Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
jueves, 18 de junio de 2009
La ciudad en la selva
lunes, 15 de junio de 2009
La velocidad del caracol
Esta es la pieza que le faltaba al post anterior. He estado tentada de colgar el vídeo, pero esta canción es especial-muy especial- para personas que para mí pesan mucho y quería que el post de Sonia le perteneciera por completo. Ahora lo cuelgo por una razón fundamental: por la velocidad del caracol y la capacidad de llegar a lo importante.
Nunca había pensado que dos caracoles haciendo el amor (o follando, como más os guste) pudieran componer una imagen bonita y sin embargo la primera vez que lo ví- y no fue en este video, sino en una obra de teatro en la que como banda sonora había una canción de los Chichos- a mi me rodaban los lagrimones por la cara. Este era pues el sentido de la foto en el post de Sonia.Ella, que es incontenible y no deja de sorprenderme lo ha derivado hacia otro tema- los cuernos- en el que yo no había ni reparado. A mí me gustaba lo de la lentitud y la intensidad. Pero el post anterior es todo suyo y como tal lo ha comentado.
Me alegro de que te haya gustado Soon yi, pero no puedo quitar los comentarios del post anterior, porque por razones que desconozco blogger no me deja.
¡Ah! Y la canción de Pereza ya me la he apropiado. Llamadme macarra si queréis, pero a mí me chifla. Caracoles incluídos.
Ejes de sociedad
viernes, 12 de junio de 2009
Yo siempre regreso a La costa Brava y a Agustín Fernández Mallo.

"11.
Siempre has pensado que la realidad no existe
o, por lo menos
que la tuya la vive otro.Quién creció entonces en esta ciudad,
te dices esta noche en la que llegas a las tantascon la alevosía del fugitivo que regresa a devolver un dinero,
a confirmar un dato, o a saldar una deuda de honor,
pilotando expectante un automóvil
como el cetáceo suicida atraviesa entre dos cabos
una línea imaginaria.
Adónde regreso, si la realidad no existe,
te dices,
a una luz ya apagada en mi ventana
donde, insomne, agotaba el último
serie B de tele 5 y después releía a Bataille,
a ese edificio que ahora paso de largo
donde mis ancianos padres duermen,
a los corn flakes con whisky de madrugada
en El pesquero, y las frases ocurrentes copiadas
a Baudelaure, a Décima Víctima
al macarra de turno,
a un pasado que ya es literatura,
adónde,
[lo dijo Zenón, la flecha está en el aire
pero no se mueve la flecha]
si el disco en los semáforos desde entonces
está en amarillo,
si los basureros continúan parando en el Delicias Café
y prefieres seguir ruta, hacer noche
en un hostal de descampado
confirmar que nada existe, que otra vez será,
que ya entonces te decía Bataille,escribo
para borrar mi nombre.
11.1
Siempre has pensado
que la realidad no existe
o que la tuya la vive otro.
Y de esta manera permutados,
dices,
cada cual se anda buscando.
El enamoramiento
propones
como prueba irrefutable."
Joan Fontaine Odisea, Agustín Fernández Mallo
martes, 9 de junio de 2009
Pruebas de mosquito
Yo soy ese mosquito que cae dentro del vaso del vino blanco. Esa pizca negra que se zambulle y finge estar muerto, panza arriba con las alas extendidas, para que no me lleves a la boca, no ahora, al menos mientras dure este rato de sol. No hay nadie en la libreria y te has pasado veinticinco minutos pasando el dedo índice por los lomos de los libros.¿Me buscabas, pequeña? Porque andabas despistada: yo revoloteaba en la barra, entre las moleskine, los flyers de exposiciones y la ausencia de un boquerón. Es mediodia, a estas horas la gente esta comiendo o se marcha de viaje.¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Por qué? Cuando bajabas el escalón hacia el sector de la novela gráfica te temblaban las piernas ¿Tienes miedo al verano? Parecía que te costaba asumir la pereza de las horas, o el calor. Tampoco te salía la voz cuando te dirigías al tipo de la barra, le has sonreído mentras bajabas las pestañas.¿A quién esperas? ¿Por qué me parece desde aquí que tienes los hombros violeta? Voy a acercarme hasta tu mesa para descubrir su sabor. No pasa nadie por la calle, preciosa, no desvíes la mirada.Estamos solos: tú y yo. Bueno, acompñados por unos cuantos libros.También hay algún moscardón.El de la barra, por ejemplo, que se acerca con una bandeja de madera, tu vaso de vino, cachuetes y observa el título que has elegido. "Nadie es más de aquí que tú", Miranda July, sabe que le vas a preguntar, que te has dado cuenta de su examen de reojo. Se sonríe del revés, de fuera para dentro. Tú caes en su truco manido y conversais en momento, mientras yo aprovecho para perderme en el bambú de tu pelo. El sol ha alcanzado la mesa. Él se retira, yo te observo las muñecas.Parecen mapas de ríos y carreteras. Sigues sonriendo, como si te observara alguien desde el otro lado de la calle, pero nadie llega. Solo tú alcanzas el vaso y bebes con lentitud, mirando cómo se deforma la portada a través del vino. Disfrutas del primer relato, mientras yo te paseo por la espalda.Te mueves como si te hiciera cosquillas, así que me levanto y planeo delante de tus ojos.No nos hemos presentado.Tú finges no verme.Yo te susurro en la oreja y como te gusta, vuelves al vino.¿Será que me invitas a quedarme a tu lado? Dejas la copa y la mano derecha se posa en el escote, llegados a este vértice me mareo. El sol se me está subiendo a la cabeza y tú vuelves a la copa, aún nerviosa, así que por tí hago un looping y me sumerjo en este blanco de rueda. "Si me miro en tus ojos navego..." Acabas de cantármelo, muy bajito. Yo nado a mariposa, pero álguien entra en la librería y desvías la mirada. Es un chico de tu edad, tal vez un poco más joven: camiseta de superhéroe, zapatillas, pelo revuelto, gafas de pasta, nada especial...Le observas sin dismulo.Os evaluáis los dos y cada uno sigue con su historia. Tú al vino y al flechazo conmigo.¿Por dónde íbamos?¿No te acuerdas? Yo soy ese mosquito que ha caído dentro del vaso de vino blanco.
