jueves, 8 de mayo de 2008

Tiempo de rosas


Desayuno frente al odenador, mientras busco en el correo y mojo en el café con leche los comentarios a algunos post. No me hace falta que canten gallos ni que suene ninguna alarma, ultimamente tengo el sueño frágil, como los viejos y me descubro entre las sábanas pensando en lo que he dejado atrás. No es tiempo para despedidas, porque ya estamos lejos y carece de sentido acercarse para una herida más. Nos hemos dicho adiós entre vacíos y silencios: tú no me llamas, yo no te escribo.Si hubiéramos sabido que el amor era esto.Se han acabado los ritos, los gestos involuntarios que nos acercaron, las risas por las mismas cosas, la mirada en la nuca que hace saltar chispas en mi médula espinal, tu sonrisa de lado cuando te aplaudo con las pestañas...se han acabado los diminutivos.Vivimos cada uno en la fortaleza de nuestros nombres propios.Con mayúsculas.Cualquier día hasta te pondré apellido. Cualquier día.
Pero aún me cuesta no hablarte en presente, aunque hayamos cerrado bajo siete llaves dormidas en el mar nuestro futuro. Ahora no estás. Me sumerjo en otras canciones para no tropezarte.Escondo tus libros para sellar nuestros pasadizos.Congelo los chistes en tuppers por si acaso alguna noche, desvelada o inquieta, me da por llorar.
Olvidarás.
Seremos polvo.
Maldeciré tu olor.
Bendecirás mis ausencias.
Pero ahora es tiempo de rosas, de las primeras rosas de otras mañanas.

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