jueves, 28 de mayo de 2009

La noche en que Lola se hizo blaugrana

Ha nacido Lola, la primera hija de mi amiga Ana. Mientras los culés tomaban Roma, Ana se ponía de parto. le dije que era una señal y le mande un esemese: "Ana, esa niña está pididendo a gritos que la llames Monserrat". Después coreábamos el primer gol en el Raspa con un montón de desconocidos. Yo estaba sola en la barra, esperando a Carmen, y me sentía como en una película americana: en las pelis americanas si eres un poco ejecutiva (y un poco yo sí soy) y has tenido un día terrific, te las piras a la barra más ercana que está solitaria y se te sienta al lado un desconocido, guapetón y recién duchado- siempre parecen recién pasados por la alcachofa- que te dice casi de perfil "¿Me permites que te invite a una ronda?" Tú miras el culo del vaso como si no estuviera bien lavado, sonríes tímidamente-- está bueno, piensas, es gracioso- y poniéndote el pelo tras la oreja dices sí. Después os ponéis a charlar animadamente sobre la soledad en San Francisco, él te cuenta que studió en Berkley, tú que fuiste a Stanford, y tras eso ya se produce al aproximamiento del goriión y zas!!! has conocido a uno de los hombres de tu vida. En España no sé si pasará eso en algún lado, pero vamos, en Castellón ni de coña. Tú entras sola en un bar, aunque hayas quedado con alguien que no llegue, y en seguida te ponen la etiqueta encima: Oseaaa, esta tía bebe solaaaa. Aunque te des al zumo de tomate: eso también es beber sola.
Imagínate si te vas un día como el de ayer, de final de Champions, te sientas en la barra sola, y te pides una coronita y cantas un gol sobre el taburete: "Maryyyy, esta tía es un zorrón: borracha y calientapollas. Mírala como va de guay con el fútbol...qué fuerte, oseaaa, Nube, tía, qué fuerte..." En la barra ayer no estaban ni Pedro ni Emilio, los dueños a los q conozco y con los que solemos tener conversación, así que se pagaba a golpe de pedido para evitar confusiones en un día que amenazaba jaleo. Primero localizo un taburete so Philipp Starck me pongo en diagonal a la pantalla número cinco y rezo para que marquen Messi e Inhiesta, mis dos ídolos. Lo mío es extraño: primero soy del barça, después del villarreal y por último del madrid, así que no mantengo el radicalismo mucho tiempo y el fútbol me suele alegrar. Bueno, sigo en mi taburete, sola con mi coronita cuando aparece el desconocido, casi diez años mayor que yo, calvo, con un pelín de barba, gimnasio y con Carmen, a un palmo. Saludo a Carmen confusa- ¿habrá alquilado al desconocido?-y le pido un tercio, el desconocido hace un tanto y el camarero que está más perdido que yo, me pregunta si vamos los tres juntos, para pagar. Y yo, tan ejecutiva, tan americana, tan de stanford, me agarro al monedero como una abuela y le espeto: "Nono- me faltó chasquear con los labios- nosotras solo queremos un tercio" Quedo como el culo, claro, rata y tacaña. Pero aún así el desconocido es amable y mientras el Barça juega, toque, toque, mimo, balón como si fuera bossanova, él nos mira de perfil, con una sonrisa segura de sí misma y nos hace comentarios: "Hoy llegaremos a los penaltys". ¡Ayyyyy! Se le engancha la eleee de penallllllltys y a mí eso hace que se me rompa el cinemascope.Ya puede ser amable, parecer recien salido de la ducha y ser el rey de la metafísica, si tiene esa "ele" de brackets con goma, a mí me va a costar mucho superarlo.
Avanza el partido sin miedos. Desde el hospital la parturienta tendrá contracciones blaugranas. Carmen me cuenta la historia de Messi que leyó en el País el otro día.Yo tengo la cabeza llena de música y poesía.El cuerpo remendado, como el de Sally en Pesadilla...Echo de menos a mi comentarista favorito a Manu Carreño, qué pesao está Michael Robinson. El segundo gol de Messi hace que se me salten las lágrimas.Casi me abrazo al desconocido, pese a la ele, pero no estamos en Chicago, Honey. Pienso en mis amigos que estarán viendo la copa en el Blue Bar, en Formentera; en Jordi Corominas loocopeando en Gracia; en Isaac, qué hará en Cádiz;en Nínive y Trini, ¿serán del Valencia o del Barça? no lo sé... en mi amigo Miguel que tenía celebración y cena en su casa en Chamberí, en la familia de Messi que no podían pagar las inyecciones para que el niño creciera y que se han vuelto a la Argentina...Después de las felicitaciones a Guardiola- qué caballero, qué estilo de campeón- nos dejamos el Raspa, al desconocido y media coronita flotando...¿Habrá nacido ya Lola? Los coches pitan, saludan y a mí me tiembla todo el cuerpo, de gripe. Tal vez es que me haya convertido en una militar sin saberlo al entrar sola en un bar y sentarme en la barra. La teniente Maring tiene la gripe, mi sargento, o no, simplemente son cosas que pasan.

Por petisión del público

miércoles, 27 de mayo de 2009

Aproximación antropológica a la aldea gala (reseña y crítica literaria)



Me han pasado un libro prohibido, qué nervios. Un tomo azul, del formato de los del Superhumor de cuando éramos críos que se titula "Guía de Castellón de la Plana (para forasteros)" patrocinado, publicado y retirado del mercado por quien lo sufragó : el Excelentísimo Ayuntamiento de Castellón. No es un códice antiguo, data del 2001 y a su autor- Manolo Díaz, con apodo que excluyo en este horario de programación- suelo cruzármelo, desorientado como siempre (o igual finge la desorientación, porque tras la lectura ha ganado mi imagen sobre él) todos los días por las calles del centro, bien tomando notas, apuntes de una imagen o cañas, apuntes de la felicidad. El libro- su libro- lo consiguieron unos amigos míos en una librería escondida- el quiosco Barrachina- llena de polvo y laberintos de novelas que se vendían al peso. Solo quedaban dos ejemplares. Mi amigo creo que cogió uno. Así que me temo que yo voy a pasarme a la ministra por el forro y esta mañana lo voy a fotocopiar enterito, lo siento Manolo, pero tu propiedad intelctual queda a salvo, porque quiero distribuirlo entre mis forasteros más queridos. Probablemente ellos no se reirán tanto como yo (el libro es un compendio de guiños críticos para los que vivimos aquí, así q hubiera servido para la distracción de este lado oscuro de la ciudad en el que me incluyo, no entiendo porqué el Ayuntamiento lo retiró) pero tal vez les sirva para sazonar las anécdotas de "Están locos estos romanos" expresión que solemos utilizar los de aquí cuando la gente que viene de fuera hace algo que se sale de la rutina del eje calle Mayor, calle Enmedio y que en nuestra lengua vernácula (aquí sí que te plagio Manolo, que he llorado con las costillas de risa con tu ensayo) se traduciría como un "uyyy chamirachá" que él tan bien explica. Enhorabuena Manolo, tienes toda mi admiración y respeto. Por eso copio y pego un par de fragmentos, que a mí me han parecido esenciales de tu obra. Cuando quieras organizamos un club de lectura , con tertulia y cañitas en el Casino. Ahí van:

"EL CLIMA

Humedad es lo que hay

...y más que habrá andando el tiempo.

En Castellón no hace frío. Nunca, repito, nunca, hace frío.Es humedad y solo humedad.No importa que se te caiga la moquita hasta mojarse los zapatos, tirítes hasta la extenuación o escupas los dientes a fuerza de estornudos. Es humedad y así te lo diremos todos y cada uno de los castellonenses. No importa lo que tú creas, somos ciento cincuenta mil autorizadas voces en tu contra. Estadísticamente no existes, así que no puedes tener razón, ni frío tampoco, solo humedad.

Supongo que estarás pensando que somos los únicos humanos que metidos en una sauna a 70º Celsius, nos quejaríamos de la humedad.Pues no.En ejercicio de nuestro derecho de contradicción, cuando algo así nos sucede, resoplamos a dos carrillos y pesarosos exclamamos: "Chacollons, quin caldoooo". Lo cual en román paladino quiere decir, "¡Caramba qué calor!"

Como te habrás imaginado el paraguas es un adorno, el impermeable un gasto inútil y el chubasquero un folklore marinero. Aquí no llueve nunca. Lo que pasa es que hay mucha humedad."

"....TRADICIONES, TÓPICOS Y LEYENDAS

Has llegado a la tierra natal de las tradiciones, porque las fabricamos a docenas.Algunas hay que tienen siglos, pero entre nosotros es común, que la segunda vez que se convoca un simposio sobre heces, una cata virtual- sí, he dicho virtual- o una reunión de retaguardistas de la Guerra Incivil, el personaje que inaugura el acto asegure: "Como viene siendo tradicíonal, celebramos hoy..."

"Tópicos

Ni nosotros como humanos "Humanos somos y en Castellón nos encontraremos ", ni la ciudad como habitación y creación nuestra, ni la madre que nos trujo al mundo, ni su esposo ni nuestro padre, aquí no se libra del tópico nadie, de ninguna manera, por ningún motivo.Cuando algún extravagante ciudadano parece salirse de la atonía general es que "está loco", o dicho en nuestra parla "li falte una petxiná". Nam June Paik, Barceló, Picasso, Salvador dalí o Miralda, si hubiesen nacido en castellón, no serían artistas, sino "bohemios". Boris Vian, que tanto y tan bien escribió sobre los refugios en los que el humano se esconde de sí mismo y de los otros, hubiese disfrutado como un enano entre nosotros. Seguidamente repasaremos unos pocos destos falsos cobijos, para que tú, querido forastero, te familairices con el tema:

Si escuchas esto Quiere decir esto

Assí-sempre-sáviscút-moltbé. Andábamos tirandillo.

No-mos-ha-fet-falta-dengú. No venía nadie.

Säfet-aixina-de-totalavida. No sabíamos hacer otra cosa."

Siento, por los de fuera, el exceso de localismo con el que me he despertado esta mañana, pero había que salir del callejón por algún lado y así, autocrítica en vena, puedo enfrentar el día mejor. Supongo que todos los lugares son raros, distintos, pero es que esta ciudad- un pueblo grande- es exTRaña. No está de más caricaturizarla sin pudor para vernos con todos los matices. Pero hasta la risa está prohibida.

Y es que es muy difícil ser de Lepe y aguantar con buen humor un chiste.

lunes, 25 de mayo de 2009

Una fotografía





Ayer mirábamos fotos : "En esa era felicísimo". Yo me puse a buscar entre mis álbumes para contestar con otra imágen, setenta mil pixeles de felicidad máxima. De golpe quise padecer un episodio de moviola y que pasara frente a mis ojos, una película parecida a las que los amigos suelen regalar a los novios en las bodas con sonrisas, gestos teatrales, hombros morenos y paisajes que después nunca vuelves a encontrar. Buscaba ese momento de "a dos metros por encima del suelo"y no encontraba ninguno redondo, siempre me tropezaba con alguna arista. Me salvó "House" de la conversación. No tuve que demostrar que no todos los días de mi vida habían sido agridulces sin motivo, como el de ayer. No tuve que recortar mi cabeza y pegarla en el cuerpo de otra en un concierto o en una superfiesta. El episodio al cuadrado de mi médico favorito fue suficiente para que el debate sobre los momentos felicisimos se evaporara. Bufff...Aún así, al dejar de hablar cerré los ojos de medianoche y notaba que un sorbo de amargura- que es como el aceite de las sobras derramado sobre los albaricoques- se iba apropiando de mi lacrimal. Me da miedo la amargura, me asusta esa sombra que se queda en gestos minúsculos y que se utiliza como arma arrojadiza para que no se nos reproduzca por dentro. Así que nerviosa me puse a contarme mi pequeña lista de grandes éxitos. Entre ellos encontré un atardecer en Formentera, hace un par de años. Aquí lo tenéis. Lo mejor de ese instante es lo que pensaba. "Este es mi sitio, bueno, no es mi sitio, pero es mi escondite. Pero mi sitio está muy cerca y ahora empieza el viaje". Recordé también el poema de Kavafis, "Itaca" en mi moleskine. Qué ingénuo y qué típico. Mi sitio fue alguna vez esa playa, o la determinanción con la que releía los primeros borradores de una novela, o el hueco de unas caderas masculinas la víspera de Reyes y sigue siendo la forma en que mi amiga Rosa baja las pestañas cuando las dos acabamos de enviarnos un mensaje encriptado entre una conversación de setecientas personas. O el suplemento de El País en Oxford, manchado de té y con migas de sandwich en el césped de Woodham College. O un secreto escondido debajo de la camiseta. Mis sitios, mis lugares en el mundo son aquellos en los que el cruce del eje espacio y del eje tiempo tiene lugar entre mis costillas, mis pulmones, un poco más arriba del estómago. O en la nuca. Siempre están dentro de mí, pero a menudo me cuesta reconocerlos y admirarlos.

Mis amigos- parte de mi equipo- se fueron a la isla el domingo. Llevábamos preparando este viaje hace tiempo y yo me siento ridículamente cabreada, como la niña a la que han castigado a no ir a la excursión de fin de curso y cree que esa perdida le está arrebatando algo trascendental en su exitencia.De bofetada. Me riño cada vez q me llaman por teléfono para decirme que en Illetes se acuerdan de mí, que en el Blue Bar se estarían tomando el martini conmigo, me riño porque en lugar de compartir su afecto- a prueba de manchas- y después de todo lo que tengo yo que celebrar por aquí (que con el susto de mi padre la semana pasada es más que mucho) aún caigo en el lagrimeo autocompasivo y no sé cómo colocarme en la silla para encontrarme cómoda. Todo por culpa de que por dentro no me encuentro sitio. No sé dónde ponerme.

La cuestión es que sigo mirando las cosas desde el punto de vista equivocado, el destino, cuando debería fijarme y recolocarme en lo que me rodea, que es la vida.Toneladas y toneladas de vida para llenarme los pulmones hasta reventar y hacerme volar los dientes pensando "soy felicísima". Porque me tropiezo todos los días con alguna de esas personas que me ceden su hueco, que con su forma de tratarme me regalan un pedazo de sofá o por algo mucho más simple, porque me levanto y es de día, suenan los Beatles y sigue dándome la risa que me cuenten chistes por teléfono. O me lo paso pipa pensando en que mañana voy a empezar una novela. Y que ese será mi viaje. Mi momento felicísimo.

Ya haré fotografías.

sábado, 23 de mayo de 2009

Y si te miro a los ojos navego

Canción de niños mutantes que para mi sobri- ahito, dos años- y para mí se ha convertido en un himno. Me ha pedido que sea su novia, - ¿vale?¿vale?¿vale? me repite achinando los ojos- y me canta esta canción, para después llenarme de besos. Si ya digo yo, que los jovencillos están llenos de sorpresas.
Pues eso, uno de mis himnos, "lovesong miguelito"

miércoles, 20 de mayo de 2009

Un cambio de rumbo

Era necesario cambiar el punto de vista. Gracias Toni por colgar anoche este vídeo.Necesitaba escuchar algo así.

martes, 19 de mayo de 2009

Choffff: ¿Qué hace una piedra al caer en el agua?



Lo siento. Me he equivocado y con la intención de pasar a un pendrive el borrador que estaba escribiendo desde la semana pasada (incluso antes) lo he publicado a medias. Tengo la cabeza del revés.Vuelvo a pedir disculpas. Por historias personales mis neuronas se han convertido una a una en tiosvivos. Estoy tratando de frenarlas. Pero no os preocupeis que ya he encargado en una tienda de imagineria religiosa un House de cera al que ponerle velitas y si lo que me sucede es algún tipo de patología él os lo revelará. Aparecerá el nombre de la enfermedad extrañísima encriptado aquí o en el feisbuc, pero saldrá. House lo acierta todo. A él me encomiendo.
Disculpas II: Colgué esta imagen hace ya tiempo. La hice en Portugal, en un viaje fantástico, mientras subíamos al Castillo Da Pena y hoy la repito, consciente.Guarda relación con el título del post, el orígen de mi feria neurológica y algunas cosas más. Pero repito, no hay que preocuparse, así que no se le ocurra a nadie jugar a los sudokus. Solo son disculpas y las pocas ganas que me dan ahora de borrar el post anterior. Lo siento. Abraaazos

sábado, 16 de mayo de 2009

Mi salón entre señores

Llevaba un año buscándole.No llegaba a doce meses, pero valga la exageración porque ya había pasado mucho tiempo, más del que se puede contar en semanas, demasiado. Aunque en realidad había tardado un poco en advertir su presencia- más de doscientos siete días para ser exactos- porque fue mi amiga Carmen la que originó todo aquello y por su discrección no se apresuró en contarme lo que estaba sucediendo. Carmen disfruta con la letra más pequeña, observa, descifra imágenes entre líneas y además solía decirme que le gustaba mucho mi blog. Hasta ahí todo era más o menos normal. Insistía en que me leía a menudo, citaba algunos párrafos, pero nunca- y aquí ya no sé cómo precisar las horas- nunca dejaba un comentario allí. Aquello me inquietaba: me consta que Carmen es -y sigue siendo- sincera, que le gustaba agradarme, conocía de mi debilidad por los foros piratas y que yo- tan ing como siempre- le había pedido muchas veces que participara en nuestra conversación. Pero en mis comments ella no se descolgaba ni siquiera un lunes por la mañana, y a mí su silencio me desesperaba. Así que guiada por mi irrefrenable tendencia a no controlar mis impulsos decidí sobornarla y comencé con la operación "Raspa los martes": cervezas en la barra, rosquilletas y papas garcía en nuestro bar favorito. Pero no había una sola grieta. Cada miércoles amanecía con su fantasma enrocado en el silencio.


Desolada, perdida una mañana la llamé en hora punta al trabajo por si la pillaba en un renuncio, entre aceptaciones de herencia, hipotecas y papel timbrado y la saludé con voz de verbena. Apuraba mis últimos cartuchos.

-Carmen...- la abordé, como quien cita a los Chunguitos- Carmen, Carrmen, voy a tener que emborracharme...- y seguí con los autos de choque de fondo, pero ya directa al chantaje visceral- Carmelaaa...escríbete algo en mi blog, por faaa ...
- ¡No!- respondió ella contundente, pero percibí que su tono había perdido vehemencia como si la hubiera pillado en un ay- No. Yo ya no vuelvo a pasar por ahí.


(Temblé. Me agarré al teléfono.Pensé que iba a dejar de hablarme o que estaba acercándome al núcleo de la tierra)


- Ya no paso-continuó- Que cada vez que lo intento viene un señor con su silla y me grita.



Enmudecí. Pensé que con el euriborg le había subido el azúcar, que con la subida de azúcar se le había llenado el cerebro de piruletas y cuando me dí cuenta de que la que estaba desvariando era yo, me puse a escuchar lo que me decía con atención.


- Me grita- Repitió agraviada, sonaban los teléfonos- yo escribo llena de ilusión. Te mando besos y entonces el cabrón de la silla se levanta y me grita.


Yo estaba sentada en la olla africana del tiovivo con sus respuestas, entre feliz y mareada, esperando que me dejaran bajar.


- Pero...no lo entiendo, Carmen- le contesté apurada- ¿de quién me estás hablando?


-Pues del parapléjico ese- uy, uy, yo a Carmen no le conocía ese tono de ajenidad con la desgracia ajena- el que no me deja contestarte. Pero no, no me lo hace a mí sola...


Aquí ya me asustó. Cesaron las vueltas y toqué suelo. Su tono ya adquiría tintes de película de Guillermo del Toro .Cogí el boli para apuntar las notas en la libreta, se podía oler el misterio


- Le ha gritado a Paula, a Isabel y...¡ hasta a mi hermano!- estaba indignada, como si las obras del metro hubieran echado su casa abajo- Imagínate. ¡¡Y lo peor es que no le entendemos!!!


Enmudecí: aquello no tenía nada que ver con el desastre que yo me temía: ¿Paula?¿Isabel?¿Su hermano? Adquiría tintes de catástrofe y yo en el epicentro del huracán tumbadita en una hamaca.


- Pero...- tragué saliva- ¿qué os dice?


- No lo sé. No lo entendemos- Colgó.



Mantuve el auricular durante unos minutos pegado al oído por si aún escuchaba algo o por si el timbre de desconectado me daba una pista encriptada. Un parapléjico en mi blog gritando.¿Qué sería aquello?¿Habría entrado en mi pequeña salita de estar un troll ? Temblé, me sentía sola en mitad de un laberinto de pasillos inmaculados, como en el psiquiátrico de "Alguien voló sobre el nido del cuco". Debía tomar una determinación.

Lógicamente lo primero que hice fue ir al último post y dejar un comentario.

Fingí ser otra- por si acaso el parapléjico me reconocía- cambié mi ortografía, mis giros lingüistícos y me despedí con "Saludos" algo que no suelo hacer nunca jamás(y eso sí que es traducible a unidades de tiempo).

Pero nadie gritó.
Aguardé hasta el martes siguiente y esperé a Carmen en el Raspa con la cerveza, la bolsa de papas y mi ordenador- el Raspa es fantástico: no solo regalan papas y rosquilletas, sino que además tiene wifi y los camareros son simpatiquísimos, oh la lá...- Sonrió de lado cuando descubrió mis intenciones. Leímos el último post-bastante flojillo por cierto, no me había pillado muy inspirada- Carmen se aproximó al teclado, miró la ventana y aceptó el desafío: "Haga su comentario".

Me escribió unas líneas en francés.Yo solo hablo inglés pero me derrite la lengua parisina, en mi opinión cada palabra es un ventanal sobre la costa azul, un mundo lleno de croissants (cruasanes, que yo digo)que no tiene final. Descendimos un par de líneas , ella levantó la ceja y repitió una palabra:


-Ouserser


Carmen tomó aire, me miró con la expresión de quien dice "observa" y verificó la palabra, sílaba a sílaba.



Ou



ser



ser


Le dió al botón derecho y entonces sucedió. El hombrecillo azul que estaba sentado a la derecha se levantó y gritó.



-¡¡Perta!!!


Lo dijo en un rojo sanguinolento.


Perta lo serás tú!!!- contestó Carmen sin inmutarse.- ¿Has visto?


El parapléjico abría las piernas y ponía sus brazos en jarras. Lázaro has resucitado de malhumor, un poco cabreado, pensé yo, pero me mantuve al margen con la cobardía de quien no defiende a un amigo en la puerta de la discoteca.


- ¿Por qué te llama perta?

Resopló, pero no dijo ni palabra.


-¿Perta?- repetí incrédula- ¿por qué te llama perta?

Carmen me miró entre el asombro y la satisfacción. Pasaba del hombrecillo, me había demostrado la existencia de armas de destrucción masiva en mi propia jaula.

- Y yo qué sé...cada vez que trato de escribir un mensaje aparece este tipo, se baja de la silla y me llama inútil. ¡Y yo qué sé porqué me llama idiota! ¡Se habrá enterado de que no me aclaro con el facebook!- dió un trago a la cerveza, un trago largo, de los míos - pero el muy cabrón me deja escribir todo lo que quiero decirte y dále, cuando le doy a publicar me insulta!! Menudo gilipollas está hecho el tullido...

Ni se me ocurrió pensar en el amo del antispam. Era la primera vez que le veía de pie, amenazante, con los brazos en jarras. Y eso que con el antispam yo no me llevo demasiado bien, que su familia, a estas horas, debe estar poniendo mariposas en agua por todos sus muertos de tantas maldiciones como han acumulado de mi parte. Pero es que no hay día que deje un comentario en cualquier blog que no me acuse de disléxica, o de cosas peores como borracha y distraída. Si le maldigo es por algo, no por hablar a solas.


- Este tipo te está boicoteando el blog- se encendió un cigarrillo -Yo no soy la única. Créeme. Toma medidas, haz algo. No te quedes así, mirándome, a ver si ahora la imbécil eres tú.



Dicho lo cual, nos reímos. Yo para acompañar un poco, porque entre las visitas, divorcios y liquidaciones de sociedad que había tenido ese día en el despacho, la queja del hombrecito rojo y los damnificados de los que Carmen me hablaba estaba perdida. No sabía qué estaba sucediendo. Desviamos la conversación y yo regresé a casa dándole vueltas a todo. Temía que mi ordenador se hubiera convertido en Nueva Orleans.


Sin embargo, una vez allí, decidí actuar: abrí mi jaula. La puse del revés. Cambié el diseño de página. Volví a mi verde hierba. Dejé mil comentarios, fallé en la verificación de la palabra y no volvió a suceder nada. El señor azul no se levantaba de la silla.Seguía quieto, cual esfinge. Me acosté desesperada y soñé que los hombrecitos de los semáforos, los verdes y los rojos, bailaban claqué.A la mañana siguiente volví a intentarlo, pero todo seguía igual.Y cada tres días, dos semanas,o un mes volvía a probar suerte, pero mis comentarios dejaban una calma chicha en el aire que a mí me asfixiaba. Me acostumbré, olvidé lo sucedido en el Raspa, aprendí a vivir sin los comentarios de Carmen hasta que la otra noche, cuando dejaba una nota en el blog de alguien le ví riéndose de mi torpeza cervecera, doblándose y cayéndose al suelo entre carcajadas al ver mis dedos de muppet sobre el teclado del ordenador. Estuve a punto de enviar a mis hordas gatunas a que se lo comieran, pero mis gatas más bien pasan de cacerías y de este tipo de incursiones bélicas. Les gusta más el rollo Royalcanin en su plato y give peace a chance, porque son gatas hippies. Así que como no tenía quien me defendiera intenté hablar con él. Observarle no me servía de nada había que pasar a la acción. Ondeé mi caligrafía blanca de la paz. Y claudiqué.O lo que es lo mismo, negocié, vamos. Desde que salí de la facultad me habrán repetido más de mil veces que no hay nada mejor que un buen acuerdo. Así que mientras él seguía partiéndose el guión releí la palabra con la que me insultaba:


- Micsi


¿Micsi? Qué querría decir.Imaginé que mi cerebro se encogía y parecía el del primo tonto de Roger Rabbit. Tal vez micsi era la unidad que suponía medía mi inteligencia. Le contesté con una palabra absolutamente distinta.


- Plim


A mí plim, le quería decir. Pero abrevié. El señor de la silla se volvió hacia ella, la giró y se sentó cruzando las piernas.



- Sphren



Era una voz verde, agradable. ¿Y por qué no? Fresca.

viernes, 15 de mayo de 2009

Palabras para la rubia

Se me han caído las palabras al suelo.
No pasa nada, las recogeré,
las pegaré con pegamento.
Se me han caído las fotos de los álbumes
las de los viajes a Berlín,
y a Marruecos.
No pasa nada:
las recogeré
y las pegaremos con celo.
Se me ha caído tu risa
rubia, del teléfono.
No pasa nada,
nos quedan muchas noches,
muchas lavadoras,
muchos domingos de playa,
muchos pirineos.
He hablado contigo:
Ya no se me cae nada.
He guardado toda la fuerza
los abrazos, los disfraces,
la longaniza de pascua
los mails, los veranos,
el verde,
y las canciones de Coti
para acercártelos
en un cesto.
Se me ha quedado la admiración
pegada en el umbral de la puerta
y es toda tuya,
rubia,
francesa de la frontera,
churri, bombón,
cuerpo.

jueves, 14 de mayo de 2009

Donde nos llevó la imaginación

La única vez que ví a Antonio Vega fue hace ya más de dos años, una noche que empezaba la Navidad en la sala Clamores. Quedamos en el metro de sol y nos confundimos de línea en el metro. Hacía muchísimo frío , Fer(nando) llevaba su bufanda y yo las manoplas q me había regalado su hermana.Madrid ardía en millones de bombillas, era una verbena gigantesca en pleno invierno. No era la primera vez que yo iba a Clamores, sin embargo no podía dejar de sentirme fascinada por aquel lugar.Tal vez fuera porque el neón tiene un efecto hipnótico en mí y me quedo desmadejada en la puerta de la sala.Una noche soñé que yo estaba sentada en una de sus mesas con Luis Miguel Dominguín y creí que vivía como Ava Gardner en los años sesenta. Pero Clamores aquella noche- la de Antonio Vega- no era un cafetín del Madrid Mr.Marshall, sino que estaba invadido de gente. Ni siquiera cabíamos nosotros dos. Antonio Vega solía hacer una semana de conciertos un par de veces al año allí y aquella noche de viernes era el último. Un amigo había estado escuchándolo dos días antes y me dijo que estaba muy mal, más enganchado que nunca y que desde la muerte de Marga- la de tres mil noches y manos de papel- dormía en el suelo porque no quería volver a compartir una cama. Sobre Antonio Vega siempre han corrido miles de leyendas y anécdotas morbosas.Le hemos estado matando todos desde que se disolvió Nacha Pop- qué bien que se librara del brasas de Nacho y que dejaran de sonar los relojes en la oscuridad- y le hemos resucitado cada uno de nosotros en el concierto de los 4o principales, en las giras por provincias y auditorios de pueblo, en las versiones de "Los Chunguitos" (Me quedo contigo) o de Serrat ("Romance de curro el palmo") que como nadie bordaba. Antonio Vega se nos ha muerto por internet y entre las manos, gotita a gotita, con su pelo teñido y su sonrisa cada vez más escasa, por eso aquella noche cuando llegamos a Clamores a nosotros nos costaba distinguir si el resto del público esperaba al cantante o al muerto.
Salió solo y deshilvanado, la banda- según decían- había comprobado que no iba a cobrar la semana porque él se había gastado la pasta por adelantado y solo uno de ellos permaneció sobre el escenario esa noche, el del piano. Nosotros nos pedimos una copa antes de encontrar un hueco y nos subimos en un escalón desde el que observábamos cómo el dueño de Clamores (idéntico al Sr.Cuesta de "Aquí no hay quien viva") jaleaba al público y organizaba sus silencios y sus aplausos.
"El músico ambulante se agarró del vaso y sintió que flotaba en la luz artificial " recuerdo que pensé en esa frase de Radio Futura mientras le observaba. Cantaba un par de estrofas, se caía sobre la guitarra desafiando a su perdido equilibrio y cuando a todos se nos ponía un nudo en la garganta y comenzaban los rumores entre susurros, "se muere, se muere", el amante de la chica de ayer sacaba su fuerza y nos elevaba dos metros por encima del suelo como si su voz fuera una alfombra voladora. Se hizo un silencio absoluto cuando cantó "El sitio de mi recreo" una de las canciones más bellas del pop español y a mí no se me saltaron las lágrimas porque me daba vergüenza que Fernando se diera cuenta de mi fragilidad aquella noche. Fue el concierto más corto al que he ido en mi vida, apenas duró media hora, pero tampoco he visto nunca a un artista y músico tan enorme en directo. Se retiró con un saludo caído y el Sr.Cuesta desalojó la sala para que no hubieran bises. A nosotros nos costó, teníamos la voz de Antonio Vega clavada como una esquirla en la garganta.
Era un viernes y se nos caían encima las Navidades, y con el concierto disfrutábamos del primer regalo. Apenas habíamos andado cien metros cuando se puso a nevar y Madrid era donde nos llevaba la imaginación.
Anteayer me desperté con la noticia de la muerte de Antonio Vega.No podía permitirme estar triste ese día, pero cuando he sabido que Fer estuvo la noche del doce con sus amigos en el Penta, me he emocionado. Gracias por estar allí Fernando. Por las que hubiéramos querido sentirnos la noche del doce la chica de ayer que nunca fuimos.

lunes, 11 de mayo de 2009

La irrenunciable melancolía de las berenjenas



"Apreté los labios contra su oreja y volví a susurrar: No es culpa tuya. Quizá sea eso lo único que he querido decirle de verdad a alguien, y que alguien me lo dijera"
"El patio común", de "Nadie es más de aquí que tú" Miranda July.

"Quiero una guitarra finita como un corazón"

Cita en el comienzo de un libro de Mafalda


Me he subido al tren medio llorosa. Siempre que me voy de Madrid tengo la impresión de que me dejo algo, algo muy importante que ni siquiera podría determinar qué es. No acepto pulpo, ni me sirveun pantalón, la cartera, ni el cepillo de dientes. Es algo que parece me va a faltar toda la vida. Por eso siempre echo la mirada hacia atrás en la banda de control de equipaje- donde se me acelera la torpeza y acabo cogiendo con el meñique mil bolsas que no son mías- como si buscara algo o a alguien. Echo la mirada hacia atrás y espero que llegue un desconocido corriendo, levante el brazo, me llame por mi nombre y me diga : ”Te dejabas esto”.
Y esto sea mi piedra filosofal.
Pero nunca llega y hoy, como tantos otros días se me han hecho nudos en los dedos, la maleta no avanzaba entre los barrotes y se me ha caído al suelo un sombrero de papel malva que compré para Formentera antes de que llegara el diluvio. Ya recuperada he guardado la cola con los ojos perdidos en las vías del tren. Hace unos años dejaban que los acompañantes bajaran contigo hasta el andén y allí, entre el olor a polvo y las estatuas de sal de las azafatas, tenían lugar las despedidas más románticas del mundo. Yo siempre recuerdo una, la más dulce, la mía. Sucedió un mes de agosto y cada vez que vuelvo a Atocha siento el mismo calor.
Se acababa el verano y el Escorial cerraba las puertas de sus cursos. La carretera hasta Madrid olía a pino y Van Morrison era la felicidad. Él me llevó a comer a uno de esos restaurante de la periferia que solo conocen los que viven aquí. Pedimos boquerones fritos, llevábamos dos noches sin dormir y aún así él no dejaba de hablar y se reía. Yo mientras le escuchaba - sonriente, feeling groovy-me metí el boquerón en la boca, dispuesta a vengar a Jonás con su ballena, lo que hizo que él me mirara de hito en hito. Pensé que estaba haciendo algo muy feo, pero me tranquilicé cuando, sin dejar de sonreir, me dijo que tuviera cuidado, que podía hacerme daño con alguna espina. Me tomó la mano, me besó cuando terminé de tragar y entonces comenzó a desmenuzarme los boquerones con una ternura infinita. Me ardieron las mejillas como a las protagonistas de Jane Austen y mientras trataba de no pensar en las lágrimas me dije, el amor tiene que ser esto. Él me iba dejando los boquerones en el plato y yo me reafirmaba, no hay acto de cariño más sublime que este que estoy recibiendo. Mi mirada se enturbiaba y él seguía sonriendo. Me hubiera gustado corresponderle, jugar a la ruleta rusa con la belleza y tratar de hacer algo que le emocionara profundamente, pero por miedo a estropear la felicidad de ese instante inesperado me callé lo que pensaba, que no era otra cosa que “Te voy a querer toda mi vida”. Algo que también incluía la definición del amor, pero que daba miedo pronunciarlo por si algún día tropezábamos él o yo con cualquier espina.
Después de comer nos acercamos al centro. Madrid, esa ciudad que tiene el catálogo de cielos más espectaculares del mundo, y que en aquella ocasión nos reservaba nubes metálicas. Estratos o cirros apiñados en láminas como si fueran balizas, advertencias de que tomábamos una senda peligrosa: “Os estáis haciendo muchas ilusiones, pero este limbo se va a acabar” parecían indicarnos las placas de acero. Nosotros pasábamos de las nubes como Sid Vicious y Nancy de la familia real británica y pese a lo plomizo de la tarde paseamos por los alrededores del Prado. De repente él se detuvo en la estatua de Velázquez y quiso que nos sentáramos debajo. Me colocó sobre sus rodillas, como hacía mi padre cuando era niña, y me contó historias de cuando trabajaba en una floristería. Estaba peinándome con sus manos de guitarrista cuando comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia y entonces lo dijo:
- Ojalá te hubiera conocido antes, en otro momento. ¿Por qué no has aparecido dentro de dos años? Hubiéramos tenido un hijo, hubiéramos vivido junto al mar…

Mi mente relacionó aquella frase con el recuerdo de la película más irreal que he visto, "El lago azul”. Tal vez fue por lo de vivir junto al mar o quizás fuera ese reproche del presente y la recomendación imposible de "vuelva usted con el futuro", no lo sé. Pero la presencia del subjuntivo me hizo temblar. No me gustan los subjuntivos, siguen sin gustarme, pese a los acentos que tanto hincapié ponen en los deseos .Puede que sea por eso, por los años que me he pasado desgastándolos.

- Estoy aquí.- le susurré-¿Qué hay de malo en aquí?

No quise preguntarle ”y qué hay de malo en ahora?” porque en un solo momento se me había escurrido la definición del amor de entre las manos, como una pastilla de jabón. Me acordé de los boquerones y entonces sí que me costó no llorar.
- Si cariño- continuó él volviendo a mi cuello, a los mechones de mi pelo que comenzaban a llenarse de gotas- pero es que yo me voy dentro de dos meses a … (y era verdad que se iba, y era verdad que me lo había dicho, y era verdad que nos estábamos despidiendo, y también era verdad que llovía aunque los dos fingíamos no mojarnos) y no puedo aferrarme a nada. Ni siquiera a ti.
Me soltó.
Se levantó y me ví sola frente al enorme Museo del Prado. Empequeñecí, pero duró un segundo, suficiente para darme cuenta de la realidad. Luego volvió a cogerme de la mano y nos cobijamos de la lluvia en las escaleras del museo. Yo ya no podía esconder mis temblores, ni la carne de gallina. Él creyó que era por culpa de la lluvia y me arropó entre sus brazos. Era un chico grande y yo a su lado parecía más pequeña, además me acoplaba a sus huecos de tal forma que a veces pensaba que podría llevarme escondida en el bolsillo de su pantalón. Unos señores mayores salieron entonces del museo y él se levantó e hizo lo que yo no me había atrevido a sugerirle en cuatro días, les pidió que nos fotografiaran juntos. Volvió a abrazarme y así salimos en la que es una de las fotos de mi vida. Él lleva una camiseta negra, el pelo como un samurái, la tez muy blanca y me sujeta contra su pecho; yo sonrío con la mirada derretida, me dejo llevar con los hombros hasta donde él quiera y me elevo diez centímetros del suelo, floto por Madrid con un vestido largo de tirantes.
Cuántas historias caben en una foto. Todas las cartas que no le envié.
No recuerdo cómo llegamos a Atocha, pero del andén no me he olvidado nunca. Había gente por todas partes y yo creí que estaba a punto de estallar una guerra, porque me parecía que solo nos cruzábamos con viajeros que andaban desesperados, tristes, con los equipajes llenos de miedo y amargura. Nos besamos y con la voz con la que se debe leer el Quijote en el Círculo de Bellas Artes me dijo, “Cuídate” . Después me soltó la mano. El cuerpo entero empezó a dolerme y como se iba aunque no se hubiera movido ni un centímetro de mi lado,y como iba a estallar una batalla en Madrid aunque nadie lo supiera, le dije una frase muy cursi- que no me atrevo a reproducir, pero q a mí me pareció bonita y además era ligera, no pesaba como ninguna obligación- y me medió riñó entre sonrisas. Así le ví por última vez, sonriéndome entre los hombres grises mientras los trenes oscurecían y yo era una superviviente del Titánico que no quería encontrar su asiento en el vagón. Me dolía el brazo izquierdo tanto que urante el viaje de vuelta me miraba la mano y creí que no iba a poder moverla nunca más.
Este fin de semana, por casualidades y fontanerías de la calle Huertas, me he despertado en la plaza de Santa Ana, y he desayunado frente a la esquina donde comenzó todo. La geografía ayudada por la memoria, a veces, juega malas pasadas. He visto a mis amigos, he comido en restaurantes exquisitos, he paseado debajo de los balcones, me he comprado postales coloreadas, un par de pendientes de japonesa y he regresado a Atocha con la sensación de que me dejaba algo. Aún no sé el qué.
Ya en el vagón no tenía sueño, pero me he dormido congelada por el aire acondicionado con el que Renfe recuerda que es monopolio y juega a la tortura con nosotros. Mi compañero de asiento parecía no tener frío, llevaba una camiseta y estaba toquiteando su ordenador. No sé exactamente lo que hacía, él llevaba los cascos puestos y yo no me he fijado en su pantalla. Me he dormido con el cuello torcido en ángulo de noventa grados hasta que me ha despertado la voz de alguien que cantaba.Que cantaba fuerte y mal. Casi le pego un codazo a mi compañero como castigo porque al principio he pensado que era él. Gracias a dios, no me he fiado de mi visión entre pestañas y he investigado un poco más porque justo en la fila de delante, en el asiento que había si trazaba una diagonal hacia mi derecha, había un tipo de unos cuarenta años con gafas de sol, con el ipod en vena que bailaba como si la noche no hubiera acabado y el alaris fuera un after. Tenía un gintonic en la mano que a veces, tras un sorbo, apoyaba en la mesita y entonces utilizaba los dos puños para hacer un boogy-boogy a derecha e izquierda. Después gritaba yeahhh, se mordía el labio , fingía golpear la batería con sus imaginarias baquetas y caía sobre la ventanilla hasta que empezaba otra canción.
Como ya no podía dormir he sacado el ordenador y he empezado a escribir este post, que se llamaba "Freakis somos todos" solidarizándome con el tipo del concierto en el alaris. Había contado ya lo de los boquerones cuando mi compañero de asiento me ha interrumpido:

- Oye, perdona...es que estaba leyendo lo que escribes- se ha puesto un poco rojo- y me gusta mucho...sé que he sido un cotilla, pero no lo he podido evitar, ¿eres escritora?

Tenía los ojos como el agua de algunos ríos y sonreía con cierta timidez.

- No, simplemente escribo- me ha parecido una respuesta obvia y que no decía nada, poco aclaratoria- tengo un blog en el que a veces escribo.

- Pues me ha gustado mucho lo de los boquerones, precisamente yo quería explicar el otro día algo así a mi chica y...

Me ha contado su historia. Era un chico enamorado que necesitaba palabras para contaminar a su novia de todo lo que le estaba pasando junto a ella. Al llegar a Valencia yo le he contado el último capítulo de la historia que inspira el post de hoy, aguantándome las lágrimas porque siempre busco, como los niños pequeños finales felices. Él se ha tomado la dirección de la jaula y se ha bajado cuando aún era de día. He seguido escribiendo hasta Castellón. Ha sido entonces cuando he caído en la cuenta de que quizás él fuera el extraño que debía decirme "te has dejado esto". Pero no ha habido tiempo.
Nunca hay tiempo en las despedidas para dar con la piedra filosofal y sentirnos en equilibrio con el resto de cosas que tenemos en la vida.
Somos como las berenjenas, seres increíblemente melancólicos.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Popfou

Felicidad en estado musical. Ojalá hubiéramos estado todos allí. Absolutamente genial.

martes, 5 de mayo de 2009

Along came Polly



Sacaron los cines de la ciudad y los llevaron a los polígonos industriales, donde se multiplicaban las franquicias que vendían muebles y zapatillas de deporte, las hamburguesas leroy merlin, el portátil más big- mac. Muchos no se dieron cuenta de lo que significaba aquel cambio, tal vez fueran solo las pandillas de viejecitas que quedaban para merendar y después ver alguna película las que lo acusaron, pero lo cierto es que la luz de la ciudad cambió. Se acentuaron las sombras, la rigidez de las esquinas eran más cortantes, las imperfecciones del caravista se hacían más visibles sin estrenos, ni carteles de Meg Ryan, Jessica Lange o el mismísimo Indiana Jones. El sol atenuaba la mediocridad de las tardes. El tiempo libre parecía ser siempre el mismo: qué hacemos.Unas tascas, unas compras, qué gris está Zara, qué gris me siento yo.
Y entonces llegó ella.
Along came Polly
La ciudad, nuestra percepción de estas tres calles paralelas que tienden al infinito- a un infinito en mitad de la nada-, hizo un triple mortal. Una parábola y después un bucle. Las plazas recuperaron la sonrisa y en la ropa tendida en las azoteas, poco a poco, regresaba el color.
Era Polly.
Como diría Cortázar ( el otro día AFM parafraseaba con Carla Bruni), "Queremos tanto a Polly". Y es que en cierto modo su llegada fue la del flautista de hamelín: Nos hechizó su risa, sus despertares lentos y tardíos- todo es mentira Polly, todo es mentira- sus trucos de magia (cómo convertir una croqueta en un delicado pastel de bechamel), su facilidad para resucitar los lunes y celebrar con pisco los martes. Poco a poco fuimos muchos los que comenzamos a adorarla y nos reuníamos en sociedad secreta, para bajar como ella las pestañas y fundirnos en un abrazo de bollo, mullido y enérgico, como ella nos había abrazado en los momentos más tenebrosos. Llegó sin paraguas en la maleta, nada que ver con Mary Poppins, pero como ella nos enseñó a tomar cosmopolitan en el techo y subir volando hasta el castillo. Bailábamos con elefantes en la playa, nos saludaban los carpinteros, los fontaneros, los deshollinadores y con Polly parecía que todo estuviera ahí desde siempre. A solas nos preguntábamos cómo no lo habíamos visto antes y nadie encontraba la respuesta. La única solución válida al misterio era que entonces llegó ella, along came polly y la vida nos dió un vuelco.
Nos enseñaron a llorar, a reir, a soñar en el cine...pero lo habíamos olvidado y entonces llegó ella, tuvo que venir Polly para recordarnos que todo aquello que flotaba en la pantalla y en nuestros recuerdos era real. Que Escarlatta era la más linda de las mujeres orgullosas, que a veces hay que subir hasta la planta 112 del Empire State dejando atrás lo cómodo y conocido para encontrar el amor. Polly nos lo contaba entre risas, o subida en una furgoneta hacia ikea-zaragoza y a nosotros se nos llenaba de líquido el rabillo del ojo.
Pero aún hay más y se escribe en presente.
Polly guarda un secreto que intuimos todos los miembros de esa logia que la adoramos- queremos tanto a Polly-y es que vuela. Polly va y viene, desde su Barrio de Salamanca hasta su suite de Peñíscola y lo hace en silencio, con un ligero batir de pestañas. Polly nunca duerme, siempre sueña y sus paisajes interiores son castillos para princesas que nunca quisieron permanecer encerradas en una torre. En las noches azotadas por la Tramontana Polly se abraza con los pies a su amor y pinta niños a los que les falta un brazo, tres piernas, un diente. Somos nosotros, los niños perdidos que ya hemos superado la treintena pero a los que ella ha sabido devolver la confianza, la alegria y las ganas.
A Polly se le han escapado en los últimos meses estos pájaros de la cabeza. Son tocados para ratitas presumidas que nunca fueron estiradas ni tiesas. Orquídeas para las que no entendemos del arte del ikebana. Por eso cuando la vimos dudar con la página el equipo de los niños perdidos- ay Polly, qué haremos- nos lanzamos de cabeza a ayudarle: Toni puso la música, Juan los contactos, yo busqué los textos, Carmen la seguridad que necesitaba y Migue, Migue siempre está cuidándola para que no tenga vértigo.
He añadido el link en la esquina de callejones, pero debería haber dicho que es uno de mis rincones favoritos, la sombra de Polly. Al igual que todos los niños del mundo crecen, salvo uno que es Peter Pan, todas las personas perdemos un pedazo de nuestro lado alegre al crecer, menos una y esa- yo he tenido la suerte de conocerla- esa es Polly.
Por eso la queremos siempre.
Gracias por tanto emperatiz de Lavapiés. Nunca habrá posts suficientes.
Ni pájaras suficientes.

viernes, 1 de mayo de 2009

Teresa y la justicia poética



"Pese a que en ningún momento de "El halcón maltés" se ve a Sam Spade de compras en la papelería, Kate sabía lo importante que era para el buen detective contar con material de oficina de primera calidad.Precisamente el tema de la papelería se había convertido en un problema creciente para Kate.En el colegio, a principios del trimestre anterior, la señora Finnegan le dijo un día que la acompañara al armario del material escolar.Una vez allí, le comunicó a Kate que ahora era Delegada de Materiales, y repasó con ella la lista de cosas a las que en adelante debía atender. A la Sra.Finnegan le extrañó que Kate, siempre atenta, pareciera abstraída, como en otro mundo...[] Nadie había preparado a Kate para la cantidad y variedad de riquezas contenidas en el armario."

"Lo que perdimos", Catherine O'Flynn.

Lo he acabado esta mañana, mientras llovía. Llevaba una semana arrastrándolo. Leí la referencia en un suplemento cultural y me interesó la tenacidad de su autora. Más de veinte editoriales rechazaron esta primera novela, algo bastante habitual, por desgracia. Ya le pasó a John Kennedy Toole con "La conjura de los necios", publicada tras su muerte y hasta el guionista de "Mujeres desesperadas" contaba que todas las cadenas norteamericanas rechazaron su proyecto de serie, salvo la ABC, a la que no lo mandó en una primera vuelta (la rehizo, reescribió y entonces la primera de la lista fue la ABC, que por entonces se hundía económicamente, es chocante ver cómo esa serie que ha batido récords de audiencia- yo no he terminado un capítulo jamás- era una especie de barco de perdedores destinados al naufragio- o a la desesperación de su título- desde su artífice hasta la cadena, pasando por todas y cada una de las actrices, todos eran misfits auténticos, nadie daba ni un duro por ellos, ni siquiera ellos mismos. Qué paradoja,¿no?). La historia de siempre: echémosle tierra encima al que es o hace algo distinto. Qué lástima que luego la tierra sirva como abono y el "rarito" acabe convertido en palmera. Justicia poética.

En el blog de Jordi Corominas - pst del miércoles 22 de abril- encontraréis la entrevista que le hizo a la autora para la Revista de Letras: un pequeño relato de fantasmas en el que Jordi está acompañado por el fantasma de Kate Meany, protagonista (¿visible?¿invisible?) de "Lo que perdimos". Catherine O 'Flynn cierra el diálogo con una respuesta en la que está la clave de muchos de los traumas de nuestra infancia. Corto-copio-pego del blog de Jordi:

"-Otro personaje fundamental es Teresa, la compañera de pupitre de Kate, la única que la entiende en la escuela.

-Teresa es la justicia poética del relato. No diré más."

Aún recuerdo lo mucho que me gustaba la tiza y los artículos de papelería cuando era pequeña. Me flipaban. Como Kate, la protagonista de "Lo que perdimos" el día que en el colegio me dieron un paquete de tizas (cuadradas, blancas, de las de antes) y me dejaron ir al armario a por más por ser la delegada de clase las monjas no sabían lo que habían hecho: crearon al monstruo. Yo no vivía cerca de un centro comercial como Kate Meany, pero en mi camino diario hacia el colegio pasaba por dos papelerías. Una más seria, más rancia- yo creo que los blocs de cuadros de Enri los vendían hasta caducados, porque el azul de la tinta era más lánguido, devahído a medida que gastabas hojas- que estaba en la planta baja de la casa donde ahora vivo y otra, pequeña y acogedora que regentaban dos mellizas pelirrojas- señoras de peluquería que no pasaban por la juventud sino que nacían ya en una edad sin cifras, indefinida- en la que además de libretas, lápices, bolígrafos bic, rotuladores carioca, gomas milán, gomas de nata, pegamento imedio y supergén de contacto, pelos de sierra,papel para forrar los libros y airon-fix (oh! qué revolución forrar los libros con aquella pegatina transparente....qué tráfico de hojas de papel de Snoopy traídas en verano de Inglaterra:::) tenían un mostrador lleno de un surtido indefinido de gominolas.

Mi paga de los domingos desde 1979 hasta 1984 acabó ingresada en la cuenta de beneficios de la empresa "Herp"- así se llamaba la papelería- de la que eran socias las dos hermanas. Cuando regresé de la universidad, tras varias mudanzas, volví en busca de mi paraíso perdido y ya no estaban las dos mujeres pelirrojas: En su lugar había una chica rubia de aspecto bovino que se puso a régimen y se ponía nerviosa con las chucherías del mostrador. Los traspasos crean leyendas urbanas. No pude volver a comprar allí ni siquiera un mapa de España (¿físico o político? me encantaba la pregunta...) para dedicarme a uno de mis pasatiempos favoritos: colorear provincias como si fueran quesitos del Trivial, repasando los límites con rotulador staedler- la madurez te lleva a ellos- y rellenándolas con plastidecor. Sin las mellizas nada era lo mismo.

Una de mis mayores inversiones en aquel periodo fueron- por culpa de las monjas, ya lo digo- los paquetes de tiza. Como mi madre se asustó un día que encontró el cajón de mi mesilla convertido en bunker papelero, yo como adicta a las malas hierbas, decidí no subir las tizas a casa y escondía mi patrimonio detrás de un jarrón que había en el portal del edificio en el que vivíamos toda la familia. Entonces ya eran evidentes los grupos en mi clase, y cada niña intentaba ir al colegio con sus amigas. Yo quedaba con Ana - pero ella iba a otro grupo, a C- que vivía en la calle de detrás y con alguna de mis amigas de ahora. Pero la niña más admirada del curso la que decidía quién podía o no ser su amiga y de quién iba a reirse el grupo solía quedar con alguna de mis amigas también, pasaban por delante de mi casa y a veces me esperaban. Yo estaba muy preocupada porque temía que aquella niña (tan mona, tan graciosa, tan brillante y tan altiva) no me rechazara y no sabía cómo agradarle. Ella era consciente de su influencia en mí y aprovechaba esta circunstancia para burlarse de todo lo que yo hacía, con lo que en mí se generaba un síndrome de estocolmo aún mayor. Cuánto más se reía o me humillaba más dócil y más sumisa me volvía yo. Hasta que un día descubrí que me robaban la tiza de mi escondite en el portal y comenzaron a aparecer pintadas en las paredes de las casas por las que pasábamos de camino al colegio contra mí, con nombre, caricaturas y no recuerdo si el apellido.

No le dije nada. No le dije nada a nadie, ni siquiera a mis padres. Simplemente fingí una gripe, puse el termómetro en el flexo y me quedé en la cama durante muchos días. Cuando el cuento se me acabó regresé a clase y siguieron las bromas. Según se desarrollaban las semanas ella se metía más o menos conmigo. En realidad no es que yo fuera nada especial es que a ella le gustaba tratar mal a todo el mundo, incluso a las que consideraba sus amigas. Yo no fuí capaz de contestarle nunca, de enfrentarme a ella. La aguanté hasta el instituto en el que ya se marchó de nuestra pandilla porque éramos demasiado crías para ella. La vida le sonríe: sigue siendo preciosa (bueno a mí no me gusta su estilo mujer de futbolista, pero a casi todo el mundo le parece una mujer guapa) teien un marido estupendo, viven en una casa de revista y tienen hijos maravillosos. Mi mayor venganza ha sido no saludarle nunca más, cruzarme con ella por la calle y fingir que es invisible, hasta llegar a no verla.

"Lo que perdimos" es una novela que habla precisamente de eso, de lo que nos arrebatan cuando nos enfrentan por primera vez con la soledad. Es un libro al que merece la pena agarrarse para seguir creyendo, aunque sea como consuelo, en la justicia poética.