lunes, 17 de septiembre de 2012

Ismografía

Ayer fue uno de los días más bonitos del año. No es que sucediera nada especial, sino que el domingo se despertó así, brillante y derrochó colores. De camino a casa de mis padres me detuve en lo más alto de Playetas (Oropesa, sí allí donde veraneaba Aznar) e hice esta foto. En el mirador había gente haciendo cola para retratarse con la bahía y Benicàssim detrás. Desde ese extremo se ve a la perfección toda la costa, desde el Voramar y las villas hasta el final del paseo, ya en la Curva, en el término de Castellón. La vista es la de la postal más vendida de la zona y tal vez, la que muestra uno de los rincones más bonitos que tenemos. Iba pensando en ello mientras intentaba sacar los reflejos plateados que las olas tenían, pero se me cruzó un recuerdo y me despisté: Cuando estudiaba en Pamplona y volvía a casa en tren siempre me ponía nerviosa al llegar a ese mirador (la vía del tren antigua estaba muy próxima) intentaba acercarme a la ventanilla y asomarme para ver ese recodo, el del hotel Voramar al final de la playa. En cuanto lo descubría me salía toda la nostalgia del mar, de la tortilla de patata de mi madres y de la indolencia de los sábados por la mañana con mis amigas en la plaza de la Paz (que eran tres de las cosas que yo echaba de menos en el norte).Ahí empezaba y acababa todo mi sentimiento nacionalista, no había mucho más.
  Pensaba en ello ayer, rodeada de noticias sobre la familia Irreal (qué coñazo la sesión fotográfica de Letizia) y la manifestación de la Diada. Comencé el día echando un vistazo a los periódicos y arrastrando la resaca de un sábado en el que la televisión- no era de extrañar- apestaba de tanto discurso demagógico, fuera cual fuera el canal. No soy capaz de entender el sentimiento de los manifestantes catalanes del pasado once de septiembre, lo admito. No consigo reconocerme entre el grupo de españoles que no les quiere, que les hace estar en una situación de crisis y que les oprime. Yo pago una cantidad de impuestos muy elevada- no conozco a nadie en España que diga lo contrario- y también estoy preocupada por la crisis. Hablo valenciano- lo intento, me gustaría hablarlo con mayor fluidez- respeto las tradiciones (las que me parecen respetables, algunas, con el permiso de quien sea me parecen una gilipollez como hecho diferencial), comparto con mis vecinos paisaje, un modo de vida estándar y una organización territorial. Además del desencanto. Pero no me emociona el vall plà más que una sevillana, ni esta más que un tango. Tampoco creo que el nacionalismo sea solo eso, pero me resisto a pensar que hay algo escondido mucho más allá.
 Mas, Puyol, Rahola y Boadella (sí también Boadella) me dan pereza. Me hastían sus extremos y la posición de conflicto. Yo ya no aguanto una guerra más. A veces pienso que si hubiéramos hablado antes de independencia hoy tendríamos a grandes hombres de Estado con nosotros y no se hubieran roto nuestras esperanzas ni mucho de nuestras vidas. El problema en cualquier caso era otro, no se puede hablar con asesinos, porque no saben de reglas ni quieren entenderlas. Pero ahora, con todas las dificultades que estamos pasando con la crisis, apostar por el individualismo y dejar a un lado la solidaridad- que es lo que impone, aunque no nos guste, ser parte de un mismo Estado-me parece tan infantil, tan egoista que me cansa. Si es una maniobra para obtener mayor control de sus impuestos me parece un juego chusco, si es una necesidad nacida de su voluntad de ser país, me parece incomprensible- me cuesta unir mis sentimientos a los accidentes administrativos- pero adelante, tienen mi respeto. Que decidan.
  Mis padres, su generación, tuvo la oportunidad de decidir hace treinta y cuatro años. Imagino que en aquel momento pensaban que la Constitución iba a durarles toda la vida. Ahora en cuanto se les nombra la palabra "reforma" se echan a temblar. No creo tampoco que deba darnos miedo. Ahora, sí que me asusta esa posición de "Que se jodan" referido al resto, que yo ya me apaño con lo mío. Anoche en "Salvados" (*) hicieron un reportaje sobre la crisis en Grecia y en un mercado de Atenas, un señor le dijo a Jordi Évole : "Diles a los españoles que nosotros los griegos queremos seguir siendo europa, no queremos estar como vivimos ahora". Pobre. Me hubiera gustado contestarle que los españoles ahora no le íbamos a entender, que estamos en otras historias.
Al final, de tanto domingo, solo me he quedado con ganas de leer a Manuel Azaña y de buscar en "La velada de Benicarló" alguna explicación a eso de sentirse español, catalán, valenciano o ciudadano del mundo. ¿Y si no me siento de ningún sitio?¿Estaré desahuciada?
Feliz lunes.

(*)Lo de anoche en "Salvados" creo que fue una reposición. Me he dado cuenta más tarde, como siempre.

2 comentarios:

SONIA dijo...

Hace mucho que no leía tu blog. La mayoría de los ordenadores desde los que te solía leer no me dejaban entrar. No sé dónde radica el problema, quizá se trata de una confabulación de la tecnología pero hoy que he logrado coger el portátil de Kike me voy a desquitar.
Cada vez que volvía de algún viaje, por corto que este fuera, ese rincón (el del Voramar) también provocaba en mí la misma sensación que en tí. De hecho si alguno de los viajes era por el Sur, obligaba a quien me acompañara a tomar la salida del Autopista de Oropesa y en lugar de la de Castellón norte, para poder vivir esa experiencia.
Del sentimiento nacionalista y de lo que está ocurriendo en Cataluña, me reservo el comentario. Al fin y al cabo quién soy yo para juzgar nada ni nadie. Besos If.

evamaring dijo...

Odio esa confabulación tecnológica q te ha mantenido apartada de aquí.
Esa imagen del Voramar yo creo que es la de Rosebud de Ciudadano Kane.
De cataluña yo hablo por opinar, sin más.
Un abrazo