jueves, 14 de mayo de 2009

Donde nos llevó la imaginación

La única vez que ví a Antonio Vega fue hace ya más de dos años, una noche que empezaba la Navidad en la sala Clamores. Quedamos en el metro de sol y nos confundimos de línea en el metro. Hacía muchísimo frío , Fer(nando) llevaba su bufanda y yo las manoplas q me había regalado su hermana.Madrid ardía en millones de bombillas, era una verbena gigantesca en pleno invierno. No era la primera vez que yo iba a Clamores, sin embargo no podía dejar de sentirme fascinada por aquel lugar.Tal vez fuera porque el neón tiene un efecto hipnótico en mí y me quedo desmadejada en la puerta de la sala.Una noche soñé que yo estaba sentada en una de sus mesas con Luis Miguel Dominguín y creí que vivía como Ava Gardner en los años sesenta. Pero Clamores aquella noche- la de Antonio Vega- no era un cafetín del Madrid Mr.Marshall, sino que estaba invadido de gente. Ni siquiera cabíamos nosotros dos. Antonio Vega solía hacer una semana de conciertos un par de veces al año allí y aquella noche de viernes era el último. Un amigo había estado escuchándolo dos días antes y me dijo que estaba muy mal, más enganchado que nunca y que desde la muerte de Marga- la de tres mil noches y manos de papel- dormía en el suelo porque no quería volver a compartir una cama. Sobre Antonio Vega siempre han corrido miles de leyendas y anécdotas morbosas.Le hemos estado matando todos desde que se disolvió Nacha Pop- qué bien que se librara del brasas de Nacho y que dejaran de sonar los relojes en la oscuridad- y le hemos resucitado cada uno de nosotros en el concierto de los 4o principales, en las giras por provincias y auditorios de pueblo, en las versiones de "Los Chunguitos" (Me quedo contigo) o de Serrat ("Romance de curro el palmo") que como nadie bordaba. Antonio Vega se nos ha muerto por internet y entre las manos, gotita a gotita, con su pelo teñido y su sonrisa cada vez más escasa, por eso aquella noche cuando llegamos a Clamores a nosotros nos costaba distinguir si el resto del público esperaba al cantante o al muerto.
Salió solo y deshilvanado, la banda- según decían- había comprobado que no iba a cobrar la semana porque él se había gastado la pasta por adelantado y solo uno de ellos permaneció sobre el escenario esa noche, el del piano. Nosotros nos pedimos una copa antes de encontrar un hueco y nos subimos en un escalón desde el que observábamos cómo el dueño de Clamores (idéntico al Sr.Cuesta de "Aquí no hay quien viva") jaleaba al público y organizaba sus silencios y sus aplausos.
"El músico ambulante se agarró del vaso y sintió que flotaba en la luz artificial " recuerdo que pensé en esa frase de Radio Futura mientras le observaba. Cantaba un par de estrofas, se caía sobre la guitarra desafiando a su perdido equilibrio y cuando a todos se nos ponía un nudo en la garganta y comenzaban los rumores entre susurros, "se muere, se muere", el amante de la chica de ayer sacaba su fuerza y nos elevaba dos metros por encima del suelo como si su voz fuera una alfombra voladora. Se hizo un silencio absoluto cuando cantó "El sitio de mi recreo" una de las canciones más bellas del pop español y a mí no se me saltaron las lágrimas porque me daba vergüenza que Fernando se diera cuenta de mi fragilidad aquella noche. Fue el concierto más corto al que he ido en mi vida, apenas duró media hora, pero tampoco he visto nunca a un artista y músico tan enorme en directo. Se retiró con un saludo caído y el Sr.Cuesta desalojó la sala para que no hubieran bises. A nosotros nos costó, teníamos la voz de Antonio Vega clavada como una esquirla en la garganta.
Era un viernes y se nos caían encima las Navidades, y con el concierto disfrutábamos del primer regalo. Apenas habíamos andado cien metros cuando se puso a nevar y Madrid era donde nos llevaba la imaginación.
Anteayer me desperté con la noticia de la muerte de Antonio Vega.No podía permitirme estar triste ese día, pero cuando he sabido que Fer estuvo la noche del doce con sus amigos en el Penta, me he emocionado. Gracias por estar allí Fernando. Por las que hubiéramos querido sentirnos la noche del doce la chica de ayer que nunca fuimos.

3 comentarios:

magenta dijo...

Siempre me fascinó de Antonio esa fragilidad que nunca llegaba a romperse, esa seguridad con que defendía sus opiniones en las entrevistas, cuando un segundo antes parecía ausente, apocado. Y cómo, tantas veces que le dieron por terminado, nos sorprendía con una canción, con una respuesta, con un punto de vista absolutamente brillante.
Se nos ha muerto un gran poeta y un gran cantante, pero también quizá el último superviviente de un Madrid que ya no existe, un recordatorio de una realidad tan incómoda como ninguneada: que se pueden unir en una persona la oscuridad más pavorosa y la belleza más pura, que esos muertos en vida dan tanto miedo porque no son tan ajenos como nos gusta pensar.
Escuchar sus canciones, ahora, me recuerda la gran influencia que ha supuesto para mí. Educando mi sentido de la belleza, enseñándome la complejidad de lo sencillo. Muchas gracias, Antonio. Te seguimos escuchando.

if dijo...

Q.Magenta,
Todo. Desde la primera palabra hasta la despedida.Emocionante, sincero, preciso. Nadie lo ha dicho mejor.
Un beso fuerte,
eva

ninive drake dijo...

de Nacha Pop solo tuve cintas, me gustaban, era lo que más me gusaba de panorama actual de la época, per con Antonio me derretí... quizá al volar solo demostró que era capaz de llenar discos enteros con unas letras detrás de otras y que ninguna desencajara... fue muy especial...