
Desde el miércoles pasado miles de palestinos cruzan el muro derruído de Rafah para abastecerse de alimentos. Egipto, Estados Unidos y Hamás echan un pulso para ver cuánto puede durar la situación. El éxodo de gente no cesa: cualquier producto básico se vuelve un objeto de deseo.
Mientras, en Europa la palestina se ha convertido en uno de los accesorios más trendys de la temporada.
Sugiero un trueque: hay que fletar vuelos a Rafah para conseguir el auténtico pañuelo palestino, el de cualquiera de esos ochocientos mil que atraviesan la frontera para no morir de hambre. Si encontramos una compañía aérea barata, nuestra experiencia será una ganga.
La frivolidad, al fin y al cabo, no tiene precio.
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