano, capacidad de emoción con la luna llena, rabia interior y ojos abiertos a cualquier luz: virtudes si es que lo son, todas de antaño, como bien se ve, de cuando lo único honesto era montar a caballo y creer en Dios.No he dormido bajo los chopos de los caminos, no he robado peras para subsistir, ni he hozado en los basureros, como parece ahora lo obligado.Pienso que un buen aventurero lo es incluso sin salir de la habitación.A mí como escritor me obsesiona la otra miseria, la auténtica: la de la tripa llena y el seso vacío, la de los rencores instintivos, la de las manos enjoyadas e inútiles, la de las cabezas hermosas de la fábula.Por gustarme me gustan las piernas de las muchachas, los mendigos con orgullo, las voces que claman en el desierto y cosas así.Creo que se nace para esto de escribir, de la misma forma que se nace para calvo.Una broma pesada.Toda mi filosofía de momento se reduce a aquello de : si sale con barba San Antón y si no...Exactamente eso."
Manuel Vicent, "Autorretrato", contraportada de "Pascua y naranjas", primera edición del Premio Alfaguara 1966, 150 pesetas.

Cuentos de Edo (I)

Tengo que decirlo ya y no puedo retrasarlo más, porque pasaran los días y no lo habré contado. En Peñíscola desde el día uno hasta el quince de mayo expone Pilar Edo sus grabados.De Pilar tengo un post pendiente, porque cómo la conocí es una historia que trae la casualidad. Ahora ha sido ella la que me ha regalado la posibilidad de escribirle un cuento a sus monotipos en los que bailan sirenas, nadan gitanas, se ajustan el obi las meninas y recogen flores de almendro las geishas. Pero su generosidad no se ha acabado ahí, sino que además de darme un sitio del díptico - no se ve bien, pero ahí arriba lo he dejado- ha preparado la exposición tomando como hilo conductor mi cuento. Así que como dice mi amiga Rosa- y achica los ojos para subrayar la emoción, como el Rey Juan Carlos- "me llena de orgullo y satisfacción" (aunque me ruborice al decirlo) invitaros a que paséis a verla. Y luego si os apetece mi sugerencia, ensaladitas y montaditos en la Tramontana.
ps: los grabados son preciosos.El folleto no les hace justicia.En la segunda parte del post colgaré la dirección de myspace para que les echéis un vistazo y participéis, si os apetece, en la rueda de historias que ha querido proponer la artista.

Receta para una noche de verano

El texto de este post lo encontraréis en el último comentario q me ha dejado Nínive.Ella es la que expide las recetas. Con la de los desayunos acertó plenamente.Imaginad lo que pueden ser las cenas de verano: de cuento.

domingo, 4 de mayo de 2008

Paleta de colores para este Domingo

El mar, tanto sol, las gatas paseándose por la barandilla y luchando con las magnolias secas, el arroz del día de la madre, la música, el zumo de naranja, la coca de yogur (localismo puro) del desayuno y Sunday drivers en directo o por la casa. Adminístrese en grandes dosis y sin miedo a intoxicaciones. Disfrútenlo.

sábado, 3 de mayo de 2008

La mirilla

"No hay mayor injusticia para el hombre que la locura"
Leopoldo Panero
Hace diez minutos Daniel Johnston bailaba en su sótano que hoy era mi salón. Le descubrí gracias al blog de Richi y el fantasma amistoso de Casper no me ha dejado sola durante los últimos meses. Hoy he visto el documental sobre su vida y se me ha quedado la saliva sólida, tan amarga como cuando ví "El desencanto" sobre los Panero.Y pese a ello reconozco que siento una curiosidad malsana por la vida de todos esos artistas malditos- Panero, Daniel Johnston, Vincent Van Gogh, Sylvia Plath, Virginia Woolf...- que son capaces de convertir sus particulares infiernos en arte.
No sé qué relación concreta existe entre enfermedad mental y creatividad, pero creo que es real y nada envidiable, sino dramática.Hoy se me licuaba la sangre al ver los gestos lentos, torpes de medicación y psiquiátricos de Johnsthon. Del mismo modo que cuando escuchaba a Leopoldo Panero reprochar a Felicidad Blanch (su madre) que no le fuera a ver cuando estaba en la cárcel y darle detalles de cómo le sodomizaban allí, tuve ganas de arrancarme las uñas. Tanto dolor desborda. Me impresiona también, pese a los años y lo desgastado de la anécdota, el incidente de la oreja cortada de Van Gogh ante la marcha del amigo, de Gauguin.
En los tres - Van Gogh, Panero y Johnston- veo a un yonqui de cariño que aúlla porque necesita que alguien rompa el muro de su soledad. Su lamento es desgarrado y hermoso, pero me asusta la proximidad de ese sentimiento. Todos necesitamos que nos quieran, el problema es cuánto, a qué precio. Dicen la mayoría de sus biografías que Van Gogh buscó durante toda su existencia que alquien, una mujer, le quisiera. Johnston sigue soñando con ese amor imposible e inalcanzable que aparecerá al final. Y Panero mendiga, a golpes de poesía, un beso en la frente de su madre, Felicidad Blanch.
No me gustan los circos que normalmente rodean a los malditos que están vivos.Me repugna que saquen a Panero un día del psiquiátrico(y me refiero al videoclip absurdo de Bunbury y su pandilla) y espera que la locura deje migajas del genio. No me gusta escuchar que en algún festival a Panero (y lo cito más porque me pilla más cerca) se le pagaba con latas de coca-cola y si no es cierto, si solo fuera una leyenda urbana, no me hace gracia.Con el sufrimiento no se comercia, no se alimenta el ego. Sin embargo me cuesta no asomarme a los documentales, películas y libros que se nutren de ellos y en esa medida, soy cómplice del juego.
Y es que el malditismo es como la mirilla de la puerta, que no quieres utilizarla para espiar a los vecinos, pero que es anónima y pequeña, lejana, muy lejana del sufrimiento.

Loop

"Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía, mi amor, no sabía
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día.
Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.
Cuando Juan regresaba a su lecho
no sabía, oh alma querida
que en la noche lluviosa y sin techo
lo esperaba el amor de su vida.
Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.
Cuando acabe este verso que canto
yo no sé, yo no sé, madre mía
si me espera la paz o el espanto;
si el ahora o si el todavía.
Pues las causas me andan cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se me viene enredando
poderoso, invencible."
Causas y azares, Silvio Rodríguez
Te despiertas y el gesto mínimo de anudarte las zapatillas desencadena un huracán. Te enfadas, das un portazo y la sonrisa inesperada de la primera persona con la que te cruzas te abrazará hasta los restos. La vida es eso, ese jugar a la ruleta rusa con el afán de un ludópata suicida: la incertidumbre del funambulista que arriesga su cuerpo por la felicidad del vuelo.
No hay palabras para la tragedia cuando llega.No atiende a razones ni a causas que la exculpen. El espanto se sienta en el sofá de cualquier casa sin preguntar a qué hora se van a dormir los niños.Desgarra las telas de todo lo que vivimos juntos.Y no hay consuelo.
Pero la vida es esto: una serie continuada de causas y azares, de nombres propios y comunes que se superponen y se van sucediendo.Van, vuelven, desaparecen, van, vuelven.
El dolor de ahora- como decía CS Lewis- es el precio de la felicidad de entonces.
Qué bueno que viviste.Que lindo tropezarse contigo.