domingo, 26 de diciembre de 2010

Temperatura de la N.

Llegué a casa un poco después de que empezara la misa del gallo. Las calles estaban vacías, apenas unos abrigos acompañando a dos botellas de cava en un contenedor. Crucé ese desierto con la sensación que más me gusta de la Nochebuena:la de intimidad. Ese silencio de pasillo y brasero que se extiende por todos los rincones. Las ventanas encendidas, rebosantes de historias, encuentros, soledades y abrazos. El eco de los mensajes en los móviles: qué difícil es encontrar cada año una frase distinta para felicitar la Navidad. Mis padres habían encendido velas, los niños desentonaban- es algo de familia, no tiene cura ni solución- los villancicos de siempre. Juan, además intentaba unir "Campana sobre campana" con "Está en mi garganta" de sidonie, que esa sí que la tiene ensayada y se sabe la letra de un tirón. El resultado era un desatino, pero a mí me tenía hechizada. Sorbos de la Veuve Clicquot y  su tango, "Caminito", para que mi abuela estuviera presente en su cena favorita. Durante un segundo me ví desde fuera, como si actuara, sentada con mi familia: treinta y nueve años, con el vestido nuevo, el pelo corto de Shirley McLaine en "El apartamento" y la misma fragilidad de la ascensorista. Así comprendí que mi sitio ya no debía ser ese, que debía haber pasado de la categoría de hija-niña a madre-hija y darle el relevo a mi madre, a la que se le cansan las tradiciones y disimula los años entre jerseys con brillos y lentejuelas.
   Volvía a casa pensando en todo ello. Me daba cuenta de que necesito una nochebuena íntima, tibia, de gestos pequeños: una botella de champán exquisito, una llamada de teléfono o abrigarme con tu batín de cuadros, mientras tú, que a veces eres torpe y tímido,  como Jack Lemmon, preparas unos espagueti y amanece. Se habían quedado sobre la mesa las copas, la pandereta de Mar y las migas de los polvorones. Todos habían vuelto pronto a sus casas. Me escoció que la noche se hiciera tan corta, pero pensé en que llegaría a casa, pondría la tele- calcetines gordos, sudadera de Steve Mcqueen sobre el pijama- me desmaquillaría y envuelta en mi manta de rayas, me quedaría dormida sobre la nieve o debajo del árbol de Navidad de "Qué bello es vivir". De esta manera olvidaría la ternura de Jack Lemmon y la promesa de una vida distinta, alegre y cómplice, a tu lado.
La luz del portal no se encendía. Las lentejuelas de mi belénesteban se reflejaban en el espejo de la entrada. Mandé un par de esemeses desde el ascensor: "No salgo, nostalgia y sofá, pijama y gatas. Pasadlo requetebien". Más o menos. Tenía la blackberry en la mano cuando me dí cuenta: había algo extraño en el zaguán. Un ruido, un juego de sombras, no sé. Miré la puerta de casa, la corona de Navidad- somos so british, so american; béseme debajo del muérdago, honey; cómo me ilusionan estos juegos-que estaba movida hacia la derecha y de repente me dí cuenta de qué detalle me desconcertaba. La puerta de Vanessa, mi vecina, a menos de un centímetro de mi timbre, estaba destrozada y del interior de su apartamento salía un hilo de luz. Me agarré al teléfono mientras observaba las astillas. Llamé a casa y pedí a mis padres que avisaran a la policía. Cientodoce. Al girarme el frío de diciembre me llegó a los tobillos: la otra puerta del zaguán también estaba fracturada. No sé si soñé un zumbido en la oscuridad, pero lo único q en ese momento pensé es q quienes hubieran entrado seguían dentro e imaginé que solo faltaba mi casa. Metí la llave en el paño mientras intentaba explicarle a la chica del cientodoce lo q sucedía. Tenía pánico de no ver a Frida y a Justine. Encontré la luz de la escalera encendida y a mis gatas, placidamente tumbadas sobre la mesa del comedor. Respiré y dí dos vueltas a la cerradura. La imagen de la matanza de Texas desapareció. Me asomé a la mirilla y solo encontré ese silencio de grietas.
Al cabo de quince minutos la policía tomó la casa.
Después subieron Vanessa y Marisa, las propietarias de las otras dos viviendas. El espectáculo era desolador: ropa revuelta, cajas por el suelo, bolsos abiertos, cajones a medias...parecía que los espíritus de Poltergeist se hubieran revuelto contra la calma de la noche. En mitad del caos de las cosas q faltan, de los cristales rotos, de la nevera abierta y los "se han llevado" con la voz apagada, me senté en la escalera. Tenía el cuerpo helado, pero helado por dentro. No sabía qué decir. Las muescas de las palancas con las que habían forzado la puerta se parecían a mordiscos de lobos rabiosos. Tuve una descarga de miedo, de un pavor como un fogonazo, una descarga eléctrica. Me sentí vulnerable. Imaginé el instante en que mi sobrino se ponía a cantar el primer villancico y pensé que en ese mismo momento estaban forzando nuestras puertas. Ví la felicidad cansada de mi madre y junto a ella las manos violentas que abren cajones y tiran al suelo su contenido. Los paquetes de los regalos que había preparado para mi hermano y mi padre y la desesperada codicia con la que se habían llevado el anillo de Vanessa. Se me desencajó la noche, así q me despedí como pude y me metí en casa. La noche se había transformado en desolación. Retomé mi plan inicial: pijama, sudadera, sofá y peli. No busqué "Qué bello es vivir", me quedé dormida en brazos de Oscar Jaenada.
   Ayer el sol de invierno lo limpió todo. Mi piso parecía un escenario del CSI pero las voces tenían otro sonido. Aparecieron huellas en mil lugares. Una oreja y diez dedos sobre mi puerta, señal de que alguien había comprobado que dentro no hubiera ruido. No sé qué sucedió pero algo les hizo no entrar. Tal vez les faltara tiempo o vieron una luz encendida al otro lado. No lo sé, qué importa.
Ayer volvía a ser Navidad. Una mañana luminosa de palabras suaves. Por la tarde, ya en calma, me acordé de la película de Jack Lemmon y Shirley McLaine, "El apartamento", una de mis favoritas y de la ternura que se regalan entre resaca y partidas de naipes dos perdedores. Esa es la sensación que nadie te puede quitar de estos días, la que se regala de manera sorpresiva: una llamada de V. la mañana del veinticinco al enterarse del robo; una dedicatoria en un libro; la preocupación de mi sobrino "¿Te has arruinado?" cuando traté de explicarle lo de los ladrones...Y una música de fondo que deshace todos los ruidos que nos preocupan, una o dos canciones muy lentas y de fondo la vida,que, con todos sus vaivenes, sigue igual.


Cada mañana, incluso esta en la que te pones tu chaqueta mientras me miro en el espejo, todo vuelve a empezar.


10 comentarios:

Raúl dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Raúl dijo...

Siendo la tuya la única vivienda de la planta que no forzaron, van a acabar sospechando de ti, querida. Sonrío.
Feliz...

Anónimo dijo...

Leí en el Fb lo que había ocurrido esa noche, pero ahora, tal y como lo has descrito, con el arte que te caracteriza para ponernos en situación, has conseguido ponerme el vello de punta. Increíble.
Me imagino a Juan preguntándote: te has arruinado?. Qué mono.
Un beso tierno.

Encarni dijo...

Es desolador entrar a tu casa o a "tu" sitio y que todo esté revuelto, patas arriba, casi que eso es lo peor, el que se lleven algo, en el primer instante, es accesorio, lo que yo no soporto es la irrupción en la intimidad, te lo digo por experiencia....Por motivos inexplicables tuviste suerte, no todo va a ser negro en el 2010....


Mil besos

Viola Tricolor dijo...

Hola Eva, vaya susto, pero tuviste suerte, yo empiezo a sentirme en la categoría nieta-hija con mis padres...
un beso y feliz navidad.

evamaring dijo...

Ay, espero q no Raúl. Solo me faltaba eso, ser sospechosa habitual.Besos,
Anónimo, fue una noche extraña y desagradable, pero pasó. Lo de Juan no tiene precio: tuvo q venir a casa para comprobar q no me había pasado nada y después añadió "yo me quedo con ella, no quiero q esté sola" Está hecho un caballero andante de cuatro años.
Besines,
Tienes razón Al, hubiera sido muy duro encontrar la casa del revés. Pero lo peor hubiera sido encontrar a los intrusos dentro.Esta vez he tenido mucha suerte, menos mal, solo le faltaba esto al año....
Besos
Viola,
Yo estoy ahí, subiendo a ese escalafón...es complicado de explicar, verdad??? ¿nos veremos en el tanned tin??
Besillos
eva

Anónimo dijo...

Una de ladrones. Llámame raro, pero me ha sonado a relato de Billy Wilder. Nostalgia, bocados de realidad y una especie de humor negro.

Me quedo con esta frase: "Crucé ese desierto con la sensación que más me gusta de la Nochebuena:la de intimidad".

No sé cómo, pero saber tocar teclas...

El chico que...

Viola Tricolor dijo...

hola eva, cada familia es un mundo. yo estas cosas la verdad no se las cuento a nadie porque sí son dificiles de explicar.
Estaría muy bien vernos en el tanned si, ya cuento los días, me acuerdo de lo de la coca que tengo que preguntarte donde era, revisaré aquel post tuyo que creo que había algo más. En mi perfil está mi mail es que he visto que en el tuyo no tienes, es que no tengo facebook, sino te mando un mensaje por aquí.
más besos.

evamaring dijo...

Chico que, me halagas tanto q me inflo y escapo volandoooooooooo....gracias.
Viola, mi mal: evamaring@gmail.com,
estoy dudando con las entradas del tanned tin, quiero ver a nick garrie el 29, pero no sé si cogerme todo el abono.Me podrías echar un cable??? Además sería una buena ocasión para conocernos y sí, tomar un brunch de coca de tomate en el downtown!!!
Besillos!!!

eva

Viola Tricolor dijo...

hola eva, ya te escribo entonces. Te mando unas listas de spotify y vídeos. de todos modos voy casi a ciegas y conociendo muy pocos grupos, como siempre vaya, bueno ya sabes como es el tanned supongo.