Al 2012 solo le pido un pequeño París. Una escapada para comprobar que existe. Sin teléfonos, ni cuentas en rojo, ni remordimientos, ni necesidad de pegar la nariz en los escaparates de Chanel o Dior. Un espacio en blanco donde solo quepan croissants, una copa de champán en cualquier plaza que convertiremos en nuestra favorita y todas las palabras que aún no me he atrevido a pronunciar pero que suenan a secretos escondidos debajo de las hojas. Una noche en un bistrot en la que conjurar a Borges, Cortázar y a Martín Romaña, a todos aquellos que buscaban entre las calles del Barrio Latino la necesidad de contar. Una noche de quesos, vino y farolas con los ojos brillantes y los tacones torcidos. Un abrazo que peine las pestañas mirando el Sena, en el pont Neuf. Un empacho de impresionismo. La delicada caligrafía de las señales artnouveau del metro. Bandadas de pájaros grises, como los soldados alemanes, alejándose de nuestra buhardilla. Un vestido azul. Un rayo de la intensidad de Ingrid Bergman. Una mano que cuide, como la de Rick.
Solo le pido a este año un pequeño Paris, para creer, por una vez, que no solo que siempre nos quedará, sino que existe.

2 comentarios:
Voilà, Mademoiselle!!...ese pequeño París en el que ni las bajas temperaturas se sienten porque el calor de quien te abraza, te hace sentir que estás en el trópico.
Yo también te deseo para el 2012 que llegue París.
<3
:_
snif,
Publicar un comentario