El padre de K. tenía seis coches y volaba. Mi madre tenía la tensión muy bajita y no soportaba bien el calor. Mi padre llevaba aquellos polos estrechos, fred perry, con los pantalones de tenis y sale en todas fotos con el casco, muy profesional. La madre de K conducía muy bien, aunque hubo un viaje en el que se nos hizo de noche por las montañas y casi se despeña con el Mehari. K y yo íbamos al mismo colegio y nos peleábamos hasta dormidas. Ella tenía el pelo largo y en el patio siempre hacía de Olivia Newton John. Por las tardes, para que nuestras discusiones no interrumpieran las siestas de los huéspedes en el pueblo, nuestras madres nos daban un pañuelo dentro de un cubo y nos mandaban al fregadero. A esas horas hacía tanto calor que junto al agua se dormían hasta las moscas (aunque fueran verdes o incluso tábanos), pero K. y yo que eramos obedientes frotábamos el jabón lagarto contra la piedra. Después merendábamos bocadillos de jamón y a veces hasta conseguíamos una fanta en el bar. Los más felices eran los hermanos pequeños, Luis y Electra, que se reían con la boca llena de agua y no se dejaban ni uno solo de los fideos en el plato. O Ana, la hija de Tanis, el de la fonda donde nos hospedábamos que recogía las pipas de melón que sobraban de la comida. Después las guardaba en una bolsa y ya secas se las comía; le gustaban más que las de girasol, nos contaba, porque le picaba demasiado la sal. Helena se enfadaba a menudo porque decían q estaba en la edad del pavo, pero lo cierto es que, como era la mayor, se aburría con nosotros. Era lógico, con quince años - más o menos- lo q le apetecería sería salir por Benicasim (que entonces no llevaba acento), llegar tarde en las fiestas de agosto, colarse en los primeros pubs y subirse de paquete en un vespino. Pero como no la querían dejar sola,por si lo hacía la montaban en el coche con los demás. Y a cenar huevos fritos con patatas fritas con ilusión.
A mí lo q más me gustaba en el mundo eran esos pantalones, los Rockys azules brillantes. Con ellos y la camiseta amarilla de manga recortada me sentía capaz de bailar con John Travolta. K tenía unos parecidos, pero le gustaban más los vaqueros. Ahora las dos pagaríamos por unos rockys brillantes en rojo o azul, como los que teníamos entonces. Por pura nostalgia volvimos juntas a Linares hace unos años. Seguía todo igual o muy parecido: el tonto con las gafas que hacía carreras de trepar a los árboles, las noches en la pista de tenis de Santa Ana- la iglesia derruida- en las que tumbados todos sobre mantas mirábamos las estrellas y nos aprendíamos los nombres de las constelaciones, señalándolas con una linterna muy fuerte que era nuestro puntero. Solo faltaba la fonda, que ahora ya es-era un hotel con encanto.
Hoy, que es tan viernes, he encontrado esta foto. Nos he visto y nos he recordado tan felices, tan despreocupados e ingénuos que casi me pongo a llorar.

2 comentarios:
se ven muy felices en la foto , mira esos bellos recuerdos nunca se alejaran de ti , lo malo es que muchas veces nos producen nostalgia , animo,,,,, chevere tu blog narras chevere ,Dios te guarde
http://jesucristollamayaleabriste.blogspot.com
Recuerdo haber visto la foto colgada en tu muro, pero ahora que le acompaña tu texto, a mí también me evoca el recuerdo de otros tiempos....ay, esos pantalones.....a mí también me gustaría tener unos.
Soony
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