sábado, 20 de junio de 2009

¿Por qué tenemos que comprender?









Mis tesoros cuando tenía seis años eran (por este orden y en depósito):

1. El acerico que mi madre guardaba en su caja de latón del Colacao-amarilla con margaritas blancas- junto a los botones y los hilos.Tenía forma de granada de colorines, era más grande que mi mano entonces y alrededor de aquel fruto diez chinitos (nunca los conté) se abrazaban y movían su trenza. El acerico tenía poderes mágicos porque nos lo había enviado una amiga de mi tía que era misionera en Venezuela: se comía las agujas y los alfileres.En cuanto los pinchabas allí-sssshhhhh- y bajabas la tapa de la caja de coser los chinos organizaban banquetes y se los tragaban. No sé en qué mudanza lo perdimos. Yo me dí cuenta anteayer, y la verdad, me dolió que mi madre no me hubiera comunicado esta desgracia. Afortunadamente, en una merceria virtual he encontrado un acerico parecido: la granada se ha convertido en una manzana verde inglesa, pero espero que los chinos traguen igual.He encargado cuatro, dos de ellos son para regalo.Los otros dos son uno para mí y otro para mi madre.
2. La colección de canicas de mi primo Juan, chupadas y todo. Esta se guardaba en un bote de Nescafé- lo que quiere decir que en mi familia siempre le sacamos el máximo partido al desayuno- y en verano, cuando nos tumbábamos en el suelo para ver pippi lamstrung en una tele en blanco y negro, Juan a veces se dormía- era un niño plácido- y yo sin hacer ruido me iba hasta su cuarto y buceaba en su colección de canicas. Me encantaban las verdes traslucidas con la ola del centro naranja, podía pasarme horas y horas dirigiéndolas hacia los rayos de luz que se colaban por las persianas. Las ponía en fila y las miraba con la pupila pegada al suelo de azulejo marrón: cada canica era una isla, un pais lleno de palmeras, semáforos en verde y algún castillo. Otras eran cielos pequeñitos con restaurantes donde servían platos combinados como en el Corte Inglés. Las más grandes- ni siquiera recuerdo cómo las conseguía- eran universos enteros, con sus cataclismos, diluvios universales y archipiélagos donde los hombres llevaban faldas de hawaiana como la que yo tenía, hecha con tiras de papel. Juan me dejaba olisquear su caja y alguna vez me regalaba una canica chiquitina, que se había dado un golpe contra la esquina del mueble y parecía que alguien se la había intentado comer, porque tenía un mordisco. Yo me las guardaba en el bolsillo. De ahí que adore los bolsillos en todo tipo de vestimenta- los echo de menos fundamentalmente en los biquinis- siempre espero encontrarme una isla en ellos.
3. La colección de libros de Celia que le robé a mi tía y que son de 1945.Ahhh...se siente...para qué no se los llevó en su casa y los dejó en la de mi abuela.Ahhh...se siente....para qué salían mis padres a cenar y me dejaban que durmiera en casa de mi abuela...ahhh...se siente...¿por qué tenemos que comprender cuánto me quería mi abuela ? Los libros los tengo yo, algo diezmados, pero registrados en mi inventario de cosas imprescindibles para vivir.No salen de mi cuarto, salvo ataque de cariño irreversible de fuerza ocho.
Algunos de mis tesoros ahora que tengo treinta y siete años y he descubierto, al fin, la idea de propiedad son:
1. "A los hombres de buena voluntad" de Sergio Algora: Yo volvía de Pamplona a comienzos del mes de Octubre y me detuve en Zaragoza para ver a un amigo e ir de peregrinación al Bacharach. Había escuchado a Sergio Algora en directo ese verano, en un concierto en mitad de una montaña, con luna llena, castillo y declaración de amor desde el escenario a través del móvil, increíblemente tierna y dulce, en mitad de un temazo. Desde que dejé Zizur Menor en mi coche solo se habían escuchado dos casettes que yo había grabado especialmente para este viaje: Burt Bacharach, grandes éxitos. Mi Costa Brava, mi mayor descubrimiento. Eran fiestas del Pilar y me costó encontrar el hotel, pese a las amables indicaciones de mi anfitrión. Me duché y salí a la calle.Los zaragozanos llevaban el cachirulo y yo iba vestida de azul, como en Casablanca. Cenamos pasta y encontré un misterio sin resolver: ¿por qué en zaragoza las ensaladas tienen jamón serrano? Nunca nadie me ha dado la verdadera respuesta, la única posible.Sigo sin entender porqué. Mi amigo- al que aprecio y extraño- tras la cena, me llevó al Bacharach. Apenas había gente en el lugar.Afortunadamente Sergio no estaba: me hubiera puesto roja de la ilusión y de la vergüenza de pillarme sorprendida en visita a la Meca del Costabravismo. Pedí el auténtico gin-tonic: dí palmas pequeñitas. Mi amigo me contó historias de cuando tenía dieciséis años.Repetimos de gin-tonic, sonó Burt Bacharach.Me guardé dos lagrimillas de emoción en el bolsillo. Por la noche soñé que la basílica del Pilar estaba hecha con los caramelos interminables que siempre nos traían de Zaragoza, adoquines. A la mañana siguiente, cuando desperté en la ciudad amarilla, me fuí corriendo a la FNAC. Me saludó Sergio Algora desde mil fotos que colgaban en el rincón de "Novedades". Compré dos ejemplares de "A los hombres de buena voluntad" y le regalé uno a mi amigo frente a una ensalada con jamón- ¿por qué? ¡por qué???- seguí el viaje hacia mi casa. Como había retención y tardé más de siete horas en llegar a mi ciudad en cada parada bebía agua y leía un cuento. Me enamoré del libro. Ya en mi cama lo terminé. Lo releí. Lo volví a releer. Hablé de él a todos mis amigos.Quise ir a la radio para seguir hablando de él y que la buena nueva se difundiera, pero no tengo ningún conocido allí y claro, hubieran llamado al psiquiátrico que está enfrente para que me vistieran con una camisa ceñida y blanca. Lo dejé en mi mesita de noche.Cuando no podía dormir lo abría por cualquiera de sus páginas y siempre me quedaba dormida con una sonrisa.Los cuentos de Algora me llevaban a lugares felices, a paisajes llenos de calles imposibles, como los de mis canicas. Una tarde vino a casa Rodis, uno de mis mejores amigos, nos tumbamos en la cama después de comer y yo estaba haciendo el clavo (las piernas rectas y hacia arriba, con la barbilla pegada al pecho) mientras el curioseaba en mi mesita.Encontró mi tesoro y me lo pidió.Le leí un trozo de uno de mis cuentos favoritos: "Nombres con orígen poco profundo". Me lo robó y yo le dejé ser el autor del atraco sin pasamontañas. El nueve de julio del año pasado le llamé." Roditos, Nodis-Ho...sé que no debería hacer esto, que lo mío es tuyo y lo tuyo es mío...pero necesito que me devuelvas mi libro. Hoy siento que me han cortado una mano". No lo encontró e hizo bien. Sobreviví con el blog de Algora por las noches y con las imágenes de Richi, mis postales favoritas. Escribí a Xordica y me enviaron otro ejemplar, que ahora manoseo y rayo, cuando no puedo dormir, igual que hacía entonces.
2. "No tengo el placer", de Sergio Algora: Desconfío del poder del fesibuc, aquí mismo, sobre la piedra de playa que he edificado mi blog lo he dicho, pero si de repente un día un habitante del Bacharach me pide que le abra la puerta de mi jaula, no hay recelos que valgan. Algo así sucedió hace un par de semanas.Después creo que fue Nínive -again- quien colgó un vídeo pirata de una canción maquetera - "llegaste tarde"?- del último disco de Fran en mi página del fesibuc. Y el habitante del Bacharach comentó: "Creo que fran estaba ayer en el Bacharach" Yo contesté con una verdad de diván: "Menos mal que no vivo en Zaragoza, si no me tendrían que echar de la barra del Bacharach por fans y por pesada". Una semana más tarde abrí un sobre con burbujas en la puerta de correos y encontré el libro póstumo de Sergio Algora. Con tinta roja- otro misterio sin resolver- alguien escribía:
"En este bar, que no solo es bar
a veces, o a menudo,
somos muy felices.
Y sabemos por qué"
El martes terminé el libro en el tren, poco antes de llegar a Albacete, tierra misteriosa donde las haya. Tuve la tentación de volverlo a leer así, otra vez, de golpe, de corrido. Pero me puse a escribir y no paré hasta llegar a Atocha. Esa noche releí otro cuento, estaba triste y me costaba dormir. Gracias a Sergio Algora desperté junto a la Laguna 1, en el límite Norte del Desierto del Gigante y Otros Asuntos, donde crece la flor Gervera Nocturna Habitans, en el planeta Marte según las crónicas de Ismael Serrano. En el bolsillo de mi vestido metí unos cuantos pétalos de aquella flor y me dediqué a pasear por los balcones de Madrid.
Hay veces que debemos hacer recuento de nuestros tesoros. ¿Por qué? No lo sé. Como dice el título de otro de los cuentos de Sergio Algora- y que he utilizado como título del post- "¿por qué tenemos que comprender? ". No lo sé.
A fecha de hoy no he encontrado una respuesta satisfactoria a la presencia casi ineludible de trocitos de jamón serrano en las ensaladas que se preparan en Zaragoza. Nadie me ha explicado tampoco el por qué de la tormenta nocturna y prediluviana de la noche anterior, pero entre sueño y recorte de otros sueños, me he despertado, he subido las persianas y con Frida y Justine- mis gatas- nos hemos pasado unas horas contemplando su belleza.
Y era incomprensible, pero infinita.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Como diría la exnovia de Chandler,
"Oh-Dios-mío!"
La emoción que me has regalado el sábado me tiene, todavía -y son las 02:18 h- noqueado. No sé verbalizar. Estoy sin fuerzas. Pero prometo intentarlo.
Que lo sepa el mundo, que tus lectores ya son conscientes de ello: eres un ángel.
Besos zaragozanos a 300 kilómetros del Abalú.

if dijo...

Jajajja...que no, que son un bicho y un trasto.Ya lo verás, te darás cuenta.Besos de viaje de vuelta!!!Y gracias

encarnisabina dijo...

Creo que si Sergio leyera lo que has puesto de sus libros se quedaría alucinado de tener una "fans" como tu...¡y una cliente del bar!...

Cuando leía lo de las canicas, me he acordado que el otro día ,Julia y Mario, encontraron mis canicas ( yo las tengo guardadas en una caja de tarjetas de visita),y alucinaban con ellas, por que ahora los chiquillos no juegan a canicas, ni con el zompo...flipaban con los colorines...misterioso eso de las canicas y su poder de atracción...

Un post muy bonico.

Un beso
Encarni ( la de la tierra misteriosa)

ninive drake dijo...

me arden las pestañas de tanto como pego los ojos a la pantalla para no perdeme ni gota... en Teruel hay denominación de origen del jamón, lo de las ensaladas es una muestra, un escaparate al mundo, no todo va a ser Guijuelo y Jabugo... y de dónde leches salían las canicas??? en mi casa teníamos un tarro de cristal más grandes, más pequeñas mi favorita era azul oscuro, recuerdo sentarme cara a la pared y lanzarlas para ver como el zócalo me la devolvía, torcida y lenta, pero volvía... eso y los cromos de Willy Fogg, que iban y volvían del cole pero intactos, nadie! podía tocarlos!! tuve acericos iguales, soy hija de modista, imaginate por donde iban algunos regalitos... sobre Algora, genuflexión... por inventar paraísos visuales y sonoros, se merece muchos más que lo más de lo más... y trasto? sí, puede que sí, de otro forma no seríamos ni la mitad de amigas... el ser trasto deja tanto a la improvisación y a la diversión que no sería capaz de ver la vida de otra forma, Eva, el vaso, aunque sea de gin-tonic, siempre medio lleno... y los trenes, hace tiempo que no viajo en ellos... como me gusta tanto conducir...

un beso enorme, morena

if dijo...

es necesario, después del post escuchar la canción de Bigott- yo no la encontré en goear y aún no la tenía para poderla subir- "Algora campeón", una delicia.
Lo de las canicas es otro misterio insondable...por qué eran tan maravillosas y por qué han desparecido (¿había niños que se las tragaban?)
Lo de los acericos me tranquiliza, Ni, pero ya sé para quién es el cuarto, jejjeje..y por último, lo imprescindible, lo justo y necesario: leer a Algora (su blog, sus poemarios, sus cuentos) y dejarse llevar de la mano por él...
Muchas gracias por el resto.El mérito es del capitán del desembarco y de sus fieles, no mío.
Un beso
if

Isaac dijo...

Lo de Ismael Serrano es brutal

if dijo...

El libro es brutal.Los dos - la cara A, la cara B- son dos libros de relatos que se salen del canon.
Pero ese cuento es tannnn bueno!!!
en fin, buenas noches
¡Y besos!
eva