Se ha despertado el verano o esa sensación de que las vacaciones, el tiempo descontrolado están cerca. A media mañana mientras me encontraba rodeada de lápices de colores ha llegado este paisaje por wassup- qué sería de nosotros sin la mensajería gratuita- y he tenido que descalzarme, parar los plazos aunque fuera por dos minutos y ponerme a soñar con lo que aún tenemos por delante, con lo que podemos estrenar. Y estos días que parecen cargados de malas noticias- no me acuesto sin saber de un cáncer nuevo, que se te agarra a la garganta y te va secando la voz- de intervenciones por la puerta de atrás, de grandes fortunas a costa de ahorros pequeños, estos días parece que haya q excusarse hasta para soñar. Y no, no quiero. No quiero olvidarme de que también existen esos paraísos pequeños, esos oasis en mitad del infierno de los mercados, esos ratos de calma y disfrute que no nos boicotea la prima de riesgo.
Hoy se ha despertado junio y viernes.
Hay un casino clandestino escondido tras una puerta del barrio, en el que se reúnen los malos de la avenida para apostar. Sobre la barra se apilan las botellas de whisky escocés o la ginebra de extraperlo, sobre la mesa donde antes triunfaba el black jack nosotros pondremos el monopoly o el risk, como hacíamos hace mucho tiempo y te esperaré sentada para echarnos unas partidas, comprar Velázquez, Serrano, pozos petrolíferos en Panamá.
Porque hoy ha empezado el verano y hay que seguir haciendo juego.
Aunque cueste decirlo en voz alta y parezca un vicio clandestino soñar.

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