
"Siempre he tenido una tendencia al lirismo megalómano"
"Ni de Eva ni de Adán", Amélie Nothomb.
FALLO
Que debo condenar y condeno a evamaring como autora de un delito de Tobillos Frágiles a caerse todas las veces que pueda en esta vida y alguna más, es decir, a piñarse en escalera, bordillo, alcantarilla, suelo o pavimento de todo tipo o calidad con las lesiones que se deriven, accesorias de cambiar el curso de su destino en aquellos golpes más traumáticos y costas.
HECHOS PROBADOS
PRIMERO.-A los tres años jugaba en un bordillo de la plaza mientras perseguía a una paloma. Castigada por mi temprana crueldad, la paloma se escapó de mis manos, yo resbalé de talón y me golpeé. No recuerdo cuánto ni dónde, pero sé que era un dolor muy fuerte. El animal siguió mordisqueando el alpiste de mi bolsa- que se derramó conmigo- mientras yo perdía la respiración. O sea: me encanaba. El episodio se repitió en situaciones similares durante los meses siguientes. Mis padres estaban muy preocupados, los médicos no acertaban con un diagnóstico , "¿epilepsia?", pero no había crisis ni espuma. Ante el desconcierto de casi todos mi madre decidió llevarme al brazo, como si fuera un churumbel y darme la medicación. Quise bajarme de allá arriba de inmediato, pero hasta donde alcanza mi memoria sé que tengo que tener cuidado con dónde pongo los pies. Creo que eso fue lo primero que aprendí en la vida.
SEGUNDO.- Navarra, octubre de 1989. Empecé la universidad con un día de calor, por eso escogí una camisa rosa, vaqueros claros y mis zapatos preferidos. Salíamos del edificio central con la carpeta llena de fechas para los parciales y notas sobre los textos. Nos observábamos los unos a los otros, examinándonos en un rumor muy parecido al silencio. Tres escalones me bastaron para anunciarme lo que sería mi fracaso: caí de rodillas en hora punta en la puerta más transitada de toda la universidad . Paralizada como el Ché, pero sin guerrilla que me respaldara, me mordí las lágrimas. Respiré. Al cabo de cinco años terminé derecho, con la certeza de que me había equivocado en algo.
TERCERO.- A la salida de uno de los primeros juicios de faltas me temblaban aún las piernas de inseguridad, pero como me acompañaban dos clientes y tres testigos, todos ellos gitanos, todos varones, me esforzaba en fingir aplomo. Comentábamos las incidencias del juicio con uno de los acusados: un chaval de mi edad que me parecía guapísimo, con los ojos más negros que Máximo Valverde. Se peinaba como los galanes de los setenta y hablaba poco, pero aquella mañana su miedo había cesado y sonreía tanto que yo me sentía Amparo Muñoz, bueno, o Conchita Velasco. Con mi seguridad de cartón piedra, pendiente de contestar a todas las dudas y de no decepcionar a nadie, sin saber cómo resbalé. Asumí en un instante que me comía - literalmente- cuatro peldaños de mármol y me quedaba mellada, cuando los brazos de dos hombres me cogieron en el aire y me levantaron a las alturas como si fuera Norma Duval. No sé si doblé la pierna y sonreí esperando que mi traje chaqueta se llenara de lentejuelas, pero tapicé el zaguán de la Audiencia Provincial con mi expediente. Entonces mi cliente, con nobleza y poderío, mirándome a los ojos desde lo más recóndito de su serranía, me dijo: "Y tú, con lo buena que eres...¿por qué no te has hecho maestra?"
Así supe que mis tobillos cada vez que se doblaban era para me enviarme una señal. Aún así no les hice caso.
CUARTO.- Una vez hubo un chico que me gustaba mucho más que la tortilla de patata. Me hacía reir, tenía unos ojos azules larguísimos y me entretenía la práctica jurídica. Salíamos casi todos los días antes para que él me contara historias de Babia. Un día me enteré de que mientras estaba conmigo en ese paraje también estaba con otra, y con otra más, como si hubiéramos montado una caravana. Babia era un sitio delicioso, lo entendía, pero yo no podía seguir con él, básicamente porque me agobiaba con tanta gente. Así que decidí decírselo a la salida de las clases. Me armé de valor. Era la primera vez que me enfrentaba a una situación complicada, por eso intenté ser fria y distante, aséptica. Paseamos y anduvimos hacia la zona de bares comentando tonterías sobre el trabajo, los juzgados, etc. Al final elegimos una tasca casi vacía y al entrar- cómo no- tropecé. El dueño salió corriendo al verme entre los taburetes empotrada. "Tranquila, tranquila...hoy mismo hemos pagado el seguro...tranquila, vamos al hospital". Pero yo, que me sentía poseída por el espíritu de Escarlata O'Hara , le corté: "No, no, por favor- el tobillo se hinchaba como una pelota- pónganos algo y despreocúpese. Me pasa a menudo..." Que yo soy Lina MOrgan y en cuanto salgo a escena me tiro al suelo. Además he venido aquí para hablar de lo mío y lo voy a hacer, me faltó decir. Pero dije lo que había ensayado toda la mañana entre recursos de apelación y demandas. No regresé a Babia. Nos despedimos en el portal de mi casa: él con los ojos hechos agua y yo con el pie hecho bolardo. Nunca he somatizado tan rápido una ruptura.
Para pedirme disculpas me envió al colegio de abogados dos días más tarde un pie de yeso del David de Miguel Angel. No sé quién de los dos estaba peor.
QUINTO.- Algunos años más tarde, tras el primer juicio de asesinato con jurado y hecha un manojo de nervios, decidí salir con mis amigos antes de que nos comunicaran el veredicto. Acabamos en un bar innombrable donde todos nos perdimos, y eso que estaba practicamente vacío. Yo salí del baño e iba a saludar a un chico que nos parecía el doble de Bardem pero en macarra, o sea jamón, jamón. Con mi mejor sonrisa y unas sandalias de Guiness, realicé una incursión en el área de la barra sin tener en cuenta la presencia de un desnivel. Cerré los ojos y ví la rodilla de Ronaldo salir disparada en el sentido contrario al que llevaba su pierna. Abrí los ojos y la rodilla de Ronaldo seguía allí, pero en mi cuerpo y sin las medias del Inter. Caí al suelo, Bardem vino a recogerme y llamó al samur. Los de la ambulancia me descalzaron como a Cenicienta, dijeron que mi rodilla se había salido del sitio y que entre una operación o un regreso a casa de mi rótula así, en caliente, optaban por lo primero. Bardem me apretó la mano. Me desmayé. Durante aquel verano la unidad Samur número tres llevo una sandalia roja de tiras y tacón infinito en el salpicadero, mientras yo cancelaba un viaje a Cuba con una amiga y me sentaba frente al mar escayolada desde el muslo hasta el dedo gordo de la pierna izquierda.
Aquel hecho me hizo replantearme las cosas y para meditar con calma me marché sola a un curso de literatura en el Escorial. Cuando llegué al Felipe II, donde me alojaba, estaba revolucionada, pero sin Cuba: no podía dormir, ni comer, ni quedarme quieta. Una tarde, agotada, escuché a un chico tocar la guitarra en la habitación contigua y me quedé dormida. Lo que soñé hizo que durante una semana- qué ilusión- mis pies estuvieran a un metro del suelo. Cuando regresé flotaba, y en ese vuelo sin motor, me dí a mí misma el siguiente comunicado: He conocido a un chico.Punto. Le quiero. Punto. En Navidad se va a Japón.Punto. Y me encantaría irme con él.Punto pelota.
Aterricé en Octubre, sin ruedas de prensa ni interrupciones en el telediario, la noche antes de que me diera el alta definitiva de la rodilla. El traumatólogo me dijo: "Tienes los tobillos frágiles" "No sabe Ud. cuánto", le quise contestar yo, pero no podía. El chico que me había hecho volar ya no quería saber nada de mí.
Los añicos de mis pies estaban junto al teléfono.
SEXTO.- Sé que a veces soy muy histriónica, que vivo todo en exceso. A mí me produce muchísima envida el pragmatismo, la estabilidad que percibo en los otros y trato de equilibrar mis altibajos para no dejarme llevar por los sentimientos .Pero a veces tengo la sensación de que mi propio cuerpo no me deja. El viernes pasado, sin ir más lejos, mis tobillos se pusieron en mi contra.
Celebrábamos la fiesta de cumpleaños de un amigo, así que preparamos alguna sorpresa, buscamos un regalo que le gustara y organizamos una cena todos juntos. Fue muy divertido : él sopló las velas, estaba muy contento y comenzaban las fiestas de la Madalena. Todo iba estupendamente hasta que, al salir a la calle, organizados en fila, miré el techo de la escalera para no golpearme. Yo intento ser muy precavida. Conozco mis limitaciones, así que tengo cuidado. Pero ni por esas : esta vez me olvidé del tacón- un elemento clave en mi vida; lógico, soy bajita y de pierna corta- este rozó el bordillo, se deslizó y yo me doblé en tres partes, como un biombo-flipflopflip- rabadilla, codos, cabeza. Plof. Me incorporé como los muñecos que se esconden en las cajas sorpresa, movida por un resorte y me despedí del grupo como pude para no darles la noche. Carmen, mi amiga, me acompañó a casa. Por el camino yo lloraba de rabia: "Carmen, ¡¡es que todo me lo caigo yo!!! ¡¡Todo!!...seguro que me estoy cayendo por mí y por otro tipo que se lo debe estar pasando de puta madre en Borneo. Yo me caigo, yo me hago mil esguinces y él dedicándose a escalar cimas y al puenting, mientras yo me como todas sus caidas. Es que no hay derecho"
Ahora miro mis tobillos con resentimiento, como si sospechara de su traición. No sé qué me quieren decir en este momento. Aún no me han salido hematomas, muevo el brazo bien, no tengo lesiones. Solo me cuestan ciertos movimientos de cadera, lo que significa que me he quedado sin grandes jolgorios en estos días y sin ir a ver a los Chichos el martes, pero bueno, creo que lo podré superar. Como me sobraba tiempo este fin de semana me he leído el último libro de Amélie Nothomb, "Ni de Eva, ni de Adán", una novela de amor.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- Me gusta mucho Amélie Nothomb. No sé por qué me gusta tanto, pero disfruto como cuando era pequeña con sus libros. Se ríe constantemente de sí misma y a mí también se me saltan las lágrimas de las carcajadas. Tiene la virtud de no tomarse en serio y es capaz de convertir cualquier episodio de su vida en una novela deliciosa. A pocos- poquísimos- escritores les gusta escuchar que son autobiográficos. Casi todos reniegan de ello, parece que caer en lo biográfico es caer en lo fácil. La ficción, según dicen muchos, está en las antípodas de lo vivido. Yo no comparto esa opinión, pero tampoco soy crítica, ni filóloga, ni escritora. Sin embargo mucho de esos que reniegan de la biografía a menudo lo que hacen es travestir su realidad, le cambian el sexo o el paisaje a sus recuerdos y ya está: han hecho literatura. Pero sus obsesiones les persiguen y les ponen trampas: caen en sus propios cepos y el disfraz se desvanece. Se les escapan las vivencias en forma de episodios repetidos.
Amélie Nothomb hace justo lo contrario: sus novelas son fragmentos de su vida, pero todo lo que se sabe de su intimidad es a través de sus novelas. Salvo lo evidente, claro está: se llama Amélie, es belga, hija de diplomático y creció en Japón. El resto quién sabe. Probablemente sea su vida, o tal vez no. Pero qué importa. No tiene mayor valor saber que la maltrataron en el trabajo, sino comprobar cómo ella ha sabido convertir ese trauma en una magnífica comedia llamada "Estupor y temblores" en la que derrocha agudeza, rapidez y sentido común. Amèlie Nothomb juega a la contra y gana casi siempre.
Tampoco importa si se enamoró en Japón o si subió al monte Fuji, porque la grandeza de "Ni de Eva ni de Adán" se despliega en la idílica imagen que nos muestra de un país desconocido, en la trasposición que existe entre la persona amada y el lugar al que pertenece, o al revés. O en la exageración con la que narra cualquier acto: desde una comida hasta una excursión por la montaña. A través de la hipérbole hace irreal lo que se supone vivido, convierte lo prosaico en cuento.
Lo cierto es que yo no sé si Nothomb literaturiza su vida o si fabula su propia existencia, y sin embargo eso es lo que menos me importa mientras la leo. Lo que me interesa es la forma en que ella me cuenta la realidad. El mundo del que habla, en el que se mueve es el que me interesa.
SEGUNDO.- Así que empezamos mal. Vuelvo a la ilusión y a no querer pisar la tierra.
Esta tarde, al releerlo he pensado que debía poner una hucha en la cocina para ahorrar e irme, algún día, a Japón (infeliz...a golpe de pagas de los domingos me temo que no llegaré ni al asiático de la esquina de casa). Me preguntaba cómo será un atardecer en el Fuji. Sin esperarlo, por casualidad me he encontrado con la respuesta : como un sorbo de hielo. El atardecer en el Fuji debe poner el cuerpo del revés, como meterse un cubito en la boca después de andar mucho tiempo. Debe costar digerir esa experiencia. Sin embargo, al cabo de una vida pocas visiones deben haber sido tan bellas como la del monte Fuji al atardecer, tras el ascenso hasta el cráter.
Sin embargo Amélie Nothomb escoge otro momento del día para centrar una de las descripciones más bonitas que he leído ultimamente. Esa descripción junto con el final de la novela son casi una declaración de principios. No voy a adelantarla destriparle el libro a nadie, pero dentro de ese mundo de exageración y de ironía pocos escritores hubieran sabido encontrar un final tan delicado. Nothmob condensa toda la intensidad de la novela en una frase y en un hecho previsible, tan previsible que su belleza es aún más sutil.No es fácil hacer de los acontecimientos más prosaicos un ejercicio de ikebana.
TERCERO.- No voy a deducir testimonio contra el tipo/a que está siendo funambulista a mi costa. Me quedan miles de tropiezos, de pasos en falso, de saltos al vacío, de cáscaras de plátano: lo sé. Mis tobillos, por mucho que los cuide, no van a frenar mi cabeza y mi cabeza suele estar en las nubes. Ojalá fuera al revés: los pies en las nubes y la cabeza en el suelo. Supongo que esa sería mi solución, pero eso significaría cambiarme de arriba a abajo. Así que aplicando la doctrina Nothomb, y dado que cualquier hecho doloroso puede considerarse un honor semejante al que siente un japonés cuando ve asomarse al emperador y puede decirle que le provoca, con placer, "Estupor y temblores" yo
ME ABSUELVO DE TODOS MIS CARGOS
(Y de este modo empezaría yo todas las sentencias favorables del mundo,
8 comentarios:
Eva, lo que me he podido reir a costa de tus caídas, sabes que no es por maldad, es que una caída siempre hace reir, y luego correr a auxiliar al trastabillado, pero en primer momento, ay! y más como lo cuentas tú... yo he tenido caídas gordas en mi vida pero "aparentemente" soy bastante elástica, vamos, porque he tenido para romperme el cuello y los tobillos como 8 o 9 veces y sólo me han vendado en 2 ocasiones y muletas he llevado en una de esas 2, nada del otro mundo, pero lo tuyo... lo tuyo merece un apartado en los manuales de primeros auxilios como casos muy poco frecentes, sólo ocurren a 1 persona entre cien mil y 1 millón de personas y ese sujeto se llama Eva Marín...
ya nos iremos a Japón... a ver atardecer y respirar la paz de siglos y siglos...
un abrazo no dolorido y muchos besos
Me alegro de q te hayas reído.Eso era lo más importante, q las caidas sirvan para algo!!!
Millones de besos,ni
un abrazo
eva
y sí algún día iremos a Japón...
Me ha encantado.
Me ha hecho reír y me ha emocionado.
Si necesitas ayuda para buscar al de Borneo, cuenta conmigo.
Eva, eres buenísima... Si tú eres propensa a las caídas, yo lo soy a las situaciones ridículas... creo que es genético y viene de mi madre... Una vez, a la salida de clase en BUP, tropecé con la mochila (que yo misma había dejado detrás de mí), caí en el suelo todo lo larga que soy y quedé recostada cual Maja de Goya (tal cual, no me preguntes por qué, pero incluso acabé con los brazos igualicos a ella)Y como esa, mil... Una de mi madre fue que se dio una vuelta por el mercadito y cuando volvía a casa (llevaba más de un cuarto de hora caminando y casi había llegado) reparó en que llevaba colgado del bajo suéter un sostén gigantesco (de los que en cada copa cabría una cabeza de adulto...) Al pasar cerca de algún puesto se le había enganchado y había ido paseándolo todo ese rato por ahí... Mi madre, cuando nos lo contaba, se partía... además, ella es muy delgadita y pequeña y todo el que la viera fliparía...
Me apunto al plan del Japón, al de Borneo o a lo que sea... y si necesitamos alforjas, no os preocupéis, que ya traigo el sostén...
Un besote y cuídate mucho.
Trini
Si es que hay que tropezar para darse cuenta de que uno esta vivo!!!...si yo te contara....
Muy bueno el post.
Un abrazo magdalenero
Encarni
Trini...lo de las situaciones ridículas también es algo q practico sin darme cuenta,una vez salí de la cafetería más concurrida de castellón con las medias metidas dentro de las bragas- yo soy muyyyy organizada- y fuí andanado hasta el despacho con el culo al aire!!! Olé!!! Ahora lo del sujetador y tu madre me parece fantástico, pero me encanta lo de caerse en remakes de posturas famosas como la tuya de la Maja de Goya, porque en esos momentos- te lo digo por mi caída del Che- no sabes qué hacer si mantener la imagen o levantarte y salir corriendo.
Hago ya la lista para la caravana a Borneo: Níni, Magenta, Trini, Al...¡¡se va a enterar el funambulista ese!!!!!
Besos a todas
if
Eh, eh, If, por fin, no te olvides de mí en la lista, que yo también me apunto....y ya sabes que conmigo LLEGÓ LA REVOLUCIÓN....Jajaja.....me he reído no sabes cómo ni cuánto, Dios mío, lo siento, de verdad, If, me sabe fatal haberme partido de risa a costa de tus caídas pero es que no es para menos, al margen de que me ha encantado como has hilvanado el post y la forma que le has dado.
Yo también soy muy Lina Morgan aunque tengo suerte y poquitas veces me rompo nada, aunque las caídas son como para romperse la crisma.
Me apunto el libro..me has dejado con la intriga.
PD Trinidad......contigo también me he reído un buen rato, qué conste.....
Sonia
Sonia, si lo mejor es reirse de estas cosas!!!! Me alegro de la carcajada conjunta, para eso estaba escrito!!!!Y claro qtú también estás apuntada a la carvana Borneo!! Faltaría más...
un beso fuerte y que sigas disfrutando de fiestas y de sol,
eva
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