lunes, 27 de abril de 2009

Sunny




"É pau, é pedra, é o fim do caminho

É um resto de toco, é um pouco sozinho

É um caco de vidro,é a vida é o sol

É a noite, é a morte,é um laço,é o anzol

É peroba do campo, é o nó da madeira

Caingá Candeia, é o Matita Pereira

É madeira de vento, tombo da ribanceira

É o mistério profundo, é o queira ou não queira

É o vento ventando,é o fim da ladeira,

É a viga, é o vão, festa da cumeeira

É a chuva chovendo, é a conversa ribeira

Das águas de março, é o fim da canseira

É o pé, é o chão, é a marcha estradeira,

Passarinho na mão, pedra de atiradeira

É a ave no céu, é uma ave no chão,

É um regato, é uma fonte, é um pedaço de pão

É o fundo do poço, é o fim do caminho..."


"Águas de Março", Tom Jobim


Al borde de mayo. Estamos al borde de mayo y algunos domingos llueve. Como ayer : nos pilló la tormenta de excursión a la playa de Cap i Corp, en mitad de un paisaje sacado de "Los chicos del maiz", pero en versión alcachofas (imaginaos un camino vecinal que cruza campos y campos de alcachofas agonizantes: altas y oscuras) Fue un momento más tenebroso que la peor escena de una película de terror. Yo iba sola en el coche. Cantando.Tal vez por eso llovía. Destrozaba a gritos mis canciones brasileñas favoritas (Que maravilha; Garota de Ipanema; Aguas de Março; Tomara; Eu sei que voi te amar...) y me imaginaba convertida en una chica con piernas twiggíticas del coro de una de aquellas orquestas de los setenta, con la minifalda vaporosa, el escote afrancesado, los pendientes eternos y la pestaña postiza. Bailando con el hueso de la cadera, risueña, como un maniquí que estrena ropa de verano. Yo sueño muchas veces que soy una mujer así y cuando me despierto nunca encuentro la raya mágica del eyeliner, ni las margaritas de fondo.

Llovía, había empezado a chispear en cuanto dejamos Peñíscola atrás y para mí esa tormenta ponía fin a toda la tristeza del año. Pese a las alcachofas y al calendario yo aterrizaba ayer en la primavera: muerta de alegría y con el cuerpo hecho tropicalia. Feliz.

De madrugada Carmen me había enseñado la casita- por fuera, solo la fachada- en la que vamos a veranear Toni, Juan y yo, al más puro estilo "Siete vidas", este año. Una vivienda unifamiliar, en el callejón del Engaño, de piedra escarpada y con los balcones pintados de azulete: un sueño. En Julio nos trasladamos allí, ahora aún estamos con la distribución y los planes. A los tres nos ha encantado el sitio, aunque desde nuestra azotea no se vea el mar, el océano de terrazas y balcones con geranios que nos rodea es...como diría Juan, haciendo mucho hincapié en el acento, mágico. A mí me hace muchísima ilusión lo del veraneo: siempre he querido vivir en Peñíscola, en plan bohemio y este año voy a conseguirlo y además no puedo tener mejor compañía. Casi mi equipo entero. Nos imagino allí- con la vespa, los portátiles, el ipod, las bicis, los pantalones ibicencos y me parece que vamos a rodar la segunda parte de "Verano azul: El regreso". Qué ganas. Sueño con el verano. De fondo sigue cantando Vinicius de Moraes.
Después de varias crisis de autoestima más o menos profundas, de proyectos convertidos en aviones de papel y de finales pocos felices. Después de la crisis, del miedo y la inseguridad que me producía el juicio de la semana pasada me siento, por primera vez en más de un año, contenta, tranquila, ilusionada. En el despacho he recuperado la seguridad q perdí hace tiempo y estoy trabajando con muchas ganas. El esfuerzo que hicimos Marta y yo para la defensa del asesinato me ha puesto las pilas, en lugar de quitármelas. Ha sido una experiencia muy buena, me ha encantado trabajar con ella, estudiar y defender un caso a dos manos. La soledad, los miedos, las dudas se llevaban mejor. No sé si hubiera podido soportar la responsabilidad yo sola, no en estos momentos. Con Marta mi teléfono rojo se ha incendiado. Cada tarde, tras el juicio, cada una se enfrentaba a las actuaciones en su casa y cuando encontrábamos algo relevante nos llamábamos: podíamos pasarnos la tarde colgando y descolgando el teléfono, pero esa línea directa nos ha sacado de más de un callejón. Ya en sala nos sorprendíamos pasándonos notas idénticas. Ella observaba, escribía, repasaba, buscaba la documentación, comprobaba y yo ponía la voz. Todo por el miedo escénico. En mi caso ese miedo se ha transformado en un exhibicionismo peligrosísimo. Me encanta hablar- en cualquier parte- pero me gusta mucho más intervenir en un juicio. La dramatización que impone la toga me chifla: me he vuelto una kamikaze. Le he perdido el respeto a las citas jurisprudenciales, a la casta judicial, al qué dirán...yo me pongo a informar y se me va el santo al cielo. Solo se queda un apellido en mi cabeza: Tomás Valiente. Cada vez que voy a informar en un juicio penal me acuerdo del ex-presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás Valiente, que defendió hasta el extremo la presunción de inocencia. Después pienso en mi padre, me pregunto cómo abordaría él ese comienzo de las alegaciones y tras esa reflexión, encomendada a mis dos santos laicos, despego.
Entre sesión y sesión del juicio apenas he tocado tierra. He ganado un par de amigos en el féisbuc, me he perdido con la prensa local. Ha habido dimisiones y una de ellas de alquien a quien conozco poco, pero aprecio. No he leído los motivos, prefería pensar en que tras su dimisión este amigo podría dedicarse a una de sus pasiones, la literatura y eso me ha reconfortado. Tras la tormenta los libros son como un verano en calma.
Ayer, ya de vuelta en la rutina y tras los mil capítulos de "Lost" que reponían estuve con mis sobrinos en casa de mis padres. Juan, el pequeño- Ahíto, como se llama él mismo y yo- se subió a mi brazo y no se movió de allí hasta que me fuí, como si tuviera loctite en las piernas. Juntos pusimos pegatinas en un libro de Piolín y Silvestre- menos mal, yo no estaba para muchos sudokus- y al acabarlo, Ahito aplaudió, me dió nueve besos, me llenó de risas y entre carcajada y carcajada decía "sunny" con la ese muy líquida. Intenté preguntarle qué quería decir y él solo repetía sonrisa y palabra: "sunny". De vez en cuando aplaudía un poquito. Con las cejas rotas ante semejante misterio llamé a Mar, que a sus cuatro años ha desarrollado una importante tarea como intérprete de su hermano. Le pregunté por qué decía "sunny", si es que era eso lo que decía. Me dijo que sí, que Juanito cuando está muy feliz dice eso "Sunny". ¿Por qué? Insistí yo."Por eso, porque es sunny" respondió Mar con vehemencia.
Pues ya está: lo que dicen mis sobrinos, en este blog va más allá de misa.
Sunny.
No hay nada mejor.

sábado, 25 de abril de 2009

If

If you were the road
I'd go all the way
If you were the night
I'd sleep in the day
If you were the day
I'd cry in the night
'Cause you are the way
The truth and the light
If you were a tree
I could put my arms around you
And you could not complain
If you were a tree
I could carve my name into your side
And you would not cry,
'Cos trees don't cry

If you were a man
I would still love you
If you were a drink
I'd drink my fill of you
If you were attacked
I would kill for you
If your name was Jack
I'd change mine to Jill for you
If you were a horse
I'd clean the crap out of your stable
And never once complain
If you were a horse
I could ride you through the fields at dawn
Through the day until the day was gone
I could sing about you in my songs
As we rode away into the setting sun

If you were my little girl
I would find it hard to let you go
If you were my sister
I would find it doubly so
If you were a dog
I'd feed you scraps from off the table
Though my wife complains
If you were my dog
I am sure you'd like it better
Then you'd be my loyal four legged friend
You'd never have to think again
And we could be together till the end

"If" The Divine Comedy, un regalo de Nínive Drake

miércoles, 22 de abril de 2009

El pan nuestro de las dicotomías



El post de hoy no tiene mucho sentido. Cuando tengo un juicio largo, de estos que ocupan varios días, siempre hay un momento como este, de auténtico bloqueo, de mirar las cosas a través de los barrotes de la jaula y con jaqueca añadida. Se me nublan las ideas y me cuesta pensar en positivo. Todo lo que se me ocurre es blanco o negro. La vida queda fragmentada en conjuntos de dicotomías: inocente o culpable; asesinato u homicidio; ganar o perder; rubia o morena; me gusta o no me gusta; verdad o mentira; hombre rico, hombre pobre; estudias o trabajas; reir o llorar; guapa y tonta , lista y fea; deportista o culigordo; madrid o barcelona; quieres más a papá o a mamá;mar o montaña; luces o sombras.
Guiones donde hay que marcar con una cruz. Diga donde sea y diga no donde sea no, o no lo sé o no quiero o no me sale.
Lo siento, no le voy a dar su tabaco, gracias. Lo siento el producto que ha solicitado- la respuesta del día- está agotado. No quedan definiciones en stock. El subconjunto al que llama está fuera de cobertura.Esta chica morena, bajita, de provincias, a la que le gusta el pop, desayuna café con leche y prefiere morirse de empacho de tortilla de patata está en mitad de un atasco. Quiere convertirse en canica: azul verdosa, irisada, con una veta naranjalimón dentro, como el ojo de un gato de Uranio y rodar por su parqué hasta que le venga en gana. Pasearse por el rodapié y practicar deportes de riesgo saltando de una estante a otro de la librería. Dormir la siesta bajo el sofá, sobre la mullida manta de la bola de pelusa. Darse baños de tierra en la maceta de la esquina del comedor, al mediodia cuano más le da el sol. Refugiarse a pensar en la esquina del baño, deslumbrada por el brillo del azulejo y luego encontrarse con algunas de su especie. Bailar con ellas a golpes de dedo, chocar las caderas y clinc,clinc morirse de risa de canica. Enamorarse de una canica roja, enteramente roja como el círculo en la bandera del Japón y dormir sobre ella en el bote, rozándose sus esferas, erosionándose con polvos de cristal. Y después escaparse de un salto hasta la botella de coronita que vigila como un faro. Bañarse con su rojo amor en la espuma dorada y quedarse feliz y pringosa en el fondo, muy arrimaditos los dos, sin poderse despegar nunca. Vacían la botella, qué haremos, buscamos un jarrón. Si cielo, un jarrón donde no haya flores que me da alergia la cursilería de las anémonas, la desfachatez de las margaritas, un jarrón donde cada vez que nos movamos- y te pienso poner a correr todos los días- se nos escuche por el pasillo y demos envidia a las del bote que no se atrevieron a vivir.
Sí o sí. Venga, darlinnn. Allá van las dos canicas, entre un mar de bolas de cristal.
Solo quedan dos días para que se acabe el baile de testigos y peritos. No se asusten. No dura el delirio.

lunes, 20 de abril de 2009

Ya está

Tres carpetas naranjas, de las duras; dos noches en blanco; siete pilots uve siete -tres azules, cuatro negros- un lápiz bicolor; cuatro fluorescentes-dos amarillos, uno verde y otro rosa- post it
de todos los colores, como si el expediente fuera una verbena; dieciséis visitas a la cárcel; cuatro
comidas de menú; diez uñas mordidas; siete jaquecas; dos consultas a psicólogos y psiquiatras; una familia desecha; sesenta llamadas de teléfono; mil cuatrocientas veintisiete dudas; tres abogados en la acusación; cinco recortes de periódico; veintisiete años y medio de cárcel; dos eximentes; cuatro delitos; dos chavales huérfanos; una abuela que parece la Sra.Seseman; siete puntos en la base de la lengua; tres cuchillos; un ponente, tres jueces; cuatro sesiones de juicio; veinticuatro testigos; diecinueve cervezas; siete litros de café; un pendrive; seiscientas páginas de fotocopias; doce sentencias de otros; ochocientos nervios en el estómago; mil ganas de salir corriendo; tres portátiles; dos códigos penales, dos LECrim; tres avesmarías, dos padresnuestros; un acusado; ocho informes periciales; veinticinco silencios; dos años de instrucción; una pregunta- ¿dónde está el click?¿cuándo llegó ese momento a partir del cual ya no hay marcha atrás?- otra- ¿cómo he vuelto a sentarme aquí ?- doscientas seis opiniones; cinco llamadas de ánimo; un mes dando la vara con "el juicio, el juicio, el juicio"...; cuarenta y cinco minutos para vestirme...y ya está. Ahora, sobre todo, mucha tranquilidad.

domingo, 19 de abril de 2009

Haz algo mal, por favor.

“Hay un momento en la vida en que ésta se orienta; y ahí entran muchos componentes. Primero, la familia; la mía es humilde, los ocho hermanos tuvimos que compartirlo todo, nunca hubo nada para uno sólo. Y, mis padres, sin haber podido tener una cultura, se esforzaron para que en casa no faltara un libro, aunque careciéramos de todo lo demás. Hay un momento que recuerdo como si hubiera ocurrido ahora mismo: mi madre me llevó a párvulos con tres años, tal y como hizo con todos mis hermanos. Recuerdo su imagen entrando conmigo, la casa se había quedado vacía, porque yo era el último y yo echándome a llorar diciendo que no quería ir viendo cómo venía hacia mí una profesora con la cara muy grande diciéndome, ven, ven, verás qué bien vas a estar... mi madre me miró, cogimos y nos dimos la vuelta sin decir nada más y nos fuimos a casa en donde me pasé los siguientes tres años. Ella dice que lo hizo por no hacerme sufrir y seguramente habría algo de deseo de retener a su lado al último, de disfrutarlo cerca, de posponer la soledad. Y yo se lo agradezco como el gran regalo que me han hecho en mi vida. Dediqué aquel tiempo a hablar con ella mientras planchaba, oíamos la radio, íbamos al mercado a comprar y en el mercado, a esa edad, te haces famoso: el señor de la carnicería te cuenta una historia, el frutero otra, y entras en otros lenguajes... yo me acuerdo, por ejemplo, de que un carnicero tenía un ojo estrábico, como el de mi hermano, y me contaba que el ojo se le había caído y que su mujer lo había cogido a tiempo, pero que se lo había puesto al revés y que por eso miraba para otro lado. No se me olvidará nunca, bueno seguí creyendo que era cierto durante muchos años. De modo que cuando llegué al colegio a los seis años no sabía ni leer ni escribir, no habíamos caído en ello, así que me tuvo que enseñar mi madre. Y lo encontré un hallazgo total, cogí aquello con auténtica fruición y con una ventaja sobre los demás: todas las historias que había oído a mis hermanos y las que viví con mi madre. De modo que con siete años ya tuve claro que quería ser novelista".

David Trueba , entrevista de Concha García Campoy , noviembre de 1996.

David Trueba ganó ayer el Premio Nacional de la Crítica con su última novela "Saber perder". Que haga algo mal por favor- a mí casi me pierde con esta novela, pero bueno visto el premio ya me echo yo la culpa- que si no me matará de envidia Ariadna. Llegó tarde al colegio, pero se quedó con la pinta de empollón ( y con las gafas del "Un, dos tres" en un corto antiguo de Santiago Segura) y con la chica guapa de película. Ayer, al hilo del premio y su novela, citaba a Agustín García Calvo: "enorgullécete de tu fracaso que sugiere lo limpio de tu empresa". Ya entiendo por qué su "Escrito en servilletas"- de la novela "Cuatro amigos"- me pareció un poemario. Qué comerían en esa casa me pregunto. Por investigar a fondo el tema cuando voy a Madrid me escapo a "La buena vida" la librería, café (caja de galletas, cofre del tesoro, mochila del festivalero, etc) que uno de sus hermanos- creo- tiene cerca del Teatro Real. Por si se me pega algo. Que el talento debería ser vírico. Y de obligado uso y disfrute como hace este señor, que sigue caminando on the wild side.