Vértigo de Altura: Sensación básicamente psicológica, especie de atracción por el vacío que surge al asomarse a un balcón o a un acantilado.
Jamás habíamos tenido una conversación. A menudo cuando nos encontrábamos en cenas, alguna fiesta o un cumpleaños de los niños me mirabas desde lejos y yo, como mucho, me detenía en tu mirada, por si me querías comentar algo o hacer un gesto cuya intención se me escapaba y sin embargo todas estas explicaciones eran mentira, porque yo sabía que tú me mirabas. Que te quedabas ahí un tiempo para que yo lo advirtiera y fuera tu cómplice. O tal vez no, o tal vez no necesitabas que fuera tu cómplice, solo buscabas ese instante de juego. Pero nuestros saludos se limitaban a la estricta cortesia. A una cordial relación de conocidos con amigos en común. Tú con tus novias de catálogo, yo, con mi marido. Nunca nos tocó sentarnos cerca en una mesa, puede ser que los dos lo evitáramos conscientemente, ahora ya no lo sé. Ahora que estás aquí , dormido, en esta habitación de hotel sin ventanas,ahora ya no quiero saber nada, no darle nuevas lecturas a lo que ha sido, a cómo ha sido; ahora los recuerdos parecen una instalación gigante de piezas de dominó. Como si los dos hubiéramos construído un engranaje enorme a base de tuercas microscópicas. Como si en lugar de habernos traído hasta aquí el deseo, la casualidad o la pasión- vistámonos de vodevil, para desdramatizar el entuerto- esta cama fuera la mayor prueba del darwinismo: amamos- como decía mi poeta- como consecuencia de la teoría de la evolución.
Jamás nadie notó nada. El aire solo nos resultaba denso a nosotros. Hablo en plural y no sé porqué quiero justificarme incluyéndote a tí en mi primera persona. Quizás solo me pesaba a mí la distancia porque era yo quien necesitaba acortarla. Porque quería hacerlo. Me siento mejor si tú estás conmigo en esto, aunque tú solo estás conmigo aquí y ahora. Ni tan siquiera eso: tú duermes mientras yo paseo mi mirada por la moldura y busco mi sombra por el techo. Respiras profundamente, no roncas, pero te escucho tanto que no soy capaz de olvidar tu presencia, aunque me separen unos centímetros de tí. De tu cuerpo.El mismo cuerpo que se perdía en la distancia.
Qué ajeno me pareces aunque siga envuelta en tu olor.
He abierto la ducha y ni siquiera el ruido del agua te perturba. Sigues tumbado boca arriba, el brazo izquierdo extendido que antes me tenía cogida. He ido soltándolo poco a poco a medida que tu sueño se ha hecho más profundo: me asfixiaba. Me parece que vivo una escena tantas veces repetida en las películas que no es real, sino pura ficción: no son mis rodillas las que enjabono, no es mi pelo el que se va jalonando en rios de agua, no es mi mano la que tiembla. Sin embargo la única que está aquí soy yo, aunque ahora quiera negarme cómo he llegado. No deseo pensar en ello.No voy a pronunciar la palabra más temida:culpa. No ha pasado nada malo, porque lo que ha sucedido no tiene trascendencia, no existe, no es nada: flota. Pero aparto tu olor con el gel, intento borrarlo en todos mis pliegues y me escuecen los labios. Qué hora será.Qué hora será en mi casa en este mismo momento. Cierro el grifo.Quiero volver a la realidad cuanto antes.
Me siento mientras me seco: el sujetador, las medias y el vestido por el suelo; las llaves de tu coche, las monedas que llevabas en el bolsillo y tu camisa desperdigadas por el sofá. Busco los envoltorios de los preservativos para deshacerme de los restos y asegurarme de que no ha fallado nada. Sin cerrar los ojos te veo sobre mí, la nuez de tu cuello a unos centímetros de mi boca...me miro en el espejo. Tengo cara de cansada. Me vuelvo a maquillar para esconder el remordimiento, esa red viscosa que se balancea en el techo de la habitación y amenaza con caer sobre nosotros. Me muerdo el labio: cuándo apartamos el muro de cristal que nos separaba. Por qué. Tengo ganas de desbordarme en un gesto dramático, de llorar, decir que soy una puta, maldecirme por traicionar lo mejor de mi vida...y consolarme en mi desesperación novelada. Pero no puedo. Un sabor extraño me inunda la boca: parece que me haya tomado prinperán para no vomitar tus besos. Respiro.
Busco el bolso, la chaqueta, los zapatos y me acerco hacia la cama.No quiero tocarte pero estás ahí. Tan cerca. Te mueves y abres los párpados. Yo sigo de pie, inmóvil, frente a tí. Me miras y sonríes :"¿Dónde vas? Es pronto..." Te incorporas y con el brazo me acercas hacia tí. Cae el bolso al suelo, los zapatos, me quedo detenida en tus ojos y pienso que debo irme. Que me voy. Pero no me aparto un centímetro. Me resbalo sobre tu pecho, me arrastras hasta tu boca.
Es entonces cuando siento el vértigo de la caída y al fondo, el abismo de tu abrazo.
4 comentarios:
Du, que bien escribes, que jaula más abierta. Si en algún momento te sientes ir un poco a la deriva no te preocupes, sigue las mareas, algún día nos pasará como en Theorema, que se nos cruzará un ángel en el camino y nos arrastrará y nos cambiará la vida, no hablo de amor, la vida entera. PPP no era un artista, era un profeta!!!
Gracias tierra firme- qué bien suena, lo de tierra firme- pero me sonrojo de verdad. A menudo me cuesta sacar muchos posts, exhibirlos, pero a la vez necesito romper con los miedos que me bloquean.Bloggeo contra el bloqueo. Y tengo la suerte de que me encuentro más de lo que merezco con visitas tan inesperadas y agradables como esta.
Muchos besos
eva
qué pena que la verdadera vida sea la otra, la de las escapadas y que la felicidad se reduzca a momentos furtivos, la felicidad con culpa, como la guinda encima de la nata, roja, brillante e inevitable... casi todos la apartan, pero sigue ahí, mirándote fija en el plato, va con el menú.
qué delicia que alguien nombre a Pasolini en el blog.
(el relato es tan crudo y sincero que casi hasta he llegado a sentir que era ella...)
copio en mi moleskine lo de la guinda.Toda una vida intentando apartarla de mi lado y no se me había ocurrido ese simil. Genial, Níni.
Lo de Pasolini de Tierra Firme ha sido como el último bombón de la caja. Cuántas cosas se despiertan. Silvana Magnano se sale...Qué ganas de volver a verla.
Besos
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