La putada de tener buena memoria es que te acuerdas de todo, hasta de lo que no has vivido. Antonio me habló durante aquel invierno del festival, de los grupos que iban, de que iba a ser chulísimo, me animó a que me apuntara, me avisó cuando se compró el abono e incluso me grabó una cinta-casette a la que puso una carátula de una viñeta de Goomer (que era mi superhéroe favorito entonces) y que contenía un poupourrí- una lista de reproducción- de las canciones que se escucharían allí. La tituló "Pizzapop" y a continuación, con su letra picuda- medio japonesa, medio dibujos de velas en la playa- puso: "Benicàssim, República Independiente del Rock Alternativo. FIB 1995" Esa es la joya de mi colección de casettes: entonces los Morán eran unos tipos medio chiflados a los que les gustaba Benicàssim y de Ikea (por lo de la república independiente, I mean), en Castellón, no había oído hablar nadie. Pero así era-y es- mi amigo Antonio: sabía de todo y tenía intuición.Yo, por el contrario, estaba en el lado oscuro de la fuerza. Aquella noche que no fuí la chica de primera fila que miraba embelesada a Fran mientras extendía sus brazos por encima de la barandilla pidiendo el "Chup-chup", aquella noche probablemente llevaba un vestido rojo y unas sandalias y bostezaba a trescientos metros de la entrada del velódromo, muerta del aburrimiento en Trogolitro.La putada es, como decía al principio, que lo que recuerdo precisamente es haberme perdido ese momento, porque ahora que quisiera guardar en una cajita el cedé que años más tarde me regaló Antonio- entonces sí, "Pizzapop", de Australian Blonde- con aquella canción que me encantaba y que era la de mi primer no-fib: Love you Susie, love you Susie, send me to the west, ride it Susie, ride it, you know you lay me down to rest...-ahora que me gustaría meter allí las luces, las camisetas de fanta, la imagen de las villas que rodeaban el velódromo, todo y recordarnos así de jóvenes- rezando a Janis Joplin o encomendándonos a los de Dover- mi memoria me detiene porque sabe que no lo viví. Me riño, tuerzo el labio y sigo esperando ese recuerdo perfecto.

Sin embargo hubo otros festivales, llegaron otras ediciones, desperté y me uní a los asaltadores de piscina nocturnos, a los del gremio de la pulsera, el registro de aduanas, las colas y las masas. Incluso acabé comprando las entradas de reventa a última hora porque había que escuchar a Blur, una dos y tres veces, Country house, que al final no sonó. Así que allí estaba, un domingo nublado a las ocho. Me encontré con Antonio que llevaba la cena en la mochila, una camiseta, botellas de agua...y la pulsera. Sonreía de felicidad, pocas veces le he visto tan emocionado. Yo acababa de entrar y fuí a coger los tickets de las consumiciones. Nos estábamos pidiendo una caña cuando un rayo partió el escenario y pensábamos que había quemado la batería. Desde Barcelona llegaba un tornado- juro que nunca he visto nada igual- la gente corría, los de la banda salieron a decir "we're all right" y comenzó nuestro festival bíblico: el del diluvio. Yo encontré un hueco en los baños portátiles de tíos. Parecía que allí estábamos a salvo hasta que la base se movió y comenzamos a navegar pista abajo por el extremo superior del velódromo. Diría que salimos nadando y no os lo creeríais. No lo hicimos, pero vadeamos todas las carpas del festival y nunca recuperé los vaqueros de aquella noche. Olían a Inglaterra. A big big house in the country.
Después llegó una temporada de muchos FIBs seguidos: o me compraba una entrada (la mayor parte de las ocasiones) y solo me daban las fuerzas y el dinero para ir un día, o me colaban regalándome pase o abono de tres noches bytheface, algo que a mí no me suele tocar, aunque aquí, en Castellón, eso suceda a menudo. Solo pagamos-pagábamos-entradas y abonos unos cuantos, los más pringados. Los listos se buscan un trabajo en el festival (voluntarios, barras, transfers) y los de siempre, los que de alguna manera se alimentan de la sopa boba entran gratis. No se sabe cómo, pero están. No suelen conocer los grupos del cartel ni llegan a las cinco de la tarde, pero ocupan la primera fila de las barras y se disfrazan un poco. Son fib-bers de pega, pero no perdonan uno. Además si no consiguen entrada para los tres días siempre les queda el autobús del gorrón, que incluso es más divertido, por el riesgo de que te vean cara de noeresnadieconocidoenelvoramar y te quedes fuera. La diputación, que financia parte del festival junto con el ayuntamiento de Benicàssim organiza uno de los tres días- normalmente suele ser el primero- una cena o fiesta para sus "invitados". Los cita en un lugar, los sube en varios autobuses y los pasa a la zona vip. Tachán. En ese lugar los mismos señores que en el año 1995 miraban a los fibbers (¿duplica o no la be? ¿qué dice la RAE?) con cierta distancia, sorprendidos de que olieran bien, ahora se ponen sus pantalones blancos, sus camisetas rockeras o sus camisas de la Martina manga larga y así, travestidos de Julio Iglesias, Aznar cuando se relaja o de Philipp Junot, corren tras los canapés o esperan a que se desperece un artista. El año en que a mí me subieron al "autobús del gorrón" actúaba The Cure y sobre el césped artificial abogados, jueces, periodistas de postín, constructores de balnearios, armadores de rotondas, azulejeros en sus karts y personajes de "reconocido prestigio" charlaban animadamente, de espaldas al escenario. Parecía que estábamos en Marbella, en alguna de aquellas fiestas donde brillaba Gunilla hasta que de repente escuchamos un murmullo, un coro de risas femeninas y un brillo de estrás que corría entre las copas de cava. "¡Robert Smith!- pensé yo- habrá salido Robert Smith" y me giré buscando su mirada azulada o el rastro de telarañas de "Lullabye" pero no ví nada gótico ni su fantasma. En su lugar encontramos a un jovencillo guapetón en camiseta de tirantes que se quejaba por lo bajo cada vez que una de aquellas señoras- tan lejanas de Mrs.Robinson, con la que solo compartían edad- le pedían una foto y de soslayo le miraban el paquete:- Hostias, otraa....si es que parezco Mickey Mouse...-Nos giramos y nos sonrió-Qué bien oléis. No como los de ahí dentro - y señalaba el recinto de conciertos- ¿Queréis una foto?¿Os apetece tomar algo? Esto es un rollo...
A mí me sonaba su cara y me apretaban los mustang, pero tocaba hacerse la alternativa y olvidar los programas del corazón para pasear por las carpas de moda. De repente caí: era Nacho Vidal. Me puse tensa y no me atreví a bajar la mirada de sus ojos. Nos hicimos una foto con él en la que yo parezco la Juani, soy chata y de polígono, estoy a punto de morder. Él en cambio parece un gentleman. Pese a su conversación- fue muy agradable, muy simpático- fuimos a escuchar "Friday I'm in love". Los padres de Robert Smith, unos ingleses con el mismo pelo que su hijo pequeño, rebozados en polvos de talco, coreaban sus letras junto a nosotros. Después algún concejal trataba de organizarles un tablao donde escuchar flamenco. Creo que no lo consiguió.
Uno de aquellos años a mí me regalaron un abono político, de esos que tocan de lejos y por la cara. Fuimos a recogerlo la mañana antes y al ver la lista de mis iguales en la zona de acreditaciones sentí mucha vergüenza: yo estaba rodeada de toda esa gente a la que siempre le hacen favores. La cosa fue aún peor. Llamé a Toni para quedar con él algún día y me dijo que se había comprado un abono (o una entrada) y que era tan caro, y que blabla...Entonces caí: el padre de Antonio era concejal en el ayuntamiento de Benicàssim, trabajaba en ese Ayuntamiento que organizaba el festival y sin embargo mi mejor amigo no tenía pase gratuito, ni siquiera para un día, cuando yo, que no era nadie, podía moverme por allí como si fuera prima de los Morán. Mi honestidad hecha añicos. Se lo dije (la confesión atenúa el sentimiento de culpa). Como no podía pasárselo- era una condena en mi brazo derecho- decidí no aceptarlo nunca más. Estaba muerta de vergüenza. Aquel año fuimos juntos a escuchar a una muñequita de cristal llamada Amy Winehouse y nos enamoramos de ella. Viajamos a los años cincuenta y a la playa de Malibú con el movimiento de sus shorts. Quién iba a decirnos que años después no se mantendría sobre sus plataformas. Confundo en esa vorágine de conciertos. Se solapan en la memoria sin hoja de excel que los guarde, el camino, las tardes de mercadillo, los años de Franz Ferdinand y el descubrimiento de Rufus al piano cantando a medianoche "Hallellujah " de Cohen (yo escondida entre lágrimas al escuchar "Complaint le butte")o el año siguiente, antes de Wilco, entre el arroz y las primeras filas, transformado en Judy Garland con un albornoz blanco haciendo de nuestra merienda un musical. Puedo tocar el aire del concierto disculpa de Morrisey, en el que se mostró afable e incluso simpático y casi nos hizo ver el rayo verde cuando se rompió cantando "First of the gang to die". Nada que ver con el último que le ví, un domingo muy tardío, que encajó mal, como un niño caprichoso- spoiled- la belleza de los conciertos de Leonard Cohen y Morente que le habían precedido. Los otros dos fueron gigantes. Dos dandys que estallaron con elegancia y talento. El de los Smiths un hooligan quejoso arropado por su hinchada.
Aún floto con las canciones de Sigur Ros, el último año que Antonio y yo fuimos juntos, un jueves. Las niñas llevaban diademas de flores, como pequeñas Fridas Kahlo islandesas, las canciones sonaban a volcán. Hay más fibs vividos y muchos más que se pierden sin que yo hay podido atraparlos al vuelo. Todos tienen un instante mágico. Yo nunca me olvidaré de un sábado por la tarde en el que, nada más entrar, descubrí a un explorador con sombrero de salacot arrullando entre sus brazos a una enfermera pin up-con la capa azul, los labios rojos y la cofia rígida- en el césped. Como para no creer en la ficción. A punto estuve de arrodillarme frente a ellos y llorar a lágrima viva.
Nadie imaginábamos- tal vez Antonio sí, tal vez él era el único que lo supo- en qué se iba a convertir esto. Cómo se iban a transformar nuestra playa. Cuánta vida iban a regalarnos a cambio de nada. Ni qué repercusión iba a tener aquella locura de los Morán. Pero yo nunca podré agradecerles lo suficiente lo que he vivido, que hayan puesto la mejor banda sonora a mis paisajes, que nos hayan traído hasta la puerta de casa a los mejores músicos-nos falta Bowie, nos hace mucha falta que venga Bowie- de este siglo.
Así que seguiremos ahorrando para la entrada, seguiremos haciendo cola, quejándonos de las hordas de ingleses que nos asolan, criticando el cartel, cruzando la nacional por la pasarela y buscando agujeros en la valla metálica para colarnos. Seguiremos pidiendo nombres de favoritos para la próxima edición: a Manel, Divine Comedy, Jayhawks, Nick Garrie, Jack Johnson, Dean&Britta, Sr.Chinarro-otra vez, síii- BMX Bandits y Francisco Nixon.
Sí. Seguiremos bailando, cerrando círculos (mañana, que es hoy, cuando corrijo, Fran Fernández en el Bonaire en una charla- taller del Festival, dieciséis años más tarde) buscando nuevos atuendos para las fotografías. Seguiremos buscándonos entre el público de otras ediciones. Atesorando las pulseras.
Y dejaremos que haga viento, tormenta, solazo o aurora boreal, pero por favor que el FIB siga rodando.
ps1: Las mejores crónicas de estos días las firma Lidón Barberá en el Levante de Castellón. A ellas me remito a diario. Geniales.
ps2: las fotografías las he robado de flickr, todas al mismo chico al que le agradezco enormemente este atracón de nostalgia.
ps3: y el post, aunque no se diga expresamente, es para Antonio, mi amigo, que sigue estando cerca.
A mí me sonaba su cara y me apretaban los mustang, pero tocaba hacerse la alternativa y olvidar los programas del corazón para pasear por las carpas de moda. De repente caí: era Nacho Vidal. Me puse tensa y no me atreví a bajar la mirada de sus ojos. Nos hicimos una foto con él en la que yo parezco la Juani, soy chata y de polígono, estoy a punto de morder. Él en cambio parece un gentleman. Pese a su conversación- fue muy agradable, muy simpático- fuimos a escuchar "Friday I'm in love". Los padres de Robert Smith, unos ingleses con el mismo pelo que su hijo pequeño, rebozados en polvos de talco, coreaban sus letras junto a nosotros. Después algún concejal trataba de organizarles un tablao donde escuchar flamenco. Creo que no lo consiguió.
Uno de aquellos años a mí me regalaron un abono político, de esos que tocan de lejos y por la cara. Fuimos a recogerlo la mañana antes y al ver la lista de mis iguales en la zona de acreditaciones sentí mucha vergüenza: yo estaba rodeada de toda esa gente a la que siempre le hacen favores. La cosa fue aún peor. Llamé a Toni para quedar con él algún día y me dijo que se había comprado un abono (o una entrada) y que era tan caro, y que blabla...Entonces caí: el padre de Antonio era concejal en el ayuntamiento de Benicàssim, trabajaba en ese Ayuntamiento que organizaba el festival y sin embargo mi mejor amigo no tenía pase gratuito, ni siquiera para un día, cuando yo, que no era nadie, podía moverme por allí como si fuera prima de los Morán. Mi honestidad hecha añicos. Se lo dije (la confesión atenúa el sentimiento de culpa). Como no podía pasárselo- era una condena en mi brazo derecho- decidí no aceptarlo nunca más. Estaba muerta de vergüenza. Aquel año fuimos juntos a escuchar a una muñequita de cristal llamada Amy Winehouse y nos enamoramos de ella. Viajamos a los años cincuenta y a la playa de Malibú con el movimiento de sus shorts. Quién iba a decirnos que años después no se mantendría sobre sus plataformas.Aún floto con las canciones de Sigur Ros, el último año que Antonio y yo fuimos juntos, un jueves. Las niñas llevaban diademas de flores, como pequeñas Fridas Kahlo islandesas, las canciones sonaban a volcán. Hay más fibs vividos y muchos más que se pierden sin que yo hay podido atraparlos al vuelo. Todos tienen un instante mágico. Yo nunca me olvidaré de un sábado por la tarde en el que, nada más entrar, descubrí a un explorador con sombrero de salacot arrullando entre sus brazos a una enfermera pin up-con la capa azul, los labios rojos y la cofia rígida- en el césped. Como para no creer en la ficción. A punto estuve de arrodillarme frente a ellos y llorar a lágrima viva.
Nadie imaginábamos- tal vez Antonio sí, tal vez él era el único que lo supo- en qué se iba a convertir esto. Cómo se iban a transformar nuestra playa. Cuánta vida iban a regalarnos a cambio de nada. Ni qué repercusión iba a tener aquella locura de los Morán. Pero yo nunca podré agradecerles lo suficiente lo que he vivido, que hayan puesto la mejor banda sonora a mis paisajes, que nos hayan traído hasta la puerta de casa a los mejores músicos-nos falta Bowie, nos hace mucha falta que venga Bowie- de este siglo.
Así que seguiremos ahorrando para la entrada, seguiremos haciendo cola, quejándonos de las hordas de ingleses que nos asolan, criticando el cartel, cruzando la nacional por la pasarela y buscando agujeros en la valla metálica para colarnos. Seguiremos pidiendo nombres de favoritos para la próxima edición: a Manel, Divine Comedy, Jayhawks, Nick Garrie, Jack Johnson, Dean&Britta, Sr.Chinarro-otra vez, síii- BMX Bandits y Francisco Nixon.
Sí. Seguiremos bailando, cerrando círculos (mañana, que es hoy, cuando corrijo, Fran Fernández en el Bonaire en una charla- taller del Festival, dieciséis años más tarde) buscando nuevos atuendos para las fotografías. Seguiremos buscándonos entre el público de otras ediciones. Atesorando las pulseras.
Y dejaremos que haga viento, tormenta, solazo o aurora boreal, pero por favor que el FIB siga rodando.
ps1: Las mejores crónicas de estos días las firma Lidón Barberá en el Levante de Castellón. A ellas me remito a diario. Geniales.
ps2: las fotografías las he robado de flickr, todas al mismo chico al que le agradezco enormemente este atracón de nostalgia.
ps3: y el post, aunque no se diga expresamente, es para Antonio, mi amigo, que sigue estando cerca.






