El domingo por la tarde Frida y Justine jugaban a indios y vaqueros. Justine disparó una flecha a Frida y se escapó hacia lo alto del cañón . Pretendía esconderse detrás de la Cima Oscura de las Mariposas Aztecas, es decir, mi lámpara preferida, la "Garbo" de Santa&Cole (un regalo de Anahada). Pero iba tan asustada que no lo consiguió y del salto derribó su trinchera : el pie de la lámpara - que era de cristal- se hizo añicos en el suelo. Adiós mariposas, adiós objeto de diseño, adiós mi conversación de teléfono, adiós calma dominical. Bienvenida factura de reparación. No hay que cogerle cariño a los objetos, me repito mientras recojo los pedazos. No hay que depositar en ellos nuestro afecto. Que luego se rompen. O se inundan. Desde hace un mes vivo con la sensación de que todo es extremadamente frágil, que nada sobrevive al paso del tiempo. Y lo voy digiriendo con la mejor de las sonrisas. Desde el domingo lo que llevo fatal es pasarle el parte del último siniestro a mi madre.
Vamos a ver, puntualicemos: mi casa es mía y a los treinta y ocho años no tengo que explicar nada. Eso como principio. En realidad bastaría con contarle que ayer por la tarde, presa de un ataque de ansiedad o de aburrimiento, decidí organizar una partida de bolos en casa. Y que hice pleno en mi primer lanzamiento. Mi madre se quedaría tan contenta y mis gatas no tendrían remordimientos. ¡Ja! Pero no, desde hace un mes todo ha cambiado y como mi casa, tras la inundación y las filtraciones- alegrías del constructor- se ha convertido en una pequeña maqueta de Kosovo, mi madre que sufre por mí más de lo que está permitido en los límites de velocidad, no levanta cabeza. Así que me preocupa enormemente el cómo se lo digo, porque no está la mujer para disgustos. Ni yo para hacerle daño.
Todo lo que acabo de escribir es de lo más superficial. Lo sé. Lo hago conscientemente. Ojo: lo de mi madre es verdad y lo de la lámpara también, pero lo que sucede es que busco un disfraz. Un vestido de cóctel para esconder la tristeza y es que los últimos días me los he pasado bajo el síndrome Coixet, preocupada por "Cosas que no te dije" o por "La vida secreta de las palabras". Me planteo mil dilemas. ¿Es tan necesaria la sinceridad?¿Qué valor tiene la delicadeza en las formas?¿ Cuánto estamos dispuestos a pagar por una verdad?¿Por qué las palabras deben tener un precio?
Entre mi caos personal y el sofá me entero del revuelo que se ha formado con una columna de Elvira Lindo. La escritora publicaba el pasado 11 de noviembre en el País "Comunistas", una crítica inteligente y clara a la entrevista realizada en el mismo periódico a dos jóvenes comunistas. Yo la había leído y me había gustado mucho. Elvira Lindo ultimamente gana puntos en mi ranking, hace unos años Elvira Lindo me parecía una redicha pero ahora si me falla a la hora de misa- los domingos, de mañana, con el periódico y desayuno- me dan ganas de escribir una carta al director para que le ponga falta. La columna del otro día me pareció brillante y acertada, y como no quiero jugar al teléfono estropeado, pongo el link y quien quiera que juzgue y después, si le apetece opine. Opinar, algo que debiera ser libre. http://www.elpais.com/articulo/ultima/Comunistas/elpepiult/20091111elpepiult_1/Tes
Pues ahí surge el conflicto. El 14 de noviembre le replicaba en el mismo medio Esther López Barceló, con su "Comunistas II". Yo lo leí con retraso, interesada por la polémica. (Soy morbosa, no lo puedo negar) . Me pareció una respuesta previsible y fácil, un poco demagógica, de panfleto. Ya está. Ahí se acababa para mí el asunto. Pero no, el domingo me enteré de que ese "II" no era el final de la saga, sino que alguien decidía lapidar a Elvira Lindo enrolándose en la guerra de no sé qué galaxia. Cómo no, ese alguien se escondía en un seudónimo- valiente y brillante, como era de esperar- "Stalin" y comenzaba su alegato con un "cerda" que ya resume la ideología de quien lo firmaba.
Cerda. Acabo de hacerme fan de una página en Facebook creada para la ocasión: "Yo también soy una cerda". Claro que sí, una cerda libre de hacer y decir lo que opine desde el respeto, sin caer en el insulto ni en la comodidad de quien no cuenta nada. Seguimos otra vez con el clima de crispación e intolerancia de los últimos meses. Los debates se afilan cada vez más. Las palabras tienen más picos y las recibimos en orejas laceradas. ¿Por qué?¿Por qué nos cuesta tanto escuchar o hablar?¿Por qué hay que callarse si queremos dar nuestra opinión? ¿Por qué no podemos decir las cosas con cuidado?
Mi fin de semana ha sido un cóctel: entre copas de cava, presentaciones y sonrisas. Todo era fácil, todo era brillante. Pero en la intimidad me preocupa lo de las cerdas. No voy a entrar en el análisis de los insultos, para qué. Desde el "hijo/a de puta" hasta las "cerdas" la semántica nos la tiene jugada a las mujeres, o a las hembras. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es la tristeza que nos queda después, cuando una voz se calla o cuando alguien deja de darnos su opinión porque no quiere discutir con nosotros. Algo se nos ha ido de las manos en ese momento. Algo que ha convertido lo sencillo en complicado.
Cerdas y cócteles. Figuritas del Belén aparentando dar conversación. Opiniones mulliditas, críticas de diseño, tan philipp stark, blancas, de formas limpias, que no incomoden, que den una alegría a la vista. No se coman las margaritas, por favor. No. Que las cerdas vuelvan a su pocilga y Carrie Bradshow a Nueva York, que era suyo. Pero que una cerda no puede hacer lo mismo.
Justine, Frida y yo estamos indignadas con lo que le ha pasado a Elvira Lindo. Las tres nos declaramos cerdas desde este mismo momento. Y también amantes de los cócteles, porque no puede ni debe estar reñido disfrutar de la vida y analizarla. Qué manía con colocarnos en departamentos.
Y pensamos seguir dando nuestra opinión de todo lo que se nos ocurra con respeto.
Así que, brindemos.
4 comentarios:
Chin, Chin...yo soy una cerda...¡qué le voy a hacer!..y lo tengo asumido desde hace mucho tiempo....y así me va a veces...
Me encanta opinar y que me repliquen, si no, ¿cómo voy a aprender?
Un abrazo
( y lo de las madres....¡qué te voy a contar yo!)
No, no nos va mal por ser cerdas, sino porque los otros prefieren ser sordos. Es más cómodo. A mí tampoco me gusta escuchar determinadas cosas, pero todo se puede hablar y discutir.
En fin...brindemos!!!
Besos, wapix, Al.
if
Pues aquí va el comentario de otra cerda. Yo también me autoproclamo, a bombo y platillo: LA CERDA MAYOR DEL REINO...lo cierto es que me ha costado el típico tópico de "sangre, sudor y lágrimas", pero ha merecido la pena. Cuando aprendes a ponerte el chubasquero y dejas que las críticas DESTRUCTIVAS te resbalen, vives en libertad.
En cuanto a lo de tu madre, yo también te comprendo, no creas, pero últimamente he avanzado bastante en ese campo. Ya te contaré.
Soony
PD1.SIENTO LO DE LA LÁMPARA
PD2.ELVIRA OPINA MUY PARECIDO A MÍ, DE HECHO A MI MARIDO, COMUNISTA CONVENCIDO, SIEMPRE LE DEBATO CON LOS MISMOS ARGUMENTOS
jajaja Sonia, me gusta lo de "la cerda mayor del reino". Yo también juego en esa liga. Te hemos echado de menos esta noche en el cóctel, pero sé q estabas en antena. Me alegro de que coincidieras con lo q dice Elvira Lindo en su columna. Con el griterio parece que hayan conseguido q se borraran las ideas y es justo lo contrario. Siguen siendo válidas y son lo más importante de todo esto.
ganas de verte, señorita.
Muchas ganas de veros.
Un abrazo muy fuerte
eva
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