domingo, 8 de enero de 2012

Conciertos en salas pequeñas

Ya no soy buen público. No sé dónde colocarme. Con los años busco cada vez más los conciertos pequeños, las salas tranquilas, esas que prometen una grieta en la pared para esconderme entre los focos y los amplificadores. Llego pronto y trato de encontrar un escondite desde el que escuchar-ver-bailar pero en el que me vuelva invisible. Una burbuja sin los impuestos mínimos: los empujones, la pareja de al lado que se besa, los colegas que no se han visto en años y deciden ponerse al día cuando el músico cambia de tono y pasa a su repertorio más lento. Soy un ratón de los paréntesis, necesito una caja de cerillas para crearme mi propio habitat y eso  en los conciertos no es fácil. De hecho, debería estar prohibido, porque un concierto, como tal, debe ser todo eso y algo más, lo importante, lo que solo te da el músico en directo.  Pero yo sé que el problema es mío, que  me he vuelto mayor y egoísta y no me reconozco entre la gente. Me asustan las primeras filas, en las que antes me apostaba, me falta la devoción en las pestañas de los groupies, las ganas  de saltármelo todo y la memoria para recitar todas las letras. Tampoco tengo nada que ver con las topmodels del indie,  peinadas a lo Joni Mitchell o convertidas en lánguidas princesas cisne, capaz de convertir en estanque un trocito de tarima. No sé  desmayarme  con la videocámara sin perder la compostura y se me da mal aplaudir con las yemas de los dedos. Tal vez es que me he vuelto mayor y que solo me consuma la amargura de no haber sido nunca como ellas, bella, folk and so tender. Y no tengo formación musical, así que no distingo si el bajo suena fenomenal o si ha entrado tarde, o si la batería y el banjo...nada de eso. Soy un puto caos con los instrumentos y las bandas.
Pero ahora que uno de mis superpoderes es la invisibilidad reconozco que me gusta perderme  en los detalles y que cuando decido- me cuesta cada vez más- ir a un concierto, guardo con la entrada la ilusión de que el cantante consiga llevarme a la novena dimensión, con la ayuda de algún estribillo o  caminando sobre las cuerdas del banjo. Por eso sueño con conciertos en salas pequeñas, con músicos que interpreten sus canciones como cuentos de Borges (Cito a Richi, que en su post dió una explicación perfecta de lo que eran los intérpretes, aquí dejo el link de su blog:  Sergio Pángaro). Esos pocos, tan exquisitos, que ponen caras, levantan las cejas y juegan con la voz y el espacio. Los que consiguen que enero en castellón se convierta en un invierno en los Hamptons- And we're so well dressed /It's a talent and it's our style/So put on your hat /Because the forecast is rain clouds- Los que nos seducen a todos y nos hacen suspirar al borde de la guitarra, como si  nadie nos observara y acabara de despertarnos la luz de la ventanano el olor del café recién hecho para encontrar su sonrisa al otro lado de la bandeja del desayuno. Los que nos permiten fantasear con siestas debajo del lemon tree
Me chiflan las versiones de los bises. Escuchar ayer "Boys don't cry" tan lejos de la época del instituto y en la voz de un chico de Nashville. Agradezco la proximidad de sus palabras, pocas, entre las canciones. Las anécdotas que unos y otros añaden a su biografía, "tiene dos niños, está casado con una chica de valencia" que consiguen devolverlo a la realidad de las hipotecas y los biberones. Todo eso me reconforta, por lo extraordinario de la normalidad y el talento, así, todo junto. Pero durante el tiempo que dura el concierto necesito el escenario, la distancia de la tarima para convertir cada canción en una historia y cada historia en una época y un lugar distintos.
 Me gustan los cantantes-flautistas de Hamelín,  como ayer lo fue Josh Rouse en el Four Seasons.
Con el vinilo de "Subtítulo" debajo del brazo me volví a casa. Fuí torpe y miedosa cuando se lo compré y no supe darle las gracias por el concierto. Pero cuando abrí la puerta de mi piso aún me duraba el escalofrío de haberle escuchado "Quiet town" y saber que esa es una de las canciones de mi biografía.

5 comentarios:

Viola Tricolor dijo...

Qué curioso lo de la versión de dont cry. Este año tienes que ir al tanned, pero ir ir, si casi todos son conciertos pequeños y llenos de detalles que atesorar, nada de excusas y para que no pase lo de otras veces te lo digo ya, no te pierdas a norman palm, él también versionea el boys dont cry, te lo dejo aquí , ya verás que emocionante.

Yo soy una amante de los conciertos pequeños, lo que pasa que lo paso muy mal yendo sola y en algunas salas la espera es interminable con lo cual a muchos no voy. Así que me quedan los teatros que a esos hasta casi prefiero ir sola o encontrar un acompañante de última hora (o de primera).

Besos.

evamaring dijo...

Joooo, no pensaba comprarme el abono, pero me acabas de tentar. A mí me pasa lo mismo con los conciertos. Al final me canso de ir sola o me vence la pereza. Me voy corriendo a escuchar la versión de boys don't cry...es de mis favoritas, lo reconozco, aunque cualquiera de esa época de The cure lo es.
Un abrazo Viola. Y mil gracias. Te aviso con lo del tanned y nos vemos,bisous!!!
eva

Viola Tricolor dijo...

Aiss no queria liarte, creo recordar que el año pasado si lo tenías pero al final sólo fuiste un día, por eso lo decía, pensaba que YA lo tenías... de todos modos piensate lo de ir un día, yo espero que pongan a los hidden cameras con los orchids y a lo mejor ponen al palm. como siempre no conozco casi ningún grupo así que no te puedo decir más.

SONIA dijo...

Yo no soy amante de conciertos, ni en salas grandes ni en pequeñas, salvo el de tu cumple, ese lo guardo en la retina y en el oído, pero me gusta leerte, me gusta saber lo que sientes y cómo lo describes.

Soony

evamaring dijo...

Tienes razón cindy, si tus amigos tocan para tí y además son músicos - intérpretes de corazón ya nada puede comparárseles.
Un abrazo fuerte,
eva