miércoles, 30 de septiembre de 2009

El camino del agua (I)






Ha salido el sol. Cuatro palabras que se han hecho esperar tanto que suenan a canción. El sol. Oh, oh.
Adiós a las goteras, fin de la alarma naranja, adiós a las katiuskas, garajes inundados, niños refugiados en los colegios, muros que se derrumban, carreteras que se agrietan, lágrimas, actas de daños, notarios en guardia, peritos evaluando el desastre...
Nunca imaginé que pudiera odiar tanto la lluvia. El agua, cuando no moja - y si moja debe ser solo a voluntad, de una forma controlada- es uno de los elementos más fascinantes del mundo. Pero el agua de esta forma- convertida en gota fría, en rio que se desborda, en tubería cuarteada- es déspota y salvaje, busca una salida como si fuera un gato encerrado sin importarle lo que se lleve por delante.
Algunos pueblos de Castellón ya han solicitado que se les declare "zona catastrófica" después de estas lluvias. Realmente a estas horas ya lo son. Si después de un incendio llama la atención el silencio que queda en los lugares afectados, después de una inundación la señal que avisa a los sentidos es el olor, un olor a eternamente podrido que se extiende como una plaga. Burriana es hoy un barrizal: una bola gigante de plastelina en la que aparecen sillas, ruedas de coche, abrigos, bicicletas, platos...la gente está desolada. Han perdido casa y futuro, se mire como se mire. Han temblado de miedo con cada gota, durante dos días.
El martes mi teléfono no dejaba de sonar. Cada llamada era una historia de la lluvia. Aquí van solo las más amables:

Historia A: El trastero de Marta

Marta vive en Burriana, en un piso q compraron antes de casarse su marido y ella. Hipoteca, regalos de boda, proximidad a colegios, familia...La casa de Marta es bonita, luminosa. Cuando nació su hija, Ana pintaron una habitación de azul y compraron muebles blancos. Eso fue hace cinco años, más o menos. Ana ya ha crecido, es rubia y traviesa, demasiado lista para ser un merengue, demasiado inteligente para que le dure la vocación de princesa. Ahora ya no duerme en su cuna blanca, ahora tiene una cama en la que su padre o su madre se sientan cada noche a leerle un cuento. Sin cuento Ana no cierra los ojos. Es parte del trato. Durante la semana sabe que no puede ver la tele, está prohibido y ella lo respeta. Pero eso sí, antes de dormir hay que contarle un cuento. Ana es intransigente con eso. Marta bajó hace meses todos los muebles y cosas de Ana al trastero: "Hay que cambiarle la habitación, necesita espacio para juguetes y libros". El Martes por la mañana recordó que una vez ya habían tenido problemas con la lluvia allí, así que fue a echar un vistazo. El cuartito estaba anegado. Todos los muebles blancos de Ana ahora eran marrones. El agua había convertido sus recuerdos en balsas para niños. Marta llamó al cosntructor, está dentro de plazo para reclamar:
- Mire, con la lluvia se me ha inundado el trastero.
- ah, y???- onomatopeya pura.
-¿y???¿cómo que "Y"?- Marta tiene carácter.- Pues que no es normal, algo tendrá ud.que ver en cómo se hizo el trastero!!! Yo he perdido todas las cosas de mi hija.
- ¿Y por qué ha guardado cosas en el trastero?- para esta pregunta del constructor Marta no tenía respuestas educadas.
Ana sigue teniendo cuentos, fotos, juguetes, libros.



Historia B: La tubería del doctor.


El mejor médico de Castellón sale de trabajar a las dos de la tarde. Madruga mucho, se despierta al amanecer y es el primero en llegar al hospital. Lleva más de veinte años mimando a sus enfermos, cuidándolos con la delicadeza con la que solo se trata a los mejores amigos. Hoy es martes y ha sido un día duro, sus pacientes estaban alterados por la lluvia. Pasadas las dos y media coge su coche. Se dirige a su casa. Habitualmente los martes colabora con una oenegé, hoy no sabe qué pasará. La lluvia ha cambiado la rutina de todos. El mejor médico de la comunidad valenciana tarda, habitualmente, diez minutos en llegar con el coche hasta su casa. Este martes le cuesta cinco horas. Lleva doce sin comer. En la carretera detenido piensa en sus enfermos, en el estado de ansiedad que tiene el conductor del todoterrreno que le precede. Entre riesgos de precipitaciones y partes metereológicos llega hasta su casa. Las ruedas están manchadas de barro. El coche está graffiteado con lodo. Abre el garaje y percibe ese olor a flor de acequia. Deja el coche. Va a subir por la escalera hasta la planta baja cuando el olor se vuelve más fuerte. Se dirige a una habitación que tiene en el sótano y al abrir la puerta el agua sale en tromba y se expande por el parquet. Se le mojan las rodillas. De una esquina de la habitación sale un chorro de agua que no cesa: sus cañerías no van por ahí. Se repite la avería que ya tuvo hace un tiempo, la tubería de la urbanización ha vuelto a explotar. Tras la explosión, el agua ha encontrado un camino y reposa en su casa. De momento ha tomado el sótano, veremos hasta dónde llega. Llama al ayuntamiento, llama a la empresa suministradora, llama al seguro, son casi las ocho de la tarde, llama al fontanero, el agua cae, sale, se multiplica, llama al 112, el agua sube otro nivel, llama de nuevo a la empresa
- No podemos ir, en este momento no podemos ir.
Y es que a las ocho juega el Barcelona, hay partido de Champions.
Lo importante es lo importante.
El médico no sabe quién está más enfermo.


Continuará...

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