
Estaban en el sofá: ella sentada sobre él, él con las manos acariciando su espalda. Estaban besándose. Hacía mucho que no se veían y más aún que no se besaban. Por eso habían quedado: para verse. Por eso querían verse: para besarse .
Él quería comprobar q ella seguía queriéndole aunque no se lo reconociera a nadie. Tardó tres horas, dos menús media botella de vino y un té de roca en conseguir que ella se quedara perdida al mirarle. Entonces adivinó cómo sería el resto y se tranquilizó: ella se taparía la boca al reirse - el dijo una tontería y ella se rió- después se quedarían los dos quietos, muy cerca, hasta que ella hiciera aquel gesto de flan de vainilla: subiría el hombro derecho, ladearía la cabeza y entornaría los ojos estirando la parte izquierda de su cuello, como si le enseñara la pista de aterrizaje para que cayera allí su boca. Así lo hizo y sin un sola modificación en el protocolo el piloto tomó tierra a eso de las siete de un viernes de invierno y la besó. A ella se le puso la carne de gallina.
Ninguno de los dos había ido a trabajar esa tarde. Subieron en el ascensor con un niño que arrastraba la mochila y el babero. Ella le cogió de la mano cuando el niño le dió al botón del segundo y se la metió en el bolsillo de su trenka. Él apretó sin mirarla y comenzó a silbar una canción que le grababa en todas las cintas. Era una melodía muy ñoña de un grupo asturiano, pero sabía q ella siempre la escuchaba en el coche mientras el viento entraba - verano- por las ventanillas. Ella apoyó su cabeza en el hombro de él al reconocerla.
El niño les miraba con disimulo y nadie hablaba. Cuando se bajó ellos se besaron. Les gustaba la intimidad del ascensor. Los besos que se abrían y se cerraban con las puertas y los vecinos-zas, zas- volver a su sitio con un mordisco en la oreja, mientras la señora del cuarto subía a la terraza para tender las sábanas.
A ella le encantaba recuperar uno a uno todos los gestos, sus "juegos reunidos geiper".Los tenía guardados entre fotografías y cartas: las despedidas en el portal, los casettes para el coche, billetes de autobús , anticonceptivos pasados de fecha, su mano por debajo de la falda, la tarjeta q acompañó a un ramo de tulipanes, las prisas en la habitación de un hotel en Baeza...todo en una caja debajo del sofá. Del mismo sofá en el que ahora estaban abrazados.
Uno, dos, tres, siete besos y en cada uno ella daba un paso. Dejaba una piedra en la memoria para que a él no se le borrara el camino, como sucedió unos meses atrás, temía volver a las semanas de los silencios y a los esemeses perdidos, temía que llegara al día - jueves era un puto jueves- en que su historia se había quedado en nada.
"Nada" era: el conjunto A {de peleas absurdas}; el conjunto B { opiniones contrarias-adas- excusas para no quedar tan a menudo, ganas de dejar el teléfono debajo del grifo cuando suena} y el conjunto C {"no lo veo, sara, yo esto no lo veo" "¿no ves qué?¿por qué no lo ves?¿qué has visto hasta ahora?"...variaciones sobre una palabra desafortunada que se queda grabada como asesina de la relación}.
Él dejaba que ella fuera recogiendo cada beso. Las piedras del muro de Nada se habían colocado con rabia y pena. Nunca es fácil tomar una decisión. A él no le había gustado tener que hacerlo pero no se había perdido, ni se había olvidado, él había decidido sabía alejarse de ella. De ahí que levantara ese muro. Ahora lo rompían juntos, poquito a poquito, lentamente, con la piel fría, los besos, los ritos...hasta que ella le miró a los ojos, él se asustó y para disimular el miedo le dijo:
- Hueles a gato.
Ella se quedó quieta y como si fuera un acto reflejo se bajó el jersey.Sintió vergüenza. Cerró los ojos y vió como Pablo parecía ajeno. Creyó que había vuelto a armarse para la intifada. Así que se levantó y buscó sus zapatos. No podía decir nada. Nada volvia a estar en su sitio, en el silencio.
- ¿Qué pasa?¿Te ha molestado?- él se reía.
Ella no le contestó. El sofá se había vuelto incómodo y tenía frío. Se levantó e intentó abrazarla pero ella le apartó.
- Te ha molestado, no puedo creérmelo- resopló- era una broma, Sara, una broma.
Su mirada no tenía gracia cuando encendió la luz del pasillo y le abrió la puerta: había dejado de brillar era opaca. Él intentó deshacer el enredo, le pidió disculpas, quiso darle un beso en la mejilla al irse, pero ella no quiso escuchar nada más. No entendió lo que decía, no quiso entenderlo. Él se fue, olvidándose la cartera en el sofá. Ella la encontró un rato más tarde, cuando ya se le habían acabado las lágrimas y regresó al comedor. Allí, Bowie - atigrado, mimoso y con un ojo de cada color, como el Duque- la tenía acorralada entre los cojines. La mordisqueó y le daba golpecitos, con las uñas. Ella no tenía ganas de reirse pero le gustaba que Bowie se vengara. Se tomó dos orfidales y se quedó dormida en telecinco. Ál día siguiente cuando se despertó no sabía cómo había llegado hasta su cuarto.
Era sábado y tenía toda la mañana vacía. Desayunó sentada en el sofá del comedor. Miró el móvil : tres llamadas perdidas de él y un esemese que no abrió. Borró su número y se acordó de la caja de los juegos reunidos, apartó el sofá y metió dentro de ella la cartera. Al cerrar la caja pensó que olía a podrido así que dos horas más tarde la bajó al contenedor. Se encontró con el niño del segudo en el portal. Él la miró y se puso rojo. Subieron juntos en el ascensor. El niño no decía nada pero no dejaba de observarla con curiosidad.
- ¿Sabes? yo tengo un gato, se llama Bowie.- ella lo dijo todo seguido como si jusificara algo, un olor- Tiene un ojo de cada color, uno azul y uno verde, como tú.
El niño bajó la cabeza, no le gustaba que le trataran como a un niño.
-Bah...
Abrió la puerta y se despidieron. Sara llegó a casa y cambió el sofá de sitio. Bowie se acurrucó junto a ella. Se quedaron dormidos mirando por la ventana. Él canceló sus tarjetas y volvió a llamarla en navidad, para felicitarle las fiestas.
Pero no encontró nada.
5 comentarios:
Me ha gustado...hay cosas que acaban por que se tienen que acabar...y sin explicación, aunque la haya.
Un beso
Al
Tienes razón Al, pero después de colgar el post estuve pensando en borrarlo(ojo, no tiene nada q ver conmigo lo escrito, sé q es algo obvio, pero por si acaso lo matizo) Se me está quedando la voz triste y no me mola nada.Se acartonan las líneas.
Pero me alegro de que te haya gustado.
Mil besos
eva
A mí también me ha gustado mucho, aunque sea triste.
Una caja acabó en la basura, pero seguro que en casa le esperará otra vacía dispuesta para llenarse de recuerdos preciosos.
Besos,
Trini
Alegrías de leerte trini, te echaba de menos.
El post me sigue pareciendo rígido, el falta frescura.Ultimamente ando gris.
Y sí, siempre llegan cajas.
Besos
eva
Qué andas gris? no sé, If, pero yo no encuentro rígido el post en absoluto. Me ha gustado mucho.
Madre mía la de cajas de juegos reunidos jeiper que he bajado al contenedor o he quemado en la chimenea...!!!
Soony
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