Hay que colocar el ladrillo justo en el centro de la columna, allí donde está la tira del sujetador. Mi profesora de yoga lo repite como un mantra todas las semanas, en todas las clases, a todos sus alumnos, con independencia del sexo y de lo que les afecte la ley de la gravedad.
La tira del sujetador es un punto geográfico.
Están los puntos cardinales por todos conocidos, los cinematográficos- el Nueva York de Woody Allen, el Paris de Casablanca, Kenia de Meryl Streep y Benidorm cuando llegaron las suecas- los históricos- el Muro de Berlín, Tiananmén, Vietnam-y los reales, los que no sitúan en la vida un martes: la caja de galletas en la despensa, la tapa del váter y la tira del sujetador.
Este último es un agujero negro. La palabra que abre la cueva de Aladino. Es el pasadizo que deja que se resbalen las bragas y caigan los vaqueros la primera noche. Es la etiqueta que no conseguimos quitarnos del cuerpo las temporadas de soledad. El interruptor que ilumina un paisaje nuevo cuando cierras los ojos, se eriza la nuca y te dejas morder.
La tira del sujetador es una linea de meta, un puesto fronterizo abierto al tráfico de todos los secretos.

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