miércoles, 18 de julio de 2012

Tirarse al agua

Hubo un tiempo de amores, de idas y venidas a deshoras, de esconderse detrás de las palabras, de ilusionarse al menor movimiento del móvil. Le siguió, solapada,  casi sin darme cuenta, aquella temporada del desasosiego, de la zozobra, del qué-estará-pensando-por-qué-no-me-lo-di-ce, de angustiarse con los largos bostezos del móvil. Ya en el mayor de mis declives, con la ilusión chamuscada, la cara de canción de abandono, las copas sin chicha ni limoná- "Para entristecerme un poco más, ponme la última" le decía al del bar- te despertaste de repente y me miraste. Yo te sonreí- a mí se me alarga mucho el síndrome de Estocolmo- tú me pasaste la mano por el pelo, yo me aparté como un perro de la protectora, tú bajaste por la nuca y apagamos las luces o quién sabe si salimos al balcón de madrugada cuando no había nadie vivo  en la plaza del pueblo y allí, con tus ganas y mi colchón sin hondonada- ni siquiera llegaba entonces a Bryce Echenique- follamos y se encendieron las bombillas de colores que alumbraban las verbenas.
Lo que no se si recuerdas, entre la notalgia y la importancia que ultimamente le das a los préstamos, es lo que pasó en la piscina, a la mañana siguiente. Serían las once y cuarenta y cinco- lo digo por aproximación, que no sé si habíamos escuchado las campanas-  pero tú te acercaste pisando la toalla, te agachaste hasta donde te lo permitía la resaca y delante de todos mis amigos me plantaste un beso. Después te metiste en el agua. A mí se me nubló la vista- debió caerme alguna gota de cloro- se me pasaron cincuenta años queriéndote y ahora que te vuelvo a mirar, mientras te arreglas las gafas, sé que nunca tuviste los labios más frescos.

sábado, 14 de julio de 2012

Donde nunca pasa nada

Ayer mi madre hizo algo muy suyo: vió en youtube las imágenes del congreso de los Diputados en las que Andrea Fabra mascullaba- no se oía bien- el "Que se jodan" y se puso a llamar por teléfono. Tardé unos minutos en darme cuenta de lo que estaba haciendo, pero en cuanto la oí presentarse la entendí:
- Buenas tardes, me llamo Mª Luisa Segarra, soy de Castellón, votante del Pepé en las últimas elecciones- así que no me pueden considerar sospechosa, añadió- vecina de la familia Fabra y llamo para manifestar mi más profunda vergüenza por la actuación de la Sra.Fabra el miércoles pasado en el Congreso.
- ...pero no iba dirigido a los parados, señora, iba dirigido a los diputados del PSOE...- le intentó explicar una señorita.
- No me importa a quién iba dirigido, es absolutamente indigno el comentario y su comportamiento- la cortó mi madre- Ni a mí, que la voté, ni a ninguno de los de Castellón nos representa una actitud como esa. Es una ofensa y una vergüenza y espero que estén grabando mi llamada o que la registren y se la pasen a alguno de los cargos de organización del partido, porque lo que hizo Andrea Fabra el miércoles fue ofendernos a todos. A los de Castellón también, porque no somos así. Y me duele decir esto porque su familia fue vecina nuestra mucho tiempo y su abuelo, íntimo amigo de mi padre.
Tras despedirse de la señorita, que balbuceaba desde Génova, colgó. "Esta vez han sido más simpáticos que los de Arzallus." me dijo . Se refería a una vez que ETA asesinó a un concejal socialista y ella, indignada por la postura del PNV, llamó a la sede del partido preguntando por Xavier Arzallus para hacerle llegar su malestar. Allí le dijeron que era una facha, que probablemente aplaudiría el GAL y le preguntaron si aún le quedaba pólvora en las manos. No se amedrentó: dijo que era liberal (no sé muy bien lo que signfica en intendión de voto) que le repugnaba el Gal y que la pólvora en su tierra (mi madre es abertzale de Castellón, lo que implica un fuerte compromiso político) la utilizábamos para lanzar castillos de fuegos, celebrar las fiestas y poco más. 
En aquella llamada también se identificó: "Soy Marisa Segarra". Eso lo ha copiado de mi abuelo, lo de asumir su responsabilidad.
Ayer era otro de esos días en los que costaba decir que eres, que somos de Castellón. Por si no tenemos bastante con sufrir Marina d'Or, pagar el aeropuerto, aguantar los bailes de asesores de "confianza" y otros enchufes entre los conocidos de siempre, observar cómo imputan al que fuera el primer alcalde de la democracia enriquecido tras Bankia, y esperar que los jueces resuelvan sus cuestiones de competencia y las quejas por coacciones de una manera clara y honesta, ayer tuvimos que vivir de espaldas a la televisión y agachar la cabeza tras ver lo indigno de la actitud de la Sra. Fabra en el congreso de los diputados.
No podemos pasar por alto el gesto. No se ha manipulado ni magnificado. En las circunstancias en las que tuvo lugar constituye un acto de desprecio por todo, vaya dirigido a los socialistas (aunque falle la concordancia en la frase verbal, entonces) o a los ciudadanos (en general, a los que estamos sufriendo las consecuencias de la crisis y de la infame gestión de nuestros políticos) o a los parados (y no quiero creer esta tercera opción, porque me cuesta admitir un acto de tal crueldad y sadismo en una diputada). 
Si hay un lugar en el que el respeto debe ser sagrado es en el Congreso de los Diputados. Me da igual que los socialistas, los del PNV, los de Amaiur o los de UPyD  hayan hecho tal y cual antes: eso son excusas de colegio. 
Si hay un momento en el que los políticos deben ser serenos, cabales y honestos es el actual. Admitir los errores y asumir las consecuencias de sus actos es una obligación que lleva aparejada el ocupar un escaño. Nadie le está pidiendo a la Sra. Fabra que justifique su vida privada, ni que pida perdón por ser la hija de quién es. Todo lo contrario: somos muchos los que rechazamos esa explicación fraguada desde la condescendencia y el victimismo.
Lo que se le pide, lo que le pedimos los que, desde Castellón y desde cualquier ciudad de España, no tenemos nada que ver con esa forma de actuar es que se disculpe y no vuelva a hacerlo nunca más. 
Responsabilidad y respeto, solo eso.
A ver si por una vez Castellón deja de ser esa ciudad gris donde todo se pervierte y nunca pasa nada, para convertirse en el sitio donde algo cambia. Empezando por el perdón, que como bien sabían su abuelo y el mío, era algo bueno.

viernes, 22 de junio de 2012

Los telediarios y las caracolas



Siempre le he tenido manía a Barbra Streisand, no sé por qué. Yo creo que no le perdonado que protagonizara una historia como "The way we were" y que en cada uno de los gestos que tiene en esa película se merendara a Robert Redford. Hay un momento en el que ellos se pelean y ella, que está desesperada e insomne, le pide que vuelva a casa para intentarlo de nuevo. Conoce de sobra cuál va a ser la contestación de Robert Redford, porque larelación está tocada de muerte, pero se agarra al último paso que puede dar para mantener lo que considera la historia de amor de su vida. Redford (que también está maravilloso, más que nunca casi en esta película, solo me gusta tanto en "Dos hombres y un destino") la mira y le dice que no puede seguir, que para él ella es demasiado intensa.
Barbra Streisand enmudece.
Solo le hablan los ojos y dicen tanto que con su silencio- el de Streisand- sellan el fin de una etapa y cada uno sigue su camino. Después se encontraran a las puertas de un hotel, años más tarde y ella le agarrará por la nuca y él sabrá que ha perdido su lugar en el mundo.
La protagonista de "The way we were"es intensa de principio a fin. No hay un solo segundo de la cinta en el que se debilite. Redford lo sabe mejor q nadie. Y sabe también desde el principio q ese es el obstáculo que hay entre ambos. El motor y el obstáculo.
La intensidad.
Me he acordado de esta película pensando en una conversación q tuve el otro día con Antonio, mi mejor amigo. Los dos coincidíamos en que las personas no podíamos cambiar nuestra forma de ser más íntima, que podíamos matizarla, modularla o redireccionarla, pero que en esencia seguíamos siendo los mismos. Hablábamos de cambios y de principios o finales de etapas. 
De la necesidad de cambiar de perspectiva, aunque escueza.
Hay ciclos que duele cerrar pero a los que son necesarios bajarles la persiana para seguir creciendo (o viviendo un poco mejor, q es lo mismo).  Lugares, conductas, formas de andar que por mucho que nos agarremos a ellas terminan por enjaularnos.
Así que hay veces q es mejor detenerse un poco, bajarle el volumen a la intensidad, o guardarla para las noches más largas del año y quedarse en silencio. 
Nos quedan muchas cosas por hacer, muchos proyectos, muchas canciones, películas, conciertos, niños, novelas...Hay que conservar lo bueno, despedirse del dolor y seguir nadando en las piscinas de ciudad.
Ayer pensaba en Vania Millán a su salida del cumpleaños de Ronaldo. Recordaba, por la canción de la Costa Brava, sus lágrimas al cerrar la cancela del chalet entre una nube de periodistas. Cuando llegué a casa fuí a comprobar en Google lo que también recordaba y es que después de esa situación la Miss España no sé qué año se puso a estudiar notarias, eso creía. Y era verdad. No sé ya si seguirá opositando o no a estas alturas, pero dió un giro notable.
Pensé que era cierto lo de "Adiós a los días de fiesta, a los telediarios y a las caracolas" y que Vania, como Wendy en el relato de John Barrie, al final creció.Barbra Streisand, Robert Redford, Vania Millán, los telediarios, las despedidas y las caracolas.
Es una buena mezcla para un verano que empieza.

jueves, 7 de junio de 2012

Los largos años (abril de 2026)

"Ahora que tenemos las pruebas de que la tierra ha sido visitada por seres de otros mundos-marcianos con toda seguridad- este libro de Ray Bradbury, que trata de la llegada de los terrícolas a Marte nos resulta más verosimil que cuando fue escrito"


Óscar Hurtado, prólogo de "crónicas marcianas" editado por Revolución La Habana, Cuba, Agosto de 1965.


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Así arranca el prólogo de la edición que le mangué a mi padre de las Crónicas Marcianas. Tres páginas más en tinta roja, coral más bien, acompañadas de diferentes fotos de archivo que Oscar_Hurtado, padre de la ufología cubana, rescató para ilustrar varias ideas: un posible viaje a Marte, imágenes del planeta con sus "misteriosos canales" ("Según su descubridor, Schiaparelli, 1890, suponen una amplia red de distribución del agua de los polos en los periodos de descongelación, lo que conlleva a imaginar la existencia de vida inteligente y un alto desarrollo técnico-económico" nota al pie de la imagen que reproduzco) y relatos de encuentros entre marcianos y terrícolas entre los años 1945 y 1960, la mayoría de ellos en la URSS.

  Antes la gente avistaba ovnis. Creo q ya lo he dicho alguna vez (con dos copas lo he contado seguro). Era algo muy común y que solía suceder en pueblos, turnos de noche en las fábricas o vuelos de Iberia con pilotos un poco aburridos camino de Manises. Mi hermano y yo estábamos hechizados por el tema. A nuestro alrededor contábamos con dos o tres testimonios de primera mano de avistamientos y en todos ellos había un despliegue de luces y un ritmo parecido al de la música de "Encuentros en la tercera fase" que entonces era una de nuestras pelis favoritas. Luís y yo bajábamos al jardín del apartamento todas las noches con el bocadillo de tortilla en la mano y la ilusión escondida entre las servilletas. Alguna noche, después de que Gregorio-el portero del edificio- recogiera la basura y echara cloro en la piscina, aparecerían los marcianos. Yo me inclinaba por un diseño de platillo clásico, mientras mi hermano despilfarraba energía eléctrica con diseños más longitudinales, tipo barra de flúor. Jamás vimos uno, ni siquiera nos tropezamos con una estrella fugaz, y eso que estábamos preparadísimos para mantener conversaciones con los marcianos, aunque a nuestros padres no les hiciera ninguna gracia que charláramos con desconocidos. Con el tiempo, el escondite, beso-atrevimiento y acción nos distrajimos y fuimos creciendo. Mi hermano aún se leyó los libros que mi padre tenía en casa de Isaac Asimov del Círculo de Lectores. Yo me volví más práctica y dejé de interesarme por el espacio exterior.Mi pasión por la ufología se transformó en freakismo de "La guerra de las galaxias", algo mucho más normal.
  Hace años encontré esta edición de las Crónicas y me las leí, gracias a una recomendación de Espido Freire para un curso. Fue un buen verano para los libros, también cayeron "Mientras escribo" autobiografía y ensayo de Stephen King- excelente- y otra joya, "Las vírgenes suicidas" de Eugenides. Pero pese a que los tres títulos que he citado son de mi biblioteca más reducida, el de Bradbury se ha quedado dentro de mi memoria para siempre. Con pocos escritores he disfrutado tanto.
 Ayer, entre plazos y entregas, me enteré del Príncipe de Asturias de las Letras- acierto enorme Philipp Roth- y de la muerte de Ray Bradbury. Ni siquiera sabía que estaba vivo, pero la noticia me cayó encima como si hubiera faltado un compañero de colegio. No sé por qué. Al llegar a casa me puse a bucear por internet y encontré entrevistas y varios documentales sobre él y me enamoré del anciano tiernísimo que daba una conferencia sobre el proceso de la escritura en el año 2001, títulada "Telling the truth"
Belmonte decía que se torea como se es. Yo también pienso que se escribe, se trabaja, se besa, se defiende, se perdona, se olvida o se canta como se es, que no se puede fingir ni esconder nuestra verdadera naturaleza en actividades tan íntimas.
Bradbury escribía así, con honestidad. Espero que anoche los marcianos- junto  con los resistentes aprende-libros de "Farhenheit 451"- le recibieran con una larga sonrisa silenciosa desde el agua ondulada.


ps: Tuve que preguntar a mi hermano, después de saber lo de Bradbury, por qué ya no veíamos marcianos ahora. Su respuesta fue algo parecido a "Ahora tenemos crisis, nuestras pesadillas son otras. Antes, teníamos guerra fría". No sé si me ha convencido mucho o debo seguir esperando en la terraza.