lunes, 5 de mayo de 2008

Cuentos de Edo (I)

Tengo que decirlo ya y no puedo retrasarlo más, porque pasaran los días y no lo habré contado. En Peñíscola desde el día uno hasta el quince de mayo expone Pilar Edo sus grabados.De Pilar tengo un post pendiente, porque cómo la conocí es una historia que trae la casualidad. Ahora ha sido ella la que me ha regalado la posibilidad de escribirle un cuento a sus monotipos en los que bailan sirenas, nadan gitanas, se ajustan el obi las meninas y recogen flores de almendro las geishas. Pero su generosidad no se ha acabado ahí, sino que además de darme un sitio del díptico - no se ve bien, pero ahí arriba lo he dejado- ha preparado la exposición tomando como hilo conductor mi cuento. Así que como dice mi amiga Rosa- y achica los ojos para subrayar la emoción, como el Rey Juan Carlos- "me llena de orgullo y satisfacción" (aunque me ruborice al decirlo) invitaros a que paséis a verla. Y luego si os apetece mi sugerencia, ensaladitas y montaditos en la Tramontana.
ps: los grabados son preciosos.El folleto no les hace justicia.En la segunda parte del post colgaré la dirección de myspace para que les echéis un vistazo y participéis, si os apetece, en la rueda de historias que ha querido proponer la artista.

Receta para una noche de verano

El texto de este post lo encontraréis en el último comentario q me ha dejado Nínive.Ella es la que expide las recetas. Con la de los desayunos acertó plenamente.Imaginad lo que pueden ser las cenas de verano: de cuento.

domingo, 4 de mayo de 2008

Paleta de colores para este Domingo

El mar, tanto sol, las gatas paseándose por la barandilla y luchando con las magnolias secas, el arroz del día de la madre, la música, el zumo de naranja, la coca de yogur (localismo puro) del desayuno y Sunday drivers en directo o por la casa. Adminístrese en grandes dosis y sin miedo a intoxicaciones. Disfrútenlo.

sábado, 3 de mayo de 2008

La mirilla

"No hay mayor injusticia para el hombre que la locura"
Leopoldo Panero
Hace diez minutos Daniel Johnston bailaba en su sótano que hoy era mi salón. Le descubrí gracias al blog de Richi y el fantasma amistoso de Casper no me ha dejado sola durante los últimos meses. Hoy he visto el documental sobre su vida y se me ha quedado la saliva sólida, tan amarga como cuando ví "El desencanto" sobre los Panero.Y pese a ello reconozco que siento una curiosidad malsana por la vida de todos esos artistas malditos- Panero, Daniel Johnston, Vincent Van Gogh, Sylvia Plath, Virginia Woolf...- que son capaces de convertir sus particulares infiernos en arte.
No sé qué relación concreta existe entre enfermedad mental y creatividad, pero creo que es real y nada envidiable, sino dramática.Hoy se me licuaba la sangre al ver los gestos lentos, torpes de medicación y psiquiátricos de Johnsthon. Del mismo modo que cuando escuchaba a Leopoldo Panero reprochar a Felicidad Blanch (su madre) que no le fuera a ver cuando estaba en la cárcel y darle detalles de cómo le sodomizaban allí, tuve ganas de arrancarme las uñas. Tanto dolor desborda. Me impresiona también, pese a los años y lo desgastado de la anécdota, el incidente de la oreja cortada de Van Gogh ante la marcha del amigo, de Gauguin.
En los tres - Van Gogh, Panero y Johnston- veo a un yonqui de cariño que aúlla porque necesita que alguien rompa el muro de su soledad. Su lamento es desgarrado y hermoso, pero me asusta la proximidad de ese sentimiento. Todos necesitamos que nos quieran, el problema es cuánto, a qué precio. Dicen la mayoría de sus biografías que Van Gogh buscó durante toda su existencia que alquien, una mujer, le quisiera. Johnston sigue soñando con ese amor imposible e inalcanzable que aparecerá al final. Y Panero mendiga, a golpes de poesía, un beso en la frente de su madre, Felicidad Blanch.
No me gustan los circos que normalmente rodean a los malditos que están vivos.Me repugna que saquen a Panero un día del psiquiátrico(y me refiero al videoclip absurdo de Bunbury y su pandilla) y espera que la locura deje migajas del genio. No me gusta escuchar que en algún festival a Panero (y lo cito más porque me pilla más cerca) se le pagaba con latas de coca-cola y si no es cierto, si solo fuera una leyenda urbana, no me hace gracia.Con el sufrimiento no se comercia, no se alimenta el ego. Sin embargo me cuesta no asomarme a los documentales, películas y libros que se nutren de ellos y en esa medida, soy cómplice del juego.
Y es que el malditismo es como la mirilla de la puerta, que no quieres utilizarla para espiar a los vecinos, pero que es anónima y pequeña, lejana, muy lejana del sufrimiento.

Loop

"Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía, mi amor, no sabía
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día.
Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.
Cuando Juan regresaba a su lecho
no sabía, oh alma querida
que en la noche lluviosa y sin techo
lo esperaba el amor de su vida.
Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.
Cuando acabe este verso que canto
yo no sé, yo no sé, madre mía
si me espera la paz o el espanto;
si el ahora o si el todavía.
Pues las causas me andan cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se me viene enredando
poderoso, invencible."
Causas y azares, Silvio Rodríguez
Te despiertas y el gesto mínimo de anudarte las zapatillas desencadena un huracán. Te enfadas, das un portazo y la sonrisa inesperada de la primera persona con la que te cruzas te abrazará hasta los restos. La vida es eso, ese jugar a la ruleta rusa con el afán de un ludópata suicida: la incertidumbre del funambulista que arriesga su cuerpo por la felicidad del vuelo.
No hay palabras para la tragedia cuando llega.No atiende a razones ni a causas que la exculpen. El espanto se sienta en el sofá de cualquier casa sin preguntar a qué hora se van a dormir los niños.Desgarra las telas de todo lo que vivimos juntos.Y no hay consuelo.
Pero la vida es esto: una serie continuada de causas y azares, de nombres propios y comunes que se superponen y se van sucediendo.Van, vuelven, desaparecen, van, vuelven.
El dolor de ahora- como decía CS Lewis- es el precio de la felicidad de entonces.
Qué bueno que viviste.Que lindo tropezarse contigo.