sábado, 11 de diciembre de 2010

Teléfono Rosa: volamos hacia Estocolmo.

 Marcos Mc Queen me  propone huídas de tanto en tanto. Hace unos meses nos fugamos a Kobe a la hora de cenar y despedimos a un carguero chasqueando los palillos, entre noodles y un vino blanco; los noodles sabían a tarde en Londres, el vino a carretera manchega y a campo. El jueves, después de perdernos por una librería, nos fuímos a una casita verde, aledaña de la de Frida Kahlo en Coyoacán. Él me habló del Rio Grande, de una huída con rumbo a Tokio pasando por Hawai y por Ciudad Juárez. Las imágenes saltaban por su iphone mientras daba sorbos a un daiquiri y sus colores se deshacían entre hielos, como si el desierto estuviera pintado con acuarelas . Yo le escuchaba al borde de un Old fashioned que sabía a saloon y a duelo. Planeábamos subir al Fuji cuando sonó el teléfono con insistencia.
Regresé a la realidad, a la calle Mayor, a la farola amarilla que nos iluminaba frente al colegio de arquitectos, a los muebles reciclados de Lupita. A mis ganas de meter todo eso en una maleta y subirme en el coche de la huída.
Era Rosa la que llamaba.
Teléfono Rosa.
Detuve la ensoñación. McQueen detente, espérame en Le Mans, que ahora no puedo ser Ali Mc Graw. Rosa seguía agitando con mayúsculas mi pantalla.

- Reina, tenemos que hablar- su tono era urgente.
- Estoy tomando un cóctel.- Medí su preocupación con mi silencio- Te llamo al llegar a casa.
- Sí por favor. Hay que comentar lo de Varguitas- aquí se puso seria- Lo que dijo Don Mario.

 
Suspiré. Marcos sonreía desde el otro lado de Río Grande. Yo cruzaba las piernas como Joanna Halloway en la barra del Four Seasons.

- No te preocupes, dame diez minutos.

Colgué. Sé que Rosa, al otro extremo, bajaba las pestañas. Me despedí de Marcos en una esquina de la avenida, no había coches en el Downtown. Crucé la calle como una secretaria de los cincuenta, enfundada en mi abrigo rojo, dando las horas con mis zapatos de tacón.  Ya en casa me descalcé y marqué su número.

- Reina...

Rosa alargó la sonrisa.

- Qué puntual.
- Cierto- me tumbé sobre el edredón blanco- Me moría de ganas de comentar el discurso del Nobel.
- Me lo temía- dijo ella poniéndose seria- creo que he llegado a tiempo.¿No habrás escrito el post, verdad?
- Pensaba hacerlo mañana- bostecé- he tenido un día horrible. De divorcios y desamores en vena.
- Bien, pues por eso te llamo- añadió ella poniéndole punto y final al prólogo- para que no te entre la vena norteamericana de "happy end" y pierdas la perspectiva.
- ...¿Rosa?- balbuceé- ¿No te ha gustado?
- Reina, vamos a ver...- tomó aire- tú sabes que Vargas Llosa a mí me enloquece y que claro, como cualquiera, me he pasado el discurso llorando, porque ha sido emocionante y lúcido, valiente y tierno, pero reina...
- ¿Sí?- le pregunté incorporándome en la cama.
- Lo que le ha hecho a Patricia no tiene nombre. 
-¿Perdón?- se me atragantó el whisky en el que aún flotaba.
- ¿Qué le ha hecho?
- Me lo temía: te han perdido las lágrimas y te has dejado llevar.- su voz adquiría el tono de desayuno con caviar de Alexis Carrington.-¿ Tú has escuchado lo que le ha dicho?
- Claro- mi ingenuidad se vuelve metacrilato, como las pupilas de Krystel- y ha sido precioso. Precisamente hablaba de eso con Marcos, de ese comienzo lleno de amor y lealtad "Perú es Patricia, la prima...."
- Sí, eso es precioso, tan bonito como ya lo era en "El paciente inglés"- me replica- y tú  y yo somos de esas, de esas que creen que su patria son sus afectos: nuestros amigos, nuestros amores, nuestros seres queridos...Perfecto el principio, pero vayamos un poco más allá que Mario Vargas Llosa es el Nobel de Literatura, reina...¡el Nobel! ¿Y qué le dice el Nobel a su mujer?
- Pues...- su vehemencia me quita seguridad- pues...le dice (he escuchado el discurso más de seis veces y ahora que tengo q defenderlo no recuerdo una sola palabra, me suele pasar, no sé mantener mis argumentos, grrr...) pues le dice que es la que pone el orden en su caos y se le quiebra la voz de emoción, de cariño...
- Toda la razón. Toda.- sé que Rosa sigue sonriendo doscientos cincuenta y cuatro kilómetros más allá- Pero, un momento, a partir de ahí...¿tú te has puesto en el sitio de Patricia?
- ¿Yo? - y me imagino de repente, asimilada en la nariz respingona y los ojos brillantes de la peruana, en su boca carnosa y autoritaria- ...sí, claro...
- ¿Y cómo te sentirías tú si, en el momento cumbre de la vida profesional de tu marido, él habla de tí y le falta decir que eres estupenda porque nadie pasa como tú la fregona? ¡Reina, es indignante!
- :::
- Indignante, Eva. Yo estaba escuchándole y de repente se me han llevado los demonios. Que Mario Vargas Llosa, ese escritor al que yo adoro, admiro, uno de los grandes de la literatura universal, que nos ha emocionado, nos ha hecho temblar con la mayor parte de sus novelas, que ha creado esos personajes inmensos...ese mismo Vargas Llosa, recibe el Nobel, se quita el rubor con el pañuelo y comienza a hablar de la mujer con la que ha compartido cuarenta y cinco años, y ...-toma aire, se atropella de pasión- solo se le ocurre decir que hace las maletas mejor que nadie, que pone a raya a los periodistas,  que lleva la contabilidad de la casa y lo hace requetebien. ¡Coño Eva, le ha faltado decir que además es discreta y ya estamos otra vez con un hombre inteligentísimo que parece que lo único que valore en una mujer es que sea su primera dama! ¡Estoy indignada!

De repente se hace la luz. Mi habitación sigue en penumbra y yo ya estoy incorporada, pegada a la pared miro a través del cristal y vuelo hasta Estocolmo. En este mismo momento si fuera Silvia de Suecia escondía el diploma y el cheque del Nobel de Literatura en una caja fuerte, debajo de una isla del archipiélago, donde ni siquiera pudiera encontrarla Lisbeth Salander y mañana dejo al peruano compuesto y sin otro glamour que el de su nuera Genoveva. Rosa tiene razón.¿En qué estaba yo pensando cuando le escuchaba?

- Vamos a ver...-sigue mi amiga, tranquilizando su voz- que yo a Varguitas le amo. Le amo. García Márquez y él y tú lo sabes reina, que cada vez que vamos a la FNAC yo te compro "Cien años de soledad" en una edición distinta, para que lo releas una vez al año. Que hay que ser musulmana de Macondo y peregrinar hasta la vida de Aureliano Arcadio, o José Arcadio al menos una vez al año. Pero reina...lo de este hombre en el discurso es incomprensible.¿Qué le pasó?¿ Le daba vergüenza o pudor hablar de su mujer? Pues debía haber encuentrado la fórmula para decir que ella es la que le hace ser mejor persona, o mejor escritor, no lo sé.... Que chochee si quiere, o que pierda los papeles y diga que aún se le remueve todo cuando la mira o cuando se despierta a su lado y la toca.¡Lo que sea!...Yo puedo ser una cursi, pero él no puede ser así de convencional, así de...¡Ay, reina, que las mujeres somos más que eso!
- Tienes toda la razón Rosa, pero es que aún les cuesta un mundo demostrar sus sentimientos. Mira este año el shock que ha supuesto el beso de Iker o la dedicatoria de Bardem a Pe en Cannes...- trato de disculparles, pero sin mucha convicción.
- Pero si ya no es eso, Eva, ya no se trata de sus sentimientos si no de cómo nos ven. En eso a Javier Bardem lo salvo de la quema- y no porque me guste más que Mario, que ya sabes que no- pero él, al menos, le dijo a Penélope que era "su amor, su amiga, su compañera" y no que hacía el cocido mejor del mundo y oye, eso ya tiene su mérito. Pero lo de Don Mario no, reina, no...no tiene disculpa. La tía Julia tiene que estar contenta.

La tía Julia. Abro paréntesis en mi memoria y de nuevo es Rosa la que me resume: Julia Urdiqui, primera mujer de Mario Vargas Llosa inspiró el personaje principal de "La tía Julia y el escribidor", novela semi-casi-auto biográfica de Mario Vargas Llosa. Estuvieron casados nueve años, vivieron en París y durante su matrimonio Vargas Llosa escribió novelas como "La ciudad y los perros" de la que le cedió los derechos al divorciarse. Vargas Llosa volvió a casarse con Patricia, sobrina de su ex-mujer y prima suya, Julia Urquidi publicó años más tarde su versión de los hechos titulada "Lo que Varguitas no dijo". Vargas Llosa se enfadó, consideró que era chismografía y le retiró los derechos de "La ciudad y los perros". Ella manifestó en el año 2003 : " Yo lo hice a él. El talento era de Mario, pero el sacrificio fue mío. Me costó mucho. Sin mi ayuda no hubiera sido escritor". Aún así, anhelaba que le dieran el Nobel. Murió en marzo del año pasado, se quedó sin verle roto de alegría al recibir el premio.
  (Les veo en esta fotografía y la nostalgia tiñe la llamada de Rosa. ¿Qué queda de nosotros mismos después del amor?¿Qué recuerdo guardarás de mí?¿Cómo me pensarás?¿Qué dirás cuando te pregunten?)
Rosa y yo nos quedamos calladas. La historia de Vargas Llosa, Patricia y la tía Julia nos conmueve. Imaginamos lo difícil que fue para los tres vivir con esa situación. Qué difícil debió de ser para Julia dejarle marchar, sin rencores ni odios, después de haber querido tanto. Y él...¿cómo recordaría esos nueve años? ¿Cómo encajará la tia Julia de sus comienzos, con la de la revancha de "Lo que Varguitas no dijo", con la mujer que le enloqueció siendo un joven lleno de talento? La vida es un puzzle que va cambiando su forma.

 
La casa sigue en silencio. Yo comienzo a tener frío, se ha hecho tarde. Rosa permanece al otro lado del teléfono. De repente las dos comenzamos a reirnos sin freno, cuesta abajo, con hondura. A mí se me saltan las lágrimas.
- Reina, no dejes de llamarme nunca. Prométemelo:nunca.
- Te lo prometo. Aunque sea para contarte el crimen de los Urquijo, que ví un reportaje ayer en televisión y no he pegado ojo.
Nos volvemos a reir sin cálculos de hipotecas ni previsión de riesgos.
- Vale, y de la desaparición del Nani.
- Nena, estamos truculentas, en modo "A sangre fría".
Nos volvemos a interrumpir con risas.
- Si me fugo díme que me seguirás llamando.
- O me iré contigo (es un decir reina, pero si vuelves y no es muy cara tu huida me ire contigo).
Es medianoche. Nos despedimos. Bendigo el teléfono Rosa y su urgencia.
 

4 comentarios:

Buenos dias con Poesía dijo...

Para mí que lo que Don Mario ha querido hacer es salir del armario y pregonar al universo que es un machote de los de toda la vida del Perú. No es chocheo Eva, es polleo. Espero que mi Rosa de España no se haya enterado.

evamaring dijo...

Ojalá. Pero me siento en el deber moral de decírselo. Creo q tiene Ud. algo de razón. Snif.
Besos JL,
eva

Anónimo dijo...

No siempre es fácil expresar los sentimientos y reconocer que uno se derrumba ante una mujer y que ella le ilumina, le da sentido a las cosas. A los hombres no nos enseñan esas cosas.

Por lo demás, preciosa e hilarante charla entre dos buenas amigas. Aplaudo.

El chico que...

evamaring dijo...

Tú, precisamente, chico que?
Si tú eres de las excepciones...Cuídate.
Un abrazo muy, muy fuerte
eva