
“Grupo social: Conjunto de personas ligadas por una cierta unidad de origen, conciencia y destino que manifiestan una determinada uniformidad intencional de comportamientos coherentes”
“Guia de Derecho Político”, José Zafra
-"Ab wann?" (¿a partir de cuándo?).
Schabowski miró el papel que sujetaba entre las manos. Años más tarde reconocería que fue un error, que nadie le había comentado esa cuestión. Pero leyó de nuevo la primera frase del comunicado y contestó:
- "Ab sofort" (inmediatamente).
El Muro de Berlín se había derrumbado.
"Cuando uno empieza a escribir cree firmemente en la perfección, después se da cuenta de que lo importante es el error. No me refiero al error que deriva en juicios morales, sino al error puro, en bruto. En un importante artículo (Las estéticas de error: Tendencias post-digitales en la música contemporánea por computador, Kim Cascone, MIT, 2000), se decía, "el error se ha convertido en una prominente estética en la mayoría de las artes de finales del siglo XX", y se citaba la frase de Colson Whitehead, "son los errores los que guían la evolución, la perfección no ofrece ningún incentivo para el mejoramiento". Como escritor, eso es algo que siento muy cercano. Y los errores, a veces, cuanto más tontos mejor. Estoy escuchando una canción, oigo una estrofa y pienso que daría un brazo por haber escrito esa frase que con el tiempo me inspira un poema y además el personaje de una novela. Un día leo el cuadernillo del LP y veo que estaba confundido; el cantante decía otra cosa."
"Apología del error", Agustín Fernández Mallo, El País 02/02/08
Veinte años plagados de errores desde aquella mañana del diez de noviembre. Se acababa la semana y a las doce y media entraba en clase nuestro profesor de Derecho Político, una de las bestias negras de la universidad.
- Ayer, mientras escuchaba Radio Moscú me enteré de lo sucedido- Nos miró inquisitoriamente.- ¿Alguien sabe a lo que me refiero?
La clase calló y se sumió en un murmullo sordo. Todos habíamos desayunado con la noticia de la caída del Muro de Berlín pero ninguno nos atrevíamos a decirlo. Parecía tan obvio que temíamos equivocarnos, y eso era algo que con Zafra se pagaba. Ninguno quería ser humillado en público. José Zafra era un hombre escueto, aparentemente calmado. Pasaba de los cincuenta años y tenía una voz modulada. Sus gestos tampoco eran violentos. Ni su vocabulario denotaba acritud. De ahí que nos desconcertara. A primera vista parecía un hombrecillo inofensivo, desbordado por la realidad, pero una vez se subía al atril se convertía en un agente del servicio secreto de información, alguien que nos haría conocer el sufrimiento a través del derecho. Porque eso es lo que hacía año tras año: destrozar a través de unos manuales incomprensibles una de las asignaturas que hubiera podido entusiasmar a los recién llegados, la teoría general del Estado.
Nueve de noviembre de 2009.
Sopla un viento huracanado y Berlín es, desde hace unos días, un inmenso plató de televisión. Un bosque de focos perpetuamente encendidos rodea la puerta de Bradenburgo, como si las velas por los que trataron de cruzar al otro lado hubieran resucitado. Veinte años no es nada, qué febril la mirada. El tango, la radio, noviembre, el viento...cuánto le debemos al error, a nuestras acciones equivocadas. En la universidad no se nos permitía un solo fallo. El error era gravemente penado. Aprendimos a golpe de repetición sin posibilidad alguna de imaginar, de crear, de equivocarnos. Veinte años más tarde nos damos cuenta de que esa disciplina caía en aquellos mismos días. Gracias a un error nacía Alemania y se derrumbaba el símbolo mayor de la opresión y el silencio: el Muro de Berlín.
Agustín Fernández Mallo reivindicaba el viernes en su presentación de "Nocilla lab" en Zaragoza la literatura como algo lúdico, entretenimiento intelectual, aventura. "Me pongo a escribir y voy resolviendo mis dudas a medida que escribo. No programo, ni calculo simplemente voy "vomitando" aquello que se me ocurre..." Qué distinta su filosofía de otros escritores que defienden el "todo medido y (so)pesado" desde la primera imagen que te hace poner el bolígrafo a correr. El esquema es útil como mapa de ruta. El abuso del esquema - pienso yo- crea el uniforme y de ahí al bloqueo mental hay solo un paso. El esquema no admite el error, el paso en falso, los atajos ni las carreteras secundarias. La rigidez en los comportamientos a veces termina solidificando nuestros gestos, nos convierte en estatuas de sal. Textos como tablas de la ley, sin emoción, desiertos de pasiones.
Cayó el muro y aparecían las primeras grietas en nuestros esquemas de comportamiento. El gobierno socialista llenaba los institutos de condones con una campaña criticada hasta la extenuación- "Propóntelo, propónselo"- para evitar los embarazos no deseados. Veinte años más tarde sigue sin salir esa temida ley del aborto que provoca las reacciones más agitadas, las divisiones más violentas. Oliverio Toscani desde su atril de la publicidad de Benetton soliviantaba los pensamientos más pétreos. La imagen de la monja besando al cura- kissing nun- fue retirada en Francia y prohibida en Italia. Dieciocho años más tarde nos parece una tontería y sin embargo en aquella época fue tachada de alta traición, de gravísima e imperdonable falta de respeto. Desde el Vaticano le pidieron a Benetton y a su mejor publicista que escondieran su campaña, que reconocieran públicamente su error. Ellos siguieron soliviantando a la gente con mayores ofensas. Anuncios con mensaje o publicidad demagógica quién sabe, pero eficaz, llena de fuerza, capaces de poner en evidencia las grietas del mundo occidental.
Los símbolos pierden su significado. Lo que queda del muro de Berlín se ha convertido en una galería de artistas en el East Side. Viajas hasta Postdamer Platz y te preguntas en qué lado te encuentras y la única respuesta válida es que te hallas en el territorio de las grandes multinacionales, bajo el cielo estrellado de Sony. Cambian nuestros paisajes de arriba a abajo con leves movimientos de tuerca. La fanta de naranja ya no es lo que parece, ahora son las naranjas las que saben al refresco con gas. Original y duplicado, qué importa el punto de referencia.
Grupo social. El "quiénes somos de dónde venimos a dónde vamos" darwinista y con música de Siniestro Total. Cuánto hemos cambiado.
Qué lujo poder seguir equivocándonos. Ahora, inmediatamente, mientras escribo este post, sin unidad de conciencia ni de destino y tú, lo lees.
Solo "Barrio Sésamo" permanece. Hay mucho que celebrar.
3 comentarios:
Me encanta eso de estar aquí, leyéndolo ahora, sin unidad de origen, ni de conciencia, y quizá tampoco de destino... pero aun así, sintiéndome parte de un grupo. Quizá ésta sea otra de las virtudes del error... sin tener "determinada uniformidad intencional de comportamientos coherentes", aquí estamos muchos, leyéndote en este preciso momento, inmediatamente...
¡Viva Barrio Sésamo!
Besos,
Tres
Mil gracias Trini. Reconforta volver por aquí y encontrar sonrisas como la tuya. Mil besos
eva
Mis mayores aciertos provienen de grandes errores, así que yo también reivindico el derecho a equivocarse.
Nunca dejaré de hacer algo por miedo a equivocarme....soy algo kamikaze y benditas equivocaciones que han forjado lo que hoy soy.
Soony
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