Los viernes son días de chicle, piscina y camiseta. De siesta con hilo de baba sobre la arena. De bolsa de pipas hasta que los hombros te ardan y luego el "quémepongoquémepongo" frente al armario y las etiquetas de los vestidos bailando claqué mientras tú escoges el de siempre, el de todos los viernes. Después quedamos, asaltamos las plazas, tomamos los bares en que regalan gominolas o kikos, me cuentas la semana detrás de una caña. De dos, tres, cuatro y ya no contamos la risa.
Los viernes están hechos para el tontipop.
Los viernes son carne de flashback.
Y al que no le gusten los viernes que se quede en casa. Pero ojo, Cantizano es un vampiro y roba tus ideas mientras duermes. Luego no vale quejarse.
Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
viernes, 26 de junio de 2009
Tontipop para el viernes
miércoles, 24 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
Tiempo de locos
llegaste hasta mí dejando todo por mí
no pensaste en nada, sólo en nosotros dos...
la gente hablaba de nuestro amor.
Tiempos de locos, todo nos daba igual
amores a todas horas, amor sin final
te marchaste lejos todo se acabó
me dejaste solo, solo sin tu amor.
Pasa el tiempo y lo paso fatal.
Nada importa todo da igual,
robaste mis sueños, me robaste a mí
muero por que tú no mueres por mí.
Robaste mis sueños, me robaste a mí
muero por que tú no mueres por mí.
Salgo por las noches no sé dónde ir
pasan los días y sigo pensando en tí
te odio por que tienes todo mi amor
solo en casa lloro por los dos.
Tu amor me persigue a donde voy
termino en los bares no sé dónde estoy.
Regreso a casa no encuentro el portal
duermo en la calle todo da igual...
Pasa el tiempo y lo paso fatal
nada importa todo da igual.
Robaste mis sueños, me robaste a mí
muero por que tú no mueres por mí.
Robaste mis sueños me robaste a mí
muero por que tú no mueres por mí."
Los Suaves, "Llegaste hasta mí"
Aún tiemblo cuando escucho esta canción. Es verdad, necesito un verano.
domingo, 21 de junio de 2009
Cuarenta grados a la sombra
¡Alto!
Que nadie reserve aún sus vacaciones de verano: dejáos de Caribe, de playas eternas, de rutas por bodegas riojanas, de intercambios con niños portugueses, de inventar un descubrimiento en Yugoslavia. No queráis conocer la tierra prometida de Rumanía ni adivinar qué queda de aquellos maravillosos Paradores que se inauguraron cuando Franco, cerrad la maleta para esas playas mediterráneas, parad el viento de Zahara de los Atunes, que nos esperen un ratito más en Peñíscola... Si me queréis, pararse. Es necesario: lo primero que tenemos que hacer este verano, antes de nada, es empadronarnos en Suecia.
En el principio de los tiempos fueron José Luis López Vázquez y Alfredo Landa los que instituyeron el mito erótico de los setenta (que se ha quedado inmaculado en el subconsciente de todos los españolitos nacidos entonces y se ha transmitido luego, como buena leyenda urbana, de generación en generación por el boca-oreja, lo digo por experiencia, que mis amigos siguen pronunciando la palabra sueca con la boca hecha almíbar ) y formalizaron el grito de guerra: "¡Que vienen las suecas! "Tan singular debía ser esa raza y tan potente su invasión en nuestro mapa ibérico, que hasta mi abuela asimiló ese concepto, e incluso lo relacionaba directa e indefectiblemente con la idea de sexualidad abierta que solo tenía lugar en los países de noches interminables. De hecho, a la vejez, cuando le preguntabas por un novio que había tenido allá por 1929 ella relataba el final diciendo como algo inevitable: "Y claro él se fue a Suecia y conoció el amor libre." Ni fueron felices ni comieron perdices, nada; antes de 1970 mi abuela ya era conocedora de que en Suecia la vida era de otra forma. Amor libre. Claro. Y ella bordando en Castellón y saliendo de paseo por un lado de la calle, el de las chicas. Cómo no iba a perder esa guerra si no había enviado a sus barcos a luchar contra tempestades.
Que nadie reserve aún sus vacaciones de verano: dejáos de Caribe, de playas eternas, de rutas por bodegas riojanas, de intercambios con niños portugueses, de inventar un descubrimiento en Yugoslavia. No queráis conocer la tierra prometida de Rumanía ni adivinar qué queda de aquellos maravillosos Paradores que se inauguraron cuando Franco, cerrad la maleta para esas playas mediterráneas, parad el viento de Zahara de los Atunes, que nos esperen un ratito más en Peñíscola... Si me queréis, pararse. Es necesario: lo primero que tenemos que hacer este verano, antes de nada, es empadronarnos en Suecia.
En el principio de los tiempos fueron José Luis López Vázquez y Alfredo Landa los que instituyeron el mito erótico de los setenta (que se ha quedado inmaculado en el subconsciente de todos los españolitos nacidos entonces y se ha transmitido luego, como buena leyenda urbana, de generación en generación por el boca-oreja, lo digo por experiencia, que mis amigos siguen pronunciando la palabra sueca con la boca hecha almíbar ) y formalizaron el grito de guerra: "¡Que vienen las suecas! "Tan singular debía ser esa raza y tan potente su invasión en nuestro mapa ibérico, que hasta mi abuela asimiló ese concepto, e incluso lo relacionaba directa e indefectiblemente con la idea de sexualidad abierta que solo tenía lugar en los países de noches interminables. De hecho, a la vejez, cuando le preguntabas por un novio que había tenido allá por 1929 ella relataba el final diciendo como algo inevitable: "Y claro él se fue a Suecia y conoció el amor libre." Ni fueron felices ni comieron perdices, nada; antes de 1970 mi abuela ya era conocedora de que en Suecia la vida era de otra forma. Amor libre. Claro. Y ella bordando en Castellón y saliendo de paseo por un lado de la calle, el de las chicas. Cómo no iba a perder esa guerra si no había enviado a sus barcos a luchar contra tempestades.
Pero volvamos a Suecia, que empiezo con la saga familiar y me pierdo (además seguro q esta historia la he contado ya). Se les sube la testosterona a José Luis López Vázquez y a Alfredo Landa, empiezan las playas a llenarse de pieles níveas y de piernas parecidas a la cronoescalada de Puy-de-Dome que había hecho Federico Bahamontes, y los españoles piden a gritos vuelos baratos y pasaportes. Nada de cruzar la frontera para ver pelis prohibidas en Perpignan, si hay que subir se sube, pero más hacia arriba. España tirita incluso con cuarenta grados a la sombra. Aún no se puede afrmar que fuera una maniobra del Ministerio de Gobernación, pero debió intervenir el Servicio Secreto porque ante el temor de la llegada de una raza mixta (Imagínense, la Esteso- sueca) con la intención de calmar esta demanda de mujeres rubias y así demostrarnos que no todo el monte es orégano- las españolas estábamos ya hasta la mismísima de la sección femenina y de las historias de doña carmencita- se negocia con los suecos y estos, en venganza, nos mandan a un grupo de matrimonios que cantaban pegados con velcro en la espalda - ABBA- y que nos torturan primero con una canción sin final llamada "Chiquitita"- que más que un lamento es una auténtica pesadilla, una tortura para los niños que viajábamos en 127- y que sí, que luego se animan algo más y deciden dejarnos mover algo de cadera parq que estrenemos nuestra coreografía de toda la vida- la de pasito pasito, con el brazo en ángulo de noventa grados y los puños al compás- con temazos como "Waterloo" o "Dancing Queen". El grupo sueco llena nuestro cerebro y como el destape español había atacado con desnudos como el de Nadiuska o Maria José Cantudo, los ánimos ya se van templando.
Después llega al Trono el príncipe Carlos Gustavo que se casa con aquella azafata morenita y aburrida, Silvia, de la que todos esperábamos más juego, pero nos quedamos con las ganas y con Carolina de Mónaco, que entonces vivía a pleno sol sus affaires. Así, poco a poco, los españoles nos convencemos que los suecos son un pueblo más bien soso, de sangre fría y vida austera. Tanto laguito, tanta Eurovisión, tanto Estocolmo...poco a poco, el miedo a una migración nacional hacia Suecia languidece y los gobiernos de la democracia dejan de encargarle la misión de enfriar las costas españolas al servicio secreto.
¡Ay!
Pero llega el cambio de milenio y aunque la música de ABB ya estaba obsoleta en los casettes de bares de carreteras, nuestro príncipe se lía con Eva Sannum de la vecina noruega y a la mitad del país el corazón le da un vuelco . Primer aviso: hay vida en los paises nórdicos y siguen teniendo las piernas infinitas las de allí, de tanto andar descalzas por la tundra, digo yo. Eva - Samnum- comete el pecado original el mismo día de su presentación: se come la manzana, se pone un escotazo de vértigo y le da al coñás en copa grande. Es decir, amor libre, pero que muy libre. la burguesía se echa las manos a la cabeza y se seca las lágrimas con el "¡Hola!". Cuatro primos de Madrid deciden demostrar que hay buena música independiente y montan lo que en principio es un festivalete en pequeño hueco de la costa de azahar, Benicàssim. Los niños del 127 se han hecho altos a base de Colacao y de bocatas de nocilla, saben inglés y están hasta los mismísimos de ser cuarenta y principales, así que se van con su mochila, sus camisetitas de rayas rumbo al este y acogen con los brazos abiertos el imperio del pop naciente, el indie. De la mano de este surge un nuevo fenómeno: el pop escandinavo. Atardeceres, musiquita en inglés, nuevas melodías....mmm...todo invita a saborear las delicias de la vida. Hasta Islandia parece un país cercano. Por el mismo túnel que nos cerró Chiquitita volvemos al paraíso perdido, a lo nórdico.
Tal vez fuera solo una estrategia de mercado, porque en esos mismos año comienzan a ser una prioridad casi democrática la redecoración de nuestra existencia y así, de la mano del diseño, de los sábados en las grandes superficies y de la serie Lack con la superbolsa amarilla aparece en nuestras biografías el fenómeno Ikea. No voy a analizarlo porque ya hce un post sobre el tema y pese a ello solo pasé de puntillas por un fenómeno que merece setecientos cuatro ensayos y tres tesis doctorales, como mínimo.Pero imaginad un uno de septiembre sin el catálogo de la tienda sueca: para mí el mes entero carecería de sentido.
Sin embargo...
aún faltaba la guinda.
La guinda llegó cuando nuestro príncipe dejó al bellezón noruego por una españolita lista, guapa y literata y le dió en su frente débil, en el lado de las letras que a ella tanto le encantan: ya con dos niñas en la zarzuela y de mano de la literatura de best sellers, es decir de uno de esos campos que los culturetas rechazan y los insignes deberían tener prohibidos, aparece en nuestros escaparates unos tochazos negros con títulos larguísimos y amenazantes. "Los hombres que no amaban a las mujeres" ¿se referirán a Pajares, Landa, Lóepz Vázquez y Esteso? "La chica que soñaba con un bidón de gasolina"...¿Será esta la venganza que toooodos esperábamos de la Sannum?
No, la guinda tiene dos nombres propios: el de su autor, Stieg Larsson y el de su protagonista Lisbeth Salander.
Que me aspen y me hagan tiras de papel en el instituto cervantes, pero a mí me gusta esa serie. Acabo de terminar el tercero - "La reina en el palacio de las corrientes de aire"- y ya estoy dispuesta a ir en peregrinación a la tumba de Larsson para que resucite y me cuente varios interrogantes que ha dejado abiertos en previsión de los nueve que le quedaban. A mí no me deja así, con la adicción por el talante resolutivo de la Salander en las venas. A mí que no me haga esto. Renuncio a mi futuro sillón Ç en la RAE pero que siga escribiéndola. Desde donde esté. No hace falta que me diga si hay algo después de la muerte, prefiero qme aclare qué sucedió con la hermana gemela de lisbeth y si no, quedamos en el Juicio Final y que mientras otros pecadores más productivos nos adelantan en la cola me haga un resumen breve de lo que sucederá en el futuro en Millenium. Lo peor es que como yo debe haber unos cuantos y claro, tal vez haya más cola para tomarse una cañita con el Largsson que para pasar por el lavado de pecados automóviles. No lo sé.
Que me aspen y me hagan tiras de papel en el instituto cervantes, pero a mí me gusta esa serie. Acabo de terminar el tercero - "La reina en el palacio de las corrientes de aire"- y ya estoy dispuesta a ir en peregrinación a la tumba de Larsson para que resucite y me cuente varios interrogantes que ha dejado abiertos en previsión de los nueve que le quedaban. A mí no me deja así, con la adicción por el talante resolutivo de la Salander en las venas. A mí que no me haga esto. Renuncio a mi futuro sillón Ç en la RAE pero que siga escribiéndola. Desde donde esté. No hace falta que me diga si hay algo después de la muerte, prefiero qme aclare qué sucedió con la hermana gemela de lisbeth y si no, quedamos en el Juicio Final y que mientras otros pecadores más productivos nos adelantan en la cola me haga un resumen breve de lo que sucederá en el futuro en Millenium. Lo peor es que como yo debe haber unos cuantos y claro, tal vez haya más cola para tomarse una cañita con el Largsson que para pasar por el lavado de pecados automóviles. No lo sé.
Solo nos faltaba el Lazo. Sí, el último golpe de efecto de los malignos suecos. La canción del verano. Desde Fórmula V hasta George Dahn la canción del verano era un invento patrio, pero este año nos la han robado- como Eurovisión toda la vida, que se lo digan a Remedios Amaya o a Soraya- con cerveza. Una marca conocida y española se lleva a dos niñas monas a Formentera, las sienta en la Savina y aparece en un ferry un tipo con barbita, neohippie, boho y tan adictivo como los tubitos azules del Imedio. De fondo suena una canción: "Summercat". Las niñas recorren atardeceres, faros, fiestas y mercadillos con el príncipe azul y detrás suena todo el rato el "Tonight,tonight, tonight.." Se dan un piquito, se miran intensamente a los ojos , se despiden y mágicamente- voilà!- el anuncio vuelve a empezar, el príncipe desciende del ferry once again y mediterranea, mediterranea...pero es mentira, es publicidad subliminal, en el fondo lo único que está susurrándonos es "volved a Suecia...a Sueeeeeeciaaaaa...a Sueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeecia".
En serio, hay que hacer algo este verano.
Hoy mismo.
sábado, 20 de junio de 2009
¿Por qué tenemos que comprender?


Mis tesoros cuando tenía seis años eran (por este orden y en depósito):
1. El acerico que mi madre guardaba en su caja de latón del Colacao-amarilla con margaritas blancas- junto a los botones y los hilos.Tenía forma de granada de colorines, era más grande que mi mano entonces y alrededor de aquel fruto diez chinitos (nunca los conté) se abrazaban y movían su trenza. El acerico tenía poderes mágicos porque nos lo había enviado una amiga de mi tía que era misionera en Venezuela: se comía las agujas y los alfileres.En cuanto los pinchabas allí-sssshhhhh- y bajabas la tapa de la caja de coser los chinos organizaban banquetes y se los tragaban. No sé en qué mudanza lo perdimos. Yo me dí cuenta anteayer, y la verdad, me dolió que mi madre no me hubiera comunicado esta desgracia. Afortunadamente, en una merceria virtual he encontrado un acerico parecido: la granada se ha convertido en una manzana verde inglesa, pero espero que los chinos traguen igual.He encargado cuatro, dos de ellos son para regalo.Los otros dos son uno para mí y otro para mi madre.
2. La colección de canicas de mi primo Juan, chupadas y todo. Esta se guardaba en un bote de Nescafé- lo que quiere decir que en mi familia siempre le sacamos el máximo partido al desayuno- y en verano, cuando nos tumbábamos en el suelo para ver pippi lamstrung en una tele en blanco y negro, Juan a veces se dormía- era un niño plácido- y yo sin hacer ruido me iba hasta su cuarto y buceaba en su colección de canicas. Me encantaban las verdes traslucidas con la ola del centro naranja, podía pasarme horas y horas dirigiéndolas hacia los rayos de luz que se colaban por las persianas. Las ponía en fila y las miraba con la pupila pegada al suelo de azulejo marrón: cada canica era una isla, un pais lleno de palmeras, semáforos en verde y algún castillo. Otras eran cielos pequeñitos con restaurantes donde servían platos combinados como en el Corte Inglés. Las más grandes- ni siquiera recuerdo cómo las conseguía- eran universos enteros, con sus cataclismos, diluvios universales y archipiélagos donde los hombres llevaban faldas de hawaiana como la que yo tenía, hecha con tiras de papel. Juan me dejaba olisquear su caja y alguna vez me regalaba una canica chiquitina, que se había dado un golpe contra la esquina del mueble y parecía que alguien se la había intentado comer, porque tenía un mordisco. Yo me las guardaba en el bolsillo. De ahí que adore los bolsillos en todo tipo de vestimenta- los echo de menos fundamentalmente en los biquinis- siempre espero encontrarme una isla en ellos.
3. La colección de libros de Celia que le robé a mi tía y que son de 1945.Ahhh...se siente...para qué no se los llevó en su casa y los dejó en la de mi abuela.Ahhh...se siente....para qué salían mis padres a cenar y me dejaban que durmiera en casa de mi abuela...ahhh...se siente...¿por qué tenemos que comprender cuánto me quería mi abuela ? Los libros los tengo yo, algo diezmados, pero registrados en mi inventario de cosas imprescindibles para vivir.No salen de mi cuarto, salvo ataque de cariño irreversible de fuerza ocho.
Algunos de mis tesoros ahora que tengo treinta y siete años y he descubierto, al fin, la idea de propiedad son:
1. "A los hombres de buena voluntad" de Sergio Algora: Yo volvía de Pamplona a comienzos del mes de Octubre y me detuve en Zaragoza para ver a un amigo e ir de peregrinación al Bacharach. Había escuchado a Sergio Algora en directo ese verano, en un concierto en mitad de una montaña, con luna llena, castillo y declaración de amor desde el escenario a través del móvil, increíblemente tierna y dulce, en mitad de un temazo. Desde que dejé Zizur Menor en mi coche solo se habían escuchado dos casettes que yo había grabado especialmente para este viaje: Burt Bacharach, grandes éxitos. Mi Costa Brava, mi mayor descubrimiento. Eran fiestas del Pilar y me costó encontrar el hotel, pese a las amables indicaciones de mi anfitrión. Me duché y salí a la calle.Los zaragozanos llevaban el cachirulo y yo iba vestida de azul, como en Casablanca. Cenamos pasta y encontré un misterio sin resolver: ¿por qué en zaragoza las ensaladas tienen jamón serrano? Nunca nadie me ha dado la verdadera respuesta, la única posible.Sigo sin entender porqué. Mi amigo- al que aprecio y extraño- tras la cena, me llevó al Bacharach. Apenas había gente en el lugar.Afortunadamente Sergio no estaba: me hubiera puesto roja de la ilusión y de la vergüenza de pillarme sorprendida en visita a la Meca del Costabravismo. Pedí el auténtico gin-tonic: dí palmas pequeñitas. Mi amigo me contó historias de cuando tenía dieciséis años.Repetimos de gin-tonic, sonó Burt Bacharach.Me guardé dos lagrimillas de emoción en el bolsillo. Por la noche soñé que la basílica del Pilar estaba hecha con los caramelos interminables que siempre nos traían de Zaragoza, adoquines. A la mañana siguiente, cuando desperté en la ciudad amarilla, me fuí corriendo a la FNAC. Me saludó Sergio Algora desde mil fotos que colgaban en el rincón de "Novedades". Compré dos ejemplares de "A los hombres de buena voluntad" y le regalé uno a mi amigo frente a una ensalada con jamón- ¿por qué? ¡por qué???- seguí el viaje hacia mi casa. Como había retención y tardé más de siete horas en llegar a mi ciudad en cada parada bebía agua y leía un cuento. Me enamoré del libro. Ya en mi cama lo terminé. Lo releí. Lo volví a releer. Hablé de él a todos mis amigos.Quise ir a la radio para seguir hablando de él y que la buena nueva se difundiera, pero no tengo ningún conocido allí y claro, hubieran llamado al psiquiátrico que está enfrente para que me vistieran con una camisa ceñida y blanca. Lo dejé en mi mesita de noche.Cuando no podía dormir lo abría por cualquiera de sus páginas y siempre me quedaba dormida con una sonrisa.Los cuentos de Algora me llevaban a lugares felices, a paisajes llenos de calles imposibles, como los de mis canicas. Una tarde vino a casa Rodis, uno de mis mejores amigos, nos tumbamos en la cama después de comer y yo estaba haciendo el clavo (las piernas rectas y hacia arriba, con la barbilla pegada al pecho) mientras el curioseaba en mi mesita.Encontró mi tesoro y me lo pidió.Le leí un trozo de uno de mis cuentos favoritos: "Nombres con orígen poco profundo". Me lo robó y yo le dejé ser el autor del atraco sin pasamontañas. El nueve de julio del año pasado le llamé." Roditos, Nodis-Ho...sé que no debería hacer esto, que lo mío es tuyo y lo tuyo es mío...pero necesito que me devuelvas mi libro. Hoy siento que me han cortado una mano". No lo encontró e hizo bien. Sobreviví con el blog de Algora por las noches y con las imágenes de Richi, mis postales favoritas. Escribí a Xordica y me enviaron otro ejemplar, que ahora manoseo y rayo, cuando no puedo dormir, igual que hacía entonces.
2. "No tengo el placer", de Sergio Algora: Desconfío del poder del fesibuc, aquí mismo, sobre la piedra de playa que he edificado mi blog lo he dicho, pero si de repente un día un habitante del Bacharach me pide que le abra la puerta de mi jaula, no hay recelos que valgan. Algo así sucedió hace un par de semanas.Después creo que fue Nínive -again- quien colgó un vídeo pirata de una canción maquetera - "llegaste tarde"?- del último disco de Fran en mi página del fesibuc. Y el habitante del Bacharach comentó: "Creo que fran estaba ayer en el Bacharach" Yo contesté con una verdad de diván: "Menos mal que no vivo en Zaragoza, si no me tendrían que echar de la barra del Bacharach por fans y por pesada". Una semana más tarde abrí un sobre con burbujas en la puerta de correos y encontré el libro póstumo de Sergio Algora. Con tinta roja- otro misterio sin resolver- alguien escribía:
"En este bar, que no solo es bar
a veces, o a menudo,
somos muy felices.
Y sabemos por qué"
El martes terminé el libro en el tren, poco antes de llegar a Albacete, tierra misteriosa donde las haya. Tuve la tentación de volverlo a leer así, otra vez, de golpe, de corrido. Pero me puse a escribir y no paré hasta llegar a Atocha. Esa noche releí otro cuento, estaba triste y me costaba dormir. Gracias a Sergio Algora desperté junto a la Laguna 1, en el límite Norte del Desierto del Gigante y Otros Asuntos, donde crece la flor Gervera Nocturna Habitans, en el planeta Marte según las crónicas de Ismael Serrano. En el bolsillo de mi vestido metí unos cuantos pétalos de aquella flor y me dediqué a pasear por los balcones de Madrid.
Hay veces que debemos hacer recuento de nuestros tesoros. ¿Por qué? No lo sé. Como dice el título de otro de los cuentos de Sergio Algora- y que he utilizado como título del post- "¿por qué tenemos que comprender? ". No lo sé.
A fecha de hoy no he encontrado una respuesta satisfactoria a la presencia casi ineludible de trocitos de jamón serrano en las ensaladas que se preparan en Zaragoza. Nadie me ha explicado tampoco el por qué de la tormenta nocturna y prediluviana de la noche anterior, pero entre sueño y recorte de otros sueños, me he despertado, he subido las persianas y con Frida y Justine- mis gatas- nos hemos pasado unas horas contemplando su belleza.
Y era incomprensible, pero infinita.
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