martes, 16 de marzo de 2010

Balada de las piscinas invernales

A veces, se me estanca el blog. Las ideas se oxidan porque no sé si sacarlas para cenar, calentar el microondas, acompañarlas con cerveza, sake o vino y van cayendo una a una como mosquitos en el agua de las piscinas de invierno.
Tengo fascinación por las piscinas en invierno, siempre pienso que hay algún secreto escondido debajo de esa capa de hojas, escarabajos y papeles de propaganda.
El fin de semana ha sido muy tranquilo. Durante el viaje de ida no paré de escuchar los homenajes a Delibes en la radio. Casi todos los programas decían lo mismo, parecía que se hubieran documentado en la wikipedia a un tiempo y lo peor es que no resaltaban lo más brillante, sino anécodtas más bien sosas que no tenían mucho sentido. Menos mal que los suplementos de los periódicos del fin de semana corrigieron ese vacío, sobretodo los artículos de Tusquets, Martín Garzo y la nieta del escritor. El mejor homenaje, sin lugar a dudas, se lo dieron las señoras: colapsaban las centralitas de radio, confesaban que nunca se atrevieron a escribirle y sacaron los visones para aplaudir al féretro. Qué queréis que os diga,a mí que este señor sea, además del referente en los colegios e institutos de España, el escritor de las señoras me enternece. Vila-Matas es el autor de los escritores, preferentemente de los Bartlebys; Landero el de los profesores y de los exquisitos del lenguaje; Pérez-Reverte...mmm, tengo mis dudas con Pérez-Reverte...pero Delibes es el de las señoras. Mi lado más blando se revoluciona.
El viaje de vuelta sin embargo se tiñó de Radio tres. Primero escuché una canción country preciosí-si-sima sobre un hombre que no sabe cómo dejar su relación con una mujer y entonces decide subirse al coche y poner tierra por medio. "Cuando ella se despierte yo estaré en Detroit" - no recuerdo si es Detroit, dudo; de ahí q no haya conseguido encontrar la canción en google- "le he dejado una nota diciéndole que me marcho, pero como se lo he anunciado tantas veces ella no me creerá y se reirá." Yo que era la oyente ya sabía que ella estaba equivocada y empecé a sufrir mucho. "Cuando ella esté en el trabajo yo estaré en Oklahoma- diosss, qué lejos y yo sin recordar si estaba en Oklahoma o en Savanah- me llamará al teléfono y no responderé." Pego, Ondara y yo en vilo, sufriendo por esa mujer que empieza a descubrir. " Cuando llegue a casa esta noche yo habré alcanzado.....- noséqué estado ni ciudad pero lejísimos, más lejos que Cádiz de San Sebastián, según comentó el presentador mientras yo reducía la velocidad atrapada por las lágrimas- " y ella sabrá que esta vez se ha acabado y que esto es el final y llorará amargamente cuando yo esté en..." Mis hipidos no me dejaron escuchar el resto, de ahí que me quedara sin saber el nombre del cantante ni el título de la canción.
Luego me costó levantar cabeza. Ni Coque Malla con su deliciosa "Berlín" en la Radio Encendida, ni un Red Bull sugar free que me compré en el área de San Antonio (¿o era en la Marina?) pudieron arrancarme una sonrisa. Menos mal que al llegar a casa aún era de día y el cielo azul témpera me reconfortó. Imaginé que había vuelto de Nuevo México conduciendo un Buick descapotable de los cincuenta y me puse tanto en mi papel que después me costó dormirme, porque prefería volver a Alicante, recoger a mi mejor amiga- mi hucleberry friend- e irnos a ver mundo como Susan Sarandon y Geena Davis.
Anteayer quería cruzar Estados Unidos, tocar el Oukalele como Audrey Herpburn, cruzar el Missisipi, escribir seis cuentos: dos con las manos , uno con los pies, tres con la cabeza y otro con el corazón. Las historias eran cohetes: salían corriendo hacia arriba y de pronto estallaban en palmeras de color. No pude atrapar ninguna. Me dormí en el intento y cuando desperté estaba soñando que me llevaban a una cala rojiza en la que los boquerones de noche, encendían velas dentro de las ostras para leer cuentos.
Mis gatas están revisando mi medicación.

8 comentarios:

I. J. Reilly dijo...

Hola.
Hola escritora desconocida.


Pasaba por aquí.
De puta casualidad.
De
pu
ta
ca
sua
li
dad.
No sé quién eres.
Eres un enlace de un enlace de un enlace que se pierde en el árbol casi infinito de los enlaces.

Pero me he puesto a leer.

Y resulta que has escrito "La Balada De Las Piscinas Invernales" hace un rato.
Vayadepordios.

Y ha habido un momento...
Un momento en el que tu canción country me ha conmovido.
Tu propia conmoción.
Tus lágrimas.
Tu viaje.
Tu coche.
Tu carretera.

Y me has hecho pensar.
Coño.
Me has hecho pensar.
¿Y desde cuando ha sido bueno pensar?

Malditaseamiestampa.

Me has hecho pensar en mi vida.
Pensar en la carretera.

La carretera.
Eso es.
Echarse a la carretera. Preso de una congoja buena, de un malestar que es curiosidad, deseo de poder desear, de buscar la vida en las esquinas de las calles de Frisco, de Denver, de Chicago y Los Ángeles, en definitiva, en ciudades grandes como pueden serlo las opciones decisivas de una existencia, pero también en los cruces secundarios de la vida, a lo largo de las carreteras perdidas de América, en un ángulo cualquiera del gran país, extraviándome en aquel ovillo de highways, revisitando la 61. Caminar. Movimiento del corazón hacia un lugar. Caminar a lo largo de los raíles, esperando un tren de mercancías sobre el que saltar para hacer un poco de camino, como habían enseñado Jack London y Woody Guthrie, como había hecho Jack Kerouac. Y viajar sobre el portaequipajes de los camiones. Viajar en coches destartalados, coches alquilados, llevado de aquí para allá por el continente, coches robados para una noche, un amor o simplemente una fuga entre amigos ricos en sueños y sobrecargados de libros que contar, películas que recordar, botellas que vaciar, música que escuchar. Desesperado y libertario, a lo largo de los tramos de carretera, cada estación de servicio un depósito, cada surtidor de gasolina un encuentro. Cambiando de carretera y reuniendo memorias automovilísticas, como en un cut-up de William Burroughs. Escribir a trozos, uniendo recorridos insólitos, sentirme un poco Neal al volante y un poco Jack autotransportado, a buscar la libertad en un acto: el caminar, donde los lugares son al fin y al cabo secundarios, y uno los recoge a todos: La carretera. Conducir un Cadillac, un coche construido para los sueños. Jack Kerouac escribía a chorro, como hablaba Neal Cassady, como el saxofonista que tomaba un buen respiro y luego explotaba su frase jazz toda de golpe como Charlie "Bird" Parker. Todo de golpe, vida para inventar, explorar, quemar, haciendo pedazos los escaparates de la homologación. Una radio siempre encendida, jazz y Charlie Parker tocando en un subterráneo de Frisco, y Thelonius Monk respondiendo desde Times Square. Escuchar a un chaval de Duluth, Minnesota, un tal Robert Zimmermann que tocaba en los clubes del Village en Nueva York. Escuchar al viejo Bob Dylan, porque los tiempos están cambiando otra vez.
Porque los tiempos están cambiando y no se puede hacer nada al respecto.

Y ya sólo me queda darte las gracias.
Por lo que has escrito.
Por haberme hecho pensar.
Por haberme empujado a la carretera.

Ah, sí,
y cuando lo hagas,
si te parece bien,
me gustaría leer el cuento que escribas con los pies. Va a ser un cuento espectacular.

Nada más.
Ha sido un placer.


Siempre vuestro,

Ignatius J. Reilly

evamaring dijo...

Hola Ignatius,

Yo no sé qué decir.
De hecho creo q es mejor no decir nada.
Gracias por pararte en el arcén de la interestatal.
Un abrazo,
if

evamaring dijo...

"El nadador" de Burt Lancaster. Eso es lo que he pensado mientras leía tu comment Ignatius.De piscina en piscina, colina abajo.
Otro beso
y gracias
eva

encarnisabina dijo...

Los viajes, los coches,la radio, las interestatales, las despedidas, los abandonos...todo da para mucho....
Tu medicación es cojonuda, no la dejes, al menos de momento.

Un beso

I. J. Reilly dijo...

"El nadador".
Vaya asociación de ideas has hecho.
Es una película extraña.
Burt Lancaster también era un tipo extraño.
A lo mejor todo es extraño.
Como las piscinas.
La verdad es que las piscinas no me caen muy bien.
Nunca lo han hecho.
No sé porqué.
Me tocan un poco los cojones.
Me ponen triste.
Creo que no son de fiar.
Cuando miras al abismo, el abismo también te mira a ti.
Prefiero los charcos.
Donde esté un buen charco, que se quite la mejor piscina.
Buf.
¡Donde va a parar!
Charcos pequeños y grandes, de agua sucia y de agua limpia, en el recoveco de una roca junto al mar, o entre las piedras de un jardín, o en el hueco ese que dejan en las aceras para plantar los árboles y que ahora no me acuerdo de cómo se llaman.
¿Alcorques?
No sé.
Mecagoentodoloquesemenea.
En Pasabalabra no acabaría ni medio rosco.
Es igual.
Me he apartado del tema.
Me gustan los charcos.
Y me gusta meterme en los charcos.
En todas sus acepciones.
Creo que en otra vida fui un tritón. Un pequeño animal anfibio, amante de los charcos, y que además es miope, un bicho que no ve tres en un burro, igual que yo.
Esa gente que cree en la reencarnación siempre dice que en otra vida fue alguien importante, no sé, un puto faraón o algo así. Yo, si se confirma esa creencia, que yo creo que va a ser que no, fui un tritón. Un pequeño y miope tritón.
Andamos justos de autoestima.
El tritón y yo.
No me imagino a Burt Lancaster yendo de charco en charco colina abajo.
En cualquier caso, siempre que recuerdo a Lancaster, mi cabeza se va a "De aquí a la eternidad".
Buena película.
Donde además salen dos de mis actores favoritos: Donna Reed y Montgomery Clift. El viejo Monty. El puto amo.
Tengo cierta tendencia a admirar a la gente autodestructiva.
Creo que una persona autodestructiva también necesita que la amen tal y como es, sin pretender cambiarla.
Por eso una de mis películas favoritas es Leaving Las Vegas. Por muchas razones. Pero sobre todo por la escena del hotel en el desierto, hacia el final de la película, cuando Elisabeth Sue hace ese gesto tan espectacular hacia Nicolas Cage volcando la botella de bourbon sobre sus tetas para que él beba, haciéndole ver que no quiere cambiarlo, que acepta su autodestrucción, que va a cumplir sus deseos aunque eso le perjudique. Para mí es una escena perfecta. No se puede explicar mejor algo así, algo tan difícil, tan duro, tan increíblemente hermoso, tan fuera de este mundo. Amar a alguien tal y como es. Sin pretender cambiarlo. Casi imposible. O imposible del todo.
Bien.
Una vez llegado a este punto ya solo me resta darme cuenta de que he unido el concepto "piscina" con el concepto "autodestrucción". Freud se frotaría sus huesudas manos.

Bueno.
Basta de darte el coñazo.

No me des las gracias.
Todo lo contrario.
Gracias a ti.
Siempre necesitamos alguien que nos inspire.
Y tú lo has hecho.
Tu buena obra del día.
Hoy dormirás como un lirón con sobredosis de ansiolíticos.

Y gracias por tu beso también.
Ahí va uno para ti.


Sinceramente tuyo,

Ignatius J. Reilly.

Isaac dijo...

Que no vuelve dices, ¿no? Me temo que la canción no lo deja claro, así que no te aflijas. Y el locutor no es más que un sádico graciosillo... Ni caso.

Viola Tricolor dijo...

Hola Eva, que de posts retrasados contigo tengo, es que no me gusta leerlos deprisa y corriendo sino con reposo. Todavía tengo guardado el periódico con lo de delibes porque no pude leerlo aquel día, mi profesor de literatura fue un gran amigo suyo, nos hizo quererle. Precioso el último párrafo, un beso.

evamaring dijo...

Viola, no te preocupes, hay tiempo. Delibes al parecer era un hombre de grandes y buenos amigos, qué suerte haber tenido a un profesor que os acercara a él. yo lo descubrí por mi cuenta y echo en falta ese primer empujón.
Nos leemos, nos escribimos.
Un abrazo, guapa
eva