sábado, 24 de mayo de 2008

A river disguise

Vendrás disfrazado de río. Después de cualquier lluvia. Y me desbordarás.
Mi ciudad no tiene un cauce que le parta el corazón de corcho y granito.Dicen los ancianos que hubo un río cerca, donde comenzaba el arrozal pero que, tras la guerra, se secó.Tal vez no soportara vivir bajo la dictadura y sus aguas se mudaron a otros lugares. Al mar, por ejemplo, para conocer paisajes distintos, donde se pudiera perder uno. De esa leyenda sólo quedan dos pozas q se conocen como ullals y por las q antes se perdían las caballerías y ahora se justifican las rotondas. Son lagunas aparentemente tranquilas, apacibles, con sus juncos y el agua verde, pero que engullen a todo aquel q las perturba y lo expulsan unos kilómetros más adelante, en la orilla de la playa. Si les das más de tres vueltas seguidas y cierras los ojos te despiertas en Panamá.
Pero nos falta un rio. Piénsalo: Paris, Londres, Viena, Budapest, Roma, Praga... Nueva York son grandes ciudades porque tienen un río. Cerca de los ríos suceden cosas: se tiran piedras, crecen aldeas, se dispara con cerbatanas, nace el jazz...Los ríos son vagabundos que reparten creatividad.Compruébalo con tu base de datos cinematográfica. Junto a los rios siempre se han rodado escenas mágicas.No sé porqué.Puede q el agua tenga poderes áún desconocidos y q influyan en nuestro comportamiento: tal vez en el tintineo de sus saltos, en el zumbido de las cañas de pescar...no lo sé, pero tiene que haber alguna causa.
Porque entonces habia razones y, por eso, no es casualidad que Ofelia esté enterrada en un río, con miles de turistas que le colocan flores alrededor de la cabeza .O la dama de Shalott, que sube sin prisas tras vislumbrar en un espejo el rostro de Lancelot- blanca, nívea,agónica, fantasmal ...-y llega al olvido.Frente a su cadaver el caballero no recuerda. Olvidó la belleza de quien le quiso.
En las antípodas hay mujeres que se disfrazan de río: se tiñen el pelo con liquen y mantienen los pies helados para que solo el amor verdadero- el del bueno: véase amor de novela, historia de amor y película- les abrigue el dedo meñique. Así podrán reconocerlo, cualquier día, tras la lluvia.
Después, se desbordarán.

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