sábado, 14 de julio de 2012

Donde nunca pasa nada

Ayer mi madre hizo algo muy suyo: vió en youtube las imágenes del congreso de los Diputados en las que Andrea Fabra mascullaba- no se oía bien- el "Que se jodan" y se puso a llamar por teléfono. Tardé unos minutos en darme cuenta de lo que estaba haciendo, pero en cuanto la oí presentarse la entendí:
- Buenas tardes, me llamo Mª Luisa Segarra, soy de Castellón, votante del Pepé en las últimas elecciones- así que no me pueden considerar sospechosa, añadió- vecina de la familia Fabra y llamo para manifestar mi más profunda vergüenza por la actuación de la Sra.Fabra el miércoles pasado en el Congreso.
- ...pero no iba dirigido a los parados, señora, iba dirigido a los diputados del PSOE...- le intentó explicar una señorita.
- No me importa a quién iba dirigido, es absolutamente indigno el comentario y su comportamiento- la cortó mi madre- Ni a mí, que la voté, ni a ninguno de los de Castellón nos representa una actitud como esa. Es una ofensa y una vergüenza y espero que estén grabando mi llamada o que la registren y se la pasen a alguno de los cargos de organización del partido, porque lo que hizo Andrea Fabra el miércoles fue ofendernos a todos. A los de Castellón también, porque no somos así. Y me duele decir esto porque su familia fue vecina nuestra mucho tiempo y su abuelo, íntimo amigo de mi padre.
Tras despedirse de la señorita, que balbuceaba desde Génova, colgó. "Esta vez han sido más simpáticos que los de Arzallus." me dijo . Se refería a una vez que ETA asesinó a un concejal socialista y ella, indignada por la postura del PNV, llamó a la sede del partido preguntando por Xavier Arzallus para hacerle llegar su malestar. Allí le dijeron que era una facha, que probablemente aplaudiría el GAL y le preguntaron si aún le quedaba pólvora en las manos. No se amedrentó: dijo que era liberal (no sé muy bien lo que signfica en intendión de voto) que le repugnaba el Gal y que la pólvora en su tierra (mi madre es abertzale de Castellón, lo que implica un fuerte compromiso político) la utilizábamos para lanzar castillos de fuegos, celebrar las fiestas y poco más. 
En aquella llamada también se identificó: "Soy Marisa Segarra". Eso lo ha copiado de mi abuelo, lo de asumir su responsabilidad.
Ayer era otro de esos días en los que costaba decir que eres, que somos de Castellón. Por si no tenemos bastante con sufrir Marina d'Or, pagar el aeropuerto, aguantar los bailes de asesores de "confianza" y otros enchufes entre los conocidos de siempre, observar cómo imputan al que fuera el primer alcalde de la democracia enriquecido tras Bankia, y esperar que los jueces resuelvan sus cuestiones de competencia y las quejas por coacciones de una manera clara y honesta, ayer tuvimos que vivir de espaldas a la televisión y agachar la cabeza tras ver lo indigno de la actitud de la Sra. Fabra en el congreso de los diputados.
No podemos pasar por alto el gesto. No se ha manipulado ni magnificado. En las circunstancias en las que tuvo lugar constituye un acto de desprecio por todo, vaya dirigido a los socialistas (aunque falle la concordancia en la frase verbal, entonces) o a los ciudadanos (en general, a los que estamos sufriendo las consecuencias de la crisis y de la infame gestión de nuestros políticos) o a los parados (y no quiero creer esta tercera opción, porque me cuesta admitir un acto de tal crueldad y sadismo en una diputada). 
Si hay un lugar en el que el respeto debe ser sagrado es en el Congreso de los Diputados. Me da igual que los socialistas, los del PNV, los de Amaiur o los de UPyD  hayan hecho tal y cual antes: eso son excusas de colegio. 
Si hay un momento en el que los políticos deben ser serenos, cabales y honestos es el actual. Admitir los errores y asumir las consecuencias de sus actos es una obligación que lleva aparejada el ocupar un escaño. Nadie le está pidiendo a la Sra. Fabra que justifique su vida privada, ni que pida perdón por ser la hija de quién es. Todo lo contrario: somos muchos los que rechazamos esa explicación fraguada desde la condescendencia y el victimismo.
Lo que se le pide, lo que le pedimos los que, desde Castellón y desde cualquier ciudad de España, no tenemos nada que ver con esa forma de actuar es que se disculpe y no vuelva a hacerlo nunca más. 
Responsabilidad y respeto, solo eso.
A ver si por una vez Castellón deja de ser esa ciudad gris donde todo se pervierte y nunca pasa nada, para convertirse en el sitio donde algo cambia. Empezando por el perdón, que como bien sabían su abuelo y el mío, era algo bueno.

2 comentarios:

Encarni dijo...

Dale un beso a tu madre de mi parte.Me ha encantado el post.

Besos
Encarni

Anónimo dijo...

No se puede decir más claro.

Un beso Evita.

Joselito.