viernes, 2 de julio de 2010

Borradores




Para mr. A, que me ha acompañado estos meses y cuando he estado triste me ha tirado de la coleta,



Smetâna

Su vuelo llegaba primero, así que cuando Raquel pisaba Praga él ya estaba durmiendo una siesta en la habitación del hotel. Ni siquiera abrió las maletas, simplemente se quitó el abrigo y se dejó caer sobre la cama en diagonal. Llevaba un par de días mal durmiendo y la ciudad estaba demasiado húmeda para descubrirla solo, por eso ni lo pensó. La calefacción y el color grisáceo del cielo le ayudaron a decidirse en menos de un minuto. Los segundos que se tarda en caer desde cincuenta centímetros hasta un nórdico más mullido que la cama de heno de Heidi. Su cabeza quedó flotando entre nubes de plumón. Al cabo de un tiempo el ruido de las maletas de Raquel y su interrogatorio-monólogo al camarero checo que le acompañaba le sacaron de un sueño de aurora boreal. No pudo ni enjuagarse la boca.En cuanto se incorporó ella se había abalanzado sobre sus labios y le engullía apretándole contra su bufanda. Llevaba una boina roja y tenía el pelo húmedo. Cuando le permitió volver a respirar Sergio tomó uno de sus bucles con la mano y como si pretendiera encontrar entre la bruma algo real lo apretó con los dedos, escurría sus pinceles de acuarela. Raquel sonrió. Él recordó que antes le gustaba tocarle el pelo y le devolvió la sonrisa, pero soltó el rizo con rapidez, aprensivo. Ella volvió a besarle y cayeron juntos sobre el edredón. Mientras le quitaba el abrigo, Sergio iba pensando cómo podría engañarla a partir de ahora. Le levantó el jersey y comenzó a mordisquearle la tripa, yendo hacia un costado. Raquel se había sentado sobre sus piernas e intentaba desabrocharle el pantalón. Él tenía uno de sus pezones en la boca mientras seguía pensando que antes, no hace mucho tiempo, esa misma situación le volvía loco. Pero ahora no sentía nada. Sabía que sujetaba entre los labios un pezón castaño que iba endureciéndose por momentos y que a Raquel eso le producía placer- lo corroboraban sus caderas-y sin embargo él solo tenía la sensación de estar mordiendo un trozo de piel conocida. Poco más. Abrió los ojos y comprobó que ella estaba dentro del juego. Se preguntó si debía decirle algo de lo que estaba pasando. De repente lo descartó. Raquel ya había metido la mano dentro de sus calzoncillos. Si quería saber algo, ella misma lo descubriría. No hacían falta palabras.
Pasaron dos horas tumbados en la cama del hotel cuando ella se decidió a ir al baño.Ninguno de los dos había abierto la maleta. Se habían quedado callados, poco a poco y estaban inmersos en una duermevela en la que iban perdiendo la energía a medida que pasaba el tiempo. Fue Raquel la primera que se movió y tras sacar un par de cosas del equipaje dijo que se iba a dar una ducha. Después Sergio oyó un chillido: el espejo estaba roto, la mampara de la bañera tenía una grieta enorme y sobre el suelo de azulejo yacía el causante de todo aquello, un búho, ensangrentado que no movía las alas. La ventana estaba abierta. Raquel lloraba. Sergio llamó a recepción.
Cenaron en una vinarna cerca de Mala Strana y pidieron gulash. Se bebieron varias cervezas y Raquel había recuperado el tono sonrosado en las mejillas. Sergio, sin embargo, seguía sin estar muy hablador. Era miércoles y el restaurante estaba vacío. A un metro del abrigo de Raquel un camarero les observaba como quien pasa las horas vigilando una pecera. Sergio se había fijado que tenía los puños de la camisa sucios, pero viéndolo así detenido, con una postura firme, hierática tal vez en un pasado fuera militar. La vida en Chequia había cambiado mucho desde que cayó el muro. Nadie se reconocía. Ni siquiera él que solo era un turista.
Pasearon hasta la torre de la Pólvora y Raquel quiso que bajaran a un pub que había en el sótano del Café Nouveau para seguir bebiendo cerveza. A él le daba igual. Miraba las callejuelas amarillentas, la negrura del Moldava, la belleza del castillo... y todo le resultaba indiferente. Nada le producía ninguna emoción. Podían haber estado paseando por un polígono industrial durante días, porque a él le hubiera parecido lo mismo: su entorno estaba hueco.
En la discoteca tuvieron suerte, actuaba un grupillo local y sus seguidores animaban la vida nocturna de la ciudad, que un miércoles de marzo cualquiera y con aquel frío estaba muerta. Tocaron un par de versiones y ella se apretó contra él. Estaban de pie, frente al escenario, tras un par de filas y los dos llevaban una jarra de Pilsner. Raquel era de trago largo y estaba feliz ante la relación tamaño-precio de la bebida. Se reía y le preguntaba constantemente si estaba bien. ¿Estaba bien? Sí, le contestaba Sergio, estoy muy bien. Pero ni siquiera se esforzaba por demostrarlo al decirlo. Sus respuestas eran automáticas, como si instalara el programa de un ordenador.


Autobiografía y excesos
Promoción del libro, entrevista fijada a las once y media.
Un chaval de veintitantos y otro más mayor, con gafas de pasta y pelo jordilabanda, delgadico como si no hubiera merendado en su vida.
El escritor se aproxima. El jovencillo le da un codazo al cultureta. Saludan al escritor. Ni la mano demasiado floja ni demasiado rígida- cabrones los de vodafone con el anuncio de "da la mano blandita", ¿y qué pasa?- todo se hace con prisas. Entran en una cafetería donde el capuccino es de franquicia pero que tiene unas paredes verde oscuro tan mates que dan una luz especial. El de las gafas se pide un espresso, el escritor una caña y el jovencillo saca la cámara de las bolsas y se apunta a la cerveza. Apenas se oye su conversación.
El escritor no se ha quitado la chaqueta. El periodista ya ha abierto su moleskine - regalo de una novia pizpireta de colchón adictivo-y anota, con caligrafía de mosca tímida, frases como ejércitos de lombrices. La cámara marca un ritmo absurdo, chas, chas, sorbo de espuma, cruce de piernas dos mesas más allá, chas, carraspeo del de las gafas, chas, chas, chas...
El periodista: ¿Y qué hay de autobiográfico en la novela? Porque tú, según he sab....
El escritor: Nada.Yo no he vivido.
Todo es ficción.

Sus ojos, mi tortura.

Sus pasos sin eco, su voz en mis grietas. Me despierto con la sensación de que alguien me observa mientras duermo.En mis pesadillas salgo a la calle vestida pero siempre me falta algo: voy descalza, solo llevo una camiseta o se me ha olvidado la ropa interior. Los demás se dan cuenta de esta circunstancia y no dejan de mirarme.Sus rostros cóncavos, convexos me persiguen durante la noche. Me falta la respiración para correr entre las sábanas.
Sus manos en mi cintura.
Pánico.
Un mechón de pelo en la mano. Dos más en el plato de la ducha. La báscula que se traga mis ganas, las cifras digitales que cada vez se hacen más pequeñas, este temblor todo el día por todo el cuerpo. Este nudo en la garganta que distorsiona mi voz.
Nunca me ha tocado y sin embargo sé que su piel tiene el tacto de los ojos de un pez. Es una piel vidriosa y húmeda. Me impresionó la primera ocasión en que me interceptó. Entonces fingía haberse perdido y me pidió que le indicara dónde estaba una clínica dental. Y sonrió. Nada me pareció extraño salvo su piel, que brillaba a gotitas, como si acabara de rociarla con algo. Tenía un tono de voz modulado, agradable incluso.Pero ya no me fijé más. Después llegaron las coincidencias: aparecía en el horno en el que suelo comprar el pan antes de comer. Se tropezaba conmigo y usaba las disculpas para que trabáramos una conversación. Aparcaba en el mismo parking que yo. Tomaba café en los bares de mi zona, así que supuse que era un vecino nuevo y le devolvía el saludo cada vez que nos encontrábamos. No me fijé que la frecuencia de aquellos tropiezos se iba incrementando. Yo sonreía e intentaba zafarme de su charla con la mayor educación posible. Pero él me lo iba poniendo más difícil. Hasta la noche en ....




3 comentarios:

Raúl dijo...

Excelente, E. Cómo me gusta cuando parece (sólo parece) que no te implicas en lo que escribes.

evamaring dijo...

Gracias Raúl, no están muy currados pero bueno...besillos mil
eva

Anónimo dijo...

Algunas caras B son mejores que los hits...

Como cantó Ronsedo:

"Déjame que pose para ti
eres tú mi artista preferido
déjame tenerte junto a mí
prometo estarte agradecido"