- ¡No!- respondió ella contundente, pero percibí que su tono había perdido vehemencia como si la hubiera pillado en un ay- No. Yo ya no vuelvo a pasar por ahí.
Yo estaba sentada en la olla africana del tiovivo con sus respuestas, entre feliz y mareada, esperando que me dejaran bajar.
- Pero...no lo entiendo, Carmen- le contesté apurada- ¿de quién me estás hablando?
Enmudecí: aquello no tenía nada que ver con el desastre que yo me temía: ¿Paula?¿Isabel?¿Su hermano? Adquiría tintes de catástrofe y yo en el epicentro del huracán tumbadita en una hamaca.
Aguardé hasta el martes siguiente y esperé a Carmen en el Raspa con la cerveza, la bolsa de papas y mi ordenador- el Raspa es fantástico: no solo regalan papas y rosquilletas, sino que además tiene wifi y los camareros son simpatiquísimos, oh la lá...- Sonrió de lado cuando descubrió mis intenciones. Leímos el último post-bastante flojillo por cierto, no me había pillado muy inspirada- Carmen se aproximó al teclado, miró la ventana y aceptó el desafío: "Haga su comentario".
-¡¡Perta!!!
Lo dijo en un rojo sanguinolento.
-¡Perta lo serás tú!!!- contestó Carmen sin inmutarse.- ¿Has visto?
El parapléjico abría las piernas y ponía sus brazos en jarras. Lázaro has resucitado de malhumor, un poco cabreado, pensé yo, pero me mantuve al margen con la cobardía de quien no defiende a un amigo en la puerta de la discoteca.
- ¿Por qué te llama perta?
Resopló, pero no dijo ni palabra.-¿Perta?- repetí incrédula- ¿por qué te llama perta?
Carmen me miró entre el asombro y la satisfacción. Pasaba del hombrecillo, me había demostrado la existencia de armas de destrucción masiva en mi propia jaula.
- Y yo qué sé...cada vez que trato de escribir un mensaje aparece este tipo, se baja de la silla y me llama inútil. ¡Y yo qué sé porqué me llama idiota! ¡Se habrá enterado de que no me aclaro con el facebook!- dió un trago a la cerveza, un trago largo, de los míos - pero el muy cabrón me deja escribir todo lo que quiero decirte y dále, cuando le doy a publicar me insulta!! Menudo gilipollas está hecho el tullido...
Ni se me ocurrió pensar en el amo del antispam. Era la primera vez que le veía de pie, amenazante, con los brazos en jarras. Y eso que con el antispam yo no me llevo demasiado bien, que su familia, a estas horas, debe estar poniendo mariposas en agua por todos sus muertos de tantas maldiciones como han acumulado de mi parte. Pero es que no hay día que deje un comentario en cualquier blog que no me acuse de disléxica, o de cosas peores como borracha y distraída. Si le maldigo es por algo, no por hablar a solas.
- Este tipo te está boicoteando el blog- se encendió un cigarrillo -Yo no soy la única. Créeme. Toma medidas, haz algo. No te quedes así, mirándome, a ver si ahora la imbécil eres tú.
Dicho lo cual, nos reímos. Yo para acompañar un poco, porque entre las visitas, divorcios y liquidaciones de sociedad que había tenido ese día en el despacho, la queja del hombrecito rojo y los damnificados de los que Carmen me hablaba estaba perdida. No sabía qué estaba sucediendo. Desviamos la conversación y yo regresé a casa dándole vueltas a todo. Temía que mi ordenador se hubiera convertido en Nueva Orleans.
Sin embargo, una vez allí, decidí actuar: abrí mi jaula. La puse del revés. Cambié el diseño de página. Volví a mi verde hierba. Dejé mil comentarios, fallé en la verificación de la palabra y no volvió a suceder nada. El señor azul no se levantaba de la silla.Seguía quieto, cual esfinge. Me acosté desesperada y soñé que los hombrecitos de los semáforos, los verdes y los rojos, bailaban claqué.A la mañana siguiente volví a intentarlo, pero todo seguía igual.Y cada tres días, dos semanas,o un mes volvía a probar suerte, pero mis comentarios dejaban una calma chicha en el aire que a mí me asfixiaba. Me acostumbré, olvidé lo sucedido en el Raspa, aprendí a vivir sin los comentarios de Carmen hasta que la otra noche, cuando dejaba una nota en el blog de alguien le ví riéndose de mi torpeza cervecera, doblándose y cayéndose al suelo entre carcajadas al ver mis dedos de muppet sobre el teclado del ordenador. Estuve a punto de enviar a mis hordas gatunas a que se lo comieran, pero mis gatas más bien pasan de cacerías y de este tipo de incursiones bélicas. Les gusta más el rollo Royalcanin en su plato y give peace a chance, porque son gatas hippies. Así que como no tenía quien me defendiera intenté hablar con él. Observarle no me servía de nada había que pasar a la acción. Ondeé mi caligrafía blanca de la paz. Y claudiqué.O lo que es lo mismo, negocié, vamos. Desde que salí de la facultad me habrán repetido más de mil veces que no hay nada mejor que un buen acuerdo. Así que mientras él seguía partiéndose el guión releí la palabra con la que me insultaba:
- Micsi
¿Micsi? Qué querría decir.Imaginé que mi cerebro se encogía y parecía el del primo tonto de Roger Rabbit. Tal vez micsi era la unidad que suponía medía mi inteligencia. Le contesté con una palabra absolutamente distinta.
- Plim
A mí plim, le quería decir. Pero abrevié. El señor de la silla se volvió hacia ella, la giró y se sentó cruzando las piernas.
- Sphren
Era una voz verde, agradable. ¿Y por qué no? Fresca.
4 comentarios:
No he podido resistirlo... he puesto este comentario sólo para ver qué improperios me suelta el hombrecillo azul... jejeje...
mil gracias Trini...besitos
eva
Jajaja......conocía la historia pues en una de nuestras cenas en Rockelin contaba la anécdota....no he podido evitar reirme sin parar ante la cara de asombro de Kike, que no entendía ni papa....Ay, Carmela......
Muy bueno, buenísimo....en tu línea. Besos y buen viaje
SOONY SUNNY
sólo diem una cosa, por qué 207??? es mi número favorito!!!!
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