
Nos llamaron a las diez. Había un corazón para Jaime.
Salimos corriendo todos hacia cualquier parte, sin saber muy bien qué debíamos hacer. En casa de mis padres todos los muebles estaban patas arriba: mi hermano y yo subíamos y bajábamos por las escaleras. Nos vamos."¿Y Jaime? Jaime se está duchando." Como si no existiera teléfono Luis y yo convertidos en Miguel Strogoff con los mensajes. En situaciones límite te olvidas de la mitad de cosas que son útiles.
Jaime es mi sobrino- bueno, el hijo de mi prima, pero casi mi primo por los parentescos raros que te inventas con la gente que tienes muy cerca- tiene veintidós años y padece una enfermedad grave del corazón desde hace cinco.Una enfermedad que hace q te resulten familiares términos como el sintrón y síntomas como la fatiga, retención de líquidos etc... La misma patología que tuvo su padre y que hizo que falleciera a los treinta y dos años en una mesa de transplantes. De ahí que el de ayer fuera un día de esperanza y fantasmas: confiábamos en que la operación saldría bien (es tan joven) pero temíamos que, como ha sucedido hasta hoy, la historia se repitiera y no aguantara el implante. Pero él estaba tranquilo. Nos pedía para la próxima comida jamón de cinco jotas, viajes de familia telerín este verano y sobretodo calma. Quería que todos nos contagiáramos de su serenidad. Lo consiguió.
A las cuatro entró en quirófano.A las seis llegó el helicóptero con su corazón. En ese momento era inevitable pensar en el cuerpo del joven que se lo había dejado a Jaime para continuar.En la valentía de una familia anónima que, en el epicentro del dolor, sabe que aún puede ser útil. Se nos doblaban las rodillas del respeto. Después fueron seis horas, casi siete de paseos a ninguna parte por el hospital, apretando los labios, secando las lágrimas, para que Asun- su madre, mi prima- no desfalleciera. Y al final, cuando todos se habían ido, las palabras más esperadas: "Familiares de Jaime...." Ha ido bien. La operación ha ido bien. Ya está.
Ese fue el momento del bloqueo. De repente tuve la sensación de que estaba sentada en la cima de un pico altísimo del que no sabía cómo bajar. Calma. Autopista. Peajes. Orfidal. La casa que no se ha movido. El teléfono en la mesilla.
Hace un rato Jaime se ha despertado en intensivos con un nuevo corazón.Ha salvado su noche más difícil. Y sigue luchando.
Vivir, aunque a veces se nos olvida, es un reto.
9 comentarios:
Por mi parte, los mejores deseos. Mucho ánimo
Mil gracias Guaje.Un beso fuerte,
eva
no sabes cuán enorme es mi alegría porque las cosas vayan saliendo tan bien!!!
desde aquí N y yo os mandamos un abrazo muy grande
Espero que se recupere lo antes posible y que pronto pueda tener su cinco jotas y el viaje de la familia Telerín.
Un besazo.
k alegría!!!!!
Ahora mismo estoy sonriendo,....
Anónima majoni
Otro abrazo,
Al
Muchísimas gracias a todos por el cariño.Todo va poco a poco, pero saldrá adelante. Gracias por estar cerca. Un beso muy fuerte
eva
Vivir.....la fuerza del corazón..nunca, mejor dicho. Imagino por lo que habéis pasando y estáis pasando quienes conocéis y queréis a Jaime.
Vamos preparando ese 5 jotas o ese Joselito, pero vamos preparándolo ya, porque merece la pena darse un buen festín para celebrar que todo ha ido bien, y lo que es más importante, va a seguir yendo bien.
Mis mejores deseos y millones de besos, extensivos a Jaime y familia y a quienes han hecho posible con su decisión de donar los órganos que Jaime hoy tenga una nueva oportunidad.
Mucho ánimo a Jorge y que todo vaya bien.
Un abrazo.
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