miércoles, 23 de enero de 2008

Ellos también tienen un pijama Telerín

Desde que he visto la fotografía en los periódicos ando liadísima porque voy a escribirle una carta al príncipe.En principio será una felicitación- porque es su cumpleaños y mi cortesía se antepone a mis sentimientos- pero en realidad lo que yo quiero es darle las gracias. Sí, porque él ha hecho hoy algo por mí (que soy ciudadana republicana) ya que ha resucitado uno de mis iconos: la mesa camilla. Ignoro quién ha sido el que ha dispuesto el ambiente para la fotografía, pero es un genio. Con ese objeto ha reavivado el calor de la infancia de mi generación- que es la del príncipe- y nos ha pellizcado la nostalgia a más de uno.El príncipe torea al natural en el centro de ese ruedo fresa y se mete de golpe con sus pases en un rincón de lo más escondido, de lo más olvidado de nuestro corazón.
Porque ahora que todos redecoramos nuestra casa de Ikea; ahora que vestimos como en una película polaca (aquellas que ponían antes de de existiera la Bola de Cristal los sábados por la mañana) si vamos de festival ; ahora que pasamos las tardes en el Fnac y damos vueltas a la rueda del Ipod en lugar de darlas por las de escaleras mecánicas del Corte Inglés; ahora que en nuestras neveras no faltan la salsa de soja y las algas para improvisar unos makis o cualquier tapa japonesa; aún ahora,y tal vez más que nunca, en el fondo de todos nosotros se esconde un niño criado en un brasero.
Un monstruo que el príncipe ha despertado(o Letizia, quién sabe, que ella es muy lista y tal vez tenga alma de coolhunter) y que daba sus primeros pasos en diseño gráfico rayando con carioca en el hule. Un sofisiticado agitador cultural que todas las tardes miraba a María Luisa Seco desde el borde de la alfombra esperando que colgara su dibujo en la pared y que leyera en voz alta su carta. Un ambicioso empresario que viajaba a Madrid por Navidades en el ciento treinta y uno de su padre escuchando a Bambino. Uno de nosotros.
A veces llamo a mi amiga Carmela - poeta arrojada cuyo link está el primero de mi callejón- y la sorprendo sentada al borde del brasero mientras cocina sus cuentos o algún poema. Me dá envidia, una envidia grandísima( de setecientos kilómetros lo menos) y la muy pelirroja lo sabe, por eso se solaza describiéndome su hule, que tiene impreso un mapa de España con Guadalajara, Portugal y todo. Con su voz de melindre y salpicón de gambas se regocija: "Te mando un beso desde Soria, que se ha vuelto roja después de que el Pepe haya guisado macarrones" o " Hay que ver lo fría que está Murcia que ya casi no me siento a su vera". A mí, la casa de Carmen en Triana me da mucha envidia- y eso que no he estado- por lo bien que me la cuenta, pero sobretodo me parece un poco mía, por todo lo que guarda la muy ladinadivina de mi pasado, aunque entonces no nos conociéramos.
Desde ese brasero, con sus cortes de luz y sus sombras de Giralda le salen unos libros, delicados y sutiles como un haiku , revueltos y vitales como las aceras en la Transición.
Por eso...casi la voy a llamar para que se apunte a lo de felicitar al príncipe. Si los versos los pone ella, seguro que nos manda dos fotos dedicadas con la BH y el Meiba.

No hay comentarios: