"Ya sé que sólo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.
El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo,
pero la gente que pasa le llama deforme
con razón.
Las barcas verdes y las velas alegres de Sund
no las veo. De todas las cosas,
sólo veo la gigantesca red del pescador.
¿Por qué sólo hablo
de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?
Los pechos de las muchachas
son cálidos como antes.
En mi canción, una rima
parecería casi una insolencia.
En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero sólo esto último
me impulsa a escribir"
Malos tiempos para la lírica, Bertold Brecht.
La canción, un clásico de Golpes Bajos, de idéntico título.
Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Los discursos del pintor de brocha gorda
viernes, 28 de noviembre de 2008
Avvocato
Siempre nos queda una esperanza, aún cuando la crisis aprieta. Paolo Comte era licenciado en derecho y aficionado al jazz, y aquí lo teneis con su "Gelato al limón". Me envían un saludo con una frase q merece ser resaltada "las pasiones- se refiere a la literatura- nunca desfallecen". Me gusta mucho esa idea, me alegra el saludo. La pido prestada para este sitio. A menudo tenemos que coger mil carreteras secundarias para encontrar nuestro sitio en la vida, pero yo también soy de las que piensan que el instinto nos va dirigiendo hacia lo que realmente nos llena. Es viernes y me espera un fin de semana lleno de trabajo y de letras, pero me gusta lo que me está provocando este caos temporal: los libros. Preparo otro cuento para una exposición en enero y tengo que seguir buceando en la mal llamada "generación Nocilla". De ahí que ande medio fragmentada, intertextualizándome y rebelándome contra mi lado afterpop. Mientras fuera se ha aposentado el invierno.Espero no quedarme "pajarito".
martes, 25 de noviembre de 2008
Nacional, veinticinco por ene
Hoy he hecho como las grúas que estaban junto a la carretera: me he puesto a mirar hacia otro lado. "Que sale el sol y brilla que es un gusto en invierno- se decían a sí mismas las grúas- pues nosotras le damos la espalda. Hasta que no nos consideren las flores más coquetas del pavimento con nosotras que no cuenten". Las grúas de colores reivindicaban sus derechos mientras yo casi me estampo con el coche. Es veinticinco de noviembre, día de las mujeres maltratadas y todas nos miramos por dentro, como si no pasara nada.Pero en el fondo sabemos que es mentira, que algo sucede. la violencia además de ser género va en contra de nuestra condición de mujer y por eso no nos da la gana continuar callando. Pero ahora que ya nos escuchan, ahora, ¿es necesario gritar desde lo alto? A mí es que me matan las dudas porque, entre tantos actos y lágrimas de partido, entre tanta desconfianza ante la ley cada vez que nos asomamos al telediario, las mujeres parece que queramos olvidarnos de los hombres. Que busquemos apartarlos de nosotras, marcar aún más las diferencias que ya nos hemos aprendido, para después alejarlos. Yo ya estoy harta de hablar de igualdad sin ellos. Si vuelven a hacer otra ley que parta de un precipicio la feminista que llevo dentro se convertirá en gorila y bramará. "Que hay de todo, ¡¡¡de todo!!! Hombres femeninos, mujeres camión, personas confusas...y de mañana, si no vas muy rápido, por la nacional 340 flores grúa..." Hasta que no nos convenzamos de eso, yo me voy a poner de espaldas. Me duele, porque me hace falta un poco de sol este invierno.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Algún día
Algún día terminaré algo. Algún día cumpliré lo que te dije. Algún día no defraudaré tus expectativas.
Habían apartado su centro de rosas y se acercó para arrancar una. Se salió de la fila y quiso volverse transparente, pero sólo era invisible a la hora de recibir afecto y escuchó el reproche mudo de su madre. Escondió la flor en el bolsillo de la chaqueta, para que borraran el gesto. Le dolieron los dedos y un poco más adentro.
La abuela llevaba más de seis años muriéndose, pero aquella mañana nunca llegaba. Ninguno, al menos de forma pública, lo deseaba- o sí, quizás todos necesitaban que llegara ese día para separarse y lo escondían en los huecos de palabras- y mientras se alargaba su respiración asistida vivían con esa sombra sobre la cabeza. Ella sí. Ella hubiera preferido que su muerte hubiera tenido lugar hace mucho tiempo para no perderla de aquella forma; para no manchar su recuerdo con la esperpéntica imagen de la agonía; para verla en los sueños fuerte y enérgica como siempre se había mostrado, y no añadir al eco de su voz aquellos gritos de angustia, de miedo ante el vacío en el que se hallaba sola. Ella hubiera querido matarla antes, ahorrarle el epílogo, pero no podía hacerlo y había vivido con su cuerpo descarnado convertido en remordimiento.
Porque las llagas, los momentos de coma, las pupilas dilatadas, todas aquellas bromas crueles con las que la muerte jugaba, las hospitalizaciones sin alta, las sopas que no tragaba, todas esas señales del final que como humo se escapaban de sus días, le estaban robando el recuerdo de aquella mujer a la que seguía queriendo y ese hurto la rebelaba contra el innecesario paso del tiempo.
Su abuela había ido degradándose lentamente, tan poco a poco, que ella, siempre que al despedirse la besaba le parecía encontrar en ese gesto un cierto aire sacramental, como si cada caricia tuviera que llevar atada la coletilla de la última vez que lo hacía. Pero nunca lo era. Se acercaba a la silla de ruedas, le tomaba la mano como quien sujeta un zapato de cristal y le susurraba su nombre. La mujer no se movía. La mirada se le había descolgado en un punto desconocido del pasado y lo que fueron un día unos ojos llenos de palabras parecían nadar deshechos en una piscina de un azul pegajoso. Pero ella se acercaba cada tarde, como si todas fueran una despedida y la besaba con la misma tibieza, tratando de animarla para dar el último paso, mientras maldecía la decrepitud de aquella ausencia de gestos y cerraba los ojos para no verla convertirse en estatua de sal. Pero la verdad olía, gemía y se mostraba rabiosamente cierta, gritando colores, hedor, silencio y ella se tragaba lo que no quería ver y se mordía los labios para hacerse sangre y llenarse de dolor, para notar algo más caliente que el tacto de aquella carne que estaba muriéndose entre sus manos.
Y después, al cerrar la puerta de la casa donde guardaba los juegos de su infancia, imaginaba que aquella era la última vez que la dejaba a su espalda, enterrada sin caja, y ese deseo la reconfortaba porque ya no quería verla pudriéndose entre sus sombras. La tarde antes así lo había imaginado y por eso el teléfono no la sorprendió, muy al contrario, su timbre casi la alivió. Soñó que la llamaban para decirle que había nacido una niña y su propia fantasía la estremeció. No sabía bien qué hora era, pero esperaba todas las palabras que escuchó. Las había vivido antes, se las decía hacia dentro, conjurando a la muerte que se desperezaba a los pies de aquella cama de vieja, así que no le parecieron extrañas, sino lentas. Y entonces, al descubrirlas en la voz cansada de su madre, repitió la escena tantas veces ensayada, pero no lloró. No le parecía real después de todo ese tiempo.
No pudo recuperar el sueño, pero tampoco quiso tomarse un tranquilizante, ni lo pensó. Quería aprender a vivir su ausencia y prepararse para lo que su hueco comportaría en su existencia. Ella había sido, aún era, una de las personas más importantes de su vida y deseaba permanecer despierta a contrarreloj, recordándola, recogiendo sus frases, buscando en otras épocas, imaginándola en su juventud. Quería celebrar su duelo.
Las horas pasaron rápidas, pero insoportablemente frías. Ella no se movió de la cama y su cuerpo se fue quedando helado pese al nórdico, las mantas y lo que tenía encima. Fue la radio quien la sacó de aquel encierro de escarcha y le pareció grotesco amanecer con una cumbia a un paso de la Navidad. Tras desayunar náuseas con café Carmen se puso un jersey negro, unos vaqueros y se fue hasta la casa de sus padres. Allí estaba esperándole la realidad.
En la cocina se desdibujaban las horas. Su madre, llena de actividad, quebraba la lentitud de una mañana sin contornos, húmeda y oscura. La besó levemente, de pasada, y ella notó como su mejilla se helaba tras el gesto. Cuándo se rompió el espejo; cuándo se congeló el cariño en nuestro cuento, mamá, cuándo. Nadie hablaba mucho. Los silencios se comían los recuerdos. Formó filas junto a las cazuelas y se dejó organizar el luto, sin saber porqué se sentía tan ajena a aquel cortejo fúnebre.
Salieron hacia el tanatorio con una puntualidad exquisita y durante el viaje imaginó que se marchaba al círculo polar. Desde ese momento su ciudad se convirtió en un mar de glaciares.
Al morir era tan pequeña que podrían haberla enterrado en la funda una guitarra. Fue lo primero que pensó. A ella le hubiera gustado más que aquel ataúd de cerezo brillante, tan correcto y frío como la habitación de un hotel de tres estrellas, y hubiera buscado el eco de “Caminito” por las esquinas de terciopelo rojo. Estaba segura. Durante los últimos meses, cuando apenas hablaba, solía cantársela a media voz mientras le desinfectaban las llagas – no muy fuerte, tratando de evitar que el médico de turno le oyera y girara un volante a su nombre para el psiquiátrico más cercano- y ella intentaba disfrazar su miedo, o eso le parecía, dibujando una media sonrisa al llegar al estribillo. Pero no le pudo regalar esa melodía arrabalera para la cura definitiva porque llegó tarde, como siempre, y la muerte les había puesto un tanatorio como escenario de nuestra última actuación y había llenado su despedida de público.
No quiso mirarla a través del cristal, prefería conservar la levedad de su mano en su palma, y no congelar su recuerdo con la imagen de una mujer maquillada y torcida que ni siquiera sabría reírse como lo hacía la abuela, con la boca llena de olas. Así que entró y escondida en sus ropas de cuervo consiguió confundirse con nadie, o lo que era lo mismo, entre el grueso de viejos desconocidos que aparecían por allí. Afortunadamente las primeras horas de día eran de tráfico intenso y casi todos los de esa rara especie de familiar estaban rodeados de gente. Imaginó que intercambiando pésames y frases planas como guiones, tartamudas como el comunicar de un teléfono, bocadillos de un cómic que para ella eran imposible en aquel día sin palabras. Buscó un rincón y se sentó para contarle su despedida. Quería llorárselo todo con la misma lentitud con la que le confesaba sus secretos desde que era una cría y ella le interrogaba frente a un plato de macarrones y un vaso de vino con gaseosa o de suero de la verdad. Porque en esta tardía ocasión era la nieta quien le guardaría el secreto, quien le arroparía y borraría su miedo, quien la cuidaría. Y le había costado llegar hasta allí para regalarle ese momento de calma toda una vida.
Quién heredará tu voz. Fue lo único que acertó a preguntarle. Después el calor de aquella sala de hotel de muertos, las voces de las mujeres que rayan historias, el muestrario de coronas sobre la mesa, los bloques de hielo de los abrazos que faltaban, el murmullo de los años enterrados, el caos de la irremediable ausencia…todos aquellos gestos desenfocados la asfixiaron y sintió la náusea llenar su cuerpo.
Apenas pudo llegar a casa. La bruma la condujo, un día más tarde, hasta el cementerio. "
sábado, 22 de noviembre de 2008
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Viernes, 13.30hrs: Despega el fin de semana. Abro el armario y me encuentro:
viernes, 21 de noviembre de 2008
El futuro en una taza de té.
Mi canción.
Enloquezco.
Me doblo como el del teclado.
No salgo de este video en todo el fin de semana.
Palabra de blog.
jueves, 20 de noviembre de 2008
Aviso de bomba
Los trenes de los deseos
Me desborda este hombre: en el pasado, en el presente (vacaciones en Castellón) y seguramente me desbordará en el futuro.
Aún así: qué despedida más digna.
martes, 18 de noviembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
Asilo en Pekín

domingo, 16 de noviembre de 2008
Tinitaneando (anchoas con pimientos)
"...Yo miraba al castillo
y me creía Franz Kafka,
y escribí una canción
que acabé en una tasca.
Pudo ser un amor del montón,
pero todo el montón era mío..."
"Del montón", Sr.Chinarro.
"Es una lata lo de ser bohemio"
Sr. Mostaza
Cuánta razón escondida tras unas gafas de pasta: es agotador lo de ser bohemio. A mí, como dice Belu, no me da la vida. No me da la vida para tanta bohemia. Y menos en Castellón, que es tan pequeño. El jueves por la tarde, mientras cerraba un expediente en el despacho llamé a uno de mis amigos del Teatro, Nacho:
Él: Y tú, ¿no tanetineas?
Moi: Yo sí, pero hoy...¡uf! Me da un cansancio...
Él: Pues va a estar chulo. En las pruebas sonaba muy bien.
Moi: Ya. (sonrisa al revés)
Me vuelvo a casa, tengo que crear- que no me creo nada- algo que me da aún más cansancio. "¿Y tú qué haces? Soy comisaria de exposiciones de macramé. No sabéis lo que me cuesta. También hago unos documentales preciosísimos con la oveja negra de chapa que tengo en el llavero del coche y el gato manga de ojos morados que me abre las puertas del piso." Qué tranquilidad saberse creativo. Ahora ya respiro mejor...
La ausencia de ansiedad y ese refuerzo positivo que la bohemia regala (a cambio de cupones en las revistas culturetas) me convencen para que el viernes estrene la capa negra- mi regalo de cumpleaños-y me disfrace de ...¿Darth vather?¿Emily the strange? Así ya me atrevo a entrar en el Casino a la hora del aperitivo, para cusiorear y familiarizarme con el ambiente Tanned Tin Festival. Llego tarde-¿acaso alguien esperaba otra cosa de mí?- y del concierto matutino solo quedan los restos.A saber: bafles sueltos , cables que componen figuras extrañas y el chico negro de "No disparen al pianista" acodado en la barra del bar. Hay pocos festivaleros y la mayoría de fuera o ingleses (que son un poco más de aquí porque desde que los Morán vendieron el FIb veranean por estas costas). No reconozco a ningún lugareño y si hay algún vecino debe estar camuflado como yo, que con este corte de pelo, los labios rojos Bettyboop y las rayban Jackie que me he calado parezco,en lugar de poppy o gótica, Melanie Griffith en "Algo salvaje", pero en invierno y sin Jeff Bridges. Porque evito el alcohol (una manía nueva) y me aprietan las botas rojas me vuelvo a mi habitat: calle Mayor, plaza MªAgustina, comida con papás...
Pero él sábado lo intento de nuevo: convoco a mis amigas del colegio en el bar del Casino a las 12.30. Comienza la cita con llamadas telefónicas llenas de incredulidad y dudas: "¿Nos tenemos que arreglar? Es que como hemos quedado en el Casino...""¿En el casino?¿Estás segura? Si mis padres van ahora para allá...""¿Me llevo el DNI? ¿Tú no crees que es un poco pronto para apostar?". Zanjamos el tema con aceitunas partidas, cervezas y papas. Vienen con los niños. Bueno, con uno de los niños, Óscar- otra debilidad- que me pregunta por un juego de la play. Mientras esperamos que Mary Hamptons se haga las coletas Óscar y yo mantenemos una enriquecedora charla sobre superpoderes. Él dice que el héroe que más le gusta tiene el superpoder de pillar desprevenido a la gente. Me gusta ese poder, le pregunto que cómo lo hace: "Pasando desapercibido" me contesta con toda naturalidad. Evidente, vamos. Después su padre me confesará que mi contertulio tiene un superpoder- tápense los oidos los que no aguanten ni una mota de escatología, que esta es infantil, pero me gustó una barbaridad- dice que se tira unos superpedos que ahuyentan a cualquiera. Óscar se rie. Yo aplaudo a rabiar.
Subimos al primer piso, confundidos entre hordas de tannerstinners. Este año se desvanece la pandilla de Scooby Doo y el pelo de Screech en "Salvados por la campana" ya no se lleva; este año ellos han dejado crecer sus barbas y les han pasado a sus chicas las camisas de leñador, que estas, tan creativas, ajustan a su cintura con tiras de cuero. Se me ha pasado la edad para estar al día. Volvemos a la máxima de Belu, no me da la vida para seguir las tendencias (con criterio, of course!). Mary Hamptons nos pide después de una canción más larga que "La sombra del pájaro lira" de Andrés Vicente ibáñez- no sé porqué relacioné música y voz con este libro- que le hagamos los acompañamientos con las llaves de casa y todos los tannerstinners, pese a estar de vacaciones, las llevan puestas. Se crea un efecto de cortina con cuentas de cristal. A Óscar le gusta muchísimo: este niño augura un futuro brillante y ecléctico. Lo que pasa es que tiene tanto entusiasmo que bate mis llaves de casa con la rabia del guitarrista de ACDC y nos lo tenemos que llevar en volandas de allí, porque a los tannertinners que les estropeen la fantasia de caminar por Oklahoma les molesta. Y tienen razón. Bajamos otra vez al bar y allí seguimos con el aperitivo. El chico de " No disparen al pianista", Johann Wald, sigue acodado en la misma esquina. ¿Será de cera? No, descarto mis dudas tras verle zamparse un montadito y cahrlar con una chica guapa vestida- cómo no- con camisa de leñador y flequillo. La modernidad se nos agota entre los hielos del vermú así que descendemos a lo provinciano y nos vamos a las tascas- callejón sobresaliente en vasos de plástico y tapas- para probar las setas con virutas de jamón y huevos rotos o el solomillo con patatas a lo pobre y foie que hacen en la guindilla. Lejos de la onda expansiva de EP3 nos zampamos los platos y hasta mojamos con pan; así nunca llegaremos a nada, me digo, los modernos- sea del ramo que sea- en un noventa y nueve por ciento están delgados. Delgadísimos. Ignoro su dieta, pero a mí tampoco me da la vida para seguirla.
Regreso al festival ya de noche, cargada con varias bolsas de la FNAC. Siento hacerles publicidad gratuita, pero les agradezco que no piensen en ampliar franquicia en Castellón. Su expansión sería mi bancarrota.La FNAC (perdón que consulte una duda : ¿es la o el FNAC?) es a esta etapa de mi vida lo que El Corte Inglés significaba en mi infancia: excursión a Valencia, descubrimiento del consumismo compulsivo, inyección de felicidad con bolsa de plástico. Otro día hablo del paralelismo entre ir a Andorra (infancia) y escaparse a Ikea (afteradolescencia). Entre mis tesoros el libro de Eloy Fernández Porta, "Homo Sampler" que me está llenando los ojos de ventanitas. Lo dejo en el coche y busco asiento libre en el patio de butacas. Antonio Luque se presenta con guitarra y camiseta negra, como en el vídeo, mientras a mí me cede un chico simpatíquisimo su silla en la fila siete. Se apagan las luces y la chica que está sentada a mi lado saca una libreta y comienza a escribir como una posesa. Me cohibo y mi moleskine da latidos en el bolso: un soplo de aire fresco por el colchón/ y al poco una quietud sorprendente. De repente padezco, más allá del síndrome de Stendhal, el síndrome Teletubbie: me dan ganas de entrar en el mundo del que salen las canciones de este Sr.Chinarro. Cuando casi al final termina con una de mis favoritas- el rayo verde- se me pone la carne de gallina y el pulso se desboca. El escenario sigue oscuro y sin embargo yo veo, tras la figura rotunda de este Aute popero (a mí la voz me recuerda a la de Aute, que nadie se indigne), la ilustración de mi libro de Julio Verne de la infancia. Salgo de allí hechizada y abrazada al disco de vinilo: "Ronroneando". Me despido de mis amigos que siguen trabajando entre bambalinas: están cenando después del concierto de Antonio Luque y me cuentan los entresijos del festival.
- ¿ Ves a aquel tipo del sombrero? Sí claro, el que está al lado del inglés que parece sacado de "Little Britain"...lleva tres días sentado en esa silla- entre la puerta del restaurante y la barra- bebiendo vino tinto. Aún no ha tocado.Veremos qué hara...
Al día siguiente tras una jornada intensiva de vida familiar regreso al teatro y a los pobres vigilantes de la puerta ya no les caben más artistan emergentes en las bolsas de los ojos. La de seguridad me dice:
- Yo cuando llego a casa solo pido silencio.
Me invitan a una cerveza en el barstage y digo que sí a cabezazos. No me vendrá mal: en unos minutos escucharé a Nacho Vegas. Tengo más curiosidad que ilusión. A veces me agotan sus canciones eternas. No me da la cabeza para tanta profundidad, lo siento. Aunque asimilada por los colaboradores del tanned tin, no consigo ni estrenando vaqueros confudirme con una festivalera más. Me faltan mis medias de colores (Cañizares style, yo las utilizo para ir al juzgado, por provocar y dar color entre tanto negro de toga) y me sobran diez kilos.Lo primero tiene solución, lo segundo no lo consigo ni aunque empiece hoy un régimen para la edición del año que viene. Me gusta demasiado la buena vida, lo sé, aunque no me asuma. El músico de "Little Britain" se acerca al grifo de la cerveza y saluda a mi amigo. Yo abro mucho los ojos, me hace ilusión ver a alguien conocido. Le saluda con un "¿Cómo estás?" lleno de "th". Mi amigo le contesta sonriendo, mientras el inglés fulmina el contenido del vaso en un flus me sopla:
- Este lleva cinco días en el bar de aquí al lado comiendo solo anchoas y pimientos.
Le miro hacia arriba- es alto y rubio, claro, como la cerveza- sigue sonriendo. Tal vez esa sea la fórmula de su delgadez extrema. O tal vez sea un conjuro para que su actuación sea un éxito. O puede que sea un vikingo, en lugar de inglés como pensábamos, y esté acostumbrado, tras generaciones y generaciones de salitre con descubrimientos al salazón. Su amigo con el tinto, este con las anchoas y pimientos: la modernidad me está desbordando. Apuro la cerveza y mientras bajamos me cruzo con Nacho Vegas: no le reconozco, así que Nacho me apunta con un codazo.El hombre que no conoció a Michi Panero ha sonreído. Por esa sonrisa aguanto todo el concierto sin torcerme.
Me recompone la energía sin pantanos de "Munch Munch" un grupillo de adolescentes de Bristol que nos ponen a bailar a todo el teatro (MUNCH MUNCH WILL PLAY ANYWHERE: PARTYS WEDDINGS BAR MITZVAHS BAPTISMS INTERVENTIONS EXORCISMS SLEEPOVERS ) En cuanto termina su concierto salen al hall y revientan el merchadising con sus singles, cedés y camisetas. Sonríen encantados de la vida, eufóricos mientras la gente corea en pequeños grupos su nombre. Comienzan las despedidas, las camisas de cuadros se van apagando. Yo misma me noto cansada y eso que solo he presenciado cinco o seis conciertos. No me dan los años para ser bohemia, lo noto en la forma en que me escapo mientras actúa el penúltimo grupo: no dejo de pensar en las cosas que tengo que hacer esta semana, repaso la agenda del despacho, hago cálculos sobre lo que necesito de Ikea, confecciono la lista de los correos por enviar...
De vuelta a casa el amarillo de las farolas me pega en el cuello- cómo no - bocados de realidad. La Calle Mayor huele a hervido. No hay ni una sombra en la Plaza MªAgustina. Una señora baja la basura con batín en mi calle. Mi casa está tan fría que necesito la calefacción. No me da la vida para ser bohemia. Ni siquiera me da, Belu, para escribir posts más cortos en el blog.
Lo siento.Buscaré en el armario de mi hermano una camisa de leñador, como penitencia.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Mi desayuno favorito
Con nocilla y la Costa Brava de fondo. Empieza el fin de semana y mañana...¡Sr.Chinarro!
Percances y carreteras

¡Por fin otra vez es viernes! Menuda semana...Me he ausentado del blog durante estos días porque con todo lo q pasaba a mi alrededor y de lo q no podía sustraerme me hubiera salido una crónica de sucesos en lugar de un post. ¿Escribe Ud.un blog de autoayuda? Pues no, vaya, intento no dar la paliza y no autoayudarme en público, pero a veces la mano se me escapa y bueno, ya se sabe... Acontecimientos, reveses y golpes de gracia- de todo ha habido- también momentos esperados y sorpresas sin chistera. Buff, estoy agotada...Lo mejor, sin duda, la cita del miércoles: valencia- con minúsculas- nueve y media, salón de grado. Proyecto de ampliación de la Ronda Oeste. Antonio defiende su trabajo en power point. Sensibilidad en los pasos de cebras, buen gusto en las barreras de para evitar la contaminación acústica y metáforas en las rotondas. Elisa, Manolo y yo (la familia) temblamos en nuestras sillitas mientras él expone su proyecto. El tribunal anota, se despereza y le regala piropos cuando termina: "Un lujo". Después abrazos, fotografías y café con leche o capuccino en los italianos del politécnico. Qué envidia de universidad. Cómo me hubiera gustado a mí ser de ciencias puras, hacer una carrera de estas complicadísimas y no salir nunca de un aula. ¿No hay gente que decide pasar el resto de su vida en un aeropuerto? Pues yo preferiría pasarlo entre el césped y los edificios berlineses de este campus. No me plantearía el síndrome de Peter Pan, sino que defendería con tesis incomprensibles llenas de algoritmos la estética de mi decisión.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Todo lo que sale de la tarta
El hombre que conoció al famoso Agustín Fernández Mallo
“Y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas…”Nacho Vegas
Por Darío Cálix
1
Supe de la existencia de este escritor español llamado Agustín Fernández Mallo, por un artículo que apareció publicado hace unos días en un blog de literatura que visito regularmente. El artículo era sobre la novela Nocilla Dream, publicada en el 2006. Hablaban en el artículo de la estructura fragmentaria de la novela, mencionaban algo sobre “zapping literario”, hablaban sobre el argumento de la novela, o más bien, sobre la falta de argumento de la novela. Como un collage, decían, 2666, decían, pequeñas historias superpuestas, decían. En resumen, un artículo bastante interesante, un autor nuevo e interesante. Encontré otras reseñas en otros sitios de internet y todos coincidían: el señor Mallo era el hombre a leer y a seguir en la nueva narrativa.
En aquel mismo artículo daban la dirección del blog de Mallo. Puta, pensé, qué será que a todos los escritores les da por abrir blogs. Click: Alfaguara no sé qué, blog de Agustín Fernández Mallo, El hombre que salió de la tarta. El último post publicado se titulaba “El pop también se lee”, trataba sobre la relación entre las letras de las canciones y la poesía. Mencionaba a varios compositores españoles que yo escucho con fervor actualmente: Nacho Vegas, Javier Corcobado, Sergio Algora, Robe Iniesta, etc. También mencionaba a Dylan, por supuesto; también a Waits, Cave, Cohen y todo el resto de la pandilla. Me cayó bien el tal Mallo, pensé que al menos podría sostener con él una buena charla sobre música.
También había ahí una pequeña biografía del autor. Y decía así:
Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Pospoética —investiga las conexiones entre el arte y las ciencias—, cuya propuesta ha quedado reflejada en los poemarios Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), Creta lateral Travelling (2004) y el poemario-perfomance Joan Fontaine Odisea [mi deconstrucción] (2005). En 2007 fue galardonado con el Premio Ciudad de Burgos de Poesía por su libro Carne de Píxel. En el 2006 publica su primera novela, Nocilla Dream, que fue seleccionada por la revista Quimera como la mejor novela del año y por El Cultural de El Mundo como una de las diez mejores. Crítica y público han coincidido en el deslumbramiento que está suponiendo este Proyecto Nocilla para las letras españolas, del que Nocilla Experience constituye la segunda entrega de la trilogía, y que concluirá con Nocilla Lab.
Física, como el buen Parra. Poesía pospoética, ¿qué carajos es poesía pospoética?, ¿la poesía después de la poesía? ¡Qué discurso se echaría el poeta del grado cero, Jorge Martínez, sobre eso! ¿Se echaría un discurso el poeta pospoeta sobre los Poetas del grado cero? En fin, mejor sigamos. “Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus”, me parece un título genial. Me recordó de nuevo a Parra, que dice en alguno de sus primeros antipoemas: Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein pueden darse con una piedra en el pecho porque es una obra difícil de conseguir… Con la pena, mi Parra, yo no me puedo dar con una piedra en el pecho todavía.Pospoética, poemario-performance, carne de píxel, dream experience lab, nocilla nocilla nocilla… No tengo idea si el tal Mallo escribe bien o no, pero moderno sí que suena el cabrón.2
¿Qué teoría tendrá el físico Agustín Fernández Mallo sobre el azar? ¿Y el pospoeta, el narrador, el ser humano? Hoy me dejaron de tarea en una clase escribir un ensayo sobre una serie de cuentos que publicó recientemente la revista española Letras libres, entre los cuales uno era del señor Mallo. Ve nomás qué casualidad. Williamsburg, N.Y., es el título del cuento, y trata de ésa ciudad, que es en la que supuestamente habitan más artistas por metro cuadrado en el mundo.El señor Mallo evidentemente no ha viajado nunca a Tegucigalpa, fue lo primero que se me pasó por la cabeza al terminar el cuento. Lo segundo fue que había superado las expectativas que tenía. Y lo tercero, que debía encontrar la manera de leer esas jodidas novelas Nocilla. Pero está difícil, la única manera de conseguir sus libros aquí es ordenándolos por internet, y aun si los vendieran los venderían carísimos, así que da igual (aunque si los vendieran al menos los podría robar). Le pregunté a varios amigos si lo tenían y nada.
Y yo que gasto el poco dinero que me cae en cigarros y pendejadas…
3
Había dejado un comentario aquella vez en el blog del tal Mallo y a los días recibí un correo suyo. Sí, un correo del famoso físico y pospoeta Agustín Fernández Mallo. ¿Y las letras de Patti Smith no te parecen poemas?, le comenté al ver indignado que no la mencionaba por ninguna parte. A lo que contestó: Las letras de Patti Smith me parecen poemas de Bob Dylan en esteroides. Me arrepentí inmediatamente de haber hecho esa pregunta tan estúpida, pero yo qué iba a estar sabiendo que me iba a contestar.De cualquier forma, eso inició una interesante y nada corta correspondencia entre nosotros. Hablábamos casi exclusivamente de música. Una vez le pregunté por la pospoesía y se echó un discurso de tres páginas sobre una fusión entre ciencia y poesía y que no entendí en lo absoluto. Una vez le conté sobre la poesía del grado cero y sólo me dijo: Menudo gilipollas. Una vez me preguntó si había leído alguno de sus libros y yo le contesté que no, que a mi pobre país no llegaban todavía, pero que sí tenía muchas ganas de hacerlo (intenté darle lastima para que me mandara algunos ejemplares pero no funcionó).
Así pasaron un par de meses hasta que una vez me preguntó si no me gustaría ir a España. Pero claro que me gustaría, pospoeta Mallo (así le decía), pero lo veo como imposible. Yo te invito, me dijo. Dejá de joder, pospoeta Mallo. No seas tan gilipollas, me dijo, yo te pago el pasaje y todo lo demás por una semana; te llevaré a varios eventos, considéralo como una mini-beca o algo así que te estoy otorgando. ¿La mini-beca pospoética?, le pregunté yo por joder. No, la mini-beca Nocilla, me contestó. 4
De España sólo diré que es helada, nada más. Recuerdo que iba muy nervioso en el taxi camino a la casa de Agustín Fernández Mallo, recuerdo que inventé una especie de juego para calmar los nervios, ya que el taxista no me dejó fumar (lo cual casi que me espantó, pues hasta ese día siempre que imaginaba un español lo imaginaba con semejante puro en la boca). El juego consistía en encontrar la mayor cantidad de escritores famosos que pudiera entre la multitud. Por un segundo me pareció ver a Vila-Matas en un café, pero un carro se atravesó justo en el momento y no lo pude confirmar. Al que si vi fue a Panero, en un parque, intentando atrapar una paloma y echando grandes carcajadas. Por la risa lo reconocí.
Llegué. Toqué tres veces la puerta y ahí estaba el hombre, el pospoeta, el narrador del momento, Agustín Fernández Mallo. Has llegado al fin. Bienvenido, hombre, pasa adelante. Hola hola, gracias gracias. En ese momento me golpeó todo: el gran cansancio que tenía, el estrés, los nervios y, sobretodo, lo bizarro de estar ahí en una casita española frente al señor Mallo. En pocas palabras me sentí abrumado. Estoy muerto, pospoeta Mallo, le dije. Me llevó al cuarto que más bien parecía ropero en el que iba a dormir y ahí mismo me desplomé.
El día siguiente Mallo me llevó a conocer la ciudad. El miércoles lo acompañé a una conferencia (como espectador, obviamente) que duró toda la tarde y en la cual no pude evitar dormirme. Te tiene jodido el jet lag, eh, gilipollas, me dijo en la noche Mallo mientras nos tomábamos una cerveza. Yo sólo me reí. Agarré al fin valor y le dije que quería leer sus novelas, que me las prestara cuando llegáramos a casa. Mallo le dio un gran trago a su cerveza y me preguntó: ¿Ya llegaron los libros de Julio Cortázar a tu país? Puta, Mallo, no estamos tan jodidos, le contesté. Claro que ya llegaron, la mayoría ya llegaron. Mallo asintió y nos quedamos callados un buen rato. ¿Y qué tiene que ver Julio Cortázar?, le pregunté al fin. Que Nocilla es como una Rayuela serie B, me dijo. Serie B, repetí yo como en trance. Sí, serie B, dijo de nuevo Mallo como en trance también. Y en ese momento me pareció ver a la Maga, o a la imagen de la Maga que yo fabriqué cuando leí Rayuela, salir del bar y me sentí feliz y pedí otra cerveza.
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Maté al jodido pospoeta Mallo. Lo maté un día antes de venirme de regreso. Lo maté porque no me dejó leer sus novelas. El jueves, viernes y sábado dio aburridísimas conferencias en las que me dormí siempre. No entiendo para qué me invitó, las conferencias no eran ni siquiera de literatura sino de física (de esto me di cuenta hasta en la última), y a mí qué diablos me importa la física. Todos los días le pedía sus novelas y me contestaba con evasivas. ¿Ya llegaron los libros de tal autor a tu país?, me preguntaba con sarcasmo. Sí, hombre, por supuesto. Ahora dame tus novelas, quiero leer las famosas novelas Nocilla. Recordá que esta es la mini-beca Nocilla, le decía yo al pospoeta Mallo, pero siempre se hacía el loco.
El domingo, el último día de mi estadía en España, le dije que ya estaba harto, que me diera unos malditos ejemplares de sus malditas novelas o que se iba a arrepentir de haberme invitado. Pues la verdad es que no mantengo ningún ejemplar de mis libros en casa, gilipollas, me dijo en un tonito bien estúpido. Pues entonces dame dinero para ir a comprar unos ejemplares, mañana me voy y todo lo que quería era leer las famosas novelas Nocilla, carajo. Mallo sólo se rió, y ahí fue cuando perdí la cabeza. Mirá, hijo de puta, le dije, vine hasta acá para leer tus putas novelas de mierda y no me voy a ir sin hacerlo. Vas a tener que esperar a que lleguen a tu país, gilipollas, me dijo. A mí la verdad es que me parecen malísimas, me arrepiento de haberlas publicado. Lo mío lo mío la verdad que es la física, decía Mallo, pero yo ya no lo escuchaba. ¿No me has visto en las conferencias, gilipollas? Soy todo un pro, dijo Mallo, y ahí fue cuando lo maté. Le estrellé en la cabeza una espantosa lámpara de lava color verde que mantenía siempre encendida sobre la mesa.
Le di vueltas a toda la casa buscando algún ejemplar pero todo fue inútil. Sólo habían libros de carácter científico. Tal parece que el pospoeta Mallo había renunciado a la literatura. Sí encontré en cambio el Tractatus de Wittgenstein, así que hice mis maletas, tome mi pasaje de avión, le vacié los bolsillos al gilipollas de Mallo para pagar el taxi y me di con una piedra en el pecho por él, por dios y por Parra."
jueves, 6 de noviembre de 2008
Borrador
Cautivada por la idea me voy a dormir.
Disparos en su honor
Llego a casa después de darles la cena a Mar y Ahíto (nombre de emperador japonés que se ha otorgado a sí mismo mi sobrino Juan, Juanito; hay q decir q a mí me ha bautizado como Tutín, que no es Justine, pero casi, en honor a mi gata)y entre las manos aún me quedan restos de azúcar, de las chucherías que nos hemos comido sentados en el suelo. Como no son mis hijos los malcrío tanto como puedo.Como no soy su madre ellos me malcrían más. Las gatas me esperan en la puerta de casa. Suena el móvil: es Laura, una de mis amigas de la universidad.Hablamos del tiempo que no nos vemos y del facebook.Cuelgo y me aprovisiono de queso en la nevera. Llamo a Javi, otro de mis amigos de entonces. También hablamos del facebook. Nos reímos y quedamos en vernos pronto. Nos quejamos de esta vida de eternos Campanilla y Peter pan. Le digo que a mí me cuestan los domingos: se me hacen muy largos. A él- cuánta razón- se le hacen eternos mis posts. Yo le contesto q tengo la desagrdable manía de perderme por carreteras locales. Esta mañana, sin ir más lejos, me he perdido al regresar de un pueblecito que está a quince kilómetros.No sé cómo lo he hecho pero he acabado comprándome en Zara un vestido antes de comer: las abducciones consumistas van a poder conmigo.He elegido un mal día para dejar de fumar.He esocgído un mal día para dejar de morderme las uñas.He elegido un mal día para empezar un régimen. He...¡aggg!!!O aterrizo o me vulevo Bridget Jones.Restos de las pesadillas de anoche.Todo por culpa de Javier Fesser y su "Camino" (me ha impresionado mucho: se lo digo a Javi; se me ha olvidado contárselo a Laura). Otro día más. Llegan al despacho asuntos nuevos. Se me encogen las ganas de viernes con tantas penas.Miro en los ojos de los clientes nuevos y me hundo en el vacío.Pero busco la escarcha de los códigos: tengo que ser una profesional.No me sale. Se me saltan las lágrimas en el baño, pero ante el espejo ensayo mi voz más firme. Hago bromas. Después montaditos y tapas antes del cine. Me siento como en la canción de Los Suaves, "Siempre igual". Javi deja huellas musicales en su página.Yo le tomo prestado este vídeo. He disfrutado mucho con el paseo por Madrid.Las tiendas de discos viejos- la Metralleta- las jaulas de cemento, el silbido inicial...Mañana es viernes.Pasan semanas, meses.Dentro de dos minutos tendremos cincuenta años. Otro día más.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Los sueños más negros
Discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington
martes, 4 de noviembre de 2008
Máximas y primas

En el fondo
lunes, 3 de noviembre de 2008
My golden tuesday
Even when the darkest clouds are in the sky
You mustn't sigh and you mustn't cry
Spread a little happiness as you go by
Please try
What's the use of worrying and feeling blue
When days are long keep on smiling through
Spread a little happiness till dreams come true
Surely you'll be wise to make the best of every blues day
Don't you realise you'll find next monday or next Tuesday
Your golden shoes day
Even when the darkest clouds are in the sky
You mustn't sigh and you mustn't cry
Spread a little happiness as you go by
I've got a creed for every need
So easy that it must succeed
I'll set it down for you to read
So please, take heed
Keep out the gloom
Let in the sun
That's my advice for everyone
It's only once we pass this way
So day by day
"Even when the darkest clouds are in the sky
You mustn't sigh and you mustn't cry
Spread a little happiness as you go by
Please try
What's the use of worrying and feeling blue?
When days are long keep on smiling through
Spread a little happiness till dreams come true
Surely you'll be wise to make the best of every blues day
Don't you realise you'll find next monday or next Tuesday
Your golden shoes day
Even when the darkest clouds are in the sky
You mustn't sigh and you mustn't cry
Spread a little happiness as you go by
Surely you'll be wise to make the best of every blues day
Don't you realise you'll find next monday or next Tuesday
Your golden shoes day
Even when the darkest clouds are in the sky
You mustn't sigh and you mustn't cry
Spread a little happiness as you go by..."
Cada sábado nos llevaban de excursión a Londres.Nos metían en una bolsa dos buns de mantequilla de cacahuete con una rodaja de pepino, un par de galletas de chocolate, patatas con sabor a cebolla y una manzana verde muy ácida. El primer año- yo tenía doce- visitamos el British Museum.Me perdí por la biblioteca y descubrí en una vitrina-lo recuerdo perfectamente, casi la podía tocar- el manuscrito de Mc Cartney de una de mis canciones favoritas :"Yesterday".Al regresar a Canterbury, agotada, me pasé el viaje mirando por la ventana el mundo al revés de Inglaterra. De aquel verano, de aquellos veranos, me quedan las canciones de los Beatles y este trocito de musical que me rezo hacia dentro cada vez que me pega un bajón.
Hoy lo cuelgo como agradecimiento por las canciones de las caras B.