
"Y, sin embargo, me alegro de haber nacido, y, aunque la vida que llevamos los hombres en el planeta Tierra sea (para unos más que para otros) loca, entendí muy pronto que no iba a disponer de otra y que lo mejor sería devorar ésta con glotonería, ávida de todos sus sabores, de todo cuanto pudiera ofrecerme, que ha sido mucho. A veces siento tentaciones de sumar mi voz a la de Violeta Parra, pero me da corte dirigirme en esos tonos de loa y gratitud a una señora, la vida, a la que no me han presentado. Si, cosa que no creo, soy consciente en el momento de mi muerte de que me estoy muriendo, me reconfortará pensar que nada me he perdido por prudencia o pereza, que le he arrancado a bocados a la vida- a las buenas o a las malas, y algunas veces a un precio exorbitante, por eso me siento exonerada de darle las gracias- cuanto ha puesto a mi alcance."
"Confesiones de una vieja dama indigna", Esther Tusquets.
Aquella tarde yo no podía escaparme del despacho. Tenía señalado un juicio importante al día siguiente y estaba perdida entre la jurisprudencia. Pero su novela - "El mismo mar de todos los veranos" - dormía en el bolso- edición de bolsilo, como suelen ser mis libros favoritos, tan compacta- y cada cinco minutos yo le echaba un vistazo como si se temiera una fuga, dudando sobre lo que debía hacer: ir a la conferencia de la gran señora de la edición , Esther Tusquets o seguir trabajando. Como no me aguanto con remordimientos- me vuelvo una eva muy pesada- me quedé pegada a mi silla y a la pantalla, pero a las nueve, cuando calculaba que la charla habría llegado a su fin, salí corriendo del despacho y no me detuve hasta que tuve frente a mí a Esther Tusquets.
Ella firmaba libros; yo hacía esfuerzos por no perder la bufanda y disimular mi nerviosismo. Cuando me tocó el turno saqué mi ejemplar azul, muy manoseado, y se lo cedí. Me preguntó el nombre al borde del autógrafo y en ese instante se me escapó la pregunta más absurda que he hecho en mi vida:
- ¿Por qué Wendy?
La Tusquets me miró sin entender lo que había dicho, entre otras cosas porque vocalizo bastante poco y además en aquella ocasión, entre la carrera y los nervios, apenas tenía voz.
- ¿Por qué Wendy?- repetí.
Ahora sí que no había dudas, pero parecía extrañada. Yo no sabía explicarme.
- ¿Por qué Wendy siempre?...¿Por qué no Campanilla? Wendy es una rancia, se pasa el día cosiendo sombras al lado de los niños perdidos...(mientras decía esto y me iba escuchando a mí misma, aparte de pensar "dios mío soy una sonada imbécil y esta mujer se acaba de dar cuenta", yo misma me dí la respuesta)...en realidad se lo merece más Campanilla que es la que quiere y sufre, aunque la dejen a un lado... menos mal que Panero le regaló una segunda oportunidad...(todo mi discurso se entrecortaba deslabazado, con juego de bufanda arriba y abajo incluído), pero claro Panero, Panero está loco y Peter Punk no tiene nada que ver con Barrie, y...¿por qué esa cita para el principio de "El mismo mar de todos los veranos"?
Esther Tusquets sonreía. No sé si por compasión o empatía pero cuando me atraganté intervino:
- Porque creció.
Y me firmó su novela.
Aplastante.
Tres meses más tarde, esperando al que una vez creí hombre de mi vida en el Saigón Café esa cita vino a mi memoria y todo el sentido del título de aquel último capítulo de Peter Pan se desdobló ante mis ojos. Suspiré y pedí una copa de vino blanco. Acababa de comenzar el mes de agosto y una señorita con un largo kimono de seda tardó apenas un minuto en ofrecérmela. Antes de que le diera un sorbo llegó él- aquel que yo consideré etc.- y con un beso me puso la carne de gallina. Sin saber cómo reaccionar le miré con los ojos turbios y como siempre he sido tremendamente absurda y novelera, dije alzando la copa (él ya tenía entre sus manos una cerveza, las señoritas con kimono le adoraban):
- Por Wendy, que creció.
Desde entonces muchas de mis moleskines, pequeñas memorias de mujer indigna, comienzan con esas tres palabras.
2 comentarios:
Wendy es la realidad y Peter Pan y Campanilla la ficción, por eso nos atraen más... porque aunque nos empeñemos en no crecer (vivo instalada en una adolescencia que dura demasiado...), lo hacemos inevitablemente, y la vida ya se encarga de recordarnos que nos hacemos mayores, y lo que es peor, que la gente a la que queremos también.
Besos,
Tres
Sí, yo también apuesto por esa interpretación, aunque me empeñe en no crecer.
Que se haga mayor la gente a la que queremos lo llevo peor. De hecho, lo llevo fatal.
Mil besos Trini
eva
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