
Ayer mirábamos fotos : "En esa era felicísimo". Yo me puse a buscar entre mis álbumes para contestar con otra imágen, setenta mil pixeles de felicidad máxima. De golpe quise padecer un episodio de moviola y que pasara frente a mis ojos, una película parecida a las que los amigos suelen regalar a los novios en las bodas con sonrisas, gestos teatrales, hombros morenos y paisajes que después nunca vuelves a encontrar. Buscaba ese momento de "a dos metros por encima del suelo"y no encontraba ninguno redondo, siempre me tropezaba con alguna arista. Me salvó "House" de la conversación. No tuve que demostrar que no todos los días de mi vida habían sido agridulces sin motivo, como el de ayer. No tuve que recortar mi cabeza y pegarla en el cuerpo de otra en un concierto o en una superfiesta. El episodio al cuadrado de mi médico favorito fue suficiente para que el debate sobre los momentos felicisimos se evaporara. Bufff...Aún así, al dejar de hablar cerré los ojos de medianoche y notaba que un sorbo de amargura- que es como el aceite de las sobras derramado sobre los albaricoques- se iba apropiando de mi lacrimal. Me da miedo la amargura, me asusta esa sombra que se queda en gestos minúsculos y que se utiliza como arma arrojadiza para que no se nos reproduzca por dentro. Así que nerviosa me puse a contarme mi pequeña lista de grandes éxitos. Entre ellos encontré un atardecer en Formentera, hace un par de años. Aquí lo tenéis. Lo mejor de ese instante es lo que pensaba. "Este es mi sitio, bueno, no es mi sitio, pero es mi escondite. Pero mi sitio está muy cerca y ahora empieza el viaje". Recordé también el poema de Kavafis, "Itaca" en mi moleskine. Qué ingénuo y qué típico. Mi sitio fue alguna vez esa playa, o la determinanción con la que releía los primeros borradores de una novela, o el hueco de unas caderas masculinas la víspera de Reyes y sigue siendo la forma en que mi amiga Rosa baja las pestañas cuando las dos acabamos de enviarnos un mensaje encriptado entre una conversación de setecientas personas. O el suplemento de El País en Oxford, manchado de té y con migas de sandwich en el césped de Woodham College. O un secreto escondido debajo de la camiseta. Mis sitios, mis lugares en el mundo son aquellos en los que el cruce del eje espacio y del eje tiempo tiene lugar entre mis costillas, mis pulmones, un poco más arriba del estómago. O en la nuca. Siempre están dentro de mí, pero a menudo me cuesta reconocerlos y admirarlos.
Mis amigos- parte de mi equipo- se fueron a la isla el domingo. Llevábamos preparando este viaje hace tiempo y yo me siento ridículamente cabreada, como la niña a la que han castigado a no ir a la excursión de fin de curso y cree que esa perdida le está arrebatando algo trascendental en su exitencia.De bofetada. Me riño cada vez q me llaman por teléfono para decirme que en Illetes se acuerdan de mí, que en el Blue Bar se estarían tomando el martini conmigo, me riño porque en lugar de compartir su afecto- a prueba de manchas- y después de todo lo que tengo yo que celebrar por aquí (que con el susto de mi padre la semana pasada es más que mucho) aún caigo en el lagrimeo autocompasivo y no sé cómo colocarme en la silla para encontrarme cómoda. Todo por culpa de que por dentro no me encuentro sitio. No sé dónde ponerme.
La cuestión es que sigo mirando las cosas desde el punto de vista equivocado, el destino, cuando debería fijarme y recolocarme en lo que me rodea, que es la vida.Toneladas y toneladas de vida para llenarme los pulmones hasta reventar y hacerme volar los dientes pensando "soy felicísima". Porque me tropiezo todos los días con alguna de esas personas que me ceden su hueco, que con su forma de tratarme me regalan un pedazo de sofá o por algo mucho más simple, porque me levanto y es de día, suenan los Beatles y sigue dándome la risa que me cuenten chistes por teléfono. O me lo paso pipa pensando en que mañana voy a empezar una novela. Y que ese será mi viaje. Mi momento felicísimo.
Ya haré fotografías.
4 comentarios:
Yo creo que debes de tener muchas fotografías...
Espero que tu padre se encuentre bien. Un beso
muchas gracias Reyes, de momento mejora con un ritmo imparable, pero a mí el susto se me ha convertido en contractura...Aún así, sí es cierto: tengo muchas fotografías.Tú también, seguro.Muchas risas.
Un abrazo
eva
Mi adorado Punset dice que "La felicidad está en la antesala de la felicidad"... aunque parezca redundante y carente de sentido, esa emoción con la que esperas que pase algo, la ilusión por un proyecto futuro, un viaje... también es felicidad. Espero que sigas sacando muchas de esas fotografías y que yo las vea... ;-)
Besos,
Trini
Coincido con Punset, aunque no lo adoro,lo soporto un ratillo, me gusta lo que dice y luego caigo rendida en un sueño de experimentos y ratitas de colores...lo mismo me pasa con su libro (me refiero al último) que se me hizo bola y me hubiera gustado acabarlo pero no pude. Pero sí, el truco está en la antesala y a veces en el aire cuando lo ves pasar, me explico: cuando vives ese momento de felicidad y te das cuenta de q hay aire interpuesto, y te dices, es el mío el de la fotografía.
Así que fotos para todos Trini
eva
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