Hay una fotografía de Cayetana de Alba hecha cuando debía tener treinta años- más o menos- que siempre me ha fascinado. En ella, la duquesa polémica, la que ahora camina con las tetas y la mandíbula descolgada y se casa con un jovencito funcionario, baila frente a la mirada de sir Richard Avedon. Es un primer plano donde Cayetana levanta el brazo y tiene una mano flamenca, un gesto intenso en el rostro y toda la vida en el modo en que agita su falda. He estado buscándola para ilustrar este post que no se por dónde atacar y no la he encontrado. La duquesa se escapa hasta en las imágenes. No hace daño a nadie- lo dice bien ante los micrófonos- solo vive a su manera. Y esta, pese a las canciones de Frank Sinatra, es intensa.
Algo de esa intensidad es lo que a mí se me ha quedado entre los huesos al cumplir los cuarenta. Se dice que cada siete años nuestro cuerpo renueva sus células y que somos distintos. Puede que yo haya cambiado.También se afirma que una vez se alcanzan ciertas décadas no hay edad que valga, sino bajones, pequeños momentos de derrumbe en los que el cuerpo echa mano de su arquitectura íntima para remozar las grietas. Los cuarenta podían ser uno de esos momentos, sin embargo a mí- después de superar la crisis de invisibilidad ante el espejo y las resacas de Jorge Sanz- se me ha puesto cuerpo y ganas de Duquesa de Alba, es decir, de vivir lo que empieza a partir de ahora con arte (en la medida de lo posible) e intensidad.
De ahí que me liara la manta a la cabeza hace unos meses y en mitad de mi crack del 29, tras un viaje de trabajo a Vitoria decidiera celebrar que por un rato, al menos por un rato, hemos sido felices. Que somos felices y seguiremos siéndolo. Aunque nos cueste sueño y células.
Hace un par de años, alguno más, estuve preparando un proyecto de reactivación de una biblioteca para un organismo cultural. Se trataba de organizar actividades que, desde una perspectiva multidisciplinar, acercaran a la gente a la literatura. Durante un par de meses hice llamadas, falté al despacho por las tardes, escribí correos, buceé en programaciones de centros culturales,leí,leí y leí y esbocé un plan de actuación para aquella biblioteca. Decidí inaugurar el ciclo con la relación entre música y literatura, busqué a songwriters y a escritores claramente influenciados por la música pop. Así llegué hasta Agustín Fernández Mallo y a Fran Fernández, a los que propuse una mesa redonda, un concierto de Francisco Nixon y la presentación en aquella biblioteca del espectáculo audiovisual que entonces acababan de preparar Eloy Fernández Porta y Agustín Fernández Mallo. A los del organismo cultural la idea les encantó. Tras la primera reunión en la que vieron el proyecto decidieron alargarlo e incluso me hablaron de incorporarme a su equipo, se barajaron fechas, sueldo etc...Continuamos hablando de las otras actividades-poesía y danza; cine, etc...- y a medida que se acercaba el momento de cerrar el calendario, y a medida que yo les proporcionaba nombres, datos e ideas concretas para el desarrollo del proyecto, ellos retrasaban los compromisos, querían recortar el presupuesto de los músicos, vacilaban en el alojamiento, introducían nombres más afines a su ideología a los que querían pagar más y me iban sacando a mí, poco a poco, del camino que yo misma les había abierto. Después de varios meses llegó un día en el que se desdijeron de todas sus promesas, cerraron la cueva de Aladino y me plantearon que para continuar colaborando con ellos debía pasarles mis contactos- como si yo fuera una agente del FBI- que ellos ya "negociarían" directamente los pagos y que sobretodo no me pusiera nerviosa ante semejante atraco. La directora de aquella institución me escribió un mail antológico que aún conservo poniendo como asunto "Taikirisi". Casi me dió un jamacuco, pero mantuve el tipo y dije que no. Que en el mundo del google earth mis contactos no se escondían bajo seudónimos ni nombres falsos, pero que de mi mano no iban a entrar en la casita de chocolate para que luego se los merendaran con patatas. Así que avisé a todos los que había liado, les expliqué lo que sucedía, les pedí disculpas por las molestias y me piré.
Cerré mi pequeña empresa de gestión cultural, en la que había depositado ahorros, viajes y desvelos durante más de dos años y regresé al despacho sintiendo que la realidad me había vencido. El mundo de los piratas del mediterráneo era too heavy for me.
De aquella experiencia saqué algunas ideas claras: en primer lugar corroboré que el mundo estaba lleno de gente buena y gente mala, pero que lo importante era saber quiénes estaban de cada lado, para juntarme con los buenos (en eso no me equivoqué al seleccionar a los participantes en el proyecto, los que yo propuse fueron de los buenos, los mejores. Me lo demostraron con su paciencia y su honradez, que aún agradezco). Y en segundo lugar supe que hacer las cosas a mi manera me iba a costar caro, pero que merecía la pena, aunque solo fuera por la tranquilidad de poder volver a casa sintiendo que no había engañado a nadie.
Fue duro: aquel proyecto era el último de mis intentos por escaparme del mundo de la justicia (del trabajo como abogada) y fracasé. Un año más tarde los del organismo cultural, casualmente, echaron mano de algunos de los nombres de la gente de la que habíamos hablado, casualmente también, de las mismas propuestas. Hoy, casualmente, siguen surcando las aguas de este río seco local. Yo continúo en mi despacho con la honradez convertida en saquitos de té, que es el único remedio para despertarme por las tardes y seguir currando.
Por aquel entonces no dejaba de escuchar "El cumpleaños de Ronaldo" en el coche y me agarraba a la frase "la vida está bien si no te rindes". La repetía como un mantra. De alguna manera me sentía como Vania Millán, que esperaba ser la invitada más importante del terrible cumpleaños de Ronaldo y acabó saliendo entre lágrimas por la puerta trasera del jardín. Sin embargo, no sé si por cabezonería, por inercia o porque no quedaba otra salida, decidí no rendirme y seguir trabajando en esta ciudad que tanto me gusta, pero que a veces parece de cartón piedra. Es ahora cuando veo el resultado de esa decisión: Ahora que ya he soplado las velas, ahora que la báscula no me mira con cara de ajuste de cuentas y que mis exnovios no me roban el sueño con promesas de un futuro que nunca será colorín colorado, ahora estoy tranquila, reconciliada con los ejes espacio-tiempo y me dan más ganas que nunca de ponerme a bailar como la Duquesa.
Me apetece ponerme a bailar hasta en la calle Mayor. Por eso lo hice: convoqué a casi todos mis amigos para el sábado quince, pedí a Francisco Nixon y a Ricardo Vicente que vinieran- además de como amigos, que lo son- para regalarnos un concierto. Convencí a Pedro y a los chicos del Raspa de que su local en el puerto era el adecuado y que solo ellos podían ocuparse de un sarao así. Lié a Paula que ha sido mi mano derecha, mi estilista y mi lineadirectaaseguradora durante más de un mes. A Vicente, que se ocupó del sonido y de la música, entre algunos de mis agobios. A Emilio que puso el vino y resultó que era el de las bodas de Caná. A Beluca que me cuidó durante el fin de semana como a su hermana mayor. A Antonio que expolió por unas horas la playa del Voramar para los jarros de flores. A Rosa y a Buby que cambiaron guardias. A Miss B que hizo las entradas que dibujó mi sobrino. A Kontx. A Aida que trajo al mejor fotógrafo del mundo. A mis amigas...les dije que me echaran una mano y después, ya a solas, pedí un deseo: ser invisible por una noche y que los protagonistas fueran ellos: los buenos.
Me apetece ponerme a bailar hasta en la calle Mayor. Por eso lo hice: convoqué a casi todos mis amigos para el sábado quince, pedí a Francisco Nixon y a Ricardo Vicente que vinieran- además de como amigos, que lo son- para regalarnos un concierto. Convencí a Pedro y a los chicos del Raspa de que su local en el puerto era el adecuado y que solo ellos podían ocuparse de un sarao así. Lié a Paula que ha sido mi mano derecha, mi estilista y mi lineadirectaaseguradora durante más de un mes. A Vicente, que se ocupó del sonido y de la música, entre algunos de mis agobios. A Emilio que puso el vino y resultó que era el de las bodas de Caná. A Beluca que me cuidó durante el fin de semana como a su hermana mayor. A Antonio que expolió por unas horas la playa del Voramar para los jarros de flores. A Rosa y a Buby que cambiaron guardias. A Miss B que hizo las entradas que dibujó mi sobrino. A Kontx. A Aida que trajo al mejor fotógrafo del mundo. A mis amigas...les dije que me echaran una mano y después, ya a solas, pedí un deseo: ser invisible por una noche y que los protagonistas fueran ellos: los buenos.
Mi familia, mis amigos, el equipo de los buenos. Allí estaban. Los que no se han movido nunca de mi lado, los que siguen cerca desde la universidad hasta ahora que se nos come la duda existencial el paro; los que llegaron a través de los blogs, como Inu, Miss B o Nínive Drake, los que me aguantan por el trabajo, como Eva, Guillermo o Al; los/las amigas de toda la vida, las del colegio en las que me apoyo tanto, los de la academia de inglés, la práctica jurídica; los que salieron de Cuba sin mirar atrás y compartieron conmigo tardes de verano escuchando a Mina o a la Lupe; los del mundo de los talleres literarios, los que se salvaron de la hoguera de las vanidades, los que no sé cómo llegaron pero siempre contestan cuando descuelgo el teléfono, los que me llaman groupie o reina ginebra según el día se despierte lunes o martes...intenté que estuvieran todos, pero resultó imposible y me dolieron algunas ausencias. Pero una vez allí, cuando Fran y Richi se acercaron a los micros y empezaron a cantar supe que lo habíamos conseguido. Que aquella era la mejor manera de celebrar lo bueno. Cerré los ojos, me convertí en una chica de barrio y me eché a bailar.
Tengo una resaca de tres días que progresa adecuadamente. Llegan fotos a mis manos y me asalta el llanto. Me paso el rato fabricando recuerdos perfectos entre lo que me cuentan mis amigos y mis propias sensaciones. Creo que al final lo conseguimos, que pusimos todos tanta ilusión que construimos una burbuja de felicidad entre la tristeza de esta maldita crisis. Duró unas horas, pero fueron tan alegres que mereció la pena no rendirse.
No lo esperaba, pero creo que fue cosa de Inu y al final del concierto Fran y Richi cantaron "La vida sigue igual" de Julio Iglesias. Fue una sorpresa. Una sorpresa enorme. "La vida sigue igual" era una de las canciones que sonaban en el coche de mi padre cuando nos llevaba al colegio de pequeños. inevitablemente yo la relaciono con los principios de curso de mi infancia y me suena a mar, a libreta en blanco en la cartera, a primera hora de la mañana en el asiento trasero de un renault dieciocho. Por otro lado, también es una canción que está ligada a La Costa Brava, a los primeros posts del blog de Fran y al concierto de la Expo en Zaragoza. Es una canción agridulce pero yo también lo soy en estos tiempos. En realidad esa era la canción que resumía todo lo q yo hubiera querido decir el sábado y no supe.
Fue un momento emocionante. Encendimos bengalas.Me abracé a Rosa, mi mejor amiga, que coreaba la letra a mi lado. Miré a mi alrededor y me tropecé con más de cincuenta sonrisas y entonces no pude evitarlo, me puse a temblar. Después triunfó mi lado groupie y me fuí a darles un abrazo. Sé que ese será uno de esos instantes que voy a recordar mientras viva.
Fue un momento emocionante. Encendimos bengalas.Me abracé a Rosa, mi mejor amiga, que coreaba la letra a mi lado. Miré a mi alrededor y me tropecé con más de cincuenta sonrisas y entonces no pude evitarlo, me puse a temblar. Después triunfó mi lado groupie y me fuí a darles un abrazo. Sé que ese será uno de esos instantes que voy a recordar mientras viva.
Luego seguimos con la fiesta: picoteamos bocadillos y piruletas de gambas, chucherías, copas de yate, brindamos con cava y nos dimos al baile. Que no se detenga, que no pare.
Hubo mucha alegría y mucho baile.Entre ellos el de la primera foto, en el que parezco un mal remedo de la de Alba.
Hubo mucha alegría y mucho baile.Entre ellos el de la primera foto, en el que parezco un mal remedo de la de Alba.
Así que, descalza- como la duquesa- o con zapatos rojos como los míos la noche del sábado, muchas gracias a todos por ayudarme a llegar hasta aquí. Y más gracias aún por inventar este castellón-mood en el que desde el sábado estoy inmersa.


4 comentarios:
Deliciosa crónica de lo acontecido.
Por cierto doy fe que eres una groupiedemierda Ohh yeahhh
el chico que..
:) groupiedemierda no, amiga, chaval. Y muy amiga tuya idiota!
(q nadie se altere, no estamos buscando audiencia a base de insultos, como en el "Sálvame". Nos relacionamos así, y nos gusta, vaya)
Abrazo
chico que
No sabes cuánto me alegra haber compartido contigo ese día tan especial y vivir en primera persona todo cuanto relatas de lo acontecido, sentido y vivido el sábado 15.
También viví los momentos de sufrimiento y desazón, de injusticia, de plagio, de "mamoneo" y de sueños rotos en tu último intento por dedicarte a lo que verdaderamente te llena: la cultura, so pena que la abogacía perdería una gran profesional.
Pero lo más importante es que espero vivir a tu lado todo lo que te queda por vivir, lo bueno para brindar contigo y lo malo para ofrecerte mi hombro, pero SIEMPRE, SIEMPRE, podremos reunirnos para celebrar que por un rato hemos sido felices.
Soony
Prometido. Reservo mecedora con vistas a la avenida para que veas salir a tus nietas del cole y al abuelo Kike, dándole los caramelos q ha ido guardando en su bolsillo.
Para mí estar cerca de vosotros es un regalo.
Besos Soon Yi
eva
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