Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
domingo, 13 de marzo de 2011
Corazón de Japón.
A veces se nos rompen cosas más importantes que los sueños.
Y a veces, lo peor de nosotros mismos no nos deja soñar.
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