Así terminaba un microrrelato adolescente que escribí hace diez años en El Escorial. Las tres primeras palabras- "Él se corrió"- hicieron que José MªMerino, hoy académico, torciera el gesto: "¿Podrías cambiar esa frase?" Me negué. " No veo por qué" le dije. Mi rebeldía era así de simple. Tan ingénua como el entusiasmo que depositaba en la literatura.
Pero hoy me he acordado del título al mirar el reloj y pasarme la mañana corriendo por la casa como el conejo de Alicia: "No me da tiempo, no me da tiempo". Me marcho a Morella, al concierto de Manel y debo hacer muchas cosas antes de que suene el telefonillo y sea Miss B- que también viene- llamándome para hacer la compra. Entre toda la lista de tareas pendientes estaba la de escribir un post, q he dejado el blog abandonado en mitad de agosto y ya debe estar salvaje, como las plantas de mi terraza.
Mientras metía camisetas, vaquero, sujetadores y las muestras de hidratante en la maleta me he acordado del reloj. Del casio de la foto. Me lo regalaron hace dos años y lo llevé mucho al principio, pero luego, cosas del corazón hicieron que suspirara más de lo permitido cuando lo llevaba en la muñeca, así que lo guardé en una caja azul. Me resistía a tirarlo pero no quería tenerlo siempre cerca, presente a todas horas. Así q lo confiné entre las pulseras de Bimba y Lola y mis pendientes de plástico bueno.
Tengo un sueño muy malo, un dormir difícil, desde siempre. De pequeña como no había manera de que me quedara sopa me subían en el coche y me paseaban hasta que me dormía. De mayor recurro a la ayuda química- medicamente pautada- y a un concepto q para mí es religión "higiene del sueño". Creo q ya lo he contado, en fin...desde hace un año, antes de que entrara en fase rem o post rem o como se llame eso, escuchaba un silbido- una alarma de un coche- pensaba yo que me inquietaba y en más de una ocasión me desvelaba. No supe que era el casio hasta a principios de verano, que dejé mi bisuteria a la intemperie y comprobé que el reloj aullaba. Misterio sin resolver, porque yo no lo habia programado jamás en modo despertador y de repente, todas las noches antes de que cierre los ojos este reloj me recuerda que en otro tiempo a esas mismas horas alguien pensaba en mí.
Así que habrá volver a empezar. Como en aquel cuento de El Escorial que escribí hace diez años para que se leyera empezando por su final y que a Merino no le gustó.
¡Me marcho!

3 comentarios:
Qué manera más pesada de recordarte que pensaba en ti ese alguien, quienquiera que fuera... a las 2 de la mañana desvelándote. Ombliguismo le llamo yo a eso.
En cuanto a la censura de las tres primeras palabras del microrrelato, digna de un taller de verano de animación sociocultural de barrio. Qué pereza...
Nono, es ombliguismo por mi parte,al recordar siempre lo mismo, pero ya no. Ya se acabó y empezamos nueva etapa. El reloj debí toquitearlo yo sin saber muy bien qué hacía y como soy la lina Morgan de la informática me debí poner la alarma a la una. Fue casualidad, pero puñetera casualidad que coincidió con la hora en que, en otros tiempos, yo colgaba el teléfono.
La culpa sobre el ombliguismo- y me has hecho detenerme en ello, Isaac- es solo mía.
Pero nevermore.
En cuanto al microrrelato, era fresco y adolescente y el taller, con demasiadas pretensiones, sirvió para conocer a tres de las personas que más quiero, uVe, Aida Y Belu, así que vencería la pereza que sí me da ahora por tropezar de nuevo con ellas.
Un abrazo,
eva
La vida es un eterno "volver a empezar". Tic.tac
El chico que
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