Extracto de la entrevista de Manuel Vicent a La Miranda, Suplemento del Diario de Ibiza el pasado 23.01.2009.
"—El Mediterráneo es seguramente el gran tema de su narrativa.
—Lo llevo como una carga enorme. Uno empieza a hablar o a jugar con este tema y ya queda como paradigma personal. Yo descubrí el Mediterráneo en Madrid. Llegué al café Gijón y me dije: «pero ¿qué es lo que he perdido?». Y así empiezas a idealizarlo. No es un Mediterráneo fallero ni nada de eso, ni sorollista ni de Blasco Ibánez siquiera. Más bien sentí la pulsión que se da, por ejemplo, en Albert Camus, en algunas de sus obras como ‘El verano’ o ‘Las bodas de Tipasa’. Un Mediterráneo que atañe personalmente a uno, viva en Mallorca o en Túnez.
—Pessoa dijo que en todo buen poema debía notarse la existencia de Homero. Pero en estas latitudes esta premisa es más bien una fatalidad.
—Así como a los pintores, en cuanto bajan la guardia, les sale el toro picassiano del Guernica, a los escritores del Mediterráneo, a poco que bajen la guardia, les sale Homero. A mí lo que me seduce más del Mediterráneo es el caos. El caos es más mediterráneo que la armonía. Piensa en el Partenón, por ejemplo, que pasa por ser el símbolo de la armonía. Es producto de una explosión de dinamita. También el templo de Siracusa fue un depósito de dinamita. Antes de eso, claro, fueron muchas cosas, de diferentes religiones. Eso es maravilloso porque, al quedar sólo el esqueleto, te lo puedes imaginar. El mar mismo forma parte ya de nuestro imaginario. Actualmente, el Mediterráneo es un mar muerto. Las playas son, sobre todo en agosto, urinarios públicos. Incluso en alta mar te las ves y te las deseas para encontrar un lugar limpio. Pero de la misma manera que en Grecia nos imaginamos el paisaje de las ruinas, en las playas imaginamos un mar limpio, porque es una forma de afirmar que nuestra infancia fue limpia.
—El imaginario mediterráneo hoy quedaría, pues, reducido a la infancia.
—Pues sí, todo es infancia. En cuanto sales de la infancia, todo empieza a liarse. Como decía aquel poeta catalán, en la infancia íbamos sucios, pero éramos limpios.
—El mar es constante en sus artículos y novelas, aunque no tiene en la narrativa española una gran tradición.
—Es cierto. Baroja un poco, Josep Pla también, Azcona. Pla decía que un gran escritor se mide frente al mar. Y luego añadía una cosa un poco chusca. Goethe, decía Pla, era un escritor detestable, porque la primera vez que vio el mar dijo que era un «espectáculo impresionante». En cambio, lo poetas sí han hablado mucho del mar. Hay más poetas naufragados que mejillones. Ver el mar es como navegarlo. Hay que ser precavido, no puede desafiarse. El mar no quiere hombres, suele decirse por aquí.
—¿En literatura también hay que ser precavido con el mar?
—El mar, literariamente, hay que trabajarlo como lo trabaja un marinero o un pescador. Sabes que está allí, que te da de comer, lo tienes dentro del cerebro porque lo has visto al nacer, pero no hay que exagerar con los adjetivos. Para nosotros no es un espectáculo, no es grandioso, como lo suele ser para alguien que viene de tierra adentro. Lo aceptamos tal como es, tranquilo o alborotado. Me hace mucha gracia, por cierto, el madrileño que viene de fin de semana, y quiere que ese día el mar esté como él quiere que esté. Y se cabrea si el mar está revuelto. Es sobrecogedor.
—Su imaginario literario nos conduce también con frecuencia al hedonismo, a la importancia del ‘saber vivir’.
— Siempre recalco que el hedonismo está montado sobre la ascética. Para ser epicúreo, primero hay que ser estoico. Se puede ser hedonista con un sardina.
—Pero no de lata, supongo…
—No, de lata no, claro. Pero quiero decir que se puede ser hedonista con poco. Recuerdo a un marinero que estaba comiéndose un tomate y unas sardinas en el puerto de Denia y pasó un rico de aquellos y le dijo: «me voy a comer unas gambas». A lo que el marinero contestó: «Ah, con eso también se puede comer bien»
Anoche mientras escuchaba esta canción pensaba que la música de Manel- ese conjunto que ha puesto a medio país a cantar en catalán- es Mediterráneo. Mi mediterráneo, esta piel de salitre y el hablar caótico que tenemos muchos de los que nacimos por estas playas de ladrillo.
Mediterráneo es Homero, cómo no, Berlanga, Serrat, Plá, Manuel Vicent y Raimon, aunque de pequeños nos pareciera un coñazo.
Las gambas sin razón, el arroz de los domingos y el que se lleva al horno los jueves. La paella de cada casa, que siempre es la mejor.
Los gatos de Roma.
La torraeta de anchoas en la plaza del Mar, añadía hoy Miss B.
Los farolets que hacen los abuelos con sandías pequeñas para sus nietos.
El cine de verano (Bohío, con sillas naranjas) con bocadillo y chaqueta para el final de la película, cuando ya sentimos en la nuca la humedad.
Los banderines de las fiestas de agosto.
Muchas de las escenas quemadas de "Lucía y el sexo".
Formentera, Denia, la horchata de Alboraya y las siestas.
Reirse de uno mismo y ser un pelín imprudente.
Las villas, en especial sus jardines: los dragones (las salamanquesas) subiendo por la pared de gotelé, las chicharras y las plantas que las habitan.
La uva moscatel.
No tener dinero y comer la paella con champán. Champán del de antes de que nos acostumbráramos a llamarle cava.
Las acequias.
Ir en bicicleta sin destino, por el mero hecho de pasear.
Los hombros quemados.
Los tirantes que se resbalan.
El run-run de las olas mientras cerramos los ojos.
El final de "La dolce vita",
paisaje del deseo de "Aniversari" de Manel.

7 comentarios:
Anda que no me ha entrado morrinha ni nada al leerte....me he acordado de las barcas del puerto, de su olor y como de pequenya saltaba dentro con mis amigos....i de la "torrá de la Sardina".....Y que desde luego, pese a quien pese, lo que mas eche de menos al principio de irme al centro del continente fue de hecho El Mar!
El mediterráneo...se convierte en un sueño cuando vives lejos de él. A mí me ha ocurrido siempre que me he ido para no volver.
Y nuestra amiga Ana, desde Dublin, es, junto con el sol, lo que más echa de menos.
Soony
Ay Belén...lo entiendo.Yo también será lo primero q echaría de menos, de hecho cuando estaba en Pamplona no soportaba tanto tiempo sin mar. Pero hablaba además de todo lo q el mar mediterráneo conlleva como paradigma, nuestra cultura, las raíces, etc...no quería caer en los tópicos ni parecer un anuncio de estrelladamn, pero es inevitable.
De todas formas Sonia, Belén os recomiendo q escuchéis los dos discos de Manel. Es un chute de Mediterráneo en vena.
Abrazos fuertes
eva
Siempre he tenido envidia de la gente que ha nacido junto al mediterráneo :)
Recuerdos de mis veranos en el mediterráneo castellonense: comer almendras frescas que cogiamos en huertas abandonadas, las tormentas, los ruidos de petardos por las tardes, las dunas de la playa y escarabajos peloteros. Y el sabor de los besos, los besos salados no son como los de la meseta.
Vivir junto al mar es especial.
Un besote, que tengas un feliz fin de verano.
Es verdad Viola, el mediterráneo da una piel distinta. La Meseta también, así q hay q disfrutarla.
Feliz verano,
un beso enormee
Las cenas de sobaquillo, los trencaperols, hacer vida en la plaza del pueblo, o esconderse en los callejones. Saber que siempre puedes mirar al mar, refugiarte en su oleaje...
El chico que..
Todo eso y más. Seguiremos añadiendo trocitos de Mediterráneo, como si fuera una colcha d patchwork.
Bso, chicoque
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