No es metáfora ni ardid para llamar la atención : mi casa hace aguas. Yo suelo decir que mi cama es una balsa, la balsa donde duermo todos mis naufragios. Hoy lo de la balsa se ha hecho realidad. Cuando ha sonado el despertador he distinguido el ruido de varias goteras- ¡no me había pasado la noche haciendo marquetería!- y al poner el pie en el suelo he notado el agua. Por el parquet nacían mil ríos que querrían llegar al mar. (Mientras escribo- y esto sí q es peor que cualquier Gran Hermano, la vida no puede ser tan directa- arranca un nueva tormenta alo lejos y por el pasillo de mi casa en armas deambulan el constructor, el jefe de obras y un chico con la cámara de fotos que repien como un mantra "el sumidero, el sumidero" . Los focos que coloqué sobre la librería y el de la entrada siguen llorando de pena)
Este es un verano multirriesgo, hemos tenido incendios y ahora inundación. No sé cómo no me ha tocado el peluche gigante en la feria. No lo sé .Lo único que estoy aprendiendo con todo esto es que las cosas no pueden tener ningún peso en nuestras vidas. Que nada inánime nos puede atar: ni la tierra, ni el techo, ni los libros...Nada.
En nuestra región es habitual que pase esto en septiembre. La primera gran inundación que yo recuerdo fue la de Alzira, en 1982. Un compañero mío que entonces trabajaba allí en aquella época me contó que además de multiplicarse los divorcios por cuatro (esa noche, al parecer, una parte de la población masculina de Alzira había decidido refugiarse en un famoso puticlub que había en las afueras. A medida que pasaban las horas el nivel de agua subía piso a piso, tanto que se quedaron aislados y decidieron subirse a la azotea del local. Ya de día observaron un helicóptero que sobrevolaba la zona y comenzaron a mover los brazos, pensando que era el de la policía o el de los bomberos que venían a rescatarlos. Cuando el aparato se aproximó muchos de ellos tuvieron un ataque de pánico: ni fuerzas de seguridad ni equipos de rescate, el helicóptero llevaba el logo de Radio Televisión Española y aquellos infelices abrieron el telediario de la uno. En muchas casas respiraron con alivio al verlos vivos- pensaban que habrían desaparecido entre las acequias- y en otras las mujeres arañaban la pantalla del televisor mientras pensaban en lo imbéciles que son algunos hombres.) los habitantes de Alzira cambiaron de forma de pensar. A la pérdida de todas sus propiedades y la tristeza consiguiente, le siguió la sensación de que todo es tan pasajero, tan temporal que merecía la pena correr cualquier tipo de riesgo ya que al fin y al cabo, actuaras como actuaras con prudencia, cautela o precaución lo ibas a perder todo. Era un síndrome suicida que llevaba a la gente a montar empresas imposibles y contratar con los bancos unos préstamos altísimos. Los abogados se echaban las manos a la cabeza:
- Pero hombre, Paco ...¿cómo quieres instalar aquí una tienda de esquí si la montaña más cercana queda a setecientos kilómetros??
- Y qué más da... lo hago porque me gusta.
- Ayyyy...si lo vas a perder todo...
-Lo voy a perder todo igual. Cualquier día vuelve la riuà y me lo quita todo otra vez. Pon "venta de equipos para el esquí y la alta montaña" en el objeto social, fes-me cas.
El abogado asentía y callaba.
Algo parecido es lo que me impulsa a escribir esta mañana. Ahora ya se han ido los de la obra y espero a que llegue mi perito. La casa está a oscuras, para evitar un cortocircuito y se oye el discurrir contínuo del agua. Las goteras llevan un ritmo de ejército en maniobras. He dejado pateras de toallas por los rincones. Justine ha tomado posesión de una. No me río de lo que me puede pasar si se alargan las precipitaciones, no quiero tentar a la suerte.Pero me resisto a dramatizar lo que solo es una complicación más. Menudo comienzo de otoño que llevamos: suben los impuestos, descienden las minutas, se me rompen los patines (se me cayeron a trozos el sábado, vale que casi eran una reliquia- rollerblade de hace más de diez años- pero que se me partieran las ruedas mientras estaba patinano tiene su puntillo, oye). No me atrevo a pronunciar la frase con la que me ilustra un amigo cuando enumero mis calamidades: "qué bonito, tú preñada y yo en la cárcel". Toco madera para que las siete plagas se detengan aquí, porque comienzo a preguntarme si no seré yo gafe.
Me armo de paciencia y fregonas.
Hay que volver a empezar. Y si no sirve de nada tanto esfuerzo- qué crudo el "tanto esfuerzo pá ná" que le dijo Paquirri a su mozo de estoques en la enfermería de Pozoblanco, "tó pá ná"...- pues seguiremos escribiendo, como los de Alzira, hasta que vuelva la riuà.
Hay que volver a empezar. Y si no sirve de nada tanto esfuerzo- qué crudo el "tanto esfuerzo pá ná" que le dijo Paquirri a su mozo de estoques en la enfermería de Pozoblanco, "tó pá ná"...- pues seguiremos escribiendo, como los de Alzira, hasta que vuelva la riuà.
8 comentarios:
Joder, vaya tela...
Bueno, paciencia y ánimo
Esto va a ratos Isaac, ahora mismo me está entrando un bajón que ni te cuento...sigue lloviendo dentro de casa.
Gracias por los ánimos.
eva
Llueve dentro de casa. Bonita metáfora que te ha regalado este lunes. Millones de besos comprimidos en 160 caracteres.
Poneos en seco las gatas y tú..y lo otro ya se arreglará...
Muchos besos
Gracias anónimo pero no tenía yo la cabeza ayer para metáforas...aunque hoy he amanecido, que no es poco, mejor.
Y sin flotar!!!
Gracias Al, en cuanto pueda vuelvo a las trincheras.¡¡Menudo principio de curso caótico q estoy teniendo!!
Besos a ambos
eva
Vaya, es la quinta vez que escribo el comentario y la quinta que una fuerza extraña impide que se publique.......vamos a probarlo una vez más.
Te decía que recuerdo el otoño del 2000 cuando recién inaugurada mi casa me pasé la noche y el día achicando agua. Los constructores no me dieron ninguna solución así que a falta de iniciativas menos drásticas opté por sellar a cal y canto las ventanas de la bodega, que es por donde se filtraba (más bien colaba) el agua.
Lo cierto y verdad es que no ha vuelto a entrar agua, pero tampoco tengo la libertad de abrir las ventanas del sótano cuando el calor aprieta, pero bueno....la experiencia de achicar agua no fue muy agradable....cuánta más quitabas, más entraba....y así horas y horas.
En relación con lo que dices, es cierto, como la filosofía budista indica, cuánto menos apego tengas, menos sufrimiento tendrás....
Muy bueno lo de los hombres de Alzira en la azotea del puticlub mientras TVE les filmaba...
Besos y mucho ánimo
Soony
yo viví la panta nà de Tous, en Alzira, mi colegio estaba justo al lado del río, en una hondonada, blanco perfecto para recrearse ese agua marrón chocolate que arrastraba de todo... recuerod que llovía toda la tarde y que iban llamando desde portería a las clases a algunas alumnas porque habían venido a por ellas, todas de Alzira, las de fuera nos quedábamos, en espera del autobús... nuestras madres eran más tranquilas que las de Alzira, al final nos pudimos r sin que el autobús tuviera mayores contratiempos que el de hace un viaje de 8 km en más de una hora, las que se quedaron internas tuvieron que ser rescatadas por protección civil, saltando la barnadilla del balcón del primer piso a la lancha de los soldaditos al día siguiente, en casa acogimos a 2 miguitos de Carcaixent, cuyos padres acababan de tener otro bebe y estaban de acogida en otra casa familiar, mi abuela acogió a otra familia entera en su casa, la solidaridad se multiplicaba... se crearon lazos que duran hasta hoy... siempre se saca algo bueno de cada catástrofe...
Jo, sonia...no sé si me tranquilizas con lo de los constructores, pero bueno, de alguna manera lo solucionaste. ¿Has tenido en esta ocasión problemas? Porque como estaba todo, parece q casi nadie se ha librado.
Níni, tienes razón en cuanto a los lazos de solidaridad en las catástrofes. Yo creo q la gente reacciona mejor de lo q esperamos en esas ocasiones. Los capullos lo siguen siendo, pero el resto se da cuenta de la tragedia q supone para algunos q pierden casi todo y reacciona. Afortunadamente. Yo sigo creyendo en la gente. Historias como la que tú cuentas confirman esa sensación.
Mil besos a las dos
eva
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