Inés, 1971.
"...pues yo estaba en el colegio...y no me acojoné ni nada. Lo que hacian y como se comportaban los adultos a mi alrededor me hacia sentir que algo andaba mal pero yo ni idea..."
Belén, 1971.
Antonio, 1971.
Laura, 1973.
"Yo estaba con mi esquijamita de ositos ,totalmente despierto y enganchado a la tele, fue maravilloso ver a mis padres con tanta tensión y yo, en cambio, viendo dibujos animados hasta bien entrada la madrugada- "y no era fiesta ni navidad"-, recuerdo bien una pelicula de un lechero que se hacia de la noche a la mañana boxeador,era muy cani para entender todo lo que estaba sucediendo en aquellos momentos."
Jose, 1975.
"Pues a ver, recordar resulta un ejercicio que, cuando te pilla fuera de forma, es un poco desconcertante, pero precisamente el 23F son de esas fechas en las que difícil se hace realmente olvidar, por lo que no requiere mucho esfuerzo.
Vivíamos en lo que ahora es la casa de mi hermano, en una habitación que ya no existe o por lo menos no como era antes. Evidentemente han cambiado los muebles, los colores de las paredes y por supuesto hemos cambiado nosotros. Curiosamente estábamos sentados en una mesa que tampoco ya existte y que era uno de los pequeños vestigios de la que fue el primer piso de casados de mis padres, televisor TELEFUNKEN...(¿o era GRUNDIG?). Vimos el momento en el que entró Tejero, o por lo menos eso recuerdo. Me veo sentado en la mesa al lado de mi madre pegado a ella y sentir que se ponía nerviosa. A aprtir de ese mismo momento mis recuerdos se diluyen, y es que con cinco años es fácil conceguir que un niño deje de prestar atención a la tele y se centre en cualquier otro juego.
Que hizo luego mi madre con sus temores lo desconozco, supongo que desear que llegara pronto mi padre."
José, 1973.
"Para serte sincero, fue la primera vez en mi vida en la que tuve conciencia de que algo grave estaba pasando. Algo grave fuera de nuestro reducido mundo de entonces (mis padres, mis primos, mi casa....y mis libros y dibujos). Lo peor era que, al ser ajeno a mi vida no podía controlarlo pero presentía que podía afectar a todo lo que me importaba.Era el cumpleaños de mi madre y recuerdo la preocupación familiar porque esa noche mi padre tenía turno. Llamaron de BP (entonces PETROMED) para indicarnos que había ejército custodiando la refinería y que mi padre para acceder a ella debía tener un salvoconducto del Gobierno Civil . Y allí que nos fuimos con el Citröen GSA de mi padre, blanco y recogimos el documento. Recuerdo la noche tensa, y las llamadas a mi familia de Bilbao, que nos hablaba de los colapsos en las salidas de la ciudad con destino a Francia.....ya sabes por qué.El día siguiente la profesora (Mari Carmen Fabregat ) propinó una colleja al que bromeó con la consabida frase de "Que se sienten coño"...."
Óscar, 1970.
"Pues yo creo que estaba en mi casa, supongo que merendando y viendo "Barrio sesamo". Lo que si me acuerdo es que llamó mi madre a mi casa para avisar a mi abuela que se fuera a su casa antes del "toque de queda". Y mi abuela se fue muy asustada. Después, a pocos minutos de ese "toque de queda" mi padre fue al kioso 1X2 a por pilas paa la radio, vamos un drama: mi madre, que no fuera, que haber que iba a pasar; mi padre que no exagerar, que estaba ahí al lado. Ya ves, que riesgo!!!!Y al dia siguiente, me acuerdo del colegio, y tu? que faltó mucha gente y no hicimos nada en todo el dia. Ah y también de las pelis que ponian por la tele."
Ana, 1971.
"...el término "Grupo Nocilla" nadie lo había oído antes; cada cual ha propuesto su propia alternativa, y en general el vocabulario con que se ha hecho es el de la afinidad electiva, y no el del grupo cerrado. Así pienso yo. En mi opinión el fenómeno que se intenta describir aquí es un cambio cultural, y no estrictamente literario, que se puede formular en términos históricos, pero no propiamente generacionales. No veo una distinción tajante entre "autores nacidos en los setenta" y "autores nacidos en los sesenta". Algunos de los que figuran en el artículo en calidad de "hermanos mayores", como Juan Francisco Ferré o Germán Sierra, han jugado, desde hace años, un papel clave en el intento de definir y elaborar la escena literaria independiente en España. Este es el terreno en el que yo quiero jugar: un espacio abierto, inclusivo y transversal, en que se manejen ideas y discursos que la mayor parte de las grandes editoriales no conciben. Un espacio en que coinciden los que piden notas para una ficción suprema y los que piden anarquía y cerveza fría. Llamadlo idealismo o sociopatía: yo soy hijo único, y los hijos únicos cuando salimos al mundo exterior no nos contentamos con un segmento de la vida social, no la organizamos en forma de grupo; intentamos pasar por alto las diferencias -y nos equivocamos en ello- buscamos afinidades a toda costa -y aún nos equivocamos más. Ojalá alguna vez me haya equivocado para bien. "
Comentario de Eloy Fernández-Porta en el blog de Vicente Luís Mora al post "¿Generación?¿Nocilla?" colgado el 19 de julio de 2007.
"En 1977 el ginecólogo Patrick Steltoe y el investigador Robert Edwards hicieron posible el milagro de la concepción de un bebé en una probeta: extrajeron el óvulo de Lesley, una mujer de la ciudad británica de Bristol con una lesión en las trompas de Falopio que le impedía ser mamá, y lo fecundaron en un tubo de ensayo con un espermatozoide de su esposo John Brown. Unos días después el embrión resultante fue transferido al útero de Lesley. Tras nueve meses de embarazo sin complicaciones, nació en Londres el 25 de julio de 1978 la pequeña Louise, que se convertía así en la primera bebé probeta de la historia."
"Treinta años de historia" El País, 28-11-2008.
Hace un par de años una amiga preparaba un ensayo sobre nuestra generación y envíaba a sus amigos y conocidos un correo circular en el que nos preguntaba si nos sentíamos parte de una "generación", en caso de ser así qué rasgos compartidos nos distinguían de los otros, cuáles eran nuestras inquietudes o preocupaciones y en qué término nos sentíamos mejor descritos: generación X, JASP (yo ni me acordaba de aquel anuncio) o mileuristas.
Yo, que para la amistad soy muy sentida, me tomé la consulta en serio y durante un par de días el cortado del desayuno lo destiné a divagar sobre dónde me encontraba en la historia. Perdón, en la Historia con mayúsculas, no en la trama del ensayo de mi amiga. Analicé con trascendencia mi lugar en el mundo, traté de viajar astralmente hasta la perpendicular con el techo de mi coronilla y tras observarme sola o en compañía de mis amigos le envié, con una semana de retraso, un mail inacabado y absurdo en el que solo acercaba a definirme como "niña probeta" sin serlo en el sentido literal del término.Sobre el resto de la consulta le respondí que de las inquietudes, proyectos e ilusiones comunes no sabía nada de nada, es más, me sentía expulsada del universo de Eulerr-Venn: ni era mileurista- por fortuna, he tenido que pasar otras pruebas, mis chinas en el zapato son distintas- ni mi autoestima me había dejado considerarme nunca "joven aunque suficientemente prepararada", así que a la pregunta B y a la C, pasaba. Pero ahondaba - y ahí sí que mi amiga debió notar que realicé un concienzudo trabajo de introspección- en lo del nombre y concluía mi investigación personal, basada en fuentes y recuerdos de lo más freudiano, que yo era de la generación de los niños probeta.
¿Por qué? El término me sonaba a titular del telediario, a sobremesa en el brasero y a merienda con phoskitos (en mi caso, ya he dicho que era atípica- no podía tomar chocolate; hasta los catorce años estuve marginada y condenada a la parte blanca del bote de nocilla en el 99% de los cumpleaños - una "pantera rosa") y a uno de mis entretenimientos infantiles: : distinguir qué niños eran probeta y quienes no. Averiguar si yo misma lo era. Resolver el enigmático caso de "¿seré yo adoptada?" al que le seguía una parte dos, "y si lo soy- que veo que mi madre de vez en cuando me lanza la zapatilla por el pasillo- ¿me habrán traído de un laboratorio e incubado dentro de uan probeta?". Una de las obsesiones a la que más tiempo de aburrimiento dedicaba, seguida por un experimento parecido al féisbuc actual, que consistía en contar a mis conocidos (y por conocidos entendía yo al señor que detenía el renault cinco en el paso de cebra cuando yo levantaba la manita, porque me fijaba en su cara y le conocía, hasta a mi abuela, que debía ser la culpable de mis dos tesis doctorales pre-comunión por ponerme vino con gaseosa en las comidas).
La culpa fue de la ciencia y del espíritu de la transición que respiraban mis padres. Porque la reproducción era un tema que yo tenía regular de claro, ya que como mis padres no querían que yo creciera a oscuras ni con taras del franquismo me explicaron muy pronto - y muchas veces, porque eran muy pesados- que cuando una mujer y un hombre se acostaban tenían un hijo. Así me aclararon muchas cosas (el porqué de la puerta cerrada de su cuarto a partir de las once) y me asustaron cuando hacía otras como jugar a las "tinieblas de la noche", porque meterse debajo de la colcha con alguno de tus primos era ya ponerte en puertas del paritorio, y yo, a madre soltera aún aún, pero a madre sin vestido de comunión y fiesta con paella, me negaba. Pero bueno desde pequeña crecí en un ambiente de cierta transparencia en las cuestiones fundamentales de la educación y sospecho que de los "niños probeta" me hablarían, lo que pasa es que entre los rombos del lado izquierdo de la tele, el hulallop en el cuello que me mareaba y lo aburrido de las comidas a mi se me debió escapar algo y lo confundí todo. Pero saqué en claro que entre esos dos temas- acostarse y la probeta- subyacía una cuestión importante. Misteriosa. A mí, si cerraba los ojos, los "niños probeta" me sonaban a una película de miedo- "La invasión de los ultracuerpos", 1956- en la que los marcianos llegaban a la tierra y se convertían en personas normales para confundirse con nosotros y después invadir la tierra. No era fácil distinguirlos pero debía de ser vital, porque a mí me preocupaba bastante.
Después crecí, me olvidé de mi misión, comencé a leer libros de los cinco y deduje que la cerveza de genjibre debía de ser mejor que el vino de mi abuela. Me aburrí de contar a "conocidos" cuando llegué a los 870- me inventeé algunos sí, pero tampoco pasaba nada- comencé a pensar en los chicos que se parecían a uno de los de "Con ocho basta" y aclaré mis dudas sexuales preguntando directamente a mis padres.
De los "niños probeta" no me acordé hasta hace dos años, a raiz del libro de mi amiga. El tener que pensar en mí misma como parte de una generación, me hizo sentirme más extraña aún frente al resto, aunque recuperé la visión de los niños del setenta, tamizada por un filtro diferente, especial que nos distinguía frente al resto. De repente pensé que todos éramos niños probeta porque parecíamos habre crecido entre experimentos de un laboratorio: estrenábamos democracia y constitución, pasábamos de ver Heidi en blanco y negro a tener una televisión en color y vídeo VHS, flipábamos con nuestros coches de la SEAT, íbamos a clases de inglés (lo del francés estaba anticuado) y éramos los primeros niños españoles con vaqueros. Éramos unos críos relucientes y felices-leche, cacao, avellanas y azúcar-que no tenían recuerdos de una guerra, incluso por esa razón conseguimos vivir un golpe de Estado como un episodio más de nuestra serie favorita.
Mañana se cumplen veintiocho años del golpe de Estado y a mí estas fechas me ponen blandita. Antes de que mi amiga enviara el mail circular a fin de recoger información y opiniones de primera mano para su libro yo había mandado a mis amigos otro con una única pregunta: "¿Dónde estabas el 23 efe?". Mi objetivo era más sencillo: curiosidad. Pura y dura curiosidad.
El veintitrés eFe fue otro de los hitos de mi infancia y es, ahora ya más crecida, una de mis conversaciones favoritas. De hecho uno de mis momentos de mitomanía favoritos se lo debo a Suárez, porque estuve hablando un rato con David Trueba hace un par de años y cuando me contó que el proyecto en el que estaba trabajando (y que yo espero mientras me muerdo los nudillos, porque ya no me quedan ni uñas en las manos) era sobre el veintitrés de febrero y sobre el papel de Suárez en esa tarde, casi me desmayo. No pude resistirlo y le hice mi pregunta preferida: "Y tú, ¿dónde estabas el 23 de febrero?". Lo que me contestó creo recordarlo porque a esas alturas de la conversación y en pleno síndrome de stendhal, David Trueba ya era- más allá de cualquier otro- el conversador perfecto.
Correos circulares, niños probeta, militares en el congreso y tanques que se detenían en los semáforos...todos o casi todos mis amigos- incluso los que no habían nacido aún, que los hay- saben y recuerdan perfectamente dónde estaban y qué hacían ese día. Normalmente sus respuestas tienen el tono infantil de los niños que éramos. Las hay más detalladas y más inverosímiles- mi propio recuerdo es una película de ciencia ficción que he ido reescribiendo con el paso de los años- más dulces y más duras (la de Luis Berenguer, por ejemplo, que tenía a su padre en uno de los escaños del Congreso a mí me impresionó) pero lejos de la serie de estos días o del retintín de "Cuéntame" suenan frescas, como si no hubiera pasado la veintena de años que nos separan de aquel momento y nosotros, los de entonces, sí que fueramos los mismos.
Por eso vuelvo a darle la vuelta - me siento un ratón dentro de un cilindro- y os pregunto a vosotros dónde estábais esa tarde, qué recordáis.¿Alguno merendó nocilla?¿Estabáis en la universidad de Valencia?¿Os pillaron los disparos cruzando la Gran Vía?¿Llegasteis a la frontera?
Por favor...contestadme, o me quedaré sin generación y perdida en el pais de los niños probeta.
7 comentarios:
Ya sabes, yo estaba sentada en la parte superior de un sofá rojo pasión (no sé si de piel o de skay) alucinada observando cómo mis padres miraban absortos la televisión.....qué pasa, papá? qué pasa? nada, nena, no pasa nada.....pero yo advertía que algo extraño estaba ocurriendo.
lo apunto Sonia y me la guardo.Mil gracias!!!
(¿el sofá de skai es el de las fotos del féisbuc??)
besos
eva
Creo que no me debí enterar de nada ese día... tenía cuatro años y el único recuerdo que conservo de esa época es cuando un amigo de mis padres cazó una serpiente... aún veo su figura recortada a contraluz, con el crepúsculo y los trigales de fondo, unos guantes y el pobre bicho muerto entre sus manos... como si fuera un súper héroe.
A veces pienso que la Historia me toca tangencialmente y que mi vida se conforma de historias irrelevantes...
Mi madre me ha contado que nos recogió de la guardería y que lo estuvo comentando con las otras madres... había nerviosismo e incertidumbre en el ambiente, y mi padre estuvo llamando a mis familiares de Valencia (en aquel momento vivíamos en Burgos). Pero al día siguiente, vuelta a la normalidad y a la bendita rutina, muy aliviados...
Besos
delicioso post, chapeau, me ha encantado...
yo recuerdo que se apagaron las luces de la calle, las farolas y mi madre apagó las de casa, lo de los tanques daba miedo, y mi tío Alvaro estaba en Valencia, con su cámara "as a freelance",... así que mi madre hablaba con mi abuela, y yo me escondia debajo de la mesa con la "piñeta" la estufita esa que es una espiral que se pone incandescente a quemar la goma de las zapatillas...
muchas gracias a las dos por las fotografías kodak del 23 efe.
"...que la historia me toca tangencialmente y mi vida se conforma de historias irrelevantes"...cómo me gusta eso, Trini. Es fantástico. A todos nos sucede lo mismo, pero no podrías haberlo expresado mejor.
Jajjaaj, ní...yo también compartía esa tarde mesa camilla, piñeta y abuela en casa. Qué chulo lo de tu tío Álvaro...menuda aventura. Yo no tuve miedo, al contrario, estaba nerviosa porque sabía que lo que sucedía era importante y porque mis padres me decían que nuestras vidas podrían cambiar y claro, mi visión novelera de la vida- e inconsciente- quería cambios, hitos, trama...pero después no fue para tanto como yo imaginaba.Después me impactaban más las historias de los otros que la mía. Mi único mérito fue ir a la mañana siguiente al cole para aparentar normalidad.Estuve toda la mañana dando volteretas en una colchoneta del gimnasio.Igual fue entonces cuando me quedé tonta ;)
Besos
eva
Sí, querida If.....el rojo pasión de las fotos de FBK es el sillón en el que me aposentaba mientras Tejero pronunciaba la consabida frase...
Lo sabia...besos!!!
eva
Publicar un comentario