Yo había venido para hablar de mi libro, pero la tarde del viernes y la avalancha de acontecimientos no me dejan despegarme de los telediarios. Un plano silencioso y fundido en blanco anuncia el cese definitivo de la violencia. El asesinato de Gadafi se escribe sobre el vacío con tipografía courier. Los niños de Córdoba salpican la pantalla con gotas de barro. El corredor del Mediterráneo parece una puerta que se abre en una esquina y gradualmente en la composición de un cuadro que está demasiado fresco, entra el color a través de la música de Leonard Cohen.
Me aparto y no consigo distinguir las formas. No asimilo tanto junto. Será que me cuesta digerir la historia.
Yo quería hablar de París. De las metáforas del amor que nos producen alergia. De quien nos quiere cuidar y nos asusta con su volquete de cariño. Del otoño, que ha vuelto despistándonos con el cómo y el cuándo. Pero no puedo. Ayer ETA anunciaba sin descubrirse el rostro el cese definitivo de la violencia. Inevitablemente me acordé del comienzo de la novela de Miguel. Y ahora qué. Justicia, memoria, esperanza y dudas. Cómo cuesta creer las palabras de los asesinos.
Al mismo tiempo los rebeldes libios se fotografían sobre el cadáver de Muamar Gadafi. Hay una cola de horas a las puertas del lugar en el que se conserva su cuerpo casi crionizado. Hay también una pistola dorada en la mano de un chaval de dieciocho años. Me recuerda a la sonrisa de la que hablaba la portavoz de Bildu.
Se me atraganta. Lo siento, pero se me atraganta esta nueva etapa. No pueden convocarnos a otro sufrimiento ni emplazarnos al olvido. Y sin embargo insisten en el llamamiento. Y ahora qué. Como casi todos sigo pensando en las víctimas mientras leo, escucho y observo las imágenes del comunicado. Qué es eso de "una sociedad justa y democrática al secular conflicto político". Carne de gallina y rabia, al mismo tiempo. Qué pena no poder leer esta noche el blog de Eduardo Madina para creer que es posible la paz.
Una sombra de tristeza empaña la ceremonia de los premios Príncipe de Asturias. Soy adicta al boato de las galas y a los reconocimientos. A esta, en particular, le tengo afición por la estética de cuento de hadas con la que se viste. También por los discursos. Me paso la tarde enganchada a los canales veinticuatro horas. Cohen se lleva la mano al corazón en el teatro Campoamor y tiembla medio mundo. Pero hoy todo se mueve y ni su voz que suena humilde, me tranquiliza. Sigo admirando la templanza de los héroes de Japón. Estoy al borde del llanto cuando escucho a Ricardo Muti decir que todavía tenemos que componer muchas melodías para que el bien derrote al mal.
En Huelva la portavoz de la familia materna hermanos desaparecidos insiste en que su prioridad no es la situación de los adultos- refiriéndose a la prisión provisional decretada hoy para el padre- sino la de sus niños. Bajan las temperaturas. Dónde estarán Madeleine y todos los ausentes que dejaron de ser noticia.
Yo hoy quería escribir sobre la foto que me regaló Gus el lunes, pero la realidad me tiene metiéndome chutes de periódicos, internet y telediarios.En fin, no sé qué decir pero no sabía cómo seguir callada.
Apago la tele por un rato.
Siempre nos quedará.
La música, el azul, las rosas.
París.
El pequeño vals vienés de Federico García Lorca.
Los principios.
La ilusión de cualquier viernes.
Octubre.
Los chubasqueros y las aceras mojadas.
Cerrar los ojos.
Y escuchar.
4 comentarios:
Será que, como cantaban Barricada, "sólo en octubre me siento así..."
El chico que...
Será.
abrazo, chico q.
Añado a la lista escuchar la Costa Brava recordando buenos momentos....y esas muchas pequeñas cosas cuyo cursillo avanzado nos gustaría hacer a las dos.
Soony
Seguimos sumando Soon Yi.
Sumamos siempre.
Un beso
eva
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