jueves, 29 de enero de 2009

Un año de blog

¡Se me pasó!
Entre las dudas, los juicios, las hormonas, los viajes, los nervios, la exposición, los tocados, la cabeza, el facebook, los libros, el corazón, las gatas, los planos...entre los abrazos- rotos, partidos, en serie, únicos- y los besos que robé y aún no he devuelto se me había pasado celebrar que he roto el maleficio: adiós al bloqueo.
Después de un año de blog ya no me paralizo ante la pantalla en blanco.
Gracias a mis terapeutas, por lo leído.

miércoles, 28 de enero de 2009

Corrientes circulares en los premios


(Nombre comercial: Fluidín codeína.
Sustancia activa: Codeína
Grupo: Analgésico narcótico.
Subgrupo Terapeutico: Antitusigeno asociado con otras sustancias.)
Sucedió en primavera en una ciudad que solo conocía dos estaciones: el verano y el invierno. Durante nueve meses las calles eran pasadizos hacia el círculo polar ártico y el resto del año inmensos desiertos poblados de césped amarillo. Sin embargo, en aquella ocasión las medianas de las avenidas se llenaron de tulipanes y el aire favorecía el despiste. En primavera es más difícil estudiar, me decía yo y así celebraba una excusa.Tal vez por eso envié mi solicitud para ser jurado de un premio literario que organizaba una revista femenina. Si la vida iba a transcurrir entre tertulias, lo mejor era encontrar un sitio en las que me interesaran. Entonces aún se mandaban los escritos a mano y por correo, así que desde la oficina principal envié mi crítica sobre una novela de Carmen Martín Gaite y para echar el anzuelo bordé dos metáforas con punto de cruz. Dos semanas más tarde me confirmaron que había sido elegida, me regalaron los tres libros sobre los que debía emitir mi juicio y me convocaron en un bonito hotel de la ciudad. Redondo: ya no podía estudiar financiero. Tenía en mis manos una milésima parte de un premio literario.
He de confesar que no conocía a ninguno de los escritores hasta entonces (después me los he encontrado en revistas y suplementos) y que la sinopsis de sus obras me desanimaron bastante. Había una novela realista de un autor local- yo le identificaba con la torre, blanca o negra, del ajedrez- que describía como si emitiera un control de calidad la comida que se ingería en el norte del país y que yo, entre náusea y siesta, no pude acabar: se me atragantaban las palabras como manitas de cerdo. Le seguía una atrevida historia sobre la marginalidad madrileña que firmaba un escritor criado entre linotipos, tintas y correcciones de primeras- el peón negro- rápida, con escenas de sexo descarnado y muy cinematográfica. Y por último una colección de cuentos que era un collar de azabache: precioso, especial y para ir observándolo con detenimiento. Su autor es un escritor de escritores, el alfil blanco.
Con remordimientos por no haberme acabado la primera de las tres obras elegí la última, que aún releo de vez en cuando. Invité a dos amigas mías a que me acompañaran a la fiesta y me maqueé como si fuera una señora de cincuenta y muchos: era un época difícil y un lugar complicado. Se salía de copas con el traje de chaqueta, los labios rojos y unos tacones que no querían serlo. Cuando ví a mis compañeras del jurado eché a volar los tópicos: había una abogada de postín, con un vestido de líneas sobrias y diseño de firma, sin mucho maquillaje y un toque Sybilla en el rostro; una funcionaria de la Diputación ávida de lecturas y entretenimientos, que tendría mi edad ahora, y que se había pasado media tarde arreglándose un flequillo con caída libre y pendiente de pista negra. Esas eran las dos que más recuerdo porque seguimos juntas el resto de la noche. En la mesa, durante el acto, no hablaron mucho: medían sus palabras y no confesaban su voto, parecía q entre el jurado también se participaba en una competición. Yo me desaclifiqué en el segundo número dos al confesar que no había leído uno de los libros.Me miraron con desdén y así me relajé.No soporto las carreras.
Los escritores estaban sentados en un escenario improvisado para la ocasión. La torre blanca resoplaba o hiperventilaba, aún no lo sé. Parecía que acababan de quitarle la barra del bar del codo derecho. En lugar de agua debían haberle servido un chato de vino. El peón negro, sobre sus botas de tacón cubano y vestido de cocodrilodundee (no estaba tan lejos la película) dibujaba y de vez en cuando miraba al público: el muy cabrón estaba haciendo nuestras caricaturas. Yo le pedí luego la mía y aún la conservo porque me hace mucha gracia: soy la imagen viva de Monica Lewinsky. En un extremo el más escritor de los tres- si es que en la literatura hay grados- se escondía tras el micrófono, como si quisiera desaparecer y cuando escuchó su nombre como triunfador de la feria, casi se pone a llorar del susto. No tenía palabras, pero no las tenía de verdad: debía haberse guardado unas pocas en los bolsillos de la americana vainilla, digo yo, por si acaso ganaba. Que lo suyo era decir algo, no atragantarse con susto.
Desde el momento en que se hizo público el nombre del ganador la noche se desbarató. El escritor local tomó el micro y dijo que aquello era una farsa- como todos los premios- que su novela era un novelón y las de sus compañeros casi una mierda, que estaba hasta las narices de que le hicieran perder el tiempo con gilipolleces como esta y que no, que él no estaba de acuerdo. Dos críticos de apellidos ilustres intentaron calmarle pero en cuanto nos fuimos del cóctel del hotel y nos dirigimos a la zona de copas, se fue corriendo y gritando como una exhalación. Sé que sobrevivió al desaire y que sigue escribiendo.Yo ya no me he atrevido a leerle nunca más, por si me mareo.
Entre gin-tonics y tragos de ron el peón negro nos habló de su vida y era mucho más divertido escucharle que leerle. Se sabía todos los cotilleos del mundillo literario y todos los escritores famosos eran sus más mejores amigos, aunque hiciera algún tiempo que no los viera. Él fue quien nos adelantó el romance de Almudena Grandes con Luis García Montero, que me tuvo a mí esperanzada durante años. Si la Grandes con su sobrepeso había encontrado la felicidad a mí aún me quedaba alguna expectativa. Qué absurda era yo en aquella época.
Los bares cerraban pronto y las botas de tacón cubano no estaban decididas a parar. Un grupo más reducido regresamos al hotel para tomar champán en la cafetería- ahora me doy cuenta de nuestra ingenuidad- y antes de llegar a la entrada una lectora-jurado ya había desaparecido acompañada de un publicista. La literatura devora, nunca lo había créído, pero es verdad. En recepción nos dijeron que no servían nada, pero que los señores alfil y el resto del grupo nos esperaban en la habitación...no sé, quinientos tres. Mis dos amigas y yo subimos como si fuera lo más natural del mundo, parecíamos ovejitas con lazo, bebebebebeeeee por la escalera.
Lo que siguió fue delirante y surrealista, aunque existan adjetivos mejores para describirlo. Nos sentamos donde pudimos, descorcharon un par de benjamines del minibar y el escritor premiado- ohohohoh- que tenía gripe y tos, por primera vez abrió la boca:
- Esta mañana...llovía. Era una lluvia gris, plomiza...de esas que no puedes quitarte de la gabardina...eso era lo que pensaba yo mientras esperaba un taxi, en mitad de una mañana que me condenaba al desahucio...o al viento y a la lluvia...
- O al tráfico- intervenía el peón negro, girándose para guiñarnos un ojo.
- No...al tráfico no...- el alfil seguia mirando un lugar que debía existir al otro lado de la nevera del minibar- ...me he subido al taxi...y le he pedido que me llevara hasta el aeropuerto...
De repente la lectora funcionaria y el crítico de un periódico nacional desaparecieron tras la puerta del baño y no les volvimos a ver: se los tragó el relato del ganador. Sus palabras eran trucos de magia. Tanto es así que a mí me despertaron del hechizo de las copas, los bares y la literatura y entonces me ví desde fuera, como si tuviera un viaje astral y saliera de mi cuerpo para sobrevolar la habitación. Desde el techo comprobé que aquella era una realidad absurda, me ví sentada en la butaca de una habitación de hotel, con dos amigas de tertulias del colegio mayor, escuchando las idas de pelota de un tipo con problemas de timidez, aguantando los chistes malos de un vividor y esperando no sé qué.¿Que se apareciera el fantasma de Don Ramón de Valle Inclán? Probablemente estuviera cerca, pero alguien más tuvo que tener la misma sensación que yo porque desde ese instante se precipitaron las cosas y nos quedamos sin luces y sin bohemia. Se acabó el champán y rechazamos las petacas de whisky, ginebra o ron. El ganador del premio sacó del bolsillo de su americana un bote de jarabe y nos ofreció una ronda de fluidín codeína:
- Es un opiáceo, probadlo...
Mis amigas se pusieron tensas en sus asientos. El vividor estrechó el cerco y propuso que nos dejáramos llevar para probar algunas de sus fantasías, trenzadas entre sábanas y eses. Se nos heló la sangre y el hotel se nos cayó encima. Antes de que se derramara el líquido rojo- opiáceo y antitusivo- de la codeína sobre la moqueta las tres habíamos salido corriendo del cuarto como si Dante nos hubiera bajado a los infiernos. Imagino que el alfil y el peón se fundieron en un abrazo metaforico, hiperbólico y perpetuo.
Yo ya no quise saber más. A la mañana siguiente miraba los lomos de mis libros con temor y bendecía las siglas de los impuestos. A los tres años me dí de alta como abogada. Mis amigas también viven entre leyes. Recuerdo que mi madre me preguntó al volver a casa cómo me había ido mi experiencia literaria:
- Es un mundo muy difícil , mamá.
- Entonces...- se le iluminó el rostro- ¿ya no quieres escribir?
- Preferiría no hacerlo- contesté.
Preferiría no hacerlo, sobretodo en primavera.

martes, 27 de enero de 2009

Eso es todo



"No es que me haya dejado, pero se comporta como si estuviera decidido a hacerlo.Intento llamarle por teléfono y cada vez me cuesta más conseguir hablar con él.No lo sé.
Sí, se lo prometo.
No, no haré ninguna tonteria, si es eso lo que está pensando.
¿Entonces qué está pensando?¿Qué piensa usted de mí?¿Me comprende? me parece muy bien, y se lo agradezco mucho, pero yo no necesito que intenten comprenderme.¿Por qué todos intentan comprenderme? Míreme, Andy, por favor, míreme.
Yo lo único que quiero es que me quieran.Solo eso.Así de sencillo.No quiero que me comprendan.Quiero que me quieran.
Que me quieran. Eso es todo."
"Autobiografía de Marilyn Monroe", Rafael Reig.

viernes, 23 de enero de 2009

Frivolités

Recién llegada de la exposición, contenta, por fín ha salido todo: el cuento, los grabados, la merienda y los nervios. Llego puntual, con Toni, sobre mis peeptoes de los muestrarios de Chueque que se pegan al pavimento demostrándome la importancia de la ley de la gravedad a cada paso. Me sorprende gratamente la merienda del ayuntamiento: hay una mesa de cumpleaños en la puerta. Yo llego con mis cuentecitos fotocopiados- soy una cutre, pero por culpa del final feliz o desgarrado he estado en vilo la última semana- y los dejo en la entrada. La sala está desierta. Solo han dejado una cámara en e centro de la estancia más amplia. Concluyo: Sonia se ha traído a su televisión. Meto tripa, recuerdo los trucos de Maty Tchey en sus cursos de oratoria y me dejo llevar por la dulzura de mi amiga que me lleva pregunta tras pregunta a mis lugares favoritos. Van llegando mis amigos, uno a uno, en parejas, con dudas...entran y yo como si fuera Isabel Preysler recibo. La frivolidad tiene que ser esto, hacer lo que te gusta y además poder cuidar a los que te quieren. Pilar- la artista- no deja de saludar ni una momento. Sus grabados están llenos de fuerza, tanta que les dan envidia a los pintores locales- jejejeje..- pero ella, como es demasiado honesta, se esconde tras sus cuadros. Me presentan a una señora ya mayor, coqueta, una delicia de mujer: Beatriz Guzmán, pintora y artífice del Museo de arte Moderno de Villafamés. Me habla con tanta delicadeza que me dan ganas de llevármela a casa y de ponerle una mantita tras invitarla a un chocolate con churros. Cuando desaparece me doy cuenta de que el cocktail ha volado, que ya no quedan canapé, coca de tomate, ni tortilla de patata...la frivolidad tiene que ser esto me repito. Esta sensación burbujeante de que la vida pasa y que es deliciosa.

jueves, 22 de enero de 2009

El baño de las diosas



El año pasado Pilar Edo me pidió que le escribiera algo para una exposición que preparaba para el Castillo de Peñíscola. A Pilar la conocía de hace más de diez años, excatamente de la época en que regresé de la universidad y me sentía marciana en Castellón. Los viernes por la tarde como no sabía a dónde ir me acercaba a su taller de enmarcación, en un callejon frente al convento de las Capuchinas y le compraba a Pilar postales de museos, sobretodo de cuadros de Klimt o Schiele, que eran los que entonces me fascinaban. También le compraba un papel de agua que hacía, precioso, y alguna libreta. Pero realmente si me acercaba hasta allí es porque me encantaba hablar con ella un rato sobre pintura, preguntarle acerca de grabados japoneses, comentar cuánto me impresionaban los cuadros de Frida Kahlo. Pilar vivía en otro mundo, con un ritmo distinto. Hablaba con suavidad, siempre sonreía, pero daba la impresión de ser tímida- pero a mí me gustaba sobretodo su naturalidad, esa forma tan sencilla de actuar que la situaba al margen de lo que es la gente típica de Castellón. De ahí que yo la bautizara como Pilar la hippie, aunque nunca me atreviera a confesárselo (bueno, se lo dije hace un para de meses y le encantó). Después de aquellos años ella empezó a hacer grabados y tuvo éxito: yo compré alguno y regalé un par, pero siempre que iba a la tienda la veía haciendo cosas nuevas. Sevillanas, geishas y meninas que apoyaba en las paredes de su callejón, pequeñas exposiciones al aire libre que las monjas cuidaban.
Así que cuando me pidió un texto me encantó la idea y le pasé un borrador de un fragmento. Le gustó bastante así que escribí un cuento extraño, breve sobre una mujer que mudaba de piel que se transformaba en todas las mujeres de sus grabados. Yo creo q aquel relato no quedó muy claro pero a ella le gustó y lo colgó junto a sus geishas y sus sirenas en Peñíscola. De ahí surgió una relación más profunda, una amistad que no solo se reducía a mis ratos muertos de los viernes por la tarde. Pilar fue un descubrimiento, un regalo inesperado de esos que encuentras al volver a casa por el mismo sitio que llevas pasando desde hace dos décadas.
El día que Antonio y yo nos fuimos a Zaragoza al último concierto de La Costa Brava Pilar me llamó y me propuso que colaboráramos nuevamente en una exposición. Me contó el tema- las diosas de la antigüedad, el matriarcado y la identidad femenina- y tarde nada en decirle que sí, q contara con mi cuento. Al principio no sabía bien cómo enfocarlo porque me daba muchísima pereza- soy una vaga redomada- ponerme a escribir un relato situado en la Antigüedad.Así q decidí saltar al vacío y como soy una adicta a la literatura de Ray Bradbury quise hacer un cuento "a la manera de " Farenheit 451 o Las crónicas marcianas (además de vaga soy pretenciosa, osada y soberbia) un relato futurista situado en una sociedad diptópica- palabreja regalada por la wikipedia- en la que las mujeres aniquilan su sensibilidad femenina y cupan el poder. No sé cómo habrá quedado porque yo soy muy negativa para estas cosas pero lo bueno es que por primera vez en cinco años he vencido el bloqueo y he escrito un cuento entero, con su esquema, sus personajes...todo.
Pilar ha hecho un trabajo magnífico: los grabados son preciosos. Esta mañana antes de ir a comer he estado viendo cómo los había colgado y a medida que los descubría iba dando gritos de emoción. Ha dado vida y color a los personajes de mi cuento . Eso es impagable.
Esta tarde inaugura(mos- cuánto me cuesta decirlo) en la Casa de Cultura del Ayuntamiento (castellón, c/antonio maura) ya sé q muchos no estais por aquí pero al q le apetezca pasarse y pueda hacerlo yo le recibiré con un abrazo ( y si es posible con una cervecita). Esa es la historia de este baño de las diosas.Tachán.