Avenida Pio XII, Pamplona, ocho de la tarde, finales de mayo de 1993. Tablero de laminado blanco junto a la ventana. Rosa, de azul marino, camiseta de Dolores con la inscripción "Navy" y abalorios dorados. Frente a ella, yo, es decir, cuerpo de masa informe, chándal azul de Mistral (una reliquia) y sudadera gris de la universidad de Valencia (estudiar me produce escalofríos aunque sea en mayo). Dos tazas de té con leche. Quinientos sesenta y cuatro folios de apuntes de p.m (compañera del colegio mayor, vamos a respetar su anonimato por agradecimiento, que nos cedió siempre todas sus horas de clase en la carrera) el Castán (Obligaciones y Contratos, en dos volúmenes) y el Diéz- Picazo (un solo volumen). Trece horas para el examen. Tercera convocatoria.- ¿Lees tú o leo yo?- me pregunta Rosa.
- Como prefieras, reina- le respondo sentada cual loto. Somos británicas hasta en un naufragio.
- No, si a mí me da igual...- Rosa levanta sus párpados de museo de cine berlinés (por la textura de cine antiguo, no por la edad que nadie malpiense)- es por ir más rápido...
- Leemos las dos, ¿qué te parece?- mi indecisión ha tomado el mando- bueno, no...leo yo, o no, mejor...lees tú, o no...
- ¡Reina!- ella es más práctica- leo yo, joder...que nos van a dar las dos de la mañana y aún nos estaremos dando paso.
La miro con arrobo. Soy toda admiración.Ella ladea la cabeza y eleva la voz.
"In claris non fit interpretatio-hace una pausa- Ante lo evidente no cabe explicación.-me sonríe: entramos en materia- La máxima del derecho romano in claris non fit interpretatio quiere decir que sobre lo que ya se ha dicho no es necesario dar una nueva explicación. O sea, que sobre lo que resulta claro en un contrato no es necesario facilitar nuevos detalles. Que es lo mismo que sobre lo evidente no cabe redundancia, o si preferimos...
- ¡Rosa!!!- la interrumpo al borde del llanto y descubro que tiene los ojos brillantes, plagaditos de lágrimas- No me lo puedo creer...¡Si es que hay una flecha y todo explicándolo!!!
Se atraganta. Mi amiga bebe té con leche y cae una gota sobre los apuntes. Mientras, yo me tapo la cara con las manos. La desesperación se vuelve obra de teatro. En cuanto recupera el habla Rosa sigue leyendo mientras yo cuento el número de páginas que supone la explicación de este punto. Son cinco en total, con diagramas de Eulerrvenn y todo:
- así que, ya sabemos, flecha, ojo! jurisprudencia, dos puntos, no cabe interpretación sobree aquello que es meridiano...conclusión- Rosa mira por la ventana, a lo lejos aún no han construido el parque de Yamaguchi solo hay grúas y los restos de una obra, no para de reírse- es decir, sobre lo que ya se ha dicho no es necesario que se abunde, que se den detalles, que se explique. In claris, sobre lo evidente, lo claro..."- toma aire, cree que va a ahogarse, lo cree de verdad. Sigue mirando por la ventana para no ver mis muecas. Se nos ha hecho el telediario tratando de explicar lo evidente.
Pamplona, avenida Pio XII, ocho de la tarde, llueve, mesa de la esquina al final de Pasadena. Rosa, Javi, Eugenia y yo, tres coca-colas, una cerveza. Plato de aceitunas con hueso. El mismo camarero de entonces (Rosa lo jura) tras la barra. Hablamos de Gürtel, de Juan Costa que nos daba clases de financiero, del maldito examen de financiero:
- Y los apuntes- añado yo- ¡los apuntes eran más densos que los presupuestos generales del Estado!
- Sí, la verdad es que cuando los vimos casi nos da una depresión- apunta Javi.
- ¿Depresión? No sabéis lo que es eso...la depresión la tuvimos Eva y yo la tarde de "In claris non fit interpretatio"- Rosa mueve las pestañas y empieza a recordar.
De repente la hilaridad parece gaseosa. Rosa rememora la escena vivida dieciséis años atrás mientras Eugenia se deshace en carcajadas de agua. Javi se rie con cuidado, él es más discreto. Nosotras seguimos con las mismas lágrimas, como si fuéramos un paso de semana santa. Me atraganto con el hielo mientras recordamos la desesperación de las vísperas de los exámenes, cuando éramos conscientes de que nos iban a suspender por todos lados y pese a ello seguíamos poniéndonos frente a los apuntes con la minuciosidad del que ambiciona un sobresaliente.
Quince días más tarde llego al féisbuc. Estado de ánimo de Javi: in claris non fit interpretatio. Secuelas de un fin de semana de nostalgia, el de la vuelta a la universidad. Me despedí del blog hace veinte días, al borde de mi cumpleaños y una semana más tarde regresé a Pamplona, donde estudié la carrera.
Quince días más tarde llego al féisbuc. Estado de ánimo de Javi: in claris non fit interpretatio. Secuelas de un fin de semana de nostalgia, el de la vuelta a la universidad. Me despedí del blog hace veinte días, al borde de mi cumpleaños y una semana más tarde regresé a Pamplona, donde estudié la carrera.
Pamplona. A menudo olvido que viví allí cinco años, que me emocionaban los cielos desvanecidos de Zizur Menor, las rotondas afrancesadas que poblaban la ciudad; olvido que me pegaba por hacerme un hueco en el Casino Eslava, que disfruté del verde del campus, de la Ciudadela, de la Taconera durante más de mil quinientos días y que por supuesto, fuí feliz y conocí a algunas de las personas más importantes de mi vida en la universidad de Navarra. Que tal vez la sombra que se proyecta sobre los recuerdos no sea otra que la universidad.
Pero yo quería hablaros de la nostalgia, de lo que hasta el veintidós de octubre me parecía una soberana estupidez :un reencuentro al estilo película americana de los domingos por la tarde. Alumni weekend. El bucle de lo absurdo. Una reunión de ex-alumnos, precisamente es eso, una celebración del sinsentido del afecto. Nada más. La gente acude porque sí, porque hay algo que se disfraza de muchas cosas que te hace pegarte diez horas de viaje, aislarte por dos días del mundo y reirte de cualquier cosa que diga tu compañero de clase. De cualquier cosa. Desde fuera parece que diez tipos se hayan apuntado a risoterapia y estén practicando porque sus conversaciones no son coherentes y a ellos les provocan carcajadas.
Después se produce la reunificación y la amalgama de grupos: compañeros de clase, compañeras del colegio Mayor, amigos de Pamplona... En general todos somos muy vagos, muy de "ya te llamaré" o "nos vemos", y solo tenemos contacto de boda en boda, o muy de diluvio en tornado, cuando se me ha roto el coche en Almería y recuerdo- Oh!- que había un compañero de clase que me pasaba los apuntes de mercantil que vivía por allí. En general, digo. Pero después de quince años volver a verles abre un compartimento estanco en nuestros afectos: el de los abrazos que no dimos, el de "cuánto te he echado de menos" y se nos queda a todos una sonrisa de pasamarote, de felicidad ininterrumpida que es difícil borrar.
Yo no creía en estas cosas. Me resistía. Me negaba a pensar en ello. Desdramatizaba la reunión y en mi intento de no ilusionarme le iba dando más importancia. Duré tres minutos. Rosa me llamó desde el hotel- situado en el mismo edificio en el que vivíamos- y al escucharla pisé el acelerador. Me moría de ganas de volver. Aunque nosotros, los de entonces, no fuéramos los mismos. Qué bien que no lo seamos: el chico tímido lleva la conversación más animada de la mesa, quien se ocultaba tras siete jerseys y un chándal se disfraza de Agatha Ruiz de la Prada, el numerario ha abierto sus puertas y da abrazos, Eugenia Mir sigue siendo tan linda como era Eugenia Mir...Todo está intacto. Más aún, todo ha ido a mejor. Hemos tenido tiempo para darnos cuenta de que éramos felices y hemos vuelto solo para celebrarlo. No hay más. Las historias de patitos feos que regresan convertidos o convertidas en chicos de teleserie- guapos, estupendas- existen pero pasan a un segundo plano tras las primeras risas. Lo que se queda son los abrazos. El brillo en los ojos cuando te reencuentras con alguien a quien no has visto desde entonces. La complicidad que no supieron disecar en la orla. Los nombres propios que saltan en la comida entre copas de vino y castigados sin siesta.
Más allá de la magdalena de Proust, más allá de la tortilla de patata del Faustino, más allá de los carnets de colores, de la definición de grupo social, está el cariño que se quedó intacto hacia quienes compartieron con nosotros esos cinco años.
Por eso merece la pena volver, porque ante lo claro solo cabe una actitud : disfrutarlo.
7 comentarios:
Me ha encantado, Eva. Cuando lo leí por primera vez, os ví. Efectivamente Rosa llevaba esa camiseta y tú chándal azul tantas veces inmortalizado, también la oí a ella, con ese Reina, joder... Ayer se murió mi abuela y en esas horas vacias de tanatorio no he dejado de pensar en este post y en el paso del tiempo, y en lo que dejamos atrás, y en lo que recuperamos. No dejes de escribir Evita, por favor. Estoy deseando leer lo que sigue y lo de después...
No imaginaba que fueses a volver por aquí tan pronto y me ha sorprendido mucho la manera y el tema tratado. No sabes cómo he disfrutado leyéndote y cúantas conclusiones he sacado, gracias por seguir escribiendo, si pudiese te daría un abrazo porque me has emocionado mucho con la frase "Hemos tenido tiempo para darnos cuenta de que éramos felices y hemos vuelto solo para celebrarlo".
Reyes, siento mucho lo de tu abuela. Te escribo ahora mismo. Un abrazo muy, muy fuerte.
Ivampu, si es que no me puedo aguantar...me ha costado más pasarme veinte días callada que volver. Pocas cosas me gustan tanto como esto. Me alegro mucho de que te haya gustado.
Mil gracias por volver!!!
El abrazo ha llegado.Gracias también.
Va otro para allá.
Besos a los dos,
eva
Tu no te calles...me ha gustado mucho el post y el título...¡ay el derecho romano!!!
Un beso
Hola Eva, hoy tenía tiempo y tranquilidad para entrar en tu blog y me ha encantado leerlo...me he reído como siempre hago cuando nos vemos. Seguiremos en contacto. Un beso
Gracias Al, no me callaré. Tenlo claro. Qué pesadilla para los que me rodeáis.
Gracias Eu-gin, no sabes cuánto me alegra verte por aquí. Volver a verte siempre es un lujazo.
Mil besos
eva
"In claris non fit interpretatio"...lo has dejado todo tan clarito que no voy a darle más vueltas.
Lo cierto es que cuando me enteré de ese encuentro de antiguos alumnos ya me pareció que ibais a disfrutar, ahora bien, tras leer tu post se percibe claramente que al margen de disfrutar, que evidentemente lo habéis hecho, el encuentro ha supuesto algo mucho más importante recuperar el cariño y los abrazos de quienes compartieron contigo esos cinco años.
Soony
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