miércoles, 26 de octubre de 2011

Fideos

En esta época casi todos los martes toca desastre. Nos quedamos sin cobrar los turnos de oficio- definitivamente- nos quedamos sin luz a media tarde- saltan los plomos de puro agotamiento- nos quedamos sin saber qué decirnos para seguir trabajando. Aún así tenemos suerte, somos del grupo que se despierta y sabe que tiene un montón de obligaciones esperándole, aunque no se sepa quién obliga a qué.
Mi hermano lee en abril su tesis. No voy a decirlo bien porque me pierdo con lo que investiga mi hermano, pero creo que aborda la idea de trabajo y compara la postura de Marx con la de Habbermas. Cuando se hace martes y las pequeñas catástrofes se acumulan entre los expedientes, le pregunto a mi hermano a mediodía.
Como si él tuviera la solución a mis problemas, a la crisis y al rescate de Grecia.
- Qué vamos a hacer.
Ni se inmuta y sigue en su mundo, al borde de la sopa de fideos.
- Nada. Esto va para largo.
El otro día leí en un suplemento femenino- odio ese concepto q han inventado algunos periódicos para los sábados- una entrevista tonta a Rubalcaba. Digo lo de "tonta" porque parecía q en lugar de entrevistarle le llevaran de excursión a la cueva de los Fraguel, había mucha foto en mangas de camisa y estaban todos muy sonrientes como si hubieran quedado en una terraza de Recoletos. Si hubiera sido una entrevista seria- como se consideran las de El País en sus primeras páginas- Rubalcaba hubiera mostrado las arrugas de su frente y el dolor de su ministerio en un primer plano. Pero como es para un suplemento femenino, los estilistas les dieron espacios limpios y refrescos. Hasta en la estética de las entrevistas quieren separarnos. Pero bueno, vayamos al fondo. Leí en una entrevistilla- dejémoslo ahí- una propuesta de Rubalcaba acerca de la división del trabajo. El candidato del PSOE a la presidencia proponía crear más puestos de trabajo dividiendo los que ya hay, es decir, reduciendo la jornada de unos para ceder esas horas - con su rendimiento- a otros.
Algo así lleva diciendo mi hermano desde hace un lustro, así que se lo comenté , pero él pareció poco impresionado porque siguió mirando la sopa de fideos.
- Claro, es una idea que ya se comenta desde hace tiempo . El problema es q nuestra sociedad no está preparada para asumirla. De todas formas, lo que tú tienes que hacer para que salgamos de la crisis es trabajar menos.
Claro. Eso me digo yo, trabajar menos. Casi se me cae el caldo de la cuchara, pero yo no entiendo nada de economía: soy la fraguel torpe que se encomienda al cielo para entender aquello que nos decían en clase de los cañones y  la mantequilla.


- No puedo- le contesto- si aplico tu consejo me embargan hasta a las gatas.
- Ya.- con tono incrédulo.

Entonces él se pone a ver el telediario.
La paternidad de Sarkozy se cruza con mis suspiros. La verdad es que me encantaría trabajar menos. Ahora que ya sé cómo moverme por los juzgados, ahora que podría llevar un juicio por asesinato sin perder el apetito o que los divorcios no me quitan las ganas del amor, justo ahora preferiría aprender a hacer cosas pequeñas. De las que caben en un horario reducido. Esas que me salvan los martes, cuando el mundo se escalona en trincheras.
A saber: Ir al mercado, descubrir qué parada tiene pescado fresco, dónde bajan la verdura de Villafamés, quién sigue vendiendo la carne de Moró. Preparar tuppers de lentejas, judias y purés- de zanahorias, puerros, calabacín- planchar las camisas como si fueran hojas de libretas, organizar los armarios, cuidar a los enfermos, tener niños, saludar a mis vecinos de la avenida.
Ya llegará lo de escribir en otro momento (si surge), ya llegará el momento de la ambición profesional (si resucita) ahora que todo se derrumba y que no nos viene bien a  nadie eso de enamorarnos, a mí me gustaría hacer un master en cosas pequeñas. De las que parece no valorar casi nadie, pero que a mí me salvan del fracaso.
Como la sopa de fideos de este martes.

Ps: La semana pasada me salvó este momento de romanticismo bajo la lluvia . Cada cual q piense lo q quiera.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues a mí esas pequeñas cosas que me salvan del naufragio de los sinsabores -pequeños-y resalto pequeños porque soy muy afortunada y no tengo grandes cuestiones por las que preocuparme a nivel personal, es.......leer tus post, así que si esa idea de escribir un libro no se deja en el cajón por mucho tiempo estaré encantada.

Soony

PD Ayer cené sopa de fideos

Anónimo dijo...

El encanto de lo cotidiano, de las pequeñas victorias del día a día. a veces nos da miedo ser prosaico, y nos ponemos épicos, lo que se traduce a veces en muchos sinsabores.

el chico que..

evamaring dijo...

Gracias Sonia, esa idea lleva tanto tiempo dando vueltas en mi cabeza q se ha resbalado hasta la nuca y que tal vez mañana o el miércoles llegue a las muñecas y eche a rodar. Te avisaré, si es así. Mientras disfruto de las cosas normales, e intento organizar unas lentejas- a lo Mona Jiménez- en casa. Un abrazo,

Lo épico es para los héroes. Y existen.
No tengas miedos de los sinsabores, si no asumen determinados retos los héroes no los aceptarán nadie. Ánimo. Estoy cerca para lo q quieras.
Abrazo, chico que.

Besos a los dos
eva

diseño web cali dijo...

Que bien !!