martes, 20 de mayo de 2008

La lista de bodas



Hubo un tiempo en el que, cuando no podía dormir, en lugar de contar ovejas o meterme un chute de orfidal hacía mesas de boda. Sí, mesas de boda. Organizaba a mis invitados a una ceremonia ficticia en grupos de diez y los colocaba, más lejanos o más próximos- según los afectos- con un velón o centro de flores en el medio.
Hubo un tiempo en el que yo era una auténtica profesional de las bodas: como Zsa Zsa Gabor pero sin marido ni acompañante, es decir, que por regla general acababa en la mesa de los desparejados o los sobreros y tenía que escuchar con una sonrisa que pretendía ser cómplice aquello de "quién sabe...de una boda sale otra boda" cada vez que renegaba de los vestidos largos, el maquillaje y los ingresos en cuenta. Mentira: de una boda lo que suele salir es una lesión cervical, por los tacones y una pequeña gran resaca, como mucho.
Pero era la época y tocaba. Mis amigas contrayentes eran legión- tengo ese superpoder: las caso a todas- y a mi alrededor el tema de conversación más común era el vestido (dónde y quién se lo hacía) los tarjetones (¿letra inglesa?¿tinta azul, granate o sepia?) y el eterno dilema: ¿a quién le dará el ramo? Cuando llegué a casa de mis padres con el tercer bouquet mi madre me pidió que parara ya de acumular expectativas. De nada me sirvieron las excusas:"pero si no lo he cogido, si no lo han lanzado al aire como las americanas...es que me lo han dado" mi madre me prohibió asistir a una sola ceremonia más en la que tuviera el riesgo de acercarme a una flor. Mientras, mi padre, que sueña con el momento del chaqué, canon de Pachelbel y primer vals con su hija- "papá...pero si para entonces tú ya llevarás andador...y yo iré de corto y con faja, como alguna alcaldesa..."- me miraba como si yo fuera la gran esperanza blanca y me hacía señas para que olvidara lo que decía mi madre con la cabeza.
Qué tensión acumulaba entonces. Hacía y deshacía menús, pero siempre acababa sirviendo paella a mis invitados. Abría el baile con "Moonriver" o con "María bonita". Eliminaba la epístola de San Pablo a los corintios, aunque el amor esperase sin límites, aguantase sin límites, no acabara nunca. Hasta que afortunadamente se me pasó el arroz y ya ninguna abuela de permanente, rouge y talco me preguntaba: "y tú, ¿cuándo te casas?" Pues cuando palmen mis gatas señora, que para eso he invertido en el kit de la tieta o de bachelorette, que suena más indie.
Desde entonces soy otra, aunque mi profesionalidad como invitada no ha descendido ni un ápice. He ido a más bodas que la reina Sofía. Cuatro de ellas gitanas y solo me faltó cambiarme el traje en la furgoneta para dejar de ser paya. He llorado a moco tendido cuando los novios eran mis amigos y la situación realmente especial. He leído en ...ni recuerdo cuántas ceremonias, tanto que al final me llamarán "La abuela Menchu". Fuí vestida de blanco- y tan radiante- cuando los dos novios eran casi como mis hermanos pequeños y el concejal quería arrebatarme el micrófono después de mi parlamento al estilo anglosajón. Tengo por norma no acudir a las despedidas de soltero o soltera, por cuestiones de estética y solo me presento si el número máximo de aforo es de dos personas y al estilo Chavela Vargas, venga el brindis de tequila, hoy por tí, mañana por mí...
Y lo peor es que cuando llega el día B no hay invitada que disfrute tanto ni que se lo baile todo con más ilusión que yo. Cualquier día me contratarán como figurante o animadora nupcial, de lo mucho y bien que participo.
Aún así hace un par de años se me ocurrió decir a mis amigos íntimos que no se ofendieran si no les invitaba a mi boda en el supuesto improbable de que fuera yo la que contrajera, que a mí lo que me parecía verdaderamente romántico era escaparme lejos a un pueblo del Norte de España- como hicieron una pareja de amigos míos- y casarme sola, con uno o dos invitados(además del novio, claro) como mucho, los testigos. Aún se están riendo.
Por eso cualquier día me abro una cuenta para escaparme a Las Vegas.

2 comentarios:

Guaje Merucu dijo...

Aunque el norte me queda más cerca, me apuntaría de testigo a lo de Las Vegas, vestido de Elvis, si no, no hay trato :-)

evamaring dijo...

Aunque solo fuera por lo de Elvis valdría la pena.
Besos mirando al norte, Guaje.