
C. Al pasar la barca, la historia del colegio.
Mar y Juan-hito (este niño que para mí es todo un acontecimiento) van al colegio de sus tíos (no mis padres, otros tíos). Se trata de uno de los centros más cuidados de la ciudad, "cuidado" en todos los sentidos: profesores, instalaciones, programas, actividades...Mar y Juanito son dos niños afortunados. También son dos niños felices en el colegio, les gusta. Cada tarde, cuando el autobús los deja en su parada Mar y Juan se abrazan a su abuela, a mi madre o a mí y nos cuentan en un perfectísimo castellano (a mí me asustan de lo bien que hablan ahora los niños, a veces los escuchas jugar y parece que sean académicos pequeñitos, discutiendo sobre la inutilidad de la "ll" y la simplicidad de la "y" ) lo que han comido, qué han hecho con el barro o simplemente que no tenían ganas de trabajar (como le sucedió a Juan durante una temporada del curso pasado, con tres años se declaró en huelga de palotes y plastelina, pero no de Baby Einstein). La parada del autobús se ha convertido desde que Mar y Juan van al cole en un lugar sagrado: allí nos damos cita madres, abuelas y voluntarias como yo (tietas) que esperamos a los niños. Normalmente las conversaciones se originan entre las castas: las madres hablan entre sí, las abuelas suspiran entre los asientos de la parada y las tietas ponemos la oreja y nos sonreímos- somos las que más sabemos de lo que sucede detrás de la puerta del autobús aunque el resto no nos haga demasiado caso, los niños nos lo chivan- hasta que llegan ellos.
El Martes la parada estaba vacía. A las tres de la tarde, Vicente- el director del colegio- vió que bajaba un riachuelo junto a la carretera que conduce hasta el colegio. Minutos después el torrente de agua había tomado las dimensiones de cauce y al cabo de media hora empezaron a descender por el mismo- como si fuera el Amazonas- dos sillas, una mesa (partida de ajedrez o de cartas interrumpida), un colchón, una lavadora.. Si Vicente hubiera sido Agustín Fernández Mallo- mi icono literario- de ese goteo de objetos hubiera sacado un post, como mínimo, o un relato. Agustín FM es el rey de las vidas escondidas, adivina siempre qué camino ha cogido la gotera antes de asomarse en la pared. Pero Vicente lleva treinta años dirigiendo un colegio y se sobrecogió. Así que organizó al profesorado y puso en funcionamiento el plan naranja: avisaron a todos los padres de que el colegio iba a ser evacuado y subieron a los niños en autobuses. Como no cabían todos y no era posible hacer viajes debido al avance del agua, los propios profesores hicieron de conductores con sus coches y se formó una caravana.Como no pudieron encontrar a todos los padres- niños sin padre en mitad de la lluvia- Vicente, capitán del barco, se quedó en el colegio con el equipo de dirección (su hermana y su hija) y diez niños. Buscaron el sitio más cómodo, un par de películas para que se distrajeran y se amotinaron en el aula. El pobre debió copiar más de mil millones de veces en todas las pizarras del colegio "Que pare de llover". Imagino que los padres irían apareciendo poco a poco, a la salida del trabajo, o entre las carreteras cortadas. Las plegarias de Vicente fueron escuchadas por el organizador del centro meteorológico y después de cenar todos pudieron irse a casa.
¿Y la caravana? No fue fácil llegar a Castellón. Apenas debían recorrer cinco kilómetros pero cinco kilómetros son cinco mil metros y cinco millones de pasos, según el pie que se use. En la carretera no se veía nada, avanzaban en mitad de una piscina, dentro de una burbuja. Los profesores conducían por intuición, o a golpes de memoría de tanto haber repetido el recorrido. De repente el coche de la profesora de inglés, la penúltima, fue engullido por una ola: desapareció. Tardaron unas décimas de segundo en recuperar la visión del cielo cayéndoseles encima, pero cielo al fin, aire. En ese lapso de tiempo comenzaron a notar pequeños charcos en el suelo del vehículo.Las marchas no funcionaban. Los niños tenían miedo. La profesora se puso a llorar. El móvil sonaba. Sonaba. La profesora lo descolgó pero fue incapaz de articular palabra, las lágrimas, la responsabilidad, el miedo lo llenaban todo. Al otro lado el conductor del coche de detrás, el profesor de filosofía, intentaba tranquilizarla: " Venga, que esto pasará pronto, que te veo perfectamente, ahora llegarán los bomberos y nos sacarán de aquí, no te agobies".
Efectivamente fueron los bomberos los que consiguieron evacuarlos. Cinco horas más tarde la profesora de inglés y los niños que viajaban con ella estaban arropados y en un camión. Temblaban no se sabe si de miedo o de frío.
Al día siguiente se suspendieron las clases.
Juanito me explicó lo que había sucedido: "Son los búhos, que lo rompen todo, hasta el cielo. Si llueve caen las grimas. Las grimas es cuando llueve dentro de casa"
Traducción (mi académico de la eñe es un poeta, pero no controla aún los artículos) las grimas que me han vuelto a mí loca durante dos días, son las lágrimas.
Es viernes y hoy brilla un sol de escándalo: un sol amarillo y redondo se intuye tras los edificios. Hemos dejado de salir en los telediarios en la sección de sucesos, ahora salimos solo gracias a Ricardo Costa y a Vicente Rambla. Bueno y siempre gracias a Carlos Fabra. Castellón da siempre a los medios mucho juego surrealista: o nos encontramos una casa de los horrores debajo de un puento, o tenemos un asesino en serie o nos damos al cohecho por tres trajes. También organizamos ciudades de aberraciones- Marina d'Or- en las que Anne Igartiburu se rompe la cadera bailando al son de Luis Aguilé, se me olvidaba. Son tantas las virtudes de esta tierra que a veces somos más imprevisibles que las filtraciones de agua y aparecemos en el contexto más inesperado. Wyoming y Beatriz Montañez (yo quiero su estilismo, por favorrr) tienen un filón con nosotros, de momento solo se centran en Fabra- fantástica aquella frase con la que intentaba evitar una excusa obligada a Francesc Colomer por haberle llamado "hijo de puta" tras un pleno en la Diputación, "aquí hijo de puta es algo muy coloquial", cariñoso incluso, diría yo- y en las poses de Ricardo (aún les quedan tantas por descubrir que no saben lo que tienen entre manos), pero si rascaran un poco más caería sobre ellos una tromba de agua.
Políticas aparte, ha sido una semana triste, muy triste, nefasta.
Las tres historias- cuatro con la mía- son anécdotas al lado de lo verdaderamente grave que es toda la gente de Burriana que lo han perdido todo. Con ellos no cabe la frivolidad ni los juegos de palabras. Es muy difícil reinventarte cuando tu propia piel está húmeda, cuando los recuerdos están en cubos y del futuro que proyectabas solo queda el rastro en el préstamo del banco. Espero que les lleguen de verdad las ayudas.
2 comentarios:
qué post más crónica social del aquí y ahora... isn't she lovely???
mercí, Níni, ya te echaba de menos por aquí. Besos, besos, besos
eva
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